sábado, 3 de noviembre de 2012

El Palacio Real de Madrid

 La Fuente de las Conchas en el Campo del Moro, con el Palacio Real al fondo

Residencia Oficial y escenario de los actos solemnes de la Corona Española
  
Salón de Columnas
Diseñado por Sacchetti como escalera de la reina, desde Carlos IV fue salón de baile.
 

Esta esplendida construcción es uno de los palacios más relevantes de las cortes europeas. A lo largo de la visita se puede contemplar la singular valía de sus colecciones artísticas, entre las que destacan el rico mobiliario, los delicados adornos de tejidos y bordados de seda, sus colecciones de bronces, lámparas y tapices, sus hermosas pinturas y esculturas y los frescos que adornan sus techos.
 


Godon, reloj monumental, Péndola del Tiempo, 1798-1800

 
En este Palacio se continúan desarrollando actos de Estado de enorme importancia: audiencias y recepciones de carácter oficial, banquetes de gala ofrecidos a jefes de Estado de otros países, firmas de importantes acuerdos internacionales o la tradicional ceremonia de presentación de cartas credenciales de embajadores extranjeros para acreditarse ante Su Majestad el Rey.
 


Cámara de Carlos III o Salón de Gasparini, debe su nombre al artista que a partir de 1760 dirigió este conjunto rococó donde muebles, bronces, bordados y estucos obedecen a un diseño integral.
 

Palacio Real, Patio de Armas

Madrid, una de las más cosmopolitas ciudades europeas se muestra siempre abierta al viajero para ofrecerle todo aquello que encierra desde hace siglos, un impresionante legado cultural, representado por sus museos, el Palacio Real, y por los muchos monumentos dispersos por sus calles y paseos.

 
 

 
En el año 1841, y por impulso de Argüelles y Martín de los Heros , la plaza se abrió en forma muy semejante a como se puede ver en la actualidad, aunque sus jardines tenían un trazado distinto.

Todas las estatuas que rodean el recinto son de reyes españoles. Estas estatuas habían sido esculpidas para adornar la fachada del Palacio Real, pero finalmente se desistió de colocarlas allí ya que su peso podía resultar excesivo y peligroso.Se tallaron bajo la dirección de Felipe de Castro y Domingo Oliveri.

Estatua ecuestre de Felipe IV

La estatua que se encuentra en el centro de la plaza y que mira hacia Madrid es una extraordinaria obra de arte. Fabricada en bronce, representa a Felipe IV a caballo. Su mérito reside en que se sostiene tan sólo sobre las patas traseras, lo que planteaba no pocos problemas técnicos.

La fundió el escultor italiano Pietro Tacca, sobre un magnifico diseño de dibujado por Velázquez. Se utilizaron unos 9000 k de bronce en su fundición y se dice que los cálculos para lograr el difícil equilibrio del caballo fueron llevados a cabo por el propio Galileo Galilei.


El Palacio Real, que cierra la plaza en su flanco occidental, se levanta en el mismo lugar que ocupó el primitivo castillo musulmán, donde nació Madrid, y, mas tarde, el Alcázar de los reyes castellanos, que amplió luego Carlos V.

En la Nochebuena de 1734, mientras el rey Felipe V (el primer Borbón) y su familia se encontraban en el Palacio del Buen Retiro, el Alcázar sufrió un pavoroso incendio que lo destruyó casi por completo, y en el que se perdieron muchas y valiosas obras de arte.

Tan sólo un año después, el monarca encargó al italiano Juvara un proyecto que no llegó a cuajar. otro italiano, Sachetti, basándose en los planos de Juvara, proyectó el actual, que desde el principio se decidió que iba a levantarse en piedra, para evitar nuevos desastres.
 
Carlos III continuó las obras y fue el primer monarca que ocupo el Palacio. Intervinieron otros arquitectos en su finalización, como Sabatini y Ventura Rodríguez, que incorporaron numerosos elementos neoclásicos.

En la decoración interior tomaron parte reputados artistas parte reputados artistas de la época, como Tiépolo, Giaquinto y Mengs. Las obras comenzadas en 1738, concluyeron en 1764. Hubo una ampliación en 1778 y obras de restauración en los años 60 del siglo XX.

La belleza del edificio reside en la combinación de colores de sus piedras, a base de granito y piedra blanca, y el cuadrilátero que forman sus fachadas. La balaustrada que recorre el edificio está salpicada en forma regular por columnas y pilastras.
 

Al otro lado de la Plaza de la Armería se alza la catedral de la Almudena, patrona de la ciudad de Madrid, cuyo nombre viene del Al-mudayna árabe, como se llamó a este espacio en la época en que Madrid fue musulmán.
Es un edifico de dudoso gusto. Durante siglos, los obispos de Toledo impidieron que Madrid tuviese catedral, ya que se sentían celosos del crecimiento de la capital en detrimento de su ciudad, antaño mucho mas importante.
Finalmente se elaboró un primer proyecto en 1879, que no llegó a realizarse, y otro en 1883, que sirvió de base para las primeras obras.
 

En el año 1911 se construyó la cripta. En años posteriores, los arquitectos fueron sucediéndose en la dirección de los trabajos. La obra concluida sobre las primeras trazas de un proyecto ambicioso elaborado por Sachetti, arquitecto del Palacio Real.

 

Las aves sobre vuelan el cielo de Madrid


El mundo tiene que agradecerle mucho a China: la porcelana y la seda, la laca y el papel, la dignidad y la sabiduría, la filosofía y el arte del Estado.


"Dragón en las nubes". El dragón es el símbolo antiquísimo de China, símboliza  la vida y el esfuerzo eternamente en movimiento.


La comunidad China celebra su Año Nuevo, el Año del Dragón, en su recorrido frente al Palacio Real de Madrid.


La fachada norte del Palacio Real dominado por la cúpula de la Real Capilla, desde los Jardines de Sabatini, cuadrados de boj, cipreses y magnolios una importante presencia en los jardines.
 
Ubicado  frente a la fachada norte del Palacio Real, los Jardines de Sabatini, con sus 2,5 hectáreas, son de estilo neoclásico y una simetría típica de los jardines afrancesados.
 
Diseñados en los años treinta, destacan por sus originales formas que moldean sus arbustos y las formas geométricas en que están dispuestos.

En la fachada norte del palacio se abren los Jardines de Sabatini, llamados así en homenaje al arquitecto del rey Carlos III. Fueron diseñados a principios del siglo XX y para construirlos se derribaron las antiguas caballerizas reales.
 



Sala de música, excepcional cuarteto (dos violines, viola, y cello) original de A. Stradivarius.





domingo, 28 de octubre de 2012

" El Mito de Don Juan"J. Zorrilla. T. de Molina



José Zorrilla y Moral, escritor del romanticismo. Nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817 y falleció en Madrid el 23 de enero de 1893. Con Zorrilla moría, seguramente el último gran dramaturgo del romanticismo español.


  Zorrilla sitúa a su Don Juan en Sevilla, pero en los últimos años del emperador Carlos V, a mediados del XVI, y divide su obra en dos partes. En la primera, se suceden cuatro actos en una sola noche. el primer acto,"Libertinaje y escándalo", uno de los mas densos de la obra, narra el encuentro entre Don Juan y Don Luis Megía para confirmar la apuesta que un año antes se hicieron en la hostería de Buttarelli.
  Presentes quieren estar Don Diego Tenorio, padre de Don Juan, y Don Gonzalo de Ulloa, el Comendador. El encuentro se produce, y el famoso catálogo de las hazañas amorosas se duplica aquí, al ser dos caballeros de los que compiten ante la mirada atónita de dos aventuraros, el capitán Centellas y Avellaneda.
  La recriminación y la indignación del padre de Don Juan sucede a la de Don Gonzalo, que ha visto a su hija novicia, y antigua prometida de Don Juan, sobre el tablero de la apuesta como el colmo de la osadía que Don Juan quiere consumar. Con ella va en la apuesta también Doña Ana de Pantoja, la prometida de Don Luis Mejía.

  El acto segundo "Destreza", sucede en los alrededores de la casa de Doña Ana de Pantoja, donde Don Luis ha acudido temeroso de que el asalto de Don Juan se produzca. Allí se encuentran a pesar de que ambos han recomendado a la Justicia que prenda al contrario y lo encierre en prisión para tener despejado el campo. Los dos, claro está, se han valido de sobornos para quedar libres, y es ahora Don Juan junto con los suyos el que consigue inmovilizar a Don Luis para conseguir la apuesta. Con el soborno y las respectivas criadas de Doña Inés y Doña Ana, Brígida y Lucia se prepara el acto tercero.

  "Profanación" es el acto destinado al secuestro de doña Inés preparado por el mensaje que Brígida le trae dentro del libro de las horas. La llegada y posterior salida precipitada del Comendador ante el asombro de la abadesa cierra el acto. Acaba la primera parte con "El diablo a las puertas del cielo". Aquí es donde se produce la célebre escena del sofá entre Don Juan y Doña Inés en la quinta que este posee a orillas del Guadalquivir.
  Ésta es una de las escenas que más maltrata el autor en sus reconocidos Recuerdos de un tiempo viejos, por considerarla fuera del ritmo de la obra. Lo cierto es que la escena se produce una vez despierta del desmayo Doña Inés, y es interumpida por la llegada de Don Luis, aunque ya a Zorrilla le ha dado tiempo de mostrar a un Don Juan enamorado y respetuoso escasos momentos después de lo que se supone que ha sucedido, la seducción de Doña Ana.
  El duelo con Don Luis se pospone ante la llegada del Comendador. Don Juan intenta a éste su amor por Doña Inés, pero es interrumpido por Don Luis, que con una carcajada burlona deshace la escena. El doble asesinato y la posterior huida de Don Juan por el río cierran esta primera parte, en la que todos gritan. "Justicia por Doña Inés". La inverosímil paradoja en boca de ésta, "Pero no contra Don Juan", prepara en la segunda parte el papel definitivo que Zorrilla va a darle a la novicia.

  En esta segunda parte, comienza el acto primero, "La sombra de Doña Inés", con la escena del escultor autor del panteón de los Tenorio, que explica su grandeza, y con el dialogo de Don Juan con la sombra de Doña Inés. Centellas y Avellaneda van a ser ahora testigos de su invitación a la cena. No hay epitafio, no hay burla, sólo hay osadía, ante los muertos. tampoco el hilo de la venganza existe ya, pues la hija vengadora ha desaparecido.

  "La estatua de Don Gonzalo" representa la primera cena con el Comendador en casa de Don Juan y el presagio de la sombra de Doña Inés, que le pide su arrepentimiento. "Misericordia de dios y apoteosis de amor" es el último acto. Zorrilla dispone un ritmo lento para estas escenas, que  contemplan la segunda cena con el Comendador y las vacilaciones y las dudas de un Don Juan temeroso ante la muerte.
  Para favorecer su arrepentimiento, le es permitido ver desfilar su propio entierro, escena extraña a los clásicos Don Juanes y procedente de la contaminación con la leyenda de Miguel de Mañara.
 Todo este acto está situado en el terreno de lo fantástico. Zorrilla juega con una larga agonía de Don Juan, a quien supone muerto por el capitán en el acto anterior, pero no completamente, puesto que conserva la consciencia para arrepentirse cuando al fin se ha decidido a hacerlo. Zorrilla introduce la consabida frase del comendador "Ya es tarde" para permitir a Doña Inés que interceda por su salvación.
 Pero el Paraíso debió de parecerle a Zorrilla demasiado premio para un Dios clemente. Así, las llamas que salen de las bocas de ambos nos hacen pensar en un purgatorio final aunque amoroso.

  El mismo año que Zorrilla estrena su Tenorio (1844), sale a la luz el poema dramático Don Juan del alemán Nicolás Lenau. Publicado inconcluso, debido a la locura del autor, que muere unos años después, este poema reúne una serie de elementos que van a continuar el prototipo romántico del mito.

  Anuncia ya un desenlace de lo que será una de las variantes que el postromanticismo aportará a su desarrollo: el suicidio de Don Juan. El héroe se nos va mostrando como el eterno insatisfecho en busca de la mujer ideal que no encuentra.

  Las versiones de Alonso de Córdoba y Antonio Zamora: antes de llegar a Zorrilla, el tema de Don Juan va a conocer dos versiones más en España. La primera de ellas, "La venganza del sepulcro", de Alonso de Córdoba y Maldonado, se supone compuesta a finales del siglo XVII.
De su autor se conocen hoy muy pocos datos; tan sólo que fue veedor y contador del Rey en 1662, por cierto opúsculo que se le atribuye, publicado en esta fecha por el Concejo de Segovia.
La segunda versión, "No hay plazo que no se cumpla y deuda que no se pague y convidado de piedra", de Antonio Zamora, es obra mucho mas conocida y de mayor influencia que la anterior. Publicada en 1722, su autor gentilhombre de cámara del último de los Austrias Carlos II, tomo partido por la causa borbónica.
 

La actriz María Guerrero
Raimundo Madrazo 1891



Salvador Dalí boceto de escenografía para
Don Juan Tenorio 1949





Tirso de Molina( fray Gabriel Téllez ), nació en Madrid un 24 de marzo de 1579 y falleció en Almazán (Soria) un 12 de marzo de 1648. Fue un dramaturgo, poeta y narrador del Barroco, destacando como autor teatral.

El Burlador de Sevilla

  En todas partes se lee el mito de Don Juan nace en el Burlador de Sevilla (hacia 1620) de tirso de Molina. El mito no pertenece al texto, sino al contexto; no se halla en los libros ni en los libretos, sino en la conciencia común y en el espejo de las palabras cotidianas.
  Antes de Tirso, la mas significativa aparición de este prototipo de la literatura europea se produce también en España, concretamente en el Libro del buen Amor, de la primera mitad del siglo XIV.
  El precursor se llama ya Juan, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, y es él mismo quien nos cuenta en detalle la larga historia de sus aventuras con mujeres de la mas variada condición: nobles, burguesas, plebeyas (desde una panadera procaz a unas serranas tan toscas como lujuriosas), sin olvidar a una mora y una monja.
  Pero si los designios de Juan Ruiz son iguales a los de Don Juan, su destino es diametralmente opuesto al del personaje de Tirso ( aunque no tanto al de Moliére y Daponte) y, con escasas excepciones, sus lances eróticos están condenados al fracaso: ejemplo vivo de que solo cabe poner la esperanza en el "buen amor" de Dios.
  La salvación de Don Juan, en tanto la trama lo despachaba a los infiernos, la extraordinaria teatralidad de El burlador de Sevilla alzó a Don Juan a la gloria.
  El Don Juan con talla mítica, nacido entero de la cabeza de Tirso, es el héroe de la literatura. O, mejor, la respuesta al desafío escénico de conjugar el esbozo de un carácter y una pauta de motivos para el desarrollo.
  Particular importancia tiene uno de los recursos que Tirso presta al personaje.    En el español clásico, burla es "engaño, trampa" y así mismo "broma, farsa, ficción jocosa". Don Juan, que se enorgullece del "gentil nombre" de "burlador", recorre y practica todo el ámbito de la burla, pero muestra particular aplicación a su sentido mas lúdico y teatral.
  Precisamente por atender a ese sentido, no sólo seducir a una dama es para él hacerla caer en la ilusión cómica, sino que le importa constatar que tiene un público: por eso se congratula de que Sevilla entera lo llame "el Burlador" por excelencia.
  Pero si ademas de fingir con las mujeres y conseguir engañarlas, resulta que Don Juan se desvive por lograr el aplauso de su inmenso público de devotos, es que vive permanentemente en escena, a conciencia de representar un papel  de que tanto como la satisfacción propia le preocupa el juicio de los espectadores. ¡ naturalmente que ha sido el teatro quien lo ha inmortalizado! Como que la profesión de Don Juan es la de actor...

Argumento

  La acción comienza en Nápoles, en los aposentos reales donde la duquesa Isabela ha sido seducida por Don Juan, aprovechando la oscuridad de la noche, que lo presenta como su prometido, el Duque Octavio.
  Don Juan, hijo del camarero del Rey de Castilla, ha llegado a Nápoles huyendo de España, donde ha dejado seducida a otra dama. En la primera jornada el autor sitúa la acción en la corte de Nápoles, las playas de Tarragona y la corte de España en Sevilla. Así, tras el episodio de Isabela, y gracias a la complicidad de su tío Don Pedro Tenorio - el embajador de España en Nápoles, a quien el Rey ha pedido la intervención en el asunto de Don Juan -, consigue huir.
  Poco después, victima de un naufragio, aparece en las costas de Tarragona con Catalinón, su criado. Allí es auxiliado por la pescadora Tisbea, orgullosa de no haber sucumbido nunca al amor. Por su parte el Duque Octavio, culpado por todos y sabiéndose engañado, huye igualmente a España.
  La seducción de Tisbea tiene también lugar en la primera jornada con el intervalo de una escena en la Corte de España en la que Don Gonzalo de Ulloa informa al Rey Don Alfonso de Castilla de su estancia en Lisboa. El Rey, ignorante de la suerte de Don Juan, va a concertar las bodas de éste con Doña Ana de Ulloa, hija de Don Gonzalo.

  En la segunda jornada Don Alonso, el Rey, informado de los sucesos de Don Juan por Don Diego Tenorio, su padre, decide desterrarlo a Lebrija y nombrar mayordomo mayor a Don Gonzalo para resarcirle por el incumplimiento de la promesa. Doña Ana pasa a ser concedida al Duque Octavio.
  Don Juan, entre tanto, prepara la seducción de Doña Ana tras descubrir una cita que ésta ha concertado con su primo el Marqués de Mota. Con éste mantiene uno de los diálogos mas ingeniosos de la obra a propósito de cómo engañar a las prostitutas. Disfrazado con la capa del Marqués de la Mota, se introduce en las habitaciones de Doña Ana y al ser descubierto por Don Gonzalo lo mata después de un enfrentamiento.
  Acusado el Marqués, es detenido, mientras Don Juan se dirije a Labrija. Al pasar por el pueblo de Dos Hemanas, presencia las bodas de Arminta y Batricio, campesinos del lugar, y prepara la seducción de Arminta, que tendrá lugar en la jornada tercera.

  Con los celos de Batricio comienza ésta última. Cómplice Gaseno, padre de Arminta, Don Juan se hace dueño de la voluntad de ésta, tras la promesa de ser su esposo. Pero ya se están preparando las reclamaciones de venganza.
Y mientras Isabela se encuentra con Tisbea camino de satisfacer la suya, se va a producir el encuentro entre Don Juan con la estatua de Don Gonzalo, su víctima, a quien escarnece e invita a cenar. Tras esta primera cena con el convidado de piedra, que va anticipando el desenlace final, la acción se traslada a la Corte.
  Allí el Rey y su camarero mayor Don Diego Tenorio intentan restaurar  el honor de Isabela casándola con Don Juan y restablecer el compromiso entre Doña Ana de Ulloa y el Marqués de Mota, perdonado éste.

  Antes de que se celebren sus bodas con Isabela, Don Juan ha dado palabra de devolverle la cena a Don Gonzalo, con la oposición de Catalinón. Y el convite que va a costarle la vida a Don Juan se produce mientras todos los ofendidos están reclamando del Rey venganza.
  El castigo divino le ahorra al casamiento rey el enfrentamiento con su privado y recompone el orden deshecho por Don Juan. Isabela, viuda, se casa con el Duque Octavio; Doña Ana, con su primo, el Marqués de Mora.
  Y el "nosotros con las nuestras" que pronuncia Batricio al final de la obra hace suponer que las viudas del pueblo también pueden reparar su honor con sus respectivos ofendidos.

Orígenes de una leyenda

  Desde que Farinelli, en 1896, provocó a los estudiosos de Don Juan situando los origenes de la leyenda en una especie de moralidad representada en 1615 por los jesuitas de Ingolstadt - la historia del Conde Leoncio -, los comienzos del siglo XX han presenciado el resurgir de una de las muchas polémicas que acompañan siempre a estos estudios.
  A pesar de una tradición ampliamente aceptada, que defendía su españolismo, y sin mucha convicción por carecer de datos objetivos, Farinelli pretendía, al igual que los estudios filosóficos habían hecho con Fausto,profundizar en los limites de un personaje teatral cuya historia personal se presentaba como símbolo nacional: la historia de Don Juan no era otra cosa que la historia de España.
  Rastreando los orígenes de los complejos componentes de la leyenda del Convidado de Piedra, se retrotrae hasta la antigua creencia en las cabezas fatídicas que vaticinaban el porvenir, presentes ya en Virgilio y San Alberto Magno entre otros, y cuya tradición había recogido también Cervantes en El Quijote.




sábado, 13 de octubre de 2012

El libro de la selva. Rudyard Kipling


Rudyard Kipling, nació en Bombay (India) en 1865

  Nacido en la populosa ciudad de Bombay en 1865, hijo de un pintor y escultor que impartía allí clases de arte,  Kipling vivió una infancia a caballo enre dos mundos. Como era habitual en la época, siendo niño fue enviado por su familia a estudiar a la metrópoli, de donde regresaría a la India, a penas cumplidos los diecisiete años. A partir de entonces, iniciaría una intensa labor periodística que le llevaría a recorrer todo el país y le convertiría en poco tiempo en uno de los mejores conocedores de aquella variopinta sociedad dual, dividida en tres tradiciones culturales tan distintas como la británica, la hindú y la musulmana.

 Pronto empezaría a publicar sus primeros relatos en los diarios para los que trabajaba, obteniendo un rápido e inesperado éxito en Inglaterra. Las historias de Kipling se convirtieron inmediatamente en obras de culto  porque, sin cuestionar los valores más arraigados de la sociedad victoriana -más bien al contrario-, abrían una ventana al exótico y fascinante mundo colonial -tan ajeno a la rígida placidez de la vida británica-. Periodista, narrador y también poeta y moralista que le haría famoso y le supondría, entre otros muchos galardones,  el Premio Nobel de Literatura en 1907.

 Si los relatos que componen El Libro de la Selva o su conocida novela Kim resultan inolvidables por su colorido y la combinación de fuerza y ternura con que reproducen el misterioso universo de la India, también han de destacarse otras novelas que se desarrollan fuera del subcontinente, como Capitanes intrépidos -que narra las duras condiciones de vida de los pescadores en Terranova-, o Stalky & Co. -una evocación de sus años juveniles en un internado inglés-; así como sus relatos cortos -especialmente los de género fantástico-, sus numerosas obras dirigidas a lectores infantiles; y delicados libros de poesía, en los que dejaba patente un insuperable dominio de los matices del idioma inglés, como Los siete mares
 
 


Cómo llegó el miedo

Bajó el caudal del arroyo, la laguna se secó,
pero todavía somos camaradas vos y yo.
Secas las fauces sedientas y polvorientos los flancos,
uno tras otro caminan a través de los barrancos.
Van pensando en la sequía , esa terrible amenaza,
que los obliga a olvidarse inclusive de la caza.
Oculto bajo su madre, el cervatillo asustado
ve al lobo enjuto, famélico y, como él, acobardado.
También el gamo contempla, sin asustarse por ello,
los colmillos del que un día destrozó a su padre el cuello.

Ha bajado la laguna, el arroyo se secó,
pero todavía somos compañeros vos y yo.
Esa nube soltará al fin el agua que lleva,
y, sin la Tregua del Agua, volverá a haber caza nueva.
                                                                   Segundo Libro de la Selva. (Pág.197)




El milagro de Purun Bhagat

La noche en que supimos que la tierra
se iba a mover, de allí nos lo llevamos;
el amor que sentíamos por él
nos hacía saber sin percatarnos.

Cuando se abrió, rugiente, la montaña
y nuestro mundo se deshizo en lluvia,
nosotros, Pueblo Chico, le salvamos,
pero, mirad, ¡no ha regresado nunca!

Llorad, pues le salvamos por amor,
un pobre amor de criatura humilde.
Nuestro hermano, ¡oh dolor!, no volverá.
¡ Y ahora los de su raza nos persiguen!

                                                         Endecha de los Langures




Que entre la selva 

Rodeadlos, cercadlos con un muro,
capullo, enredadera y hiera mala.
¡Olvidemos la forma y el sonido
y hasta el olor y el tacto de esa caza!

Junto al altar la enorme ascua negra.
Ha llegado la lluvia de pies blancos.
Se han traído los campos sin cultivo
los ciervos: ¡ nadie volverá a espantarlos!
Ruinosos, ignorados, se agrietan
los muros: ¡nadie volverá a habitarlos!

                                                        Segundo Libro de la Selva. (Pág.243)




Los enterradores

Si llamáis a Tabaqui "hermano mio"
e invitáis a las hienas a comer,
podéis hacer una tregua con Jacala,
el vientre que correa cuatro pies.
                                                 La ley de la selva.




El Ankus del Rey 

Éstos son los Cuatro que nunca están satisfechos,
que no se han saciado desde que el Rocío tiene nombre;
La boca de Jacala, la gula del milano,
las manos del mono, y los ojos del Hombre.

                                                               Proverbio de la Selva. 
                                                                               Segundo Libro de la Selva. (Pág. 305) 




Quiquern

Las gentes de los Hielos del Este
se derriten lo mismo que la nieve;
mendigan café y azúcar,
y van donde el hombre blanco va .

La gentes de los Hielos del Oeste
aprenden a robar y a luchar;
venden en el mercado sus pieles,
y con ellas sus almas a los blancos.

Las gentes de los Hielos del Sur
comercian con la tripulación de los balleneros;
las mujeres tienen muchos lazos,
pero sus tiendas son escasas y están rotas.

Pero las Gentes de los Hielos Mayores,
que escapan a la comprensión del blanco,
hacen sus lanzas con el cuerno del  narwhal
¡ y de todos los hombres son los últimos!




La Foca Blanca 

Duérmete, mi niño, mi niño duerme,
que la noche va a llegar.
Las aguas se han vuelto negras,
pues el sol se ha puesto ya,
y la luna quiere vernos
entre las olas del mar.
Una almohada tan blanca
como la espuma tendrás,
donde las olas se encuentran
y se abrazan sin cesar.
Tus cansadas aletitas
allí podrás descansar,
sin miedo a los tiburones
ni a la feroz tempestad,
y dormirás arrullado
en los brazos de la mar.

                                                    Nana de la foca blanca
                                                                      El Primer Libro de la Selva (Pág. 95) 
 
 
Autor: Rudyard Kipling
 
Esta edición contiene El libro de la selva y
El segundo libro de la selva

Título de la edición original:
The Jungle Book y The Second Jungle Book

Traducción del inglés y notas de Gabriela Bustelo

Ilustrado con grabados de la época

Editado por: Circulo de Lectores, S.A.

Nº de Páginas: 426 



jueves, 27 de septiembre de 2012

La leyenda de los siglos (Victor Hugo)


Victor Hugo

La leyenda de los siglos


 La época que a Victor Hugo le toco en suerte vivir conoció , como pocas, el cambio de parámetros que caracterizan el progreso técnico de la humanidad. Engañosos progresos algunos de ellos, que le llevaron a elevar un grito desabrido, contra los desmanes de los hombres, tan desquiciados como resueltos a devorarse entre sí.

 Con una mirada visionaria y fascinadora hasta el encantamiento, Hugo no sabe permanecer indiferente ante los desastres que azotan a la humanidad, dando lugar al nacimiento de una de esas enormes epopeyas negras iluminadas, de cuando en cuando, por un fulgurante rayo de sol.




 Frente a quienes, como Poe y Baudelaire, sostenían que el largo poema épico no era sino nefanda y anacrónica poesía, Víctor Hugo publicó, desde 1859 hasta 1883, tres series de largos poemas épicos que venían a contradecir esta crítica. Quizás las afirmaciones del poeta estadounidense y del autor de Las Flores del Mal no estuvieran faltas de fundamento; sin embargo Hugo osaba una empresa que sólo su genio podía acometer. Al concluir su Leyenda, el gran escritor francés declaraba: "Nunca he escrito nada tan bueno y nunca lo haré mejor".
 
 El éxito fue insospechado, hasta el punto de que pronto se agotaron los 6.000 ejemplares de la primera edición. Al ofrecer aquí una pequeña parte de esta magnifica Leyenda de los Siglos, un texto tan poco conocido en España que da una idea de la calidad poética del autor de Los Miserables, tentaros a leerla y disfrutarla, como me ha ocurrido a mí no hace mucho que la he leído por primera vez, y es uno de esos libros que destacan en nuestra biblioteca y la enriquecen.



La Leyenda de los siglos

       A Francia

 
Libro, que un viento te lleve
A Francia, donde nací.
El Árbol desarraigado
produce su hoja muerta.
                                              V. H.


La Visión De Donde Ha Salido Este Libro


Tuve un sueño: se me apareció el muro de los siglos.

Era carne viva mezclada con granito sin tallar,
Una inmovilidad hecha con las inquietudes,
Un edificio con ruido de toda la muchedumbre,
Agujeros negros estrellados de ojos feroces,
Evoluciones de grupos monstruosos,
Vastos bajorrelieves, frescos colosales;
El muro a veces se abría y dejaba entrever salas,
Antros donde se sentaban poderosos, vencedores
Embrutecidos por el crimen, borrachos por el incienso;
Allí había estancias de oro, de jaspe y de porfirio;
Y este muro se estremecía como un árbol con el céfiro;
Todos los siglos estaban ahí,
Con la frente ceñida de torres o de espigas,
Tristes esfinges sobre el enigma tendidas;
Los cimientos parecían vagamente animados;
Todo ascendía en la sombra; diríase un ejército
Petrificado con el jefe que lo conduce
justo cuando osaba trepar por la Noche misma;
Este bloque flotaba como nube que rueda;
Era una muralla y una masa ingente;
El mármol empuñaba el cetro y la espada,
El polvo gemía y la arcilla sangraba,
Las piedras que caían tenían forma humana.
La humanidad, con el soplo ignoto que la arrastra,
-Una y múltiple, Eva ondulante y Adán flotando-,
Palpitaba sobre este muro; y con ella el ser,
El universo y el destino, hilo negro que la tumba devana.
A veces el relámpago iluminaba de golpe
Millones de caras en la lívida pared.
Ahí veía yo esa Nada que llamamos Todo;
Los reyes, los dioses, la gloria y la ley,
Generaciones aguas abajo a través de las edades;
Y ante mi mirada se prolongaban sin fin
Las plagas, los dolores, la ignorancia, el hambre,
La superstición, la ciencia, la historia,
Como una fachada negra hasta perderse de vista.


Y este muro, hecho de todo lo que se derrumbó,
Se alzaba, escarpado, triste, sin forma.¿Dónde?
No lo sé. En cualquier lugar de las tinieblas.


No hay nieblas ni matemáticas que resistan,
En lo intrincado de los números y los cielos,
A la fijeza reposada y profunda de los ojos;
Contemplaba yo este muro, al principio vago y confuso,
Donde la forma parecía flotar como una ola,
Donde todo parecía vapor, vértigo, ilusión;
Y, bajo mi ojo pensativo, la extraña visión
Se hacía menos brumosa y mas clara, a medida
Que mi pupila se volvía menos turbia y mas segura.


¡Caos de seres ascendiendo del abismo al firmamento!
Todos los monstruos, cada uno en su lugar;
El siglo ingrato, el siglo horrible, el siglo inmundo;
¡Bruma y realidad!¡Nubarrón y mapamundi!
Este sueño era la historia abierta de par en par;
Cada pueblo con todos los tiempos como gradas;
Cada templo con todos los sueños como peldaños;
Aquí los paladines y allá los patriarcas;
Dodona cuchicheaba en voz baja con Mambré;
Y Tebas y Rafidín, y su roca sagrada,
Donde Aaron y Hur sostenían las dos manos de Moisés,
Mientras los judíos luchaban por la tierra prometida;
El carro de fuego de Amós entre los huracanes;
Todos estos hombres, mitad príncipes, mitad bandidos,
Transformados por la fábula con cólera o indulgencia,
Bañados por los rayos del relato popular,
Arcángeles, semidioses, cazadores de hombres,
Héroes de los Edas, de los Romanceros y los Vedas;
Esos cuya voluntad se yergue en hierro de lanza;
Esos ante quienes tierra y sombra guardan silencio;
Saúl, David y Delfos, y la cueva de Endor,
Donde se corta el pabilo con tijeras de oro;
Nemrod entre sus víctimas; Boz entre sus gavillas;
Tiberios divinos, grandes, estrellados y soberbios,
mostrando en la isla de Capri, en el foro, en los campos,
Los collares que Tácito en argollas transformaba;
La áurea cadena del trono que conducía al presidio.
Tenía este extenso muro vertientes como montañas.
¡Oh, noche! Nada faltaba en aquella aparición.
Todo estaba allí, materia, espíritu, lodo y lux;
Todas las ciudades, Tebas, Atenas, capas de Romas
Superpuestas en montones de Tiros y de Cartagos;
Todos los ríos, el Escaut, el Rin, el Nilo y el Aar,
El Rubicón exclamando a todos incluso al César:
"-Si sois aún ciudadanos , sólo lo sois hasta aquí".
Los montes se levantaban como negros esqueletos,
Y sobre ellos erraban horrorosos nubarrones,
Cual fantasmas que arrastraban a la luna hacia su centro.
La muralla parecía removida por el viento;
Todo eran cruces de llamas y de nubes muy oscuras,
Eran juegos misteriosos de claridad y de envíos
De sombra de un siglo a otro y del cetro a los paveses,
Donde la India acababa por convertirse en Alemania,
Donde Salomón tenía por reflejo a Carlomagno;
Todo el prodigio humano, negro, vago, ilimitado;
La libertad destruía toda quietud y reposo,
El Horeb con laderas abrasadas, el Pindo con verdes cuestas;


Hicetas antes que Newton, todos los descubrimientos
Paseando sus antorchas hasta el fondo de los mares,
Jasón sobre su bajel, Fulton sobre su vapor;
La Marsellesa, Esquilo,, y el ángel tras el espectro;
Capaneo está de pie a la puerta de su Electra;
Bonaparte está de pie sobre el puente de Lodi;
Cristo expira no muy lejos del aplaudido Nerón,
He ahí el horroroso camino que lleva al trono,
Pavimentado de muerte, furor, guerra, esclavitud;
¡Es el mismo hombre-rebaño! Este aúlla, aquél comete
Crímenes sobre un sombrío y tenebroso picacho,
El de más acá patea, ése blasfema, aquél sufre,
¡Ay! oía yo bajo mis pies, en el fondo del abismo,
Sollozar a las miserias con sus gemidos sordos,
Sombría boca insaciable que siempre se quejará.
Y sobre la visión lúgubre, y también sobre mí mismo
-Pues ahí yo me veía como al fondo de un espejo-,
Abría la vida inmensa su complicado ramaje;
Contemplaba las cadenas, voluptuosidades y males,
La muerte, los avatares y la metempsicosis,
Y en el oscuro monte bajo los seres y las cosas
Veía errar negro y risueño, con la mirada de fuego,
A Satanás, ese cazador furtivo del bosque de Dios.


¿Qué Titán había pintado este cuadro inaudito?
¿Quién pues había esculpido, sobre la pared sin fondo
De la sombra desplegada, este sueño que me ahogaba?
¿Qué brazo había formado con todas las fechorías,
Todos los duelos y llantos, todos los grandes terrores,
El gran encadenamiento de tinieblas animadas?
Este sueño- y yo temblaba-era una acción tenebrosa
Entre el mismo hombre y la inmensa creación;
Saltaban gritos brotando por debajo de las pilastras;
Salían brazos del muro con el puño hacia los astros;
La carne era Gomorra y el alma era Sión,
¡Sueño espantoso! Pues allí se confrontaba
Lo que fuimos con lo que somos;
Como en un infierno, como en un paraíso,
Las bestias se mezclaban por derecho con los hombres;
Los crímenes se arrastraban, agrandados por su sombra;
Y hasta las deformidades estaban en armonía
Con el trágico horror de estos frescos gigantes.
Y de nuevo allí yo veía el viejo tiempo olvidado.
Yo lo sondeaba. El mal estaba ligado al bien
Como están dos vértebras unidas entre sí.


Aquella muralla, bloque de fúebre oscuridad,
Subía en el infinito hacia una brumosa mañana.
Clareando gradualmente sobre el lejano horizonte,
Esta sombría visión, negro compendio del mundo,
Iba a desvanecerse en una profunda aurora,
Y, comenzando en tinieblas, acababa en resplandor.


La luz triste parecía pálida transpiración;
Y esta informe silueta parecía estar oculta
Por un vago torbellino de humaredas estrelladas.


Y mientras yo meditaba, con la mirada en el muro
Sembrado de almas, cubierto por un movimiento oscuro
Y por gestos feroces de un pueblo de fantasmas
Un rumor se levantó bajo las tétricas cúpulas,
Oí fuertes estruendos que provenían del cielo
En opuesta dirección a la del silencio eterno;
El firmamento que nadie puede abrir ni cerrar
Parecía apartarse.


El espíritu de la Orestia pasaba
Por el lado de la aurora, con un ruido salvaje,
En aquel mismo instante, por el lado de la noche,
Horrible genio espantado huyendo en un eclipse,
Formidable, venía el inmenso Apocalisipsis;
Y su doble estruendo a través de los vapores,
A mi derecha, a mi izquierda, se acercaba, y tuve miedo
Como si me aprisionaran los dos carros de la sombra.


Pasaron. Aquello fue una conmoción sombría.
Gritó el primer espíritu: ¡Fatalidad!
Y el segundo respondió:¡Dios! La eternidad oscura
Repitió estos dos gritos en sus fúnebres ecos.


Este paso pavoroso removió las tinieblas;
Con el ruido hecho por éstas, todo se tambaleaba;
Todo empezó a mezclarse y el muro sombrío se estremeció;
El rey se puso el casco y el ídolo la mitra;
Toda la visión tembló como si fuera un cristal
Cayendo en la inmensa noche, y se rompió en mil pedazos;
Cuando los dos espíritus, como dos pájaros grandes,
Hubieron al fin huido, en la extraña bruma de la idea,
Entonces la visión pálida reapareció agrietada,
Como si fuera un templo de enormes fustes en ruinas,
Dejando ver el abismo entre sus lienzos confusos.


Cuando volví a ver, después de que los dos ángeles
La hubieran roto chocando con sus extrañas alas,,
Entonces ya no era el muro prodigioso ni completo
Donde el destino se unía con la inmensa infinitud,
Donde agrupados los tiempos se ligaban con el nuestro,
Donde los siglos podían interrogarse uno a otro
Sin que ninguno se ausentara ni faltara a la llamada;
En lugar de un continente, era ahora un archipiélago,
en lugar de un universo, era ahora un cementerio;
A trechos se levantaba algún lúgubre peñasco,
Algún pilar estaba en pie, pero sin sostener ya nada;
Todos los siglos yacían truncados, mas sin junturas;
Cada época pendía desmantelada; ninguna
Quedaba sin desgarrones o sin enormes lagunas;
Y por doquier se pudrían sobre el pasado destruido
Estancamientos de sombra y aguazales de la noche.
No era ya, entre la niebla donde mi vista se perdía,
Más que la ruina deforme y vacilante de un sueño.
Semejante a una vaga imagen de un puente intermitente
Que se cae arco tras arco y al que le espera el abismo,
Semejante a una flota en peligro que zozobra;
Se parecía a la frase sombría e ininterrumpida
Que el huracán, tartamudo errante sobre los picos,
Recomienza sin cesar y sin terminar jamás.


Solamente el porvenir continuaba apareciendo

Sobre esos vestigios negros que un pálido oriente dora,
Y con apariencia de astro, se elevaba desde una nube
donde, sin ver rayo alguno, a Dios se presentía.


De la impresión tan profunda y tan grave que ha dejado
Este caos de la vida en mi oscuro pensamiento,
De esta visión inestable de todo el género humano,
Este libro me ha nacido, donde cerca del ayer
El mañana se entrevé, donde un poema tras otro
Refleja esta claridad pálida y vertiginosa.
Mientras mi cerebro la engendraba con dolor,
La leyenda en ocasiones se ha puesto a mi cabecera
Como hermana misteriosa de la siniestra historia;
Y las dos han dejado impreso su dedo en este registro.


¿Y qué es pues, actualmente, este libro traducido
Del pasado, del sepulcro, del abismo y de la noche?
Es la misma tradición caída por sacudidas
De las revoluciones que Dios desencadena y empuja;
Es lo que queda después de que la tierra ha temblado;
Escombros donde el futuro, vaga aurora, está mezclado;
Es la misma construcción de los hombres, casa en ruinas
De los siglos, que la sombra llena y la idea azulea,
Horrible palacio-osario en ruinas y habitado
Por la muerte y construido por la gran fatalidad.
Donde no obstante descansan a veces, cuando se atreven,
Por la manera en que el ala y el rayo de luz se posan,
La libertad, que es la luz; la esperanza, que es el pájaro;
Es el inconmensurable, es el trágico montón,
Donde por la brecha horrible, resbalan y se arrastran,
Antes de entrar en sus guaridas, los dragones y las víboras,
Y los negros nubarrones antes de elevarse al cielo;
Este libro es el resto horroroso de Babel;
Es la lúgubre Torre de las Cosas, el edificio
Del bien, del mal, de los lloros, del luto y del sacrificio,
Que, orgulloso en otros tiempos, dominaba el horizonte,
Y que hoy en día no tiene sino monstruosos pedazos,
Esparcidos y tumbados, perdidos en el valle oscuro;
Es la epopeya humana, áspera, inmensa-derruida.
                   
                                                                                           Guernesey, abril 1859


Funeral de Victor Hugo junio de 1885


Funeral de Víctor Hugo



jueves, 20 de septiembre de 2012

Real Jardín Botánico









El 17 de octubre de 1755, Fernando VI ordenó la creación del Real Jardín Botánico de Madrid, que se instaló en la Huerta de Migas Calientes, en las inmediaciones de lo que hoy se denomina Puerta de Hierro, a orillas del río Manzanares.

  Contaba con mas de dos mil plantas, recogidas por José Quer, botánico y cirujano, en sus numerosos viajes por la Península u obtenidas por intercambio con otros botánicos europeos.

  A partir de 1774, Carlos III dio instrucciones para su traslado al actual emplazamiento del Paseo del Prado, donde se inaugura en 1781, Sabatini -arquitecto del rey- y Juan de Villanueva- arquitecto del Museo del Prado, el Observatorio Astronómico y otras obras- se hicieron cargo del proyecto.

  En esos años se construyeron las tres terrazas escalonadas, se ordenaron las plantas según el método de Linneo -uno de los botánicos mas importantes de la Historia - y se constuyeron también la verja que rodea el Jardín, los emparrados y el invernáculo llamado Pabellón Villanueva - en el que se encuentra la Cátedra donde impartió sus clases Antonio José Cavanilles.

Exposiciones:

En el Pabellón de Villanueva, con horario similar al jardín.

Se realizan trabajos de investigación botánica, especialmente en taxonomía.

Se estudian y clasifican vegetales españoles en el medio natural y en cultivo.

Se introducen especies de otros países para cultivo y exhibición en el jardín.

  Desde su creación, en el Real Jardín Botánico se desarrolló la enseñanza de la botánica, se auspiciaron expediciones a América y al Pacífico, se encargaron  los dibujos de grandes colecciones de láminas de plantas y se acopiaron importantes herbarios que sirvieron de base para describir nuevas especies para la ciencia.


Estatua del pintor Murillo

 
  En 1808, la Guerra de la Independencia trajo al Jardín años de abandono y tristeza, en los que son destacables los esfuerzos de Mariano de la Gasca por mantenerlo dentro de las corrientes científicas europeas.


  En 1857, siendo Mariano de la Paz Graells director del Real Jardín, se realizaron reformas importantes que aún perduran, como el invernadero que lleva su nombre y la remodelación de la terraza superior. También en época de Graells se instaló un zoológico, que doce años mas tarde, siendo ya director Miguel Colmeiro, se trasladó al Jardín del Buen Retiro.


  En la década de 1880 a 1890, el Jardín sufre importantes pérdidas. En 1882 se segregan dos hectáreas para construir el edificio que actualmente ocupa el Ministerio de Agricultura, con lo que su superficie queda ya reducida a las ocho hectáreas actuales. En 1886, un ciclón derribó en su recinto 564 árboles de gran valor.
 
  En el primer tercio del siglo XX se inician con seriedad las investigaciones en el campo de la micología, y adquieren un elevado nivel las desarrolladas en el de la micromicetología.
 
En 1939, el Botánico pasa a depender del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

En 1942 es declarado Jardín Artístico


  En 1974, debido a la penuria y abandono, fue cerrado al público para abordar profundas obras de restauración, que acabaron devolviéndole su estilo original.


  En 1981, coincidiendo con el bicentenario de su traslado, fueron inauguradas las reformas por sus Majestades los Reyes de España.
 

Ordenación de las plantas:

  Terraza de cuadros. En ella se presentan las colecciones de plantas ornamentales, medicinales, la rosaleda, aromáticas, endémicas y de huerta, reunidas alrededor de los fontines. Al fondo del paseo central se encuentra la rocalla. 
 
  Plantas de flor y jardinería. Plantas medicinales. Rosales antiguos. Plantas aromáticas y culinarias. Plantas endémicas de España y Portugal. Plantas de huerta y de uso industrial. 

  Terraza de las Escuelas Botánicas. Colección taxonómica de plantas ordenadas por familias y filogenéticamente alrededor de doce fontines de esta terraza.
 
  Se puede recorrer el reino vegetal desde las plantas más primitivas a las más evolucionadas.

  Terraza de Plano de la Flor. Esta parte del jardín ofrece una variada representación de árboles y arbustos, distribuidos en figuras rodeadas deseto de durillo.
 
  Fue remodelada durante la dirección de Mariano de la paz Graells. Se construyeron en esa etapa el estanque y busto de Linneo, en 1859, y al extremo norte, el invernadero que perdura, y desde 1993 un nuevo invernadero de Exhibición.
 
  Al fondo se encuentra el Pabellón Villanueva, diseñado para estufas frías. Está bordeado por un emparrado de hierro forjado, construido en 1786.

  Setos de durillo.Glicinia centenaria. Tilos. Cedro del Líbano. Palmito. Zarza inerme. Mirtos. Haya. Lilo blanco. Plátanos. Pitosporo. Cotoneaster.

  Árboles interesantes: Alcanforero, almez, tejo, olmo, cedro del Himalaya, sequoia, pino del Himalaya, pino carrasco, madroño, olmo del Cáucaso, parrotia, ciprés, palmera canaria, butia...