Este Museo está ubicado en una casa muy especial. En ella residió, entre 1604 y los primeros meses de 1606 Miguel de Cervantes, y en ella tuvo, muy probablemente, el privilegio de disfrutar de una de sus grandes satisfacciones en vida, hojear los primeros ejemplares del Quijote.
Cervantes vivió con sus dos hermanas, su hija, su sobrina y una criada. Aquí consiguió el permiso del rey para imprimir su famosa novela Don Quijote de la Mancha.
Aquí se encontraría con un librero, Francisco de Robles, quien le compró los derechos de la obra. Saldría a la venta en enero de 1605. Entonces, la historia de la literatura, y la de esta Casa, ya no volverían a ser la misma.
"Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y el más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante". Prólogo, primera parte de Don Quijote de la Mancha,1605
Así empezó todo
10 de enero de 1601. El monarca Felipe III firmaba la orden que cambiaría el uso de la historia de dos ciudades: Madrid y Valladolid. La corte se mudaba al norte, y con ella, el centro neurálgico del poder de la España del Siglo de Oro. Siguiendo la estela del rey, Miguel de Cervantes, que era recaudador de impuestos, llegó a la ciudad del Pisuerga en 1604 y se instaló con su familia en una vivienda en el Rastro Nuevo de los Carneros. Esta fue su morada hasta los primeros meses del año 1606, momento en que la corte se dirigió de nuevo a Madrid.
"[...]Dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que no oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran [...]"
Nuestra Señora de la Armedilla
El patio interior (planta 0) está presidido por la portada del monasterio jerónimo de Nuestra Señora de la Armedilla, atribuida al arquitecto y escultor de origen flamenco, Hanequín de Bruselas. Su origen está asociado a la leyenda de la aparición de una Virgen, una talla románica del siglo XII, hoy en la iglesia parroquial de la localidad vallisoletana de Cogeces del Monte. El hallazgo acabó por convertir este lugar en centro de peregrinación, construyéndose a principios del 1500 una iglesia en su honor. A partir del siglo XIX, y tras una época de esplendor, conoce un periodo de esplendor, conoce un periodo de decadencia y progresivo abandono. Tuvo ocupación guerrillera y en 1859 la propiedad pasó a manos de particulares, llegando a ser utilizada como cantera. En 1925 la portada es trasladada a su ubicación actual, tras un acuerdo con el presidente de la Comisión Provincial de Monumentos por intercesión del marqués de la Vega-Inclán, en calidad de Comisario Regio de Turismo.
La portada está ricamente decorada con motivos de grutescos y candelieri. En los laterales se disponen jarrones con azucenas. La crátera de remate está sostenida por un escudo sujeto por dos niños.
Archer M. Huntington
Bajo el arco se erige el busto de uno de los mentores del Museo, el magnate, coleccionista y filántropo americano Archer M. Huntington. El bronce fue realizado en 1958 por su esposa, la escultora Anna Vaugh Hyatt, con quien compartió su pasión por la cultura española y la obra de su novelista más célebre.
Aunque se sabía de la estancia del escritor en esta ciudad, tras su muerte se perdió su ubicación exacta. A finales del siglo XVIII se localizó el expediente judicial sobre la muerte de don Gaspar de Ezpeleta, un caballero santiaguista que sufrió una emboscada junto a la casa. Entre las declaraciones de los testigos que ayudaron a socorrer al caballero se encontraba la de Miguel de Cervantes. Gracias a ello, se pudo identificar la vivienda.
Biblioteca (planta 0)
Durante las primeras décadas del siglo XX los intelectuales del Siglo de Oro se convirtieron, en buena medida, en el secreto distintivo del genio hispano. Al tiempo que las Soledades de Góngora fundaban la generación poética del 27 y García Lorca escenificaba los dramas de Calderón, Miguel de Cervantes se convertía en el nuevo mito de la nación. No en vano Unamuno publicaba La vida de don Quijote y Sancho; Ortega y Gasset se inspiraba en el caballero de la triste figura en sus célebres Meditaciones y Falla ponía música a escenas cervantinas.
Valladolid afianzó su protagonismo literario con la publicación de la Orden de Creación de una Biblioteca Popular Cervantina. Fue inaugurada el 23 de abril de 1916; tan solo un año después de su apertura, este espacio era visitado por cerca de 90.000 lectores. Con sus más de 4.000 ejemplares -depósitos de libros de la Biblioteca Nacional de la colección personal del marqués de la Vega-Inclán- se convirtió en la segunda más consultada de España.
Junto a las obras de literatura, que eran la mayoría y las más solicitadas- de Cervantes a Ricardo León, Blasco Ibáñez, Pío Baroja, santa Teresa de Jesús, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán-, los asistentes podían consultar libros de derecho y sociología, ciencias, religiosidad y teología, medicina, filosofía, música o artes y oficios.
Estrado (Planta 1)
De tradición islámica, este espacio estaba reservado a las mujeres, donde realizaban actividades como coser, leer o recibir visitas. Estaba en parte ocupado por una tarima cubierta por alfombras, donde normalmente estas se sentarían a la morisca sobre almohadas y cojines. la tarima aislaba del frío de los suelos y en las paredes se colgaba un arrimadero de tela, estera o tapiz para evitar la humedad.
Solía ser la habitación más rica de la casa en la que se disponían todo tipo de muebles de pequeño tamaño como taburetes, sillas arcas, escritorios o espejos. En un país con profunda devoción católica no podían faltar las imágenes religiosas, como pequeñas tallas de madera de la Virgen o el Niño Jesús, muchas veces de vestir.
Esta estancia no habría formado parte de la casa de Miguel de Cervantes, sino de la de su vecina Luisa de Montoya . Así, se ha recreado esta singular habitación en honor a las hermanas del novelista, Andrea y Magdalena, relacionadas con el oficio de la costura y con quienes compartió morada.
Aposento y alcoba (Planta 1)
Durante la Edad Moderna, el término aposento se empleó de manera genérica para referirse a las distintas piezas de la casa. Cervantes la usará a menudo para aludir específicamente a la habitación reservada a su persona, donde tiene su cama y, en su caso, los libros. Si bien tampoco formaba parte de la vivienda original, esta sala evoca, a través de una variada selección de piezas -el bufete, el brasero, los útiles de escritura - lo que pudo ser la habitación más personal del escritor.
En el mismo aposento se sitúa la cama, al uso de la época -con dosel, colchón de lana o estopa y almohada de lienzo-, en una pequeña alcoba. Era habitual superponer colchones, que por la noche se extenderían para dormir en diferentes lugares de la casa. también se usaban calientacamas, con brasas de la cocina en su recipiente, para distribuir el calor por el interior de la cama.
Durante el Siglo de Oro era costumbre general practicar el sueño fragmentado o bifásico. Normalmente la gente se acostaba entre las ocho y las diez de la noche, unas cuatro horas después de haberse ido a la cama permanecían despiertos una o dos horas, para volver a descansar otras cuatro. Las referencias al primer y segundo sueño fueron frecuentes en los libros de la época; Cervantes da cuenta de ello en el Quijote: "Cumplió don Quijote con la naturaleza durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al segundo, bien al revés de Sancho, que nunca tuvo segundo, porque le duraba el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraba su buena complexión y pocos cuidados".
Museo Casa de Cervantes
Calle del Rastro, sn. Valladolid
Entrada gratuita

















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