domingo, 24 de septiembre de 2017

Madrid 1883 Churrería - Chocolatería


Paseamos camino del barrio de Malasaña
 
Nuestra meta es la Churrería 1883

Un escaparate de la calle Fuencarral

Malasaña es uno de los barrios históricos de Madrid, su nombre se debe a Manuela Malasaña, heroína del levantamiento del 2 de mayo de 1808, murió en esta calle a los 17 años, a manos de las tropas francesas cuando luchaba en defensa de la ciudad.





 El barrio de Malasaña está situado en el distrito Centro, barrio Universidad. Al sur limita con La Gran Vía, al oeste con la calle San Bernardo, al norte con Carranza y al oeste con Fuencarral, donde se une al barrio de Chueca.
 









La familia Mendoza Manzano comenzó a regentar esta churrería en 1889, esta es la cuarta generación dedicada al arte de los buenos churros, cuya elaboración podemos ver, la cocina es abierta, el espacio es muy agradable.







Churros, porras, chocolate, café, Cola Cao, bollería, infusiones...



Un local agradable, muy limpio, churros y porras riquísimos.

El personal muy amable.

Madrid 1883
Calle Espíritu Santo, 8.








Nuestras compras





domingo, 10 de septiembre de 2017

Patones de Arriba






El sifón de Patones del Canal de Isabel II, dentro de la red de distribución de la presa de El Pontón de la Oliva




Cuenca del Jarama

A borbotones nace el Jarama en Peña Cebollera, en la sierra del Rincón, a 2.119 metros de altitud. Lo hace no lejos del hayedo de Montejo, en el corazón de Reserva de la Biosfera.
  Tras una pronta y breve incursión por tierras de Guadalajara y un leve coqueteo fronterizo desde que se encuentra con el Lozoya al pie de las Calerizas, descenderá un Jarama ya decididamente madrileño hasta desaguar en el Tajo, cerca de Aranjuez. De estos 138 km de vida nos van a interesar los que discurren desde su reingreso en Madrid, algo más abajo de la venerable presa de El Pontón de la Oliva, hasta que supere los términos municipales de El Vellón y Talamanca del Jarama. Fértil vega esta, generosamente abonada por un río aún no demasiado agradecido, que desde Roma hasta nuestros días sedujo a cuantos asomaronpor sus tierras. La huella visigoda visible en la cordillera de La Cabrera; el castro de la dehesa de la Oliva, en Patones.
 




Cuenta Antonio Ponz que "en aquella desgraciada edad en que los sarracenos se hicieron dueños de España" algunos buenos cristianos  se escondieron en estos agrestes parajes y eligieron de entre ellos un rey que los gobernase, y así durante siglos, olvidados de todos y, el rey bajaba a Torrelaguna a vender cargas de leña.
 


 
Iglesia de San José

Dice la tradición que uno de sus orgullosos monarcas, llegó a escribir una carta que comenzaba diciendo: "Del Rey de los Patones al Rey de las Españas". El monarca que por entonces debía ser Felipe II, mandó averiguar quien era aquel súbdito tan descarado que presumía de tener un reino dentro del suyo. Pero, enterado de su situación, sin caminos que hasta allí llegaran, los dejó tranquilos. Más tarde, Carlos III intentó ponerles impuestos sin, al parecer, demasiado éxito, así permanecieron ignorados de todos.
 


  

Hay dos Patones, el de Arriba y el de Abajo. Los separan dos kilómetros por una empinada cuesta. El de Arriba es el de la curiosa historia, toda ella oral, pues los pocos archivos que había fueron quemados por un secretario considerándolos papel viejo.






 A mediados de los años cincuenta del pasado siglo, los patones decidieron que era mejor bajar al llano e instalarse en la vega del Jarama. Justo lo contrario de lo que hicieron sus antepasados. Nació así Patones de Abajo despoblándose el de Arriba, que ha salvado su soledad gracias a una interesante oferta hotelera y gastronómica.
 




Este diminuto y encantador pueblo de pizarra, ofrece infinitas posibilidades paisajisticas, asentado en una cortadura del Cerro de las Calerizas, su agreste entorno, verdero paríso para la practica del senderismo.
 




Patones de Arriba es un lujo a 60 kilómetros de Madrid. El cauce seco del Labradillo parte en dos el pequeño casco, y las empinadas calles se abren paso con dificultad entre las edificaciones, tallando incluso la piedra para hacer escalones.
 


 







Los primeros colonos, un grupo de apellido Patón, ganaderos, que vieron más práctico vivir junto a sus ganados que hacerlo en lejana villa. Según el catastro de Ensenada de 1752, los patones tenían una importante cabaña lanar (1.553 cabezas) y de cabrío (1.510). Disponían además de colmenares y agricultura de cereal, viña y hortalizas en la vega del Jarama. Medio centenar de casas forman el caserío, con 61 vecinos dedicados a trabajar campo y ganados.
 


 


Lejas de oscura pizarra de tono rojizo forman los muros de las viviendas