viernes, 28 de septiembre de 2012

La invención del siglo XX.

 


 

 
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía 

La Invención del Siglo XX

Carl Einstein y las Vanguardias






Artista de los Fang.Gabón.S.XIX
Cabeza relicario n/o byeri.
Madera, discos metálicos y pigmentos,
Musée Dapper, París.


Carl Einstein (1895-1940) es probablemente al menos "clásico" de los historiadores del arte del siglo XX.Estudió Historia del Arte durante varios semestres en la universidad de Berlin, ejerció como novelista, poeta, dramaturgo, ensayista, y traductor, así como crítico de arte y de literatura. También editó antologías y revistas, trabajó puntualmente en el mercado del arte y hasta escribió un guión de cine.

La novela experimental Bebuquin oder die Dilettanten des Wunders (Bebuqin o el diletante de los milagros), editada en 1912, le aseguró un lugar en la historia de la literatura europea.

Sin embargo, es en el campo de la historia del arte donde Einstein se encuentra entre los innovadores más interesantes. Sus desafiantes y prometedores libros y artículos han sido redescubiertos en las últimas dos décadas en Alemania, Francia y Estados Unidos, y más recientemente en España, donde especialistas y editores han comenzado a prestar atención a su obra.

Como Walter Benjamin, Aby Warburg y Georges Bataille, Carl Einstein juega ahora un importante papel como una de las principales figuras intelectuales del discurso histórico y teórico del arte.


 Fernand Léger.
 Dos mujeres, 1922.


La muestra que organiza el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le sitúa, por primera vez, como protagonista de una exposición internacional y, consecuentemente, en el foco de los debates actuales sobre la historia del arte.

Entre una amplia gama de ensayos críticos y teóricos, destacan las siguientes publicaciones que constituyen sus más famosos escritos sobre la materia artística: Negerplastik (Escultura Negra), publicado por primera vez en 1915; Afrikanishe Plastik (Escultura Africana), 1921; la revista surrealista-antropológica Documents (1929-1930) y una monografía sobre su amigo Georges Braque, aparecida en 1934, considerada como un magistral resumen de la estética cubista. Más importante, sin embargo, fue Die kunst des XX. Jahrhunderts (El arte del siglo XX), publicado por primera vez en 1926 en la prestigiosa serie Propyläen-Kunstgeschichte.

Su éxito convirtió a Einstein en uno de los principales historiadores de la vanguardia, dando la razón a una frase de Guillaume Apollinaire de años antes, cuando le llamó "un des esprits les plus clairvoyants".

Con este libro, el autor desarrolló una forma de síntesis literaria que acometía la representación total de la historia del arte desde sus fragmentos críticos.

Mas que un recuento de hechos históricos o de una serie de análisis sobre las obras individuales, el compendio podría describirse como un modelo histórico-construido desde el punto de vista de la teoría del arte-que cartografía la trayectoria del arte desde su autonomía formal alrededor de 1900, pasando por el concepto revolucionario del espacio cubista, hasta llegar a los nuevos mitos del surrealismo.

El poder transformador que el escritor atribuye a la expresión visual se revela, no menos, en el hecho de que su comprensión del arte posibilita la idea de una "adaptación reciproca de pintura y mundo".

Aunque la primera edición de Die Kunst des XX. Jahrhunderts, de 1926, representara un resumen programático de la manera en que el cubismo miraba el mundo, la tercera edición del libro, de 1931, evolucionó hasta defender un arte visionario y alucinante en un manifiesto de un nuevo diseño surrealista del mundo.

A cualquier acto artístico importante se le podía aplicar, básicamente, la siguiente frase; "La mirada cambia al hombre y al mundo".


 Paul Klee. Narr in Trance, 1929.






Joan Miró. Retrato II.







George Braque. 1929.


Los Verdes Ojos de Afganistán.Steve McCurry


Las Mejores Fotografías de Retratos

National Geographic

Un Rostro del Mundo


Steve McCurry hizo la fotografía en Afganistán, 1985


Sharbat Gula tenía 12 años


Gula volvió a posar para McCurry 17 años después.


Un buen retrato habla por sí solo. Su tono puede ser circunspecto o desafiante, polémico o de complicidad, esquivo o evocador, pero sea cual sea su espíritu, se dirige directamente al espectador. Es una declaración visual, cuyo poder es inmediato e inequívoco. Parece simple, pero no lo es.
 
Este es un retrato de una extraordinaria belleza e impacto visual, un hito, un icono para la fotografía.
 
En junio de 1985 apareció un retrato que destaca como  uno de los mejores y es, sin duda, el más famoso de la historia de la revista National Geographic: "Muchacha afgana", de Steve McCurry. ¿Existe un examen fotográfico más deslumbrante del rostro humano que esa fotografía? ¿Que tipo de pregunta o emoción se oculta detrás de la expresión de esos ojos? ¡Dios mío, qué ojos! Son verdes y, por alguna razón, no te esperas que sean tan verdes; son tan intensos que parecen que miren a través de ti, no a ti, y una vez has visto la fotografía tal como él la hizo, en color, no puedes imaginártela de ninguna otra manera.       William Albert Allard.


Kunduz, Afganistán


Kabul, Afganistán


Kabul, Afganistán


Kabul, Afganistán


Rajasthan, India


Dal Lake, Srinagar, Kashmir


Weligama, Sri Lanka


Peshawar, Pakistán


Omo Valley, Etíopia


India


Litang, Tibet


Steve McCurry





jueves, 27 de septiembre de 2012

La leyenda de los siglos (Victor Hugo)


Victor Hugo

La leyenda de los siglos


 La época que a Victor Hugo le toco en suerte vivir conoció , como pocas, el cambio de parámetros que caracterizan el progreso técnico de la humanidad. Engañosos progresos algunos de ellos, que le llevaron a elevar un grito desabrido, contra los desmanes de los hombres, tan desquiciados como resueltos a devorarse entre sí.

 Con una mirada visionaria y fascinadora hasta el encantamiento, Hugo no sabe permanecer indiferente ante los desastres que azotan a la humanidad, dando lugar al nacimiento de una de esas enormes epopeyas negras iluminadas, de cuando en cuando, por un fulgurante rayo de sol.




 Frente a quienes, como Poe y Baudelaire, sostenían que el largo poema épico no era sino nefanda y anacrónica poesía, Víctor Hugo publicó, desde 1859 hasta 1883, tres series de largos poemas épicos que venían a contradecir esta crítica. Quizás las afirmaciones del poeta estadounidense y del autor de Las Flores del Mal no estuvieran faltas de fundamento; sin embargo Hugo osaba una empresa que sólo su genio podía acometer. Al concluir su Leyenda, el gran escritor francés declaraba: "Nunca he escrito nada tan bueno y nunca lo haré mejor".
 
 El éxito fue insospechado, hasta el punto de que pronto se agotaron los 6.000 ejemplares de la primera edición. Al ofrecer aquí una pequeña parte de esta magnifica Leyenda de los Siglos, un texto tan poco conocido en España que da una idea de la calidad poética del autor de Los Miserables, tentaros a leerla y disfrutarla, como me ha ocurrido a mí no hace mucho que la he leído por primera vez, y es uno de esos libros que destacan en nuestra biblioteca y la enriquecen.




La Leyenda de los siglos

       A Francia

 
Libro, que un viento te lleve
A Francia, donde nací.
El Árbol desarraigado
produce su hoja muerta.
                                              V. H.


La Visión De Donde Ha Salido Este Libro


Tuve un sueño: se me apareció el muro de los siglos.

Era carne viva mezclada con granito sin tallar,
Una inmovilidad hecha con las inquietudes,
Un edificio con ruido de toda la muchedumbre,
Agujeros negros estrellados de ojos feroces,
Evoluciones de grupos monstruosos,
Vastos bajorrelieves, frescos colosales;
El muro a veces se abría y dejaba entrever salas,
Antros donde se sentaban poderosos, vencedores
Embrutecidos por el crimen, borrachos por el incienso;
Allí había estancias de oro, de jaspe y de porfirio;
Y este muro se estremecía como un árbol con el céfiro;
Todos los siglos estaban ahí,
Con la frente ceñida de torres o de espigas,
Tristes esfinges sobre el enigma tendidas;
Los cimientos parecían vagamente animados;
Todo ascendía en la sombra; diríase un ejército
Petrificado con el jefe que lo conduce
justo cuando osaba trepar por la Noche misma;
Este bloque flotaba como nube que rueda;
Era una muralla y una masa ingente;
El mármol empuñaba el cetro y la espada,
El polvo gemía y la arcilla sangraba,
Las piedras que caían tenían forma humana.
La humanidad, con el soplo ignoto que la arrastra,
-Una y múltiple, Eva ondulante y Adán flotando-,
Palpitaba sobre este muro; y con ella el ser,
El universo y el destino, hilo negro que la tumba devana.
A veces el relámpago iluminaba de golpe
Millones de caras en la lívida pared.
Ahí veía yo esa Nada que llamamos Todo;
Los reyes, los dioses, la gloria y la ley,
Generaciones aguas abajo a través de las edades;
Y ante mi mirada se prolongaban sin fin
Las plagas, los dolores, la ignorancia, el hambre,
La superstición, la ciencia, la historia,
Como una fachada negra hasta perderse de vista.


Y este muro, hecho de todo lo que se derrumbó,
Se alzaba, escarpado, triste, sin forma.¿Dónde?
No lo sé. En cualquier lugar de las tinieblas.


No hay nieblas ni matemáticas que resistan,
En lo intrincado de los números y los cielos,
A la fijeza reposada y profunda de los ojos;
Contemplaba yo este muro, al principio vago y confuso,
Donde la forma parecía flotar como una ola,
Donde todo parecía vapor, vértigo, ilusión;
Y, bajo mi ojo pensativo, la extraña visión
Se hacía menos brumosa y mas clara, a medida
Que mi pupila se volvía menos turbia y mas segura.


¡Caos de seres ascendiendo del abismo al firmamento!
Todos los monstruos, cada uno en su lugar;
El siglo ingrato, el siglo horrible, el siglo inmundo;
¡Bruma y realidad!¡Nubarrón y mapamundi!
Este sueño era la historia abierta de par en par;
Cada pueblo con todos los tiempos como gradas;
Cada templo con todos los sueños como peldaños;
Aquí los paladines y allá los patriarcas;
Dodona cuchicheaba en voz baja con Mambré;
Y Tebas y Rafidín, y su roca sagrada,
Donde Aaron y Hur sostenían las dos manos de Moisés,
Mientras los judíos luchaban por la tierra prometida;
El carro de fuego de Amós entre los huracanes;
Todos estos hombres, mitad príncipes, mitad bandidos,
Transformados por la fábula con cólera o indulgencia,
Bañados por los rayos del relato popular,
Arcángeles, semidioses, cazadores de hombres,
Héroes de los Edas, de los Romanceros y los Vedas;
Esos cuya voluntad se yergue en hierro de lanza;
Esos ante quienes tierra y sombra guardan silencio;
Saúl, David y Delfos, y la cueva de Endor,
Donde se corta el pabilo con tijeras de oro;
Nemrod entre sus víctimas; Boz entre sus gavillas;
Tiberios divinos, grandes, estrellados y soberbios,
mostrando en la isla de Capri, en el foro, en los campos,
Los collares que Tácito en argollas transformaba;
La áurea cadena del trono que conducía al presidio.
Tenía este extenso muro vertientes como montañas.
¡Oh, noche! Nada faltaba en aquella aparición.
Todo estaba allí, materia, espíritu, lodo y lux;
Todas las ciudades, Tebas, Atenas, capas de Romas
Superpuestas en montones de Tiros y de Cartagos;
Todos los ríos, el Escaut, el Rin, el Nilo y el Aar,
El Rubicón exclamando a todos incluso al César:
"-Si sois aún ciudadanos , sólo lo sois hasta aquí".
Los montes se levantaban como negros esqueletos,
Y sobre ellos erraban horrorosos nubarrones,
Cual fantasmas que arrastraban a la luna hacia su centro.
La muralla parecía removida por el viento;
Todo eran cruces de llamas y de nubes muy oscuras,
Eran juegos misteriosos de claridad y de envíos
De sombra de un siglo a otro y del cetro a los paveses,
Donde la India acababa por convertirse en Alemania,
Donde Salomón tenía por reflejo a Carlomagno;
Todo el prodigio humano, negro, vago, ilimitado;
La libertad destruía toda quietud y reposo,
El Horeb con laderas abrasadas, el Pindo con verdes cuestas;


Hicetas antes que Newton, todos los descubrimientos
Paseando sus antorchas hasta el fondo de los mares,
Jasón sobre su bajel, Fulton sobre su vapor;
La Marsellesa, Esquilo,, y el ángel tras el espectro;
Capaneo está de pie a la puerta de su Electra;
Bonaparte está de pie sobre el puente de Lodi;
Cristo expira no muy lejos del aplaudido Nerón,
He ahí el horroroso camino que lleva al trono,
Pavimentado de muerte, furor, guerra, esclavitud;
¡Es el mismo hombre-rebaño! Este aúlla, aquél comete
Crímenes sobre un sombrío y tenebroso picacho,
El de más acá patea, ése blasfema, aquél sufre,
¡Ay! oía yo bajo mis pies, en el fondo del abismo,
Sollozar a las miserias con sus gemidos sordos,
Sombría boca insaciable que siempre se quejará.
Y sobre la visión lúgubre, y también sobre mí mismo
-Pues ahí yo me veía como al fondo de un espejo-,
Abría la vida inmensa su complicado ramaje;
Contemplaba las cadenas, voluptuosidades y males,
La muerte, los avatares y la metempsicosis,
Y en el oscuro monte bajo los seres y las cosas
Veía errar negro y risueño, con la mirada de fuego,
A Satanás, ese cazador furtivo del bosque de Dios.


¿Qué Titán había pintado este cuadro inaudito?
¿Quién pues había esculpido, sobre la pared sin fondo
De la sombra desplegada, este sueño que me ahogaba?
¿Qué brazo había formado con todas las fechorías,
Todos los duelos y llantos, todos los grandes terrores,
El gran encadenamiento de tinieblas animadas?
Este sueño- y yo temblaba-era una acción tenebrosa
Entre el mismo hombre y la inmensa creación;
Saltaban gritos brotando por debajo de las pilastras;
Salían brazos del muro con el puño hacia los astros;
La carne era Gomorra y el alma era Sión,
¡Sueño espantoso! Pues allí se confrontaba
Lo que fuimos con lo que somos;
Como en un infierno, como en un paraíso,
Las bestias se mezclaban por derecho con los hombres;
Los crímenes se arrastraban, agrandados por su sombra;
Y hasta las deformidades estaban en armonía
Con el trágico horror de estos frescos gigantes.
Y de nuevo allí yo veía el viejo tiempo olvidado.
Yo lo sondeaba. El mal estaba ligado al bien
Como están dos vértebras unidas entre sí.


Aquella muralla, bloque de fúebre oscuridad,
Subía en el infinito hacia una brumosa mañana.
Clareando gradualmente sobre el lejano horizonte,
Esta sombría visión, negro compendio del mundo,
Iba a desvanecerse en una profunda aurora,
Y, comenzando en tinieblas, acababa en resplandor.


La luz triste parecía pálida transpiración;
Y esta informe silueta parecía estar oculta
Por un vago torbellino de humaredas estrelladas.


Y mientras yo meditaba, con la mirada en el muro
Sembrado de almas, cubierto por un movimiento oscuro
Y por gestos feroces de un pueblo de fantasmas
Un rumor se levantó bajo las tétricas cúpulas,
Oí fuertes estruendos que provenían del cielo
En opuesta dirección a la del silencio eterno;
El firmamento que nadie puede abrir ni cerrar
Parecía apartarse.


El espíritu de la Orestia pasaba
Por el lado de la aurora, con un ruido salvaje,
En aquel mismo instante, por el lado de la noche,
Horrible genio espantado huyendo en un eclipse,
Formidable, venía el inmenso Apocalisipsis;
Y su doble estruendo a través de los vapores,
A mi derecha, a mi izquierda, se acercaba, y tuve miedo
Como si me aprisionaran los dos carros de la sombra.


Pasaron. Aquello fue una conmoción sombría.
Gritó el primer espíritu: ¡Fatalidad!
Y el segundo respondió:¡Dios! La eternidad oscura
Repitió estos dos gritos en sus fúnebres ecos.


Este paso pavoroso removió las tinieblas;
Con el ruido hecho por éstas, todo se tambaleaba;
Todo empezó a mezclarse y el muro sombrío se estremeció;
El rey se puso el casco y el ídolo la mitra;
Toda la visión tembló como si fuera un cristal
Cayendo en la inmensa noche, y se rompió en mil pedazos;
Cuando los dos espíritus, como dos pájaros grandes,
Hubieron al fin huido, en la extraña bruma de la idea,
Entonces la visión pálida reapareció agrietada,
Como si fuera un templo de enormes fustes en ruinas,
Dejando ver el abismo entre sus lienzos confusos.


Cuando volví a ver, después de que los dos ángeles
La hubieran roto chocando con sus extrañas alas,,
Entonces ya no era el muro prodigioso ni completo
Donde el destino se unía con la inmensa infinitud,
Donde agrupados los tiempos se ligaban con el nuestro,
Donde los siglos podían interrogarse uno a otro
Sin que ninguno se ausentara ni faltara a la llamada;
En lugar de un continente, era ahora un archipiélago,
en lugar de un universo, era ahora un cementerio;
A trechos se levantaba algún lúgubre peñasco,
Algún pilar estaba en pie, pero sin sostener ya nada;
Todos los siglos yacían truncados, mas sin junturas;
Cada época pendía desmantelada; ninguna
Quedaba sin desgarrones o sin enormes lagunas;
Y por doquier se pudrían sobre el pasado destruido
Estancamientos de sombra y aguazales de la noche.
No era ya, entre la niebla donde mi vista se perdía,
Más que la ruina deforme y vacilante de un sueño.
Semejante a una vaga imagen de un puente intermitente
Que se cae arco tras arco y al que le espera el abismo,
Semejante a una flota en peligro que zozobra;
Se parecía a la frase sombría e ininterrumpida
Que el huracán, tartamudo errante sobre los picos,
Recomienza sin cesar y sin terminar jamás.


Solamente el porvenir continuaba apareciendo

Sobre esos vestigios negros que un pálido oriente dora,
Y con apariencia de astro, se elevaba desde una nube
donde, sin ver rayo alguno, a Dios se presentía.


De la impresión tan profunda y tan grave que ha dejado
Este caos de la vida en mi oscuro pensamiento,
De esta visión inestable de todo el género humano,
Este libro me ha nacido, donde cerca del ayer
El mañana se entrevé, donde un poema tras otro
Refleja esta claridad pálida y vertiginosa.
Mientras mi cerebro la engendraba con dolor,
La leyenda en ocasiones se ha puesto a mi cabecera
Como hermana misteriosa de la siniestra historia;
Y las dos han dejado impreso su dedo en este registro.


¿Y qué es pues, actualmente, este libro traducido
Del pasado, del sepulcro, del abismo y de la noche?
Es la misma tradición caída por sacudidas
De las revoluciones que Dios desencadena y empuja;
Es lo que queda después de que la tierra ha temblado;
Escombros donde el futuro, vaga aurora, está mezclado;
Es la misma construcción de los hombres, casa en ruinas
De los siglos, que la sombra llena y la idea azulea,
Horrible palacio-osario en ruinas y habitado
Por la muerte y construido por la gran fatalidad.
Donde no obstante descansan a veces, cuando se atreven,
Por la manera en que el ala y el rayo de luz se posan,
La libertad, que es la luz; la esperanza, que es el pájaro;
Es el inconmensurable, es el trágico montón,
Donde por la brecha horrible, resbalan y se arrastran,
Antes de entrar en sus guaridas, los dragones y las víboras,
Y los negros nubarrones antes de elevarse al cielo;
Este libro es el resto horroroso de Babel;
Es la lúgubre Torre de las Cosas, el edificio
Del bien, del mal, de los lloros, del luto y del sacrificio,
Que, orgulloso en otros tiempos, dominaba el horizonte,
Y que hoy en día no tiene sino monstruosos pedazos,
Esparcidos y tumbados, perdidos en el valle oscuro;
Es la epopeya humana, áspera, inmensa-derruida.
                   
                                                                                           Guernesey, abril 1859

Museo Thyssen-Bornemisza




 Esquina a la Carrera de San Jerónimo se alza el Palacio de Villahermosa, Paseo del Prado 8. Fue construido dentro del conjunto de mansiones del paseo.
 
 Hoy alberga la colección Thyssen-Bornemisza, se inauguró el 8 de octubre de 1992 para albergar una de las colecciones privadas mejores y más prestigiosas, reunida en apenas dos generaciones, y vinculada a los nombres Heinrich Thyssen-Bornemisza (1875-1947) y Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921-2002). El conjunto más importante de pintura agrupada por la familia Thyssen-Bornemisza fue adquirido por el Estado Español en julio de 1993 y comprende un arco cronológicoque abarca desde finales del siglo XIII hasta la década de los ochenta del siglo XX. La sede para esta colección histórica se dispuso, desde su instalación en 1992, en el Palacio de Villahermosa, transformado en museo por el arquitecto Rafael Moneo.

 


La Colección Permanente se distribuye en tres plantas con un recorrido sugerido que se inicia en el segundo piso con la Pintura Antigua. La visita comienza con los Primitivos italianos para continuar con manifestaciones del Renacimiento y del Barroco. En el itinerario se han incluido dos salas monográficas dedicadas, una, al retrato en el Renacimiento, el género mejor representado en el Museo, y la otra, a las vistas de ciudades del siglo XVIII.




 En las salas iniciales de la planta primera se prolonga la escuela hoalndesa, que se agrupa en escenas de la vida cotidiana, interiores y paisajes para finalizar con naturalezas muertas, donde conviven ejemplos holandeses con modelos de otras escuelas. La Pintura Moderna comienza en la sala 29 con dos galerías dedicadas a los artistas norteamericanos del siglo XIX, otra de las grandes aportaciones y novedades que el Museo ofrece, para continuar con el postimpresionismo y expresionismo alemán, capítulo este último de los más brillantes por la calidad de las obras aquí reunidas.
 
 
Alberto Durero. Jesús entre los doctores, 1506. Planta 2. Sala 8

 
Salvador Dalí. Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar, 1944. Planta 0. Sala 45


Pierre-Auguste Renoir. Mujer con sombrilla en un jardín, 1875. Planta 1. Sala 22.

 
Franz Marc. El sueño, 1912. Planta 1. Sala 38.










 

martes, 25 de septiembre de 2012

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.









Los ascensores abiertos al entorno, ofrecen una buena perspectiva de la plaza que se abre más allá del Museo. Realizados en cristal y metal. Al fondo se puede ver la Estación de Atocha.

El Museo Reina Sofía se inauguro el 10 de septiembre de 1992 se articula entorno a dos edificios.

La mayor colección permanente se encuentra ubicada en el antiguo Hospital de San Carlos, restaurado y acondicionado para su uso como museo.

El edificio original de Sabatini, quien, muy influido por el estilo herreriano, lo construyó en el año 1776 para sustituir al Hospital General que Felipe II creó reuniendo varios hospitales privados y religiosos en 1566.

La fachada que da a la calle Santa Isabel fue modernizada con ascensores exteriores en espectaculares estructuras de vidrio. 
 
   


Si nuestra única patria son los paisajes de la infancia, nuestro único patrimonio son los recuerdos en que se cimienta nuestra identidad personal o colectiva.
 
Pero la memoria no se alimenta sólo de fotografías pálidas, músicas olvidadas o perfumes desvanecidos; se nutre también de la experiencia física de los entornos, edificios y lugares que han sido teatro de la vida. La arquitectura es nuestra magdalena de Proust, y proteger sus obras del testarudo deterioro que infligen el tiempo y el descuido equivales a enfrentarse a la desmemoria deliberada de esta cultura lotófaga, donde la amnesia social se combina con la fabricación de ficciones, donde los estragos de la entropía son menores que la devastación causada por las falsificaciones históricas.
 
Cada generación reescribe en todo caso su pasado, reinterpreta sus edificios con los intereses del presente, e interviene en las arquitecturas obsoletas para adaptarlas a nuevos usos.(...)
                                                                                               L. Fernnández-Galiano.



Azotea



                                                 
                                          

Claustro del edificio ideado por Sabatini
 

Con el fin de ampliar el espacio expositivo, en 2005 fue inaugurada la ampliación del museo, obra del arquitecto francés Jean Nouvel, que se conecta con el edificio principal a través de una vigorosa cubierta volada que establece un poderoso nexo entre lo "nuevo" y lo "viejo".

La vocación urbana de la ampliación -que incluye también biblioteca, auditorio, librería y restaurante- se expresa a la perfección en la poderosa fachada roja, que configura una imagen de gran impacto comprometida con la modernidad.  


El patio interior del edificio histórico encuentra su contrapunto en el patio de Nouvel que, sin embargo, contradice el carácter encerrado de su predecesor para configurarse como inteligente nudo de articulación de los edificios de la ampliación.

 


El patrimonio construido, en efecto, no es sólo memoria congelada. Tanto el monumental como el anónimo acumulan la energía de sus materiales y su construcción: una herencia que cada generación recibe de la anterior, y que debe administrar juiciosamente, sin permitir que los restos actúen como un caparazón que impida el desarrollo del organismo social, pero sin tolerar tampoco que ese caudal se despilfarre con el abandono displicente o la demolición innecesaria.
La prosperidad ha hecho de nosotros niños caprichosos que olvidan o rompen sus juguetes para sustituirlos por otros nuevos, y hoy debemos reeducar ha esa infancia malcriada para que recuerde, repare y reutilice. Esos juguetes viejos son nuestro patrimonio, y acaso nuestra patria.L. Fernández-Galiano
                                                                                           

lunes, 24 de septiembre de 2012

Alphonse Mucha (1860-1939).



Seducción, Modernidad y Utopía


Alphose Mucha 1860-1939

Alphonse Mucha (1860-1939) fue uno de los artistas mas conocidos de su tiempo,creador y divulgador del estilo Art Nouveau, pionero en la aplicación del artea la publicidad y uno de los padres del diseño gráfico moderno. 
 
Sus carteles y pinturas causaron admiración en París y contaron con imitadores en todo el mundo.
 
El arte de Mucha aspira a la belleza. Sus elaboradas composiciones ponen en juego elementos teatrales y alegóricos y crean una atmósfera de misterio cercana a la poética simbolista.




Esta exposición presenta todas las facetas del arte  de Alphonse Mucha a partir de cuatro grandes temas fundamentales, Teatro, Belleza, misterio y Modernidad, y también presta atención a otros cuatro aspectos particulares que permiten comprender mejor el alcance de su obra: La metrópolis como escenario, La fotografía como medio y como arte, La epopeya eslava, una visión y La difusión del "estilo Mucha", para el que se toma como ejemplo el modernismo en Madrid y Barcelona.
  









Museum Alphonse Mucha. Praga




Se trata de la primera gran exposición dedicada a Alphonse Mucha que se presenta en España y es fruto de la colaboración entre la Fundación "la Caixa" y la Mucha Foundation, entidad que vela por la conservación y divulgación de la obra del artista.
 



Teatro

La transfiguración de la Realidad.

Los carteles de Alphonse Mucha realizó para la compañía de la actriz Sara Bernhardt resultaron decisivos para el desarrollo del Art Nouveau.
 
Pero además, mucha aplicó a todas sus creaciones un sentido teatral. El público se convertía así en espectador de un arte que funcionaba como una representación, caracterizada por el artificio, la belleza plástica y la magnificencia narrativa.


Alphonse Mucha Museum, Praga

La Metrópolis como escenario
 
A pesar de que la imaginería de gran parte de sus obras remite a una naturaleza idealizada, Mucha creó su arte en el contexto de una civilización urbana, cosmopolita y moderna.
 
La Exposición Universal de París de 1900 supuso el punto de partida de la expansión internacional del "estilo Mucha". La repercusión de sus trabajos se hizo sentir en todos los países de Europa y también en las grandes ciudades de los Estados Unidos.


Museo Mucha, diseños del artista



Misterio
 
Al encuentro del Sueño y del Ideal.
 
A pesar de su carácter publicitario y decorativo, las creaciones de Mucha aspiran a la trascendencia.
 
Amigo de Paul Gauguin, Johan August Strindberg y del grupo de artistas asociados a la revista La Plume, que se interesaban por las ciencias ocultas, Mucha utilizó en sus obras metáforicas enigmáticas y signos esotéricos.




Tienda del Museo Mucha

La epopeya eslava

Mucha dedicó buena parte de su vida a un proyecto monumental, "la epopeya eslava", un conjunto de obras que recrean los momentos culminantes de la historia de los pueblos eslavos desde una óptica humanista, mítica y ejemplar.
 
Además, para servir a la nueva República de Checoslovaquia, fundada en 1918, diseñó carteles, billetes de banco y sellos.


Catedral de San Vito, vitrales obra de Mucha


Catedral y castillo junto al río Moldava
 
Belleza

La Mujer como Musa e Icono.

Elegantes, sensuales y seductoras, las mujeres de Mucha aparecen en comunión con la naturaleza, entre motivos vegetales o en simbiosis con elementos decorativos fruto de la imaginación del artista, como orlas, cenefas y vitrales.

En al obra de Mucha, la mujer es el catalizador y la personificación de la belleza, entendida como valor absoluto que, a través del arte, trasciende hacia valores positivos y universales.