viernes, 30 de noviembre de 2012

Marilyn Monroe, una Adorable Criatura. Truman Capote (1924-1984)


Una Adorable Criatura



Marilyn: Esto es una funeraria. Deben de tenerlos en alguna parte. Lo único que me faltaba hoy, aparecer en una habitación llena de cadáveres. Ten paciencia. iremos a algún sitio y te invitaré a una copa de champán.




(Así que seguimos sentados, hablando y Marilyn dijo: "Odio los funerales. Me alegro de no tener que ir al mío. pero no quiero ceremonias, tan sólo mis cenizas arrojadas al agua por uno de mis hijos, si alguna vez tengo alguno.
 
No habría venido hoy a no ser porque la señora Collier se preocupaba de mí, de mi bienestar, y era como una abuela, como una abuela vieja y dura, pero me enseñó mucho.




Me enseñó a respirar. Me ha servido de mucho, además, y no sólo para actuar. A veces, respirar es un verdadero problema. Pero cuando me dijeron que la señora Collier había muerto, lo primero que se me ocurrió fue: ¡Oh, dios mío, qué va a ser de Phyllys!




La señora Collier era toda su vida. pero he oído que se va a vivir con la señora Hepburn. Qué suerte la de Phyllis; ahora sí que se va a divertir. Me cambiaría por ella sin pensarlo. La señora Hepburn es realmente una gran señora. Ojalá fuera amiga mía. De este modo iría a visitarla alguna vez y...pues no sé, nada más que visitarla".




Comentamos cuánto nos gustaba vivir en Nueva York y cómo detestábamos Los Ángeles ("A pesar de que nací allí, sigue sin ocurrírseme nada bueno de esa ciudad. Si cierro los ojos y me imagino Los Ángeles, lo único que veo es una enorme vena varicosa"); hablamos de actores y de actuación ("Todo el mundo dice que no sé actuar.
 
 Lo mismo dijeron de Elizabeth Taylor, y se equivocaron. Estuvo extraordinaria en Un lugar en el sol. Nunca conseguiré el papel adecuado, nada que me guste verdaderamente.




Mi físico está contra mí"); hablamos algo más de Elizabeth Taylor, quería saber si yo la conocía, le dije que sí y ella me preguntó cómo era, cómo era en realidad, y yo conteste: pues se parece un poco a ti, es enteramente sincera y tiene una conversación ingeniosa, y Marilyn dijo que te follen, y añadió: bueno, si alguien te preguntara cómo es Marilyn, cómo es en realidad, ¿qué le dirías?, y yo contesté que tendría que pensarlo.)



TC: ¿Crees que ya podemos largarnos de aquí? Me prometiste champán, ¿recuerdas?
Marilyn: Lo recuerdo. Pero no tengo dinero.
TC: Siempre llegas tarde y nunca llevas dinero. ¿Es que por casualidad te figuras que eres la reina Isabel?
Marilyn: ¿Quién?
TC: La reina Isabel. La reina de Inglaterra.
Marilyn: (frunciendo el ceño): ¿Qué tiene que ver con esto esa gilipollas?




TC: La reina Isabel tampoco lleva dinero nunca. No se lo permiten. El vil metal no debe manchar la real palma de su mano. Es una ley o algo parecido.
Marilyn: Ojalá aprobaran una ley como ésa para mí.
TC: Sigue así y quizá lo hagan.
Marilyn: ¡Pero entonces, ¿cómo paga las cosas?! Cuando va de compras, por ejemplo.



TC: Su dama de compañía la sigue con un bolso lleno de calderilla.
Marilyn: ¿Sabes una cosa? Apuesto a que todo se lo dan gratis. A cambio de concesiones.
TC: Es muy posible. No me sorprendería nada. Appointment to Her Majesty. Perros galeses. Todas esas golosinas de Fortnum & Mason. Hierba. Condones.
Marilyn: ¿Para qué querría ella condones?




TC: Para ella no boba. Para ese tipo que la sigue a dos pasos. El príncipe Felipe.
Marilyn: Ah, sí. Ese. Es un encanto. Tiene aspecto de tener un buen aparato. ¿Te conté alguna vez lo de aquella ocasión en que vi a Errol Flynn sacársela de repente y empezar a tocar el piano con ella? ¡Oh vaya! Ya hace cien años de eso, yo acababa de empezar como modelo, fui a esa estúpida fiesta y ahí estaba Errol Flynn, tan orgulloso de sí mismo, se sacó la pilila y tocó el piano con ella. Aporreo las teclas. Tocó You Are My Sunshine. ¡Imagínate! Todo el mundo dice que Milton Berle tiene el chisme más grande de Hollywood. Pero ¿a quién le importa? Oye ¿no tienes nada de dinero?




TC: Unos cincuenta pavos, quizá.
Marilyn: Bueno, eso nos llegará para un poco de champán.
(Al salir en la avenida Lexington sólo había inofensivos peatones. Eran cerca de las dos, una tarde de abril tan espléndida como se podría desear: un tiempo ideal para dar un paseo. De modo que deambulamos hacia la Tercera Avenida. Algunos transeúntes volvían la cabeza, no porque reconociesen a Marilyn, sino por sus galas de luto; se rió entre dientes con una risita particular, un sonido tan tentador como el cascabeleo de las campanillas...





Marilyn y Maf















Victor Hugo (1802-1885) La rosa de la infanta



Unas veces lírico, otras épico, Victor Hugo está presente en todos los frentes y en todos los géneros: emocionó profundamente a sus contemporáneos, exasperó a los poderosos e inspiró a los más grandes poetas. Así lo recuerda la escritora francesa Simone de Beauvoir.




La rosa de la infanta


La infanta es muy pequeñita; una dueña la vigila.
Tiene una rosa en la mano, y parece estar mirando.
¿Qué es lo que estará mirando? No sabe. Quizás el agua;
Un estanque ensombrecido por los pinos y abedules;
Lo que está delante de ella, un cisne de blancas alas,
Las aguas balanceadas  por la canción de las ramas,
Quizás el jardín profundo, tan radiante y tan florido.
Este hermoso ángel parece como amasado en la nieve.
Se apercibe un gran palacio como al fondo de una gloria,
Un parque, claros viveros en los que las ciervas beben,
Pavos reales de estrellas en el bosque exuberante.
Brilla en ella la inocencia como segunda blancura;
Y todas sus gracias forman como un haz que palpitara.
Alrededor de esta niña parece que hasta la hierba
Está llena de rubíes y de diamantes muy finos;
De las bocas de delfines brotan chorros de zafiros.
Ella está al borde del agua; ocupada en su flor;
Su basquiña es de punto de Génova; y en su jubón
Un arabesco, errando por los plieges del satén,
Sigue las vueltas y revueltas de un hilo de oro florentino.
Esta suave y bella rosa, abierta completamente,
Saliendo del botón fresco como de una urna muy verde,
Pesa sobre la exquisita pequeñez de su manita;
Cuando la niña, alargando sus labios de carmín,
Frunce, cuando la respira, sus palpitantes narices,
Esta magnífica flor, flor de realeza y púrpura,
Esconde casi del todo este rostro encantador;
Hasta el punto de que el ojo vacila y no sabe cómo
Distinguir de aquella flor la bella niña que juega,
O si sólo ve una rosa, o sólo ve una mejilla.
Sus azules ojos brillan bajo sus cejas marrones.
Todo en ella es alegría, encanto, suave perfume;
¡Qué dulce es su mirada, azul! ¡Qué dulce es su nombre, María!
Todo son rayos; sus ojos alumbran, su nombre reza.
Sin embargo, ante la vida y bajo el gran firmamento,
¡Pobre ser!, ella se siente vagamente poderosa;
Asiste a la primavera, a las luces y a las sombras.
Al gran sol que se oculta sombrío en el horizonte.
Asiste al gran esplendor deslumbrante de la tarde,
Al murmullo del arroyo que escucha sin poder ver,
A los campos, y a la eterna naturaleza serena,
Con la misma gravedad de una diminuta reina;
Jamás ha visto a un solo hombre si no es inclinado ante ella;


 



Un día llegará a ser gran duquesa de Brabante;
Habrá de gobernar Flandes o incluso la isla Cerdeña.
Ella es la infanta, tiene cinco años, y ya desdeña.
Porque los hijos de reyes son así; sus frentes blancas
Llevan sombría aureola, y sus pasos vacilantes
Son comienzos de un reinado. La infanta aspira su flor
Esperando que recojan para ella un gran imperio;
Y su mirada, ya real, exclama: Todo esto es mio.
Desde ella fluye un amor mezclado con vago espanto.
Si acaso alguien, viéndola tan temblorosa y tan debíl,
Incluso para salvarla, osara sólo tocarla,
Antes de que diera un paso, o dijera una palabra,
Tendría sobre la frente la sombra del patíbulo.





La dulce niña sonríe, sin hacer ninguna cosa
Sino vivir y tener en sus manos una rosa,
Y estar ahí ante el cielo, en medio de aquellas flores.
La luz se apaga; los ruidos cuchichean pendencieros;
Las púrpuras del poniente se reflejan en las ramas;
Y se enrojecen las frentes de las diosas de mármol
Que parecen palpitar al sentir caer la noche;
Todo lo que se cernía vuelve a bajar; cesa el ruido,
Cesa la llama; la tarde misteriosa recoge
bajo las ondas al sol, bajo las hojas al pájaro.

 



Mientras la niña sonríe, con esta flor en la mano,
En el suntuoso palacio católico y romano
Donde por la luz del sol cada ojiva es una mitra,
Alguien grande y formidable está detrás del cristal;
desde abajo se ve una sombra, entre nubes de vapor,
Que va de una ventana a otra, y todo esto da espanto;
Esta sombra en el mismo sitio, como en un gran cementerio,
A veces se queda inmóvil durante todo el día;
Es un ser harto espantoso que parece no ver nada;
Ronda de una cámara a otra sin cesar, pálido y negro;
Pega a los cristales blancos su frente lúgubre, y sueña;
¡Pálido espectro! Su sombra al ponerse el sol se alarga;
Su paso fúnebre es lento como el doblar de campanas;
A no ser que sea el Rey, se diría que es la Muerte.

 




 Es el Rey; es el mismo hombre en quien vive y tiembla el reino.
Si alguno pudiera ver lo que mira este fantasma
De pie en este mismo instante con la espalda contra el muro,
Lo que se apercibiría en aquel tétrico abismo,
No es la niña, ni el jardín, ni el agua tornasolada
Reflejando el cielo de oro de un grandioso atardecer,
Ni los bosques, ni los pájaros que entre sí se picotean,
No: en el fondo de ese ojo, vidrioso como las ondas,
Bajo esas fatales cejas que incapacitan la sonda
De aquella pupila igual que en el océano profundo,
Lo que se distinguiría, cual espejismo movible,
En un vuelo de bajeles dispersados por el viento,
Y en la espuma, bajo estrellas, con el pliegue de las olas,
El inmenso retemblor de una armada a toda vela,
Y allá, envuelta entre las brumas, una isla, un peñasco blanco,
Escuchando por las olas la marcha de aquellas nabes.


Tal es la horrenda visión que, en el momento en que estamos,
Ocupa el frío cerebro de este dueño de hombres,
Y que hace que apenas pueda ver nada a su alrededor.
Su armada espectacular, flotante punto de apoyo
De la palanca que sirve para levantar el mundo,
Atraviesa en ese instante la oscuridad de los mares;
Con sus dos ojos el Rey la acompaña, vencedor,
Y su trágico aburrimiento no cuenta con otra luz.


El gran Felipe II era una cosa terrible.
Iblis en el Corán y en la Biblia Caín,
Apenas son más oscuros que en el Escorial oscuro
Este espectro real, hijo de espectro imperial.
Felipe II fue el Mal blandiendo la espada.
Como en un sueño ocupaba las alturas de este mundo...

                                                                     Víctor Hugo








jueves, 29 de noviembre de 2012

Delacroix (1798 - 1863).



La exposición reúne más de cien obras del gran pintor
francés Eugéne Delacroix (1798-1863).




Una de las figuras más destacadas del romanticismo  entre cuyos óleos más conocidos están Grecia expirando sobre las ruinas de Missolonghi (Museo de Bellas Artes de Burdeos), uno de los bocetos de la muestra de Sardanápalo (Museo del Louvre, París) o Las mujeres de Argel en su aposento (Museo del Louvre, París), y excepcionalmente prestado para la muestra.

Dramatismo, exotismo, movimiento y color definen la obra de un artista que se representaba así mismo como un revolucionario, enfrentado a las rígidas convenciones del arte neoclásico.




Delacroix fue el primer pintor moderno, visceral y apasionado, que traslado al lienzo la renovación espiritual del romanticismo.

La exposición, organizada conjuntamente por la Obra Social "la Caixa" y el Museo del
Louvre en el marco de un acuerdo de colaboración, es la más importante que se ha organizado en España en torno a la figura de Eugéne Delacroix.


Mujeres de argel, 1834. Museo del Louvre

La exposición cuenta con préstamos de instituciones tan importantes como la National Gallery de Londres, El Metropolitan Museum de Nueva York o el Art Institutional de Chicago.


La barca de Dante. Museo del Louvre

La exposición propone un recorrido por las diferentes etapas de su producción, desde las primeras obras, que buscan la inspiración en el museo, hasta la etapa de madurez, en la que el artista extrae sus temas de la realidad, haciendo especial hincapié en sus obras de historia así como las orientalistas, reunidas por primera vez desde 1963, año de su centenario.


El Natchez, 1835. Óleo sobre lienzo.
Metropolitan Museum of Art Nueva York


Estudio de dos tigres. Museo del Louvre, París

El taller hacia 1822-1827
Pincel, aguada marrón


Hamlet y Horacio en el cementerio
Óleo sobre lienzo. Museo del Louvre, París

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Rastro de Madrid



A la izquierda de la calle de Toledo, y entre esta y Embajadores, se encierra el famoso distrito conocido por el Rastro, nombre significativo, según el Diccionario de la Academia del "lugar público donde se matan las reses para el pueblo", en cuyo sentido lo usaron también Cervantes, Covarrubias y otros celebres hablistas.
   

En los documentos oficiales de Madrid, se dice también el Rastro de la Corte para designar el territorio hasta donde alcanzaba la jurisdicción de los alcaldes; pero la primera calificación es sin duda la apropiada a este distrito, en que desde tiempos remotos estuvieron situados los mataderos, las tenerías o fabricas de curtidos, como lo indican los nombres mismos de sus calles, Ribera de curtidores, del Carnero, Cabestreros, de las Velas, etc.,


Tirso de Molina, 9
Taberna-Café Tirso de Molina

 

Se divide en dos espacios este extenso distrito, la espaciosa vía que comenzando con el título de Plazuela del Rastro sigue con el de Ribera de curtidores. Aquella celebérrima era el mercado central donde terminaban todos los utensilios, muebles, ropas y cachivaches averiados por el tiempo, castigados por la fortuna, o sustraidos por el ingenio a sus legítimos dueños.
 


La Plaza Tiso de Molina o del Progreso, plaza abierta en 1840 y en cuyo centro se encuentra una estatua del famoso autor teatral madrileño que da nombre a esta plaza.

Azulejos que reproducen obras del pintor francés
 Henri Tolouse-Lautrec (1864 - 1901)
 















Las obras están firmadas por los ceramistas Lucia y Ángel Cabanas



En El Rastro es donde acudían a proveerse los jornaleros y artesanos; covachas cubiertas literalmente de retales de paño, de telas de todos los colores, a los tinglados de los chamarileros, henchidos de herramientas, cerraduras, cazos, sartenes, velones, relojes, cadenas y otras varatijas.



A los montones improvisados de libros, estampas y cuadros viejos, que cubrían el pequeño espacio del pavimento que dejan  los puestos fijos, asistían diariamente en busca de alguna ganga o chiripa los aficionados veteranos, rebuscadores de antiguallas, arqueólogos y numismáticos, bibliógrafos y coleccionistas de viejo.
                              Ramón de Mesonero Romanos     



 
Eloy Gonzalo


(detalles del pedestal)


Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro, nació en Malaguilla, Guadalajara el 1 de diciembre de 1868. Gonzalo falleció en Matanzas (Cuba) el 18 de junio de 1897.
 
"Soldado español distinguido en la guerra de Cuba, en homenaje Madrid le dedicó esta estatua en la Plaza de Cascorro desde 1901".



"Madrid, castillo famoso
que al rey moro alivia el miedo,
hace fiestas en su acoso,
por ser el natal dichoso
de Alimenon de Toledo etc." 



..."Y del cerrillo
vienen, y del corral de las Naranjas
y del moro Alamin, hoy Alamillo.
Estas saben tejer flores y franjas
obra morisca, y saben que el juzgado
suyo allí estuvo, entre el arroyo y zanjas."


 



Siempre que bajamos al Rastro compramos  incienso en este puesto.












 

Mi amiga Pilar


Esta todo a tope de gente





Tiendas de antigüedades





Ribera de Curtidores



Y para llevar a casa pan y dulces de Marruecos.

  



La hora del almuerzo.