martes, 30 de diciembre de 2014

El Hotel Urban 5* G L



Hotel Urban 5* GL

Carrera de San Jerónimo, 34. Madrid 
 
 
Pórtico de doble altura protegido por una marquesina de acero y con forma de espiral laminada.


Ubicado en un edificio vanguardista de estilo decó de nueva planta y, construido sobre lo que fue en el siglo XIX la casa del duque de Rivas. Este hotel fue inaugurado en el año 2005.

  

 


El baldaquino da paso al hall con dos ascensores panorámicos y una escalera: la Chimenea de Oro, diseñada revestida en cristal y oro por el maestro Angelo Orseni y técnicos italianos.
 




Patio
 

Restaurante Europa Decó

Europa Decó aúna buen gusto y medios en los paneles acristalados, el interior negro Zimbawe envuelto en muros de piedra de Brasil, la chimenea forrada en pan de oro, los butacones diseño de Carlos Jané y el suntuoso carrito de quesos de ébano. En su carta combina la comida mediterránea creativa, la cocina de producto y de temporada al gusto  contemporáneo.
 


 

GlassBar


La impresionante araña de cristal del GlassBar
  



lunes, 29 de diciembre de 2014

Museo de Historia de Madrid II



Museo de Historia de Madrid

La ciudad placentera

A su manera el Madrid cortesano trabaja. Y también descansa. Siglos antes de que la ciudad se expandiera por las riberas amenas de sus ríos y los frescos estribos de sus montañas, la corte paseaba estacionalmente su relajo, pero también su poder y su gobierno, por toda una orla de sitios reales que, desde La Granja y Valsaín hasta Aranjuez, pasando por El Escorial, El Pardo, la Casa de Campo y el Buen Retiro, salpicaban su entorno más próximo. Madrid se salía así de los límites trazados y, al hacerlo, materializaba algunas de las utopías urbanas y jardinísticas, que no podían tener cobijo en una villa heredada, estrecha, sucia y cercada.
 

 Francisco de Goya (1746-1828)
Alegoría de la Villa de Madrid, 1809
 


Y también se divierte el pueblo.
El Madrid festivo y teatral del Barroco

El Madrid del Siglo de Oro se convierte en escenario de los grandes acontecimientos ceremoniales de la corte: las bodas reales y las solemnes entradas públicas de las nuevas reinas, los juramentos de herederos, las exequias fúnebres y las salidas de acción de gracias a los Jerónimos o al santuario de la Virgen de Atocha.
La fiesta del Corpus era la celebración más solemne de un calendario marcado por las festividades litúrgicas y el santoral. Todos los estamentos de la sociedad participaban en una grandiosa procesión en la que se mezclaba lo religioso y lo profano: carros de comediantes, tarascas, danzantes, cofradías, cruces, autoridades, nobles y embajadores extranjeros, con presencia del soberano y presididos por la custodia sacramental.




La corte atrae a Madrid a artistas, escritores, músicos, escenógrafos, que hacen de la ciudad un lugar privilegiado para el disfrute de sus creaciones. Los corrales de comedias, el Palacio de la Zarzuela, la Casa del Tesoro, el Salón de Comedias del Alcázar y el Coliseo de Buen Retiro contribuyen a convertir el teatro en una de las principales formas de ocio de la capital.








Vista del destrozo del Pantano de Lorca el  día 30 abril del 1802


El urbanismo como disfraz
El Madrid barroco

Los testimonios de la época evocan  una ciudad que, a principios de siglo, presenta un trazado anárquico con calles estrechas, mal alineadas y polvorientas, en las que la salubridad e higiene eran deplorables y a las que la falta de iluminación convertía, además, en peligrosas. Algunos edificios de carácter representativo y palacios nobiliarios reducidos a grandes caserones daban el tono de la ciudad. A pesar de los intentos de paliar estas carencias mediante una serie de ordenanzas continuadas de las publicadas en 1661 por Torija, y a pesar de la construcción de nuevos y grandes edificios públicos con llamativas fachadas -Hospicio, Cuartel del Conde Duque, Casa de Correos, Palacio Real-, nunca hubo un auténtico planteamiento urbanístico; más bien, se adoptaron sucesivas medidas y proliferaron construcciones efímeras que, bajo la apariencia de realidad, disfrazaban el espacio urbano.


Vista de la ciudad de Madrid desde el río Manzanares


Puerta del Paseo de Recoletos, Madrid.


Escenario del poder centralizado  

La capital se percibe como una extensión de la corte y su entorno. El ritual ceremonial y de propaganda cortesano reafirma repetidamente el orden oficial de las cosas. En el siglo XVIII se consolidan los ejes ceremoniales más importantes, que afectarán notablemente a la morfología urbana del centro de la ciudad: las calles de Atocha, Carrera de San Jerónimo y Alcalá, a las que se unirá, en la segunda mitad del siglo, el Paseo del Prado.


   José Vallejo Galeazo
Fuente de Neptuno en el Salón del Prado


Madrid 1700 - 1814
Centro ilustrado del poder

La llegada de los Borbones a España, y muy especialmente a Madrid, no significó únicamente un cambio de dinastía. La sociedad madrileña continuó siendo en lo esencial marcadamente tradicional y conservadora; pero la formidable operación de centralización y homogeneización política y administrativa que los nuevos monarcas llevaron a cabo en todo el país repercutió muy directamente en la conversión de Madrid en un escenario áulico acorde con los nuevos tiempos.

Todo un conjunto de operaciones urbanísticas y de ornato vinieron a superponerse, como una delgada película, a las viejas tramas preexistentes, al tiempo que, especialmente en la segunda mitad de la centuria, surge una élite ilustrada que aportará nuevas ideas en las esferas de la economía, las costumbres las ciencias y las artes. 
  


Museo de Historia de Madrid I


Museo de Historia de Madrid.
Calle Fuencarral, 78.







Madrid, una difícil elección

La elección de Madrid por Felipe II (1556-1598) como capital de la Monarquía Hispana supuso la transformación de la pequeña villa medieval en corte, asumiendo desde entonces nuevas funciones políticas y administrativas, que afectarían profundamente a su estructura urbana y la vida cotidiana.

Las razones que movieron a Felipe II a tomar esta decisión fueron muy variadas. Entre las de índole económica y política, está la de su emplazamiento geográfico, que hacía de Madrid un centro esencial de comunicaciones, asimismo, el gran número de molinos harineros, que aseguraban el abastecimiento de la capital; la pureza y abundancia de sus aguas subterráneas, vital para una población en crecimiento; la necesidad de poner fin a la itinerancia de las cortes precedentes; o la existencia de un alcázar, transformado en residencia real.

Otros motivos para la elección de Madrid como capital estable de la monarquía y del Imperio fueron los extensos cazaderos existentes en los alrededores, como el Pardo o Aranjuez, así como la proximidad de El Escorial, cuya construcción fue de suma importancia para Felipe II. 




Madrid, 1561 - 1700
Villa, Corte y Capital de Dos Mundos

La esencia más íntima del Madrid del Antiguo Régimen, el motor simultáneo de sus grandezas y de sus miserias se debe a que, desde 1561 pasa a albergar la corte permanente de una de las primeras monarquías absolutas de Europa.

 

Babilonia cosmopolita

Aluvión de nobles, diplomáticos, letrados, comerciantes artesanos, eclesiásticos, artistas, viajeros, literatos, pretendientes a la corte, esclavos, mendigos y criados, procedentes de todas las provincias y rincones del Imperio, acuden a la villa.

El Madrid de los siglos XVI y XVII, con su mezcla abigarrada de estados, razas, vicios y virtudes, lenguas, colores y olores, palacios y zahúrdas, lujo y miserias, intrigas y reputaciones, oportunidades, esperanzas y fracasos, se muestra a la mirada barroca de los contemporáneos bajo la faz cosmopolita, caótica y confusa de una nueva Babilonia. Una ciudad que reza, trabaja, lucha, mendiga, se disfraza, ríe, mercadea, comadrea, intriga, ama y roba en sus plazas, plazuelas, calles, mercados, paseos, tabernas, jardines y arroyos.




Las primeras reformas urbanísticas.
Madrid, ciudad conventual.

Consciente de su nueva condición de capital, la villa y corte de Madrid emprendió una serie de obras en busca de un núcleo urbano ordenado, que dignificara su imagen. Esta tarea quedó en manos de los sucesivos arquitectos reales -Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera, Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora, Teodoro Ardemans-, que llevarán a cabo importantes proyectos de construcción de nuevos edificios y de remodelación de espacios públicos.

Sobre la irregular estructura viaria existente se diseñaron unos ejes urbanos destacados. Estas calles principales y las plazas que las jalonaban fueron sometidas a un riguroso proceso de alineación y regularización. En ellas se erigieron edificios monumentales de una tipología característica, encuadrados por torres angulares cubiertas con chapiteles de pizarra, y se ubicaron fuentes ornamentales, que actuaban como puntos de enfoque panorámico. Se trataba de conseguir un núcleo urbano homogéneo y a la vez suntuoso, símbolo visible de un poder monárquico centralizador y marco de las comitivas reales en sus desplazamientos por la ciudad.

Por otro lado, los numerosos conventos y casas de religión que se instalaron al amparo de la corte, buscando beneficios e influencias, contribuyeron a configurar, con su profusión de flechas, chapiteles y torres, una peculiar imagen del Madrid de esta época, de perfil conventual.

Belén Napolitano.


Museo de Historia de Madrid
Calle Fuencarral, 78


El Museo de Historia de Madrid fue creado en 1929 como Museo Municipal con la voluntad de ser la memoria histórica de la ciudad. Su primer director fue el poeta Manuel Machado.

Está instalado en el antiguo Hospicio de Madrid, edificio construido en el reinado de Felipe V, entre 1721 y 1726, por el arquitecto Pedro de Ribera, autor de la fachada principal y la espléndida portada, obra maestra del barroco español.
 
El edificio, declarado monumento histórico artístico en 1919, se salvó de su destrucción gracias a la intervención de la real Academia de Bellas Artes de San Fernando y a la iniciativa de la Sociedad Española de Amigos del Arte, que en 1926 organizó la Exposición del Antiguo Madrid, germen del futuro museo.
 

Maqueta del edificio


Las principales colecciones del museo -estampas, pinturas, fotografías, postales, dibujos, porcelanas, abanicos- muestran la evolución histórica y urbanística de la ciudad, las artes, la vida cotidiana y las costumbres de los madrileños, desde la época de los Austrias hasta el siglo XIX.
 
En ellas se muestran vistas, paisajes, edificios, monumentos, calles y plazas de Madrid, además de una variadísima iconografía de personajes: reyes, políticos, artistas, miembros de la nobleza. Escenas de género, costumbristas satíricas, mitológicas pueblan óleos y estampas, países de abanicos y delicadas figuras de porcelana de la Fábrica del Buen Retiro.
 
Entre sus piezas más significativas destacan La Alegoría de la Villa de Madrid, de Francisco de Goya y una de las maquetas históricas más importantes de Europa el Modelo de Madrid (1830), que por su precisión y detalle tiene un valor documental incalculable.

Recientemente el Museo ha sido objeto de una rehabilitación integral, que ha permitido crear nuevos espacios expositivos y nuevas formas de mostrar las importantes colecciones que definen el contenido de la exposición permanente.

El Museo explica la evolución de la ciudad desde su conversión en capital de la monarquía hispana, cuando era una pequeña villa medieval del reino de Castilla, en 1561, hasta llegar a ser la ciudad moderna y cosmopolita de las primeras décadas del siglo XX.



 Belén Napolitano. Siglo XVIII

La característica más definitoria del belén napolitano es la fusión sin preocupaciones anacrónicas de la evocación de la Navidad de Jesús con la descripción naturalista de los usos y costumbres del pueblo napolitano.
 





El empleo de figuras articuladas que permiten representar a los personajes en actitud de movimiento, la policromía y el detalle, la incorporación de ojos de cristal, la variedad multicolor de las vestimentas y los múltiples accesorios o finimenti sirven para expresar la condición social del pueblo menudo y notable.









Ricos y pobres, campesinos, burgueses de condición villana, pastores, vendedores ambulantes, músicos y el mundo de la corte oriental que compone el séquito de los Reyes Magos conforman el escenario circundante al episodio evangélico del Nacimiento.



Aunque la autoría de las piezas de los belenes napolitanos casi nunca aparece expresa, la calidad escultórica y la fuerza expresiva de los personajes de este singular belén parecen sugerir la mano de artistas de primera categoría como Giuseppe Sanmartino,  Francesco Celebrano, Lorenzo Mosca o los hermanos Vasallo.



Este magnifico ejemplo de la escultura barroca naturalista, que alcanzó su momento de mayor esplendor durante la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el futuro rey Carlos III de España reinaba en Nápoles y al que se debe su difusión y arraigo, es una de las más genuinas representaciones del presepe tal y como era concebido por la tradición artesana y artística napolitana.








sábado, 27 de diciembre de 2014

Belén Napolitano de los Duques de Cardona



CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía
 Plaza de Cibeles, 1. Madrid


Tres décadas sin ser expuesto, el CentroCentro Cibeles acoge este belén napolitano de 1784 de la Casa Ducal de Medinaceli. Este proyecto ha sido realizado en colaboración con el Museo Salzillo de Murcia, cuya directora  María Teresa Marín Torres, ha comisariado el montaje que recrea el espíritu del Nápoles del siglo XVIII. El conjunto, formado por casi 200 figuras, está expuesto en 50 metros cuadrados y se representan escenas que van desde el pesebre y la adoración de los Reyes Magos a un grupo de músicos con instrumentos musicales de la época. El proyecto ha contado con la ayuda de la Fundación Juan-Miguel Villar Mir y el Banco de Sabadell. Se podrá ver  desde el 28 de noviembre hasta  el 1 de febrero de 2015.



Este  magnifico conjunto fue encargado por el duque consorte de Santisteban, futuro XV duque de Cardona don Luis María Fernández de Córdoba y Gonzaga. El duque solicitó a Nápoles en 1784 dos belenes de la mejor factura, uno para el príncipe de Asturias, el futuro Carlos IV, y otro para su familia. Éste último conjunto llegó a España en 1785 y en 1790 se volvieron a encargar más piezas. 












Cuenta la tradición familiar que 2 sólo se hicieron dos belenes de esta misma factura, el realizado para el duque de Medinaceli y otro realizado para los zares de Rusia".









Su primera exposición pública se realizó en 1860, en el que fue el palacio de la familia desde el siglo XVI hasta 1892, ubicado en el lugar donde actualmente se encuentra ubicado el Hotel Palace. 






Si bien desde el siglo XV la tradición belenística napolitana tiene una presencia incuestionable en España, no será hasta la llegada a España en 1759 de Carlos III -gran aficionado a este tipo de conjuntos- cuando el coleccionísmo de los presepi napolitanos cale en el ámbito cortesano y entre la aristocracia local, una práctica que, aparte de cuestiones devocionales, también hay que entender en clave de juego palaciego y divertissement elegante y refinado.









En este contexto ha de entenderse el encargo de dos belenes -cuya autoria desconocemos- que hace el duque consorte de Santisteban, don Luis María Fernández de Córdoba y Gonzaga (1749-1806), futuro XIII duque de Medinaceli y XV duque de Cardona, en enero de 1784. Los destinatarios de los mismos serían el Príncipe de Asturias, don Carlos -futuro Carlos IV- y él mismo, origen del actualmente conocido como belén napolitano de los duques de Cardona.
 











Habría que esperar al último trimestre de 1785 para que aquél primer encargo -que no incluyó coreografía- llegara a Madrid. Amén de las figuras del Misterio, este primer encargo consistió en dos ángeles turifenarios, seis querubines, nueve pastores -tres protagonistas de la anunciación y otros seis adorantes junto al pesebre -y otros 16 figurari, así como diversos animales.
En línea con los productos más exquisitos y excepcionales de los encargados por las más altas familias de la época, el Belén de los Medinaceli tenía las piezas talladas en madera, tanto cabeza, como brazos, manos, piernas y pies.

 




Inmediatamente tras la llegada de esta primera remesa, el duque hizo un nuevo pedido, del que se tiene acuse de recibo desde Nápoles en mayo de 1786. Este segundo encargo incluyó el cortejo de los Reyes Magos. En 1790 se hizo un nuevo encargo de unas cien piezas más.









Tras doscientos cuarenta años, el belén ha permanecido siempre ligado al mismo linaje. Tras el fallecimiento en 1956 de don Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert, XVII duque de Medinaceli, el conjunto fue heredado por su hija pequeña, doña Casilda Fernández de Córdoba Rey (1941-1998), XX duquesa de Cardona, de quien pasó igualmente en 1998 a su hija, doña Casilda Ghisla Guerrero-Burgos y Fernández de Córdoba, XXI duquesa de Cardona y actual propietaria de uso de uno de los conjuntos más extraordinarios con que cuenta nuestro país de la exquisita tradición napolitana.




El Belén de los duques de Cardona se expuso públicamente por primera vez en 1860. Todavía ligado a la casa ducal de Medinaceli, a partir de aquél año gozó de gran predicamento entre la población madrileña. Con ocasión del nacimiento de su quinto hijo, doña Ángela Pérez de Barradas y Bernuy, esposa de don Luis Tomás Fernández de Córdoba, XV duque de Medinaceli, decidió que el nacimiento pudiera ser contemplado por todos los madrileños.

Aquella feliz iniciativa que conmovió a todo Madrid tuvo lugar en la que fuera residencia oficial de los duques de Lerma y de Medinaceli desde el siglo XVI hasta 1892. Conocida como Quinta del Prior o Huerta del Príncipe, ocupaba la parcela en la que hoy se erige el Hotel Palace.

 







Para la ambientación del Belén, la duquesa acudió a Federico de Madrazo, por aquél entonces director del Museo del Prado, a quien sucedieron en la labor de componer el conjunto familiar su hijo, Raimundo, el pintor Antonio Gilbert, Francisco Sans y Luis Álvarez Catalá, los tres directores de la pinacoteca madrileña en diferentes etapas hasta la muerte de doña Ángela.






El belén junto con las importantes colecciones de la casa de Medinaceli, fue trasladado a la nueva residencia de la familia en el palacio del duque de Uceda, construido en 1864 en la actual Plaza de Colón. Allí se mantendría la tradición de su montaje y probablemente su exposición pública cada Navidad, quedando constancia de la visita de la familia real en 1917.
 








Fotografías de época nos muestran que el belén disponía de un montaje típicamente español, con varias alturas en las que se presentaban las diferentes figuras hasta alcanzar la zona más elevada, en que se ubica el Nacimiento. A diferencia de la ambientación italiana entre las ruinas de un templo clásico, el Misterio se ubicaba en una choza, rodeada de palmeras, subrayado el carácter plenamente rural de la ambientación, otra diferencia sustancial con el entorno urbano que caracteriza a los napolitanos.





Tras la desaparición del palacio de Uceda en los años sesenta del siglo XX, el belén abandonó Madrid. Habría que esperar varias décadas para que la actual duquesa recuperara de nuevo en su entorno familiar el conjunto de sus antepasados con el esplendor de antaño. En 2007 terminaba un largo proyecto que resumía buena parte de las enseñanzas adquiridas tras el estudio de los conjuntos napolitanos más paradigmáticos.





El montaje final -diferente al que se ofrece estas Navidades en CentroCentro, hecho ex profeso para la ocasión- dio como resultado un belén ejemplar, con una composición abigarrada que no impide disfrutar de la excepcional factura de las más de 200 figuras  que lo componen, y que ofrece una visión teatral y de cuadros cinematográficos, modelo seguido en el Museo Nacional de Baviera, y en los belenes de los hermanos García de Castro, tanto en el Museo Nacional de Escultura como en el Museo Salzillo.
 



Hotel Palace
Plaza de las Cortes,7. Madrid