domingo, 10 de febrero de 2013

Carta a un hijo. Rudyard Kipling (1865-1936)




Si puedes estar tranquilo cuando todos a tu alrededor
han perdido la cabeza y te culpan por ello,
si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti
y, sin embargo, no desprecias sus dudas;


si puedes esperar sin que te canse la espera,
si te injurian y no respondes a la mentira,
si te odian y no cedes al odio,
y, aun así, no pareces demasiado bueno ni hablas como un sabio;


si puedes soñar, y no hacer de los sueños tu señor,
si puedes pensar, y no hacer del pensamiento tu meta,
si puedes encontrarte con el triunfo y la derrota
y tratar de la misma manera a esos dos impostores;


si puedes soportar escuchar la verdad que has dicho
distorsionada por granujas para engañar a tontos,
o ver cómo se destruyen las cosas por las que has dado la vida,
y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas;


si puedes poner en un montón todos tus triunfos
y arriesgando todo en un cara o cruz,
y perder, empezar de nuevo desde el principio,
y no decir una palabra sobre lo que has perdido;


si puedes forzar tu corazón, nervios y tendones
a que te sirvan cuando ya hace tiempo que se han gastado,
y resistir cuando no te queda nada
salvo la voluntad que dice: "Aguantad";


si puedes hablar con las masas y mantenerte íntegro,
 o pasear con reyes sin perder el sentido común,
si no pueden herirte ni los enemigos ni los buenos amigos,
si todos cuentan contigo pero ninguno en exceso;


si puedes llenar el minuto implacable
con sesenta segundos que valgan la pena,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y -lo que es más- ¡ serás un Hombre, hijo mío!
                                                   Rudyard Kipling

                                                                                             



El poema también conocido como Carta a un hijo, escrito en versos, fue compuesto por Rudyard Kipling en 1910. En 1995 una encuesta de la BBC lo señaló como el poema más valorado en Gran Bretaña.
Citado en películas y canciones, traducido en todo el mundo, invocado por los mayores, agigantado en carteles, reducido en postales, es un poema duro, que exhorta a no rendirse nunca, a llevar siempre la cabeza alta, a no dejarse embaucar, a no perder el sentido de la responsabilidad incluso en las circunstancias más adversas.
Atenerse a este código de conducta es, sin ninguna duda, muy difícil, sugerirlo a un hijo, es audaz. Pero este discurso dicho en voz alta, solemne, calmo, integro, sin miedo a utilizar palabras trascendentes, evoca un mundo de nobles valores luminosos y eternos.





Rudyard Kipling nació en Bombay (India) en 1865 y fue bautizado con el nombre del lago inglés donde sus padres se prometieron. Creció como cualquier niño de su época, acunado desde su nacimiento con leyendas y canciones indias.
Fue enviado a Inglaterra a los seis años para recibir una educación adecuada a su clase social. hasta los doce años estuvo, junto con su hermana menor, viviendo con un matrimonio que acogía a hijos de ingleses residentes en la India.

Esa época fue muy feliz para él. Acabo los estudios en la escuela Devon, pero no de una manera tan brillante como para poder obtener una beca que le permitiera ir a Oxford, por lo que regresó a Lahore ya que su familia no podía afrontar el gasto.Allí su padre le encontró un empleo como redactor del diario local Civil & Military Gazette. En el publicó sus primeros cuentos.

En 1887 comenzó a trabajar en un periódico más importante, The Pioner, en Allahabad. En 1889, dejó la India y recorrió América escribiendo para The Pioner. Al año siguiente llegó a Inglaterra donde sus cuentos enseguida encontrarón hueco en las revistas más prestigiosas.

Se casó con Caroline Balestier y  se marcharon a vivir a Vermont ( EE UU ) donde nacieron sus dos hijas: Josephine y Elise. Y escribió, entre otras cosas, las historias de Mowgli que terminarían siendo "El libro de las tierras vírgenes".

Regresó a los pocos años con su familia a Inglaterra, y gracias a sus novelas, poesías y artículos, Kipling se convirtió en un escritor prestigioso y popular al mismo tiempo. En 1907 se le concedió el Premio Nobel de Literatura.

Perdió a su único hijo, John, en la Primera Guerra Mundial, lo que marcó su vida y su obra. Además de escritor y poeta fue un periodista brillante que recorrió Inglaterra y otros países con un nuevo y temerario medio de transporte: el automóvil, escribiendo sagaces reportajes. Murió en 1936.








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