En 1880 Zorn logra su primer gran éxito en la exposición de estudiantes de la Academia de Bellas Artes con esta acuarela, que representa a una mujer con la cabeza girada y velada tras un tul negro. Esta obra revela ya su destreza técnica y sensibilidad, por lo que atrajo el interés de muchos compradores. El reconocimiento obtenido con ella impulsó a Zorn a explorar variaciones sobre el tema de la mujer en duelo y le proporcionó numerosos encargos de retratos iniciándose así su exitosa trayectoria profesional.
Anders Zorn nació en 1860 en la provincia sueca de Dalecarlia. Sus padres se conocieron cuando trabajaban en la cervecería Von-Düben de Uppsala, si bien nunca se casaron y Anders no llegó a conocer a su padre. Debido al trabajo temporal de su madre, el pequeño fue criado por sus abuelos en una humilde granja en el corazón de Suecia. Desde niño mostró una extraordinaria destreza manual que pronto lo encaminó hacia la carrera artística. A los quince años ingresó en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo, donde destacó por su dominio de la acuarela. Su primer gran éxito llegó en 1880.
Un año más tarde, desencantado con la enseñanza académica y respaldado por la independencia económica que le proporcionaban los primeros encargos, Zorn abandonó la institución. inició entonces una etapa de viajes que resultaron decisivos para su formación como artista. Entre ellos destacan los realizados a España, atraído por la imagen romántica difundida por su admirado compatriota el acuarelista Egron Lundgren (1815-1875). El virtuosismo técnico y el gusto por los motivos anecdóticos, que también se prestaban al género orientalista que en ese momento gozaba de tanto éxito entre los clientes europeos, protagonizan las obras españolas de Zorn así como las realizadas durante sus estancias en Constantinopla y Argelia.
Interesado por los motivos fluviales y los efectos atmosféricos, tanto sus paisajes de Inglaterra como las vistas de su Suecia natal revelan su afinidad con la acuarela y una temprana fascinación por la representación del agua, cuya superficie y reflejos se convertirán en un tema recurrente a lo largo de toda su carrera.
Esta acuarela, junto con Las primas, la más destacada de las que Zorn realizó en Cádiz en 1882. En ella una joven madre gitana aparece en un momento de intimidad cotidiana junto a su hijo. Esta obra se ha relacionado con la llamada Virgen de la servilleta de Murillo, que Zorn pudo haber visto en el museo de Bellas Artes de Sevilla durante su primera estancia en España.
Zorn realizó nueve viajes a España, lo que evidencia los fuertes lazos que mantuvo con nuestro país. Durante su primera estancia estuvo acompañado por el artista sueco Ernest Josephson (1851-1906) con quien recorrió varias ciudades españolas entre 1881 y 1882. Zorn llegó siguiendo la estela de Egron Lundren (1815-1875), su principal referente en esos años, cuyas acuarelas habían popularizado los tópicos románticos del momento: mujeres con mantilla, toreros, vendedores ambulantes y escenas costumbristas que marcaron la visión extranjera de España en el siglo XIX.
"Un par de días después ya estábamos camino de ese país tan anhelado [...], el de las acuarelas de Egron, con mujeres hermosas de ojos negros y lánguidos bajo la mantilla". Con estas palabras describía Zorn sus expectativas sobre España y la imagen que tenía de sus mujeres antes de realizar su primer viaje a nuestro país.
¿Qué sucede cuando mirar al otro es, en realidad congelarlo? La maestría de Anders Zorn en sus pinturas, tan vivas en materia y tan seguras en el gesto, suspenden a España, oriente y otros lugares lejanos en un tiempo espeso, casi inmóvil donde la belleza funciona como promesa y como límite. El otro es un cuerpo luminoso, sensual, intensamente presente, y también extrañamente privado de devenir. Gloria Oyarzábal
Llegar a ser pintor: de la acuarela al óleo
En el año 1882 Zorn se instala en Londres, donde rápidamente se consolida como retratista. Tres años más tarde, su matrimonio con Emma Lamm -miembro de una acomodada familia judía de Estocolmo -amplia notablemente su red de clientes, entre los que destaca el influyente banquero Ernest Cassel. Su fama como retratista no tarda en traspasar fronteras: del Reino Unido a Suecia pasando por Portugal y España, adonde acude en 1884 para pintar retratos de relevantes miembros de la sociedad madrileña. Desde sus inicios sus retratos se distinguen por situar a los modelos en entornos que actúan como atributos simbólicos de su personalidad.
La destreza de Zorn en la representación minuciosa de los detalles alcanza un punto culminante en La ninfa del amor , un raro ejemplo de pintura mitológica en su producción. Esta obra marca un punto de inflexión en su trayectoria, ya que a partir de entonces el artista solo buscará sus temas en los entornos cotidianos.
Bañistas al aire libre
Hasta el siglo XX los códigos de la historia del arte limitaban la representación del desnudo femenino a la pintura mitológica o alegórica. En la década de 1880 Anders Zorn traslada esas imágenes del interior del estudio del artista al paisaje natural sueco, liberándolas de los dictados de la tradición académica. Sus modelos, mujeres nórdicas, ya no representan a heroínas o diosas de la Antigüedad, sino que encarnan el ideal de salud y fortaleza contemporáneo que evoca la armonía con la naturaleza y las propiedades terapéuticas del agua.
Zorn solía realizar estas composiciones durante sus veranos en Dalarö, en el archipiélago situado al sur de Estocolmo. Sus modelos son captadas en actitudes aparentemente naturales, ajenas a la presencia del pintor, lo que otorga a estas escenas una particular sensación de espontaneidad e intimidad.
Fundación Mapfre
Sala Recoletos.
Paseo de Recoletos, 23. Madrid
del 19.02 al 17.05.2026

















No hay comentarios:
Publicar un comentario