jueves, 8 de septiembre de 2016

Palacio Real de La Granja de San Ildefonso


Parador Nacional La Granja 











La Naturaleza ha conformado un espacio privilegiado en torno a la cabecera del valle del río Eresma, aquí también conocido como río Valsaín. Por la exuberancia de sus bosques, los montes de Valsaín fueron desde muy antiguo el escenario de cacerías para disfrute de reyes y nobles. 
 



Durante el reinado de Enrique III se edificaron modestos pabellones de caza en Valsaín y en lo que hoy es La Granja. En este último lugar, junto al refugio de cazadores, Enrique IV levantó una ermita bajo la advocación de San Ildefonso, en agradecimiento por la intercesión del santo en un lance con una fiera.
 
 

 



Los reyes Católicos donarón la casa y la ermita de San Ildefonso a los monjes jerónimos de El Parral de Segovia, quienes establecieron aquí una granja para solaz y descanso. 
 



Sobre el viejo pabellón de caza de Valsaín, Felipe II supervisó siendo todavía príncipe la construcción de la Real Casa del Bosque, testigo del esplendor y la decadencia del Imperio de los Austrias.
 





El primer rey Borbón de España, Felipe V, abrumado por las labores de gobierno, descubrió la idílica tranquilidad de La Granja de San Ildefonso y compró en 1720 el lugar a los monjes para construir un palacio modesto donde retirarse tras abdicar en su hijo Luis. Tras la muerte de este, hubo de reinar otra vez y el palacio se fue dotando con todas las estancias necesarias para albergar a la corte y convertirse en un Real Sitio.
 





De la mano de arquitectos como Ardemans, Procaccini y Juvarra, surgieron las trazas de patios, fachadas, salones y el frente inconfundible de la real Colegiata.
 





El palacio es el eje de un gran recinto al que se accedía por las puertas de Segovia, de la reina y de Cosíos y por las ya desaparecidas puertas del Horno y del Campo. Tres curatas partes del recinto las ocupan los Jardines Reales, embellecidos por una magnífica colección de Fuentes. El resto alberga la población que fue creciendo entorno al palacio y que cuenta con un conjunto de edificios monumentales de gran interés, distribuidos según el urbanismo ilustrado que impuso Carlos III, el rey que más disfrutó de estos parajes y quien más se preocupó por la prosperidad de sus vecinos.
 










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