sábado, 18 de abril de 2026

Recorrer el mundo. Recordar la tierra. Anders Zorn

 
De luto, 1880. Acuarela sobre papel

En 1880 Zorn logra su primer gran éxito en la exposición de estudiantes de la Academia de Bellas Artes con esta acuarela, que representa a una mujer con la cabeza girada y velada tras un tul negro. Esta obra revela ya su destreza técnica y sensibilidad, por lo que atrajo el interés de muchos compradores. El reconocimiento obtenido con ella impulsó a Zorn a explorar variaciones sobre el tema de la mujer en duelo y le proporcionó numerosos encargos de retratos iniciándose así su exitosa trayectoria profesional.
 
Vista de Argel desde el jardín d'Essai, 1887 

Anders Zorn nació en 1860 en la provincia sueca de Dalecarlia. Sus padres se conocieron cuando trabajaban en la cervecería Von-Düben de Uppsala, si bien nunca se casaron y Anders no llegó a conocer a su padre. Debido al trabajo temporal de su madre, el pequeño fue criado por sus abuelos en una humilde granja en el corazón de Suecia. Desde niño mostró una extraordinaria destreza manual que pronto lo encaminó hacia la carrera artística. A los quince años ingresó en la Academia de Bellas Artes de Estocolmo, donde destacó por su dominio de la acuarela. Su primer gran éxito llegó en 1880.
 
Un año más tarde, desencantado con la enseñanza académica y respaldado por la independencia económica que le proporcionaban los primeros encargos, Zorn abandonó la institución. inició entonces una etapa de viajes que resultaron decisivos para su formación como artista. Entre ellos destacan los realizados a España, atraído por la imagen romántica difundida por su admirado compatriota el acuarelista Egron Lundgren (1815-1875). El virtuosismo técnico y el gusto por los motivos anecdóticos, que también se prestaban al género orientalista que en ese momento gozaba de tanto éxito entre los clientes europeos, protagonizan las obras españolas de Zorn así como las realizadas durante sus estancias en Constantinopla y Argelia.
 
Interesado por los motivos fluviales y los efectos atmosféricos, tanto sus paisajes de Inglaterra como las vistas de su Suecia natal revelan su afinidad con la acuarela y una temprana fascinación por la representación del agua, cuya superficie y reflejos se convertirán en un tema recurrente a lo largo de toda su carrera.
 
Alegría maternal, 1882

Esta acuarela, junto con Las primas, la más destacada de las que Zorn realizó en Cádiz en 1882. En ella una joven madre gitana aparece en un momento de intimidad cotidiana junto a su hijo. Esta obra se ha relacionado con la llamada Virgen de la servilleta de Murillo, que Zorn pudo haber visto en el museo de Bellas Artes de Sevilla durante su primera estancia en España.
 
Zorn realizó nueve viajes a España, lo que evidencia los fuertes lazos que mantuvo con nuestro país. Durante su primera estancia estuvo acompañado por el artista sueco Ernest Josephson (1851-1906) con quien recorrió varias ciudades españolas entre 1881 y 1882. Zorn llegó siguiendo la estela de Egron Lundren (1815-1875), su principal referente en esos años, cuyas acuarelas habían popularizado los tópicos románticos del momento: mujeres con mantilla, toreros, vendedores ambulantes y escenas costumbristas que marcaron la visión extranjera de España en el siglo XIX.  
 
Las primas, 1882
 
"Un par de días después ya estábamos camino de ese país tan anhelado [...], el de las acuarelas de Egron, con mujeres hermosas de ojos negros y lánguidos bajo la mantilla". Con estas palabras describía Zorn sus expectativas sobre España y la imagen que tenía de sus mujeres antes de realizar su primer viaje a nuestro país.
 

¿Qué sucede cuando mirar al otro es, en realidad congelarlo? La maestría de Anders Zorn en sus pinturas, tan vivas en materia y tan seguras en el gesto, suspenden a España, oriente y otros lugares lejanos en un tiempo espeso, casi inmóvil donde la belleza funciona como promesa y como límite. El otro es un cuerpo luminoso, sensual, intensamente presente, y también extrañamente privado de devenir. Gloria Oyarzábal 
 
  

Llegar a ser pintor: de la acuarela al óleo
  En el año 1882 Zorn se instala en Londres, donde rápidamente se consolida como retratista. Tres años más tarde, su matrimonio con Emma Lamm -miembro de una acomodada familia judía de Estocolmo -amplia notablemente su red de clientes, entre los que destaca el influyente banquero Ernest Cassel. Su fama como retratista no tarda en traspasar fronteras: del Reino Unido a Suecia pasando por Portugal y España, adonde acude en 1884 para pintar retratos de relevantes miembros de la sociedad madrileña. Desde sus inicios sus retratos se distinguen por situar a los modelos en entornos que actúan como atributos simbólicos de su personalidad.
 


La destreza de Zorn en la representación minuciosa de los detalles alcanza un punto culminante en La ninfa del amor , un raro ejemplo de pintura mitológica en su producción. Esta obra marca un punto de inflexión en su trayectoria, ya que a partir de entonces el artista solo buscará sus temas en los entornos cotidianos.
 
 

Bañistas al aire libre
  Hasta el siglo XX los códigos de la historia del arte limitaban la representación del desnudo femenino a la pintura mitológica o alegórica. En la década de 1880 Anders Zorn traslada esas imágenes del interior del estudio del artista al paisaje natural sueco, liberándolas de los dictados de la tradición académica. Sus modelos, mujeres nórdicas, ya no representan a heroínas o diosas de la Antigüedad, sino que encarnan el ideal de salud y fortaleza contemporáneo que evoca la armonía con la naturaleza y las propiedades terapéuticas del agua.
 
 
Zorn solía realizar estas composiciones durante sus veranos en Dalarö, en el archipiélago situado al sur de Estocolmo. Sus modelos son captadas en actitudes aparentemente naturales, ajenas a la presencia del pintor, lo que otorga a estas escenas una particular sensación de espontaneidad e intimidad.


 Fundación Mapfre
Sala Recoletos. 
Paseo de Recoletos, 23. Madrid
del 19.02 al 17.05.2026
 





 

miércoles, 8 de abril de 2026

Rebeldías Vanguardistas del siglo XX


Rebeldías Vanguardistas.  
Obras de la colección Vicky & Marcos Micha Levy
    Esta colección es el resultado de más de sesenta años de búsqueda e investigación sobre el arte moderno en Europa, Estados Unidos Y México, siendo este último territorio el protagonista de esta muestra. Rebeldías Vanguardistas teje argumentos a partir del carácter social que definió la obra de varios de los pioneros del muralismo mexicanos -José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros- y, al mismo tiempo posiciona a otros creadores que operaron sus orígenes subversivos del modernismo desde espacios estéticos y conceptuales divergentes, como el cruce con la antropología, el humor o el análisis de las geografías modernas, entre otros.
 

Mathias Goeritz llegó a México el año 1949 y se convirtió en una de las figuras que marcaron la transición del pensamiento arquitectónico y visual hacia la contemporaneidad. A lo largo de décadas, llevó a cabo varios proyectos de colaboración en arquitectura y arte que transformaron la imagen de la Ciudad de México a mediados del siglo XX, entre ellos el Museo Experimental El Eco (1953), las Torres de Satélite (1957) en coautoría con Luis Barragán y Jesús Reyes Ferreira, o el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria (1979), realizado en colaboración con otros cinco artistas del movimiento abstracto y geométrico.
 
   Los conceptos y las visualidades de Goeritz se caracterizan por estructuras mínimas que el artista definió como concretas, así como por una relectura de principios espirituales y religiosos. 
   

   Los protagonistas del muralismo mexicano se posicionaron a favor del nuevo proyecto de nación, que implicaba la creación de una identidad patria independiente. Promovido inicialmente por José Vasconcelos como un proyecto educativo para cimentar esos caracteres comunes a la denominada "identidad mexicana", el muralismo ayudó a tejer una estructura social que reivindicaba los orígenes prehispánicos a través de un lenguaje grandilocuente de marcado corte nacionalista.
 

Carlos Mérida. Trajes regionales de México, 1945
 
Diego Rivera. El modisto Henri de Chatillon, 1944

El proyecto era manifiesto: recrear las figuras y relatos que, aunque conocidos, habían sido suprimidos y borrados de la historia oficial. Su fin era elaborar mitologías fundadas en las crónicas del conflicto revolucionario y poner de relieve las historias que habían sido silenciadas. Artistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros asumieron un papel protagónico como líderes de los movimientos sociales y como autores de varios de los murales mexicanos asociados a este período de la historia del arte.
 
     En su afán por retratar el país, estos creadores dieron con una identidad compuesta de fragmentos disonantes y a veces en conflicto. Al mismo tiempo, Diego Rivera y Siqueiros realizaron múltiples retratos con los que ahondaron en la complejidad del género en la primera mitad del siglo XX.
 

 
David Alfaro Siqueiros. Retrato de Ana Boyer, 1955
 
 Nahui Olin, creadora visual y escritora, permite argumentar una construcción del arte moderno en México desde una perspectiva femenina. Autora de paisajes y personajes peculiares, en los que a menudo destacan los ojos verdes -un elemento autorreferencial-, sus obras suponen un contraste frente a las representaciones mestizas que predominan en la época. 
  
 


Miguel Covarrubias, figura emblemática del siglo XX, destacó como artista, escritor, antropólogo y coleccionista. Sus aportaciones a diversas disciplinas lo convirtieron en un prolífico intelectual de difícil categorización. Ilustrador icónico de Vanity Fair y destacado caricaturista de la sociedad neoyorquina, Covarrubias fue más conocido en México por sus aportaciones antropológicas y por su extensa labor en favor de la conservación de las culturas originarias; su relevante carrera se vio truncada por una muerte prematura en 1957, a la edad de cincuenta y dos años.
 
    De formación autodidacta, además de ser un gran dibujante su compleja visión universal reveló a Covarrubias como un minucioso estudioso de las culturas originarias. La colección de murales de mapas que realizó para la Feria del Golden Gate en San Francisco muestra su visión etnográfica y la labor de investigación pionera que se llevó a cabo.
 
    Tras un viaje personal de nueve meses a brasil en 1933, Miguel Covarrubias obtuvo la beca Guggenheim para regresar a la isla con el proyecto de estudiarla durante un año. 
 
 
En Nueva York, los años veinte significaron el impacto de Marcel Duchamp y su revolución ready-made o de Scott Fitzgerald y sus ritmos experimentales. También era la ciudad que se había convertido en vértice internacional de las voces de la resistencia, encabezadas por aquellos a quienes la historia había dejado al margen. Confiando en trazar su destino en una metrópolis cuya abundancia parecía no acabar nunca, Covarrubias nos comparte la vida en el barrio de Harlem y la escena Jazz que se gestaba en las veladas del Cotton Club. Empatizando con sus motivos estéticos, el artista inmortaliza estas noches de euforia social para la sofisticada publicación Vanity Fair. Compuestos como viñetas de un mundo efervescente, los dibujos fueron compilados para su temprana publicación Negro Darwings, en 1927.  
 


  

Fundación Casa de México
C. Alberto Aguilera, 20. Madrid
 
 

 
 
  

 
 
 
 

Primavera Suspendida. Suave Patria.

 
Primavera Suspendida. Cada primavera, Fundación Casa México en España se transforma en un gesto de celebración. Este año, el edificio se convierte en un gran telar urbano: una intervención concebida y realizada por el colectivo de artesanas Cielo Tejido de Etzatlán, Jalisco. 
 
La obra despliega un tejido monumental de motivos florales que evoca la fuerza simbólica de la estación: renacimiento, color, abundancia y comunidad. Cada flor, cada lienzo y cada hebra forman parte de una creación colectiva elaborada por cientos de manos, cuya destreza dialoga con el paisaje arquitectónico de Madrid.
 
El cromatismo vibrante -inspirado en los ciclos de la naturaleza- no solo es una segunda piel, sino que la resignifica: la transforma en un territorio de encuentro en el cual el acto de tejer trasciende su dimensión material para convertirse en metáfora de vínculo y pertenencia. Las fibras entrelazadas conectan comunidades, territorios y memorias tejiendo puentes entre México y España. 
 

 "La amistad entre dos naciones se fortalece con el intercambio constante de conocimiento y experiencia. En México y España me he desarrollado como persona y como profesional, me enorgullece contribuir en la creación de puentes que unan estas grandes naciones. Bienvenidos a esta casa que busca ser referente en la difusión y divulgación de la excelencia de nuestro querido México, muchas gracias por visitarnos" Don Valentín Diez Morodo. Presidente vitalicio y mecenas Fundación casa México en España
 
 
Desde una certeza antigua y persistente que México no es una imagen, sino una respiración. Que su identidad no se enuncia, se transmite. Que vive en la materia, en el ritmo de los oficios, en la memoria que pasa de mano en mano sin pedir permiso al tiempo.
 
Desde ahí nace esta intervención. Desde el amor profundo por una patria que nos ha modelado enteros y que seguimos intentando comprender a través del espacio, de la palabra y del hacer. Desde la convicción de que las artes populares no son un vestigio ni una nostalgia, sino una de las formas más altas de inteligencia cultural que hemos sabido construir.
 
"Suave patria permite que se envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero..."
 
 
 
 

Esa música honda -vegetal, humana, insistente- es la que aquí se busca poner en diálogo con el mundo. El deseo de que el relámpago verde de los loros resuene estruendosamente más allá de nuestras fronteras y que, al mismo tiempo, se deslice con suavidad, como las garzas, llevando consigo una belleza que no necesita imponerse para ser verdadera.
 
"Patria: tu superficie es maíz..." 
 
Y en este maíz reconozco el origen, el alimento, el tiempo compartido. La alacena y la pajarera. Aquello que sostiene sin alardes y que, por lo mismo, perdura. 
 



Textiles, yute, semillas -maíz, frijol, cacao, café- no se disponen acontecen. Son materia que recuerda, formas que guardan un saber antiguo transmitido sin palabras. En su presencia se reconoce el origen, no como pasado clausurado, sino como tiempo que insiste. 
 
Los espejos no duplican: interrogan. Abren la mirada, despliegan otras profundidades y devuelven al visitante su propia imagen, frágil y momentánea. Quien observa entra en la escena y se vuelve parte de ella. La cultura sucede ahí, en ese cruce silencioso donde el objeto deja de ser objeto, el espacio se vuelve conciencia y mirada, reconocimiento.
 



Aquí, lo popular no es pasado ni ornamento, sino continuidad viva. Una experiencia que no se impone, sino que acompaña. Un recorrido que no se agota en el transito, sino que deja una resonancia con la esperanza de que México, puesto en el mundo, siga siendo eso: una presencia viva, capaz de resonar con fuerza y con suavidad al mismo tiempo. Recordemos que el mayor regalo, el más grande logro del arte, es la comunidad; de hoy, más que en cualquier otro momento, sea el arte aquello que nos una en esta gran comunidad que es el mundo. Fernando Feres.Tejedora de nubes
 
Fundación Casa de México en España
C. Alberto Aguilera, 20. Madrid