sábado, 13 de diciembre de 2025

Museo Etnográfico de las Culturas Amazigh, Gitana y Sefardí


 La construcción de los aljibes
Cuando el primer recinto de Melilla se convierte en la parte más importante de la ciudad, fue necesaria la construcción de unos aljibes para abastecer a su población. Será durante el reinado de Felipe II cuando se acometa esta gran obra, que comienza en 1556 y termina en 1571.
 
Las obras se prolongaron durante mucho tiempo, se comienzan bajo el mandato del gobernador Alonso de Gurrea, son continuadas por Pedro Benegas de Córdoba y finalizados en tiempos de Francisco Sánchez de Córdoba, como reza la inscripción de su fachada principal: "El 17 de febrero de 1571 se cerraron estos aljibes, siendo alcayde y capitán por S.M.D. francisco Sánchez de Córdoba". 
 
La construcción de estos aljibes exigió el trabajo de un equipo de canteros dirigidos por un maestro mayor de cantería, que era realmente un arquitecto experto en este tipo de obras. Durante estos años se conocen los nombres de dos de estos maestros canteros, el primero fue Juan Rabín que trabaja en Melilla en 1559 y el segundo es Domingo de Ormaechea, el maestro mayor que terminó los aljibes. Ormaechea trabajó en las obras de Melilla desde 1568 y cobraba diariamente por su trabajo ocho reales castellanos.
 
Las diferentes marcas que aparecen talladas en los sillares de esta obra reflejan la firma del cantero que las labró, su significado encierra diferentes claves. Una de ellas era la identificación de cada cantero, pero también representa una forma del control del trabajo y ayuda a su montaje definitivo. 
 






En Zafrín se excavó una cabaña completa de planta ovoide apoyada en roca, con un techo plano hecho de arbustos y cerrada por delante por un murete de piedra a hueso.
 
Su espacio interior se ordenaba alrededor de un hogar central. Junto a él aparecieron tres molinos de mano y en el fondo otras estructuras: una pequeña "despensa", un hoyo de poste y varias zapatas, realizadas para encajar la estructura de la cubierta.
 
 Asimismo, se recuperaron restos de conchas, fragmentos de cerámica, un hacha de piedra pulimentada, abundantes restos de talla y herramientas de sílex. En la periferia inmediata de la cabaña aparecieron estructuras de combustión, relacionadas, probablemente, con distintas actividades culinarias.
 
En el interior de la cabaña, el suelo se encontraba saturado de percebes, caracoles, mejillones y lapas, lo que evidencia el consumo constante de esos moluscos. En el centro se excavó un hogar, el fuego permanente de la vivienda. Muchos restos de huesos de foca y vértebras de peces fueron recogidos en este sector. En una oquedad se halló un hacha de piedra pulimentada completa.
 

En las Islas Chafarinas el tiempo se detuvo hace seis mil años. La ruptura de la lengua terrestre que unía el espigón rocoso del norte con la costa actual determinó el final de la presencia humana continua en ellas. Las fluctuaciones del nivel del mar y la erosión provocaron la pérdida del agua dulce y las hizo inhabitables. Los restos arqueológicos anteriores a la separación han permanecido relativamente bien conservados al aire libre y son numerosos los restos prehistóricos dispersos, especialmente en las islas del Congreso y del Rey.
 

 Colonización fenicia
Rusaddir fenicia y púnica, a partir del siglo II a.C., los fenicios crearon una fabulosa red de colonias por todo el Mediterráneo. entre los siglos VII y VI a.C., fundaron Rusaddir (Melilla) situándola en una posición estratégica privilegiada al sureste del cabo de Tres Forcas. Su ubicación en una región de gran riqueza minera y salina pudo ser el principal aliciente para su fundación, convirtiéndose en el principal puerto de la región, foco de consumo e importante centro exportador hacia las tierras imazighen (bereberes) del interior, aprovechando la cuenca del río Muluya. En el siglo III a.C., se convertirá en fortaleza estratégica de los intereses de Cartago, antigua colonia fenicia que adquirirá un peso importante en el Mediterráneo.
 

 Rusaddir bajo dominio cartaginés
Las guerras púnicas enfrentaron a las potencias mediterráneas de Roma y Cartago durante los siglos III y II a.C., Rusaddir se convertirá bajo la esfera cartaginesa en una importante fortaleza. El aguerrido carácter de los norteafricanos llevará al general cartaginés Aníbal a contar con mercenarios de esta región para sus luchas contra Roma.
 
Concluido el enfrentamiento entre ambas potencias, Roma resultará vencedora, y el volumen de intercambios comerciales de Rusaddir se verá reducido considerablemente, debido a la ocupación romana del área de Gadir (206 a.C.) que será el principal centro dinamizador del sur de Alborán.
 
Entre los hallazgos de este periodo cabe mencionar el efectuado en 1981 en un barco cartaginés hundido en las costas de Rusaddir. Está formado por un conjunto de miles de monedas, principalmente de cobre y lectrón (aleación de oro y plata), siendo su cronología del 221-220 a.C.
 
Este conjunto pertenecía al cargamento de monedas acuñadas en Cartago y canalizadas a Gadir (Cádiz) a través del puerto rusaditano en momentos en que Cartago Nova (Cartagena), en plena II guerra púnica, corría grandes dificultades para acuñar moneda. Por ello el barco siguió una ruta alternativa a la normal que se iniciaba en Cartago para, a la altura de Orán, dirigirse al sureste peninsular.
 


 Mauros y romanos
Tras la decadencia del imperio cartaginés surgirán distintas facciones que dominarán vastos territorios del norte de África. Entre ellas destacan los maurisios que dominarán una extensa región denominada Mauretania en las fuentes clásicas.
 
El historiador romano Salustio señala la ausencia de contactos entre mauros y romanos antes de la Guerra de Yugurta (112-105 a.C.) A partir de entonces, Rusaddir experimentará cambios importantes: crecimiento demográfico, intensa urbanización del promontorio y el inicio de importaciones masivas de determinados productos romanos. En el 42 d.C., este territorio será organizado en una nueva provincia romana pasando a denominarse Mauretania Tingitana.
 


Desde su fundación como ciudad española en 1497 y hasta finales del siglo XIX, Melilla se va a convertir en una ciudad fortaleza definida por sus murallas. En su historia se sucedieron grandes acontecimientos junto a otros hachos más vinculados al día a día de una ciudad de frontera.
 

Melilla contemporánea 
Melilla consigue fijar sus límites jurisdiccionales en los acuerdos y tratados firmados con Marruecos en 1859 y 1860. La fortaleza empieza a transformarse en una ciudad moderna, asentando su perímetro urbano sobre los nuevos fuertes exteriores que se construyen a partir de 1881. Posteriormente los ingenieros militares trazan una ciudad abierta y racional, sembrada de edificios que nos remiten a las tendencias más cosmopolitas del Modernismo y del Art Decó que representan la principal herencia patrimonial del siglo XX en Melilla. 
 




 
 

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