viernes, 16 de marzo de 2018

Cartas a Hawthorne / Cartas a mis hijos. Herman Melville (1819 - 1891)




 Cuando en 1851 se publica Moby Dick, Herman Melville tiene 32 años, ha navegado por medio mundo, ha convivido con caníbales, se ha casado con Elizabeth Shaw, tiene dos hijos, ha escrito cinco novelas, y ya sabe lo que es el éxito y, sobre todo, el fracaso. Ni Moby Dick, que dedica al "genio" de Hawthorne, ni Pierre o las ambigüedades (1852), su siguiente novela, funcionarán comercialmente, más bien todo lo contrario.

 Por entonces, Nathaniel Hawthorne (1804 - 1864) caba de publicar La letra escarlata, que lo convierte en el escritor estrella de la incipiente literatura estadounidense. La letra escarlata habrá vendido el mismo número de ejemplares que Moby Dick en tres años.




 Cuando a mediados del siglo XIX los dos protagonistas de estas cartas se conocen, la literatura norteamericana empieza a tener una identidad propia. En el siglo XVIII abundaban las publicaciones de textos de carácter religioso y político escritos por peregrinos y colonos en forma de poemas, ensayos discursos y articulos periodísticos.

 Hawthorne y Melville se conocieron el 5 de agosto de 1850, en una excursión por Monument Mountain, en Berkshire, organizada por David Dudley Field. El paseo coincidía con una visita de los Melville a la casa de un familiar que vivía en Pittsfield. Su primera conversación tuvo lugar en plena ascensión a la montaña, cuando a causa de una tormrnta de verano se refugiaron bajo un parapeto, en una hendidura de las rocas (...)
 En ese momento Hawthorne tenía cuarenta y seis años y Melville tenía treinta y uno. Hawthorne ya había leído Taipi, que había reseñado favorablemente, y Melville también estaba convencido del genio de Hawthorne, tras haber leído su novela Musgos de una vieja rectoria.
 



 En comparación con otros autores de la época, de la vida de Melville se sabe con certeza bien poco: se conserva poca correspondencia suya, unas trescientas cartas. Rompía o quemaba las cartas que recibía, pues como el propio Melville le escribía a una conocida suya, Sophia van Matre, tenía el "vil hábito" de destruir todas las cartas que recibía nada más leerlas; asimismo, también tenía por costumbre responder en el acto o simplemente no contestar. Puede que trescientas cartas sean suficientes para, por lo menos, esbozar un estudio de la vida y personalidad de un escritor, pero si las contraponemos a las nueve mil setecientas que se conservan de Benito Pérez Galdós (1843 - 1916) o las doce mil de Henry James (1843 - 1916). Carlos Bueno Vera
  



Autor. Herman Melville
Título: Cartas a Hawthorne / Cartas a mis hijos

Traducción y prólogo: Carlos Bueno Vera
Ediciones La uÑa RoTa, S.L.

Edición 2016
Nº de pág. 103
 


No se suele reparar en que Melville pasó apenas diez años escribiendo novelas (de 1845 a 1857) para luego dedicarse casi veinte a la poesía, enespecial, al poema largo Clarel, si bien al final de su vida empezó a escribir la novela corta Billy Budd, marinero.






 La naturaleza siempre favorece a los que desean salvarse.
                                          Mateo Alemán. Guzmán de Alfarache




Primera dedicatoria

  Mi querido don Gregorio Marañón. In memorian.

(...) Mi Viaje a la Alcarria se lo dediqué a usted cuando se publicó, en marzo de 1948, el año en que asesinaron a Gandhi, se creó el Estado de Israel y Ortega regresó a España. El camino lo había hecho, un pie tras otro, en junio de 1946, el año en que termina el proceso de Nuremberg y muere Manuel de Falla. Yo era un hombre joven, alto y delgado, según se lee en el primer capítulo del libro. Desde aquel tiempo han pasado treinta y nueve años y ahora me apresto a repetir la excursión y a pergueñar mi Nuevo viaje a la Alcarria, páginas que también le dedico porque usted tuvo siempre mucha afición a los libros de andar y ver por nuestra vieja España y yo le debo toda la gratitud que confieso y la muy sincera y firme lealtad que proclamo. (Pág.9)
 

 

(...) El viajero aún no pasó el desvío del aeropuerto, todavía va saliendo de Madrid y rodeado, a babor y estribor, por los aparatosos y funcionales e impersonales edificios de las multinacionales, aquí todo cae en verso:

Pasado el Abroñigal
y al borde de la autopista
se aburre un autoestopista
con aspecto de alemán.
 

 

-Sí, pero no importa: lo malo que le puede pasar al hombre en esta vida no es el cansancio, todos nos cansamos alguna vez, sino el aburrimiento. Cuando Dios se harta de alguien, lo anega en aburrimiento.
 Las ranas croan en un balson que queda en la hondonada mientras la luna, con un orgullo distante y bien medido, alumbra todos los trances de la noche. (Pág. 49)


 

Los mayos de pareja son muy hermosos, la rondalla suena con mucho acorde, los cantantes son buenos y la gente atiende con disciplina al improvisado recital.

Bellísima rosa,
mapa de galanes,
ama de esta casa,
reina de esta calle.

Reina de esta calle,
clavelina hermosa,
clavel jaspeado,
bellísima rosa.

Ya viene la aurora
y le dice al sol:
aurora de mayo
quédate con Dios.


 

Los mayos que se cantan a las mozas, las pintan con un lozano descaro que llega hasta el linde misma de la paganía.

Tus cabellos, niña,
son de hebras de oro.

Tu frente espaciosa
es campo de guerra,
tus cejas son arcos,
tus pestañas, flechas;
...........
que alumbran al hombre
 ...........
Tus oídos son
 dos perlas brillantes.
Tus mejillas son
dos rosas de mayo,
del jardín de Venus
tú las has cortado.
Tu boca y tu lengua
son dos mil primores,
tu cara en conjunto
es jardín de flores.
Tus brazos, señora,
son dos ramos verdes.
 ...........
Tus pechos, señora,
son dos fuentes claras
donde yo bebiera
si tú me dejaras.
Tu cintura, un mimbre,
tu talle, un ciprés,
tu vientre, señora,
arboleda es.
Arboleda es
y nueva arboleda,
 que a los nueve meses
lleva fruta nueva.
Ya hemos alcanzado
las partes secretas,
como no las viera
no puedo dar señas.
Tus muslos parecen
de oro macizo.
...........
Con medias de seda
adorna esta niña
sus hermosas piernas.
Zapato picado
y pie chiquitín,
por ser tan bonita
me gustas a mí. 

Esta tira de versos queda algo larga, salta a la vista, pero el transcriptor piensa que tampoco sobran los ejemplos de la poesía erótica cristiana popular. (Pág. 195-96)



(...) Entre la chimenea y los restos de la garita medieval que quedan en el cerro de las Ventanillas, se despereza y medio se endereza Almonacid, el pueblo en el que León Felipe estuvo de boticario regente hace ya muchos años.

Nadie fue ayer
ni va hoy
ni irá mañana hacia Dios
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol
y un camino virgen
Dios.
       León Felipe

    

 

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