sábado, 25 de octubre de 2014

Jardines del Campo del Moro. Madrid


Valla que rodea los Jardines del Campo del Moro
 

El campo del Moro, estos jardines reciben ese nombre debido al hecho de que aquí en la Edad Media, acampó con sus huestes, en el año 1109, Alí Ben Yusuf, caudillo musulmán en un intento por conquistar Madrid y su Alcázar de manos cristianas.

Los Jardines del Campo del Moro fueron declarados de Interés Histórico-Artístico en 1931, ocupan una superficie de unas veinte hectáreas.

Felipe II adquirió estos terrenos y otros colindantes, para dar grandiosidad al Alcázar. Durante los reinados de Felipe III y de Felipe IV, el Campo del Moro había sido lugar de fiestas de todo tipo, hasta que por influencia del Conde-Duque de Olivares, los festejos iniciaron su celebración en el Parque del Buen Retiro.  
 


Estos jardines se caracterizan por salvar un pronunciado desnivel, provocado por el barranco existente entre el Palacio y las riberas del Manzanares. En la Nochebuena de 1734, reinando Felipe V, se produce un pavoroso incendio que destruye totalmente el edificio. Empezaron a surgir entonces proyectos de jardines, que iban aparejados a los de la edificación del nuevo palacio. 
  


 




No llegó a realizarse ninguno de ellos, siendo sus autores Ribera, Sachetti, Boutelou y D'islle. Algo similar ocurrió con Ventura Rodríguez y Sabatini durante el reinado de Carlos III.
 





Proyecto de Pascual y Colomer

El impulso definitivo para la creación de los jardines tuvo lugar en 1844, cuando Agustín Argüelles Álvarez (1776-1884), preceptor de la reina Isabel II durante su minoría de edad, y Martín de los Heros (1783-1859), intendente del Real Patrimonio, encargaron a D. Narciso Pascual y Colomer, arquitecto mayor de Palacio,  un nuevo diseño para la realización de los Jardines de Palacio, donde acepta algunas cosas de anteriores autores, con connotaciones muy españolas a través de un trazado que recuerda el Mudéjar.

Es uno de los tres recintos ajardinados que adornan el entorno del Palacio Real, pero a diferencia de los otros dos (los Jardines de Sabatini y la Plaza de Oriente), su gestión no corresponde al Ayuntamiento de Madrid sino a Patrimonio Nacional, organismo del que dependen las posesiones que estuvieron en manos del la Corona Española.





 
D. Narciso Pascual y Colomer, autor también del trazado de la Plaza de Oriente, planeó como punto neurálgico la construcción de una gran avenida entre el Palacio Real y el Paseo Virgen del Puerto. Esta no sólo salvaba la fuerte pendiente, sino que realzaba la panorámica de la fachada occidental del edificio.





Un abejorro disfruta de este madroño


Las obras de los jardines se suspendieron tras el triunfo de la revolución de de 1868, y el consiguiente exilio de la reina Isabel II. Pudieron retomarse definitivamente en la última década del siglo XIX, durante la regencia de Mª Cristina de Habsburgo y Lorena, cuando se procedió a la plantación de unos 9.500 árboles (entre ellos, 400 palmeras) y 20.800 arbustos (de ellos, 12.000 eran rosales), bajo la dirección del maestro jardinero Ramón Oliva.

Es la época del jardín mixto, de influencia inglesa, predominando la imitación a la libre naturaleza. Se construyen caminos con suaves y onduladas curvas, entre los que alternaban las praderas de césped y los macizos de flores.
En el Campo del Moro habitan numerosas aves, integradas por especies características de los parques, como el pavo real, el faisán, la tórtola y la paloma.




 










Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) debido a la cercanía con el frente madrileño, el Campo del Moro sufrió importantes daños. Fue restaurado en los años cuarenta del siglo XX y, en 1960, se construyó un nuevo edifico en su interior, que sirve de sede al Museo de Carruajes de Madrid.



Los Jardines del Campo del Moro, hoy en día, ofrecen un interesante arboreto en el que destacan ejemplares de Taxus Baccata, Cephalotaxus  Fortunei, Broussonetia Papyrifera, Gynocladus Dioicus y Quercus Robur, así como curiosos ejemplares de los géneros Cédrus, Picea y Aesculus.

 Algunos árboles tienen formas casi mágicas


La hiedra lo invade casi todo


Un manto de hojas cubre parte del suelo de los jardines


Chalé de Corcho, construido con este material en la segunda mitad del siglo XIX.


En 1898 fueron levantadas dentro del recinto distintas casas de madera, hechas en estilo tirolés. Se deben al arquitecto y jardinero Enrique Mª Repullés, autor también de la ornamentación de la gruta diseñada por Juan de Villanueva.


Chalecito de la reina de estilo tirolés.







Los jardines se hacen eco en su trazado de diversas corrientes, fruto de los avatares ocurridos durante las distintas fases de su construcción. De ahí que no posea características homogéneas y que combine estilos tan dispares como el formalismo( presente en el paseo principal, diseñado por Pascual y Colomer) o el naturalismo (que preside los trazados ideados por Ramón Oliva).

La mezcla de influencias también es visible en las construcciones que alberga el recinto, con alusiones a modelos rurales (como las casas tirolesas ideadas por Repullés), al neogótico o la arquitectura funcional (caso del edificio del Museo de Carruajes, obra del arquitecto Ramón Andrada

Desde el punto de vista del paisajismo, dominan las arboledas, configuradas siguiendo los gustos románticos de la época, que se unen a toques paisajísticos ingleses, caso de las Praderas de las Vistas del Sol.
 
 













Puertas de entrada

Los Jardines del Campo del Moro poseen únicamente tres entradas, emplazadas en: la Cuesta de San Vicente, al norte, otra en la Cuesta de la Vega, al sur y la principal en el Pº de la Virgen del Puerto, al oeste.

 
Pº de damas y Fuente de las Conchas


Jarrones ornamentales 



Fuente de las Conchas



Los Jardines del Campo del Moro bajo el sol del otoño

 





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