lunes, 26 de octubre de 2026

Un paseo por Barcelona

 

"Hic sunt dracones". Encontraréis dragones. Esta advertencia, habitual en los mapas antiguos para referirse al mundo que aún no estaba cartografiado, se puede aplicar a Barcelona: según el libro "Drakcelona" (Arola, 2011) del fotógrafo Josep  Marínez, en esta ciudad hay hasta 400 dragones presentes en elementos artísticos y arquitectónicos. La simbología del dragón es totalmente opuesta según el continente: en Europa, el dragón es un símbolo maléfico, el oponente a vencer que nos espera en el inframundo.
En Oriente, es un poder solar y fértil, portador de vida y que conecta el cielo y la tierra. Ricard Martín.
 

En esta tienda se vendían sombrillas, paraguas y abanicos


 
Café, pan de cereales con tomate y jamón "pan tumaca" 


Gat, de Fernando Botero es una voluminosa escultura de bronce de siete metros de largo creada por el artista colombiano. De formas rotundas y redondeadas, fieles a su inconfundible estilo, este felino de gran tamaño invita tanto a la interacción como la contemplación. Desde su llegada a la ciudad en los años noventa, la obra aporta un aire lúdico y cercano al espacio público, gracias a su presencia amable y su apariencia entrañable. Es un símbolo del barrio del Rabal.
 

 

Salvador Seguí (22/09/1887 Lérida - 10/03/1923 Barcelona), el pasado 10 de marzo se cumplieron 100 años del asesinato en las calles de Barcelona de Salvador Seguí i Rubinat, más conocido por el ápodo del Noi del Sucre (el chico del azúcar) uno de los dirigentes más famosos del anarcosindicalismo Confederación Nacional del Trabajo (CNT). El 10 de marzo de 1923, en la esquina de la calle Cadena con Sant Rafael, en el barrio del Rabal de Barcelona, pistoleros del Sindicato Libre Carlista asesinaron de un tiro al líder sindical. 
 



Mercado de santa Caterina, imprescindible en nuestra ruta, tiene mi hija un encargo, comprar embutido de potro, y en este mercado hay un puesto dedicado a ello. Me ha gustado mucho este mercado es magnífico.
 




 

 

 



La Barcelona del siglo XIX, la de la Exposición Universal de 1888, era una ciudad en efervescencia en la que la arquitectura vivía un momento notable. Para colmar las expectativas y vanidades de sus clientes, los arquitectos utilizaron en su obra todo un repertorio de recursos: ornamentos florales, riqueza escultórica y trabajo del hierro forjado, formas onduladas, vidrieras policromadas, esgrafiados, detalles cerámicos, etc. A menudo las grandes ciudades pueden asociarse con edificios y monumentos que se convierten en sus emblemas universales.
 

La personalidad arquitectónica de Barcelona se caracteriza más por su paisaje urbano que por grandes singularidades. El Arc de Triomf, construido según el diseño de Josep Vilaseca en el comienzo del Paseo de Luis Campanys, que presidía la entrada del recinto de la Exposición Universal de 1888.
 

 

 



Parc de la Ciutadella (Paseo de Pujades, s/n, Paseo de Picasso, s/n). En este lugar se puede considerar que tuvo su primera expresión arquitectónica el movimiento modernista. Como su nombre indica, el espacio había estado ocupado por una ciudadela militar construida a principios del siglo XVIII después de la derrota de Barcelona en la Guerra de Sucesión. 
La ciudad fue duramente castigada tras caer después de un largo asedio, y la ciudadela (junto con las nuevas murallas y el castillo de Montjuic) fue el gran instrumento de la nueva dinastía borbónica para controlar militarmente la ciudad durante más de 150 años.


En sus inmediaciones encontramos un edificio, el Hivernacle, obra de Josep Amargós i Samaranch (1883-1887) que actualmente acoge  todo tipo de actos sociales. 
 

 

  
Al fondo el antiguo Mercat del Born, que alberga el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona

 

 

 

 



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