domingo, 27 de enero de 2013

Ziryâb. El Mágico Cantor de Oriente. Sergio Macías Brevis.




"Si para despertar las notas
Con una pluma de águila
Pulsaba el músico árabe
Las cuerdas del laúd,     

Para despertar la palabra
¿La pluma de qué ave
Pulsada por qué mano
Es la que hiere en ti?"

                                            Luis Cernuda




Las aguas del Tigris deslumbran  de luz.
 Un aroma de azahares cubre el antiguo paisaje iluminado
de mariposas que se equilibran  sobre las flores.

Entre higueras y naranjos un músico tañe las cuerdas que desatan.
la alegría de los pájaros sobre el alféizar del horizonte.

Los sonidos del laúd y la dulzura de su voz silencian el ritmo
de los arroyos que hacen danzar a hojas y nubes.




Se llama Abu I-Hasan el que esculpe la música en el corazón.
Mientras los rayos del sol atraviesan las soledades de las uvas.

Se silencian las cigarras. Las alas de la luz disipan las sombras de la muerte.
Y las almas se embriagan con sus canciones cristalinas.

Con la llamada del muecín queda absorto en la oración.
Escucha la voz profunda de Allah: -Premio tu fe y perseverancia.
tus melodías trascenderán y darán armonía al mundo.-




Pensó que había sido un sueño y guardó el mágico secreto en su alma,
dejando caer conmovido lágrimas que volaron hacia el infinito,
en medio de la algarabía de los pájaros del jardín.

Hassan vive conmovido bajo el fuego del cielo y de sus colores
que se derraman sobre la hermosa Bagdad.
Ella fue llamada Darus-Salam: Ciudad de la paz labrada en honor a Allah,
por los escultores de la transparencia y los artesanos de cúpulas de oro.




El joven músico seduce a los corazones con su armonía,
que es como el ritmo de las aguas que cubre a los peces
dorados y a las raíces de los palmerales de Babilonia.

Todos se dejan llevar por los tañidos que son como arrullos
de los ríos milenarios.
Resonancia de flores mecidas por el aire. Frágiles golpes
del rocío sobre la hierba.




Sus cantos conmueven como las plegarias de las alondras
hacia un cielo de esperanzas.
Como las aguas biblicas que susurran al oído del herbaje.

En el huerto las ramas se balancean como bailarinas
entre surtidores.

Los sones del laúd hechizan a la vieja tierra bajo una lluvia de luz.

la música desata los corazones que se ahogan emocionados
al oír su lenguaje cristalino,
que es como la voz de las vertientes.




Las gentes que sólo buscan la paz para curar sus tristezas,
se abandonan a la inmortalidad que les lleva las melodías
de Abu I-Hasan.

El maestro Ishaq al-Mawsilí pasea entre los árboles. Oye
los suaves arpegios que pregona el viento.
Las nubes se desvanecen y las flores irradian juventud.

Lo que en un momento le alegra se desmorona martirizándole.
Como si la luz muriera en una habitación sombría del alma.




Rojo de ira increpa al joven compositor haciendo huir
a los súbditos del reino.
-¡Esta es una melodía extraña! Yo no la he enseñado
¡Cómo te atreves a tocar lo que entorpece los sentidos!-

Abu I-Hasan Ali ibn Nafi, a quien todos llaman Ziryâb,
responde: -Lo aprendí de la naturaleza.
Sólo con la música soy libre, como el poeta con la palabra.-




El maestro insiste: -Rompes con la tradición. ¡Prohíbo tus
composiciones !-
El discípulo tímidamente replica: -Siento que mis
(inspiraciones turben tu generoso corazón.
Mis dedos no se contienen, tañen con júbilo las cuerdas de mi laúd.-

- Ya llegará tu hora, Abu I-Hasan. Antes debes saber más
(de ti mismo, del mundo y de sus misterios.
No te dejes llevar por la pasión. Aprende de nuestros
(eruditos para que un día nos entregues tu sabiduría.




Desvelarás la hermosura que aparece sin esfuerzo
desde los mas puros sentimientos.
Tu talento te hará llegar a lo más alto. Te elegirán como un eximio músico.
No te apures. Acumula el fuego del
conocimiento y la destreza que da la técnica.
Las estrellas se forman a través del tiempo
para brillar en el espacio.




Zyryâb sólo se atrevió a argumentar:
- La razón de mis composiciones está en el rumor de las hojas.
En la melodía del agua y en el viaje de las nubes-

Se produce un silencio en el jardín donde crecen las adelfas.
Los brotes se multiplican y las libélulas hacen ondulaciones.
En medio de la hojarasca los caracoles arrastran su pereza.




Te ofrezco mis conocimientos basados en los de nuestros
antepasados. No puedo permitir tus innovaciones.
¡La vanidad insulta a la sabiduría!
El arte se labra pulcramente con la perseverancia
del mar sobre las rocas del silencio.
Con la paciencia del aire que deja sus huellas
sobre la playa del espacio.




El discípulo responde consternado:
- Me maravillo con la naturaleza.
Con los arroyos del rocío que desbordan las corolas.

Me gusta descubrir los misterios. El universo en cada semilla.
Acariciar las túnicas de las flores
Aspirar los aromas de la tierra.

Ahora estoy bajo tu enseñanza que es como la puerta del
alba que me lleva hacia la claridad.




-Tus palabras te hacen humilde
 Irás al Palacio de las Delicias.
El sublime y poderoso Califa Harún al-Rachid,
amante del arte y llamado también el justo,
oirá lo que te he enseñado.

Pero no expreses tus inspiraciones que descubres en las flores.
Tus interpretaciones del viento.
Ni el rumor de los bosques, de los arenales
o de los arrullos de los pájaros.
Recuerda que mi ira no perdona la traición.

Soy el gran maestro de la corte. Mis melodías son las preferidas,
porque endulzan la breve vida y dan gozo al corazón...




Fotografías: Palacio de la Bahía en Marrakech.

                        Fez, Marruecos.

                        Sinagoga Santa María la Blanca, Toledo.

                        Alhambra de Granada.




Sergio Macías Brevis

Poeta, narrador y ensayista chileno. Tiene también la nacionalidad española desde 1979 que se radicó en Madrid. Autor de más de una veintena de obras. Es Asesor Cultural de la Embajada de Chile en España.

En el caso de Sergio Macias, poeta que se convirtió en un errante por el mundo a causa de la dictadura, sin otro hogar que la memoria y la palabra.
 
Además, el exilio en España puso a Macías en contacto con la lírica arábigo-andaluza, la cual le mostró un mundo nuevo de expresividad y belleza que supo hacer suyo, impregnando sus poemas de la luz, el color y aun el olor de la tierra exótica, mas no extraña a su sensibilidad(alguien le llamó con fortuna "el poeta andino de Al-Ándalus"). Macías asimiló el legado árabe por afinidad sensorial, no por mera imitación, y esto es lo que le confiere un puesto dentro de la poesía hispanoamericana contemporánea.




Hay además una similitud entre el poeta chileno y los árabes Al Mutamid e Ibn Zaydun: los tres son líricos desterrados, que cantan con nostalgia a sus países , y esta añoranza, así como la celebración que hacen del amor, dan a su poesía un tono plenamente personal.















sábado, 26 de enero de 2013

Breakfast at Tiffany's (1961) Audrey Hepburn



Paramount Pictures  presenta a

Audrey Hepburn  y George Peppard
en 
"Breakfast  At  Tiffany's"


Audrey Hepburn






Directed  by:  Blake Edwards

Fotografía: Franz Planer

Productora: Paramount Pictures

Género: Comedia romántica

Reparto: Patricia Neal, Buddy Ebsen, Martín Balsam y Mickey Rooney



Basada en la novela de Truman Capote

Guión: George Axelro

Música: Enry Mancini






Una comedia romántica ganadora de un Oscar, con una música maravillosa y ella Audrey (Holly Golightly), y él George Peppar, el joven, "mantenido" escritor que se ve arrastrado por el nada convencional estilo de Holly.


Audrey Hepburn y George Peppard






Holly Golightly es una bella joven neoyorquina que, aparentemente, lleva una vida fácil y alegre. Un día se muda a su mismo edificio Paul Varjak, un escritor que espera el éxito.



Premios

1961. 2 Oscar: Mejor canción. Mejor Banda Sonora. (5 Nominaciones)

1961. Globos de Oro: Nominada Mejor Película. Mejor Actriz  Comedia (Hepburn)

1961. Premios David di Donatello: Mejor Actriz Extranjera (Hepburn)






El icono del estilo.



Con su éxito, el planeta se inundó de modelos y actrices
delgadísimas, aunque ninguna como ella.



Tras el estilo Audrey Hepburn se agazapaba un duro pasado.



La elegancia sin esfuerzo, Audrey y Givenchy hicieron maravillas con su colaboración



A Hubert de Givenchy, un joven modisto aristócrata parisino, la avisaron de que la señorita Hepburn estaba en la tienda. El couturier salió apresuradamente de su taller y se dio cuenta de que era "la otra Hepburn". Había creido que se trataba de la mucho más famosa Katharine.



Corría 1952, y Audrey estaba allí para comprar su vestuario para Sabrina. Demostró a Givenchy que sabía cuatro o cinco cosas de alta costura y nació una amistad de por vida.



Ella colocaría al modisto en el mapa, luciría sus creaciones en otras cinco películas y sería la imagen de su perfume, Interdit, sin cobrarle un franco. Él mostró su gratitud siempre que pudo.



La colaboración más inmortal del dúo fue el vestido que Audrey lleva al inicio de Desayuno con Diamantes. Ella iba tocada con una tiara de bisutería pasada de moda, kilos de quincalla al cuello, unas gigantescas gafas de sol y una pasta danesa en la mano.En realidad tenía que ser una parodia de una mujer estilosa.
 
Sin embargo, involuntariamente, Audrey convirtió el conjunto en la cima del estilo de toda la historia del cine.



 Holanda. El conocido como "el invierno del hambre". Entre noviembre de 1944 y mayo de 1945, el país ocupado por los nazis sobre vivió sin casi alimentos ni apenas combustible para calentarse. Unas dieciocho mil personas fallecieron. Muchas más arrastraron las secuelas de la desnutrición de por vida.


La baronesa Ella van Heemstra y su hija adolescente, Edda, pasaron aquel terrible período en una casa de campo de la familia en Velp, en el corazón del país. "Vivíamos bajo una campana, sin nada que hacer, sin noticias, sin libros ni jabón...
 
Durante bastante tiempo lo único que teníamos para comer eran bulbos de tulipán, recordaría la joven veinte años después, Irónicamente, la escuálida figura que le quedó como resultado la convertiría en un inmortal icono del estilo.
 
"Antes de la Segunda Guerra Mundial nadie presumía de un aspecto como el suyo...Ahora han surgido miles de imitadoras", escribiría en Vogue en 1954 Cecil Beaton, el fotógrafo y diseñador británico que años después la vestiría en My Fair Lady. El verdadero nombre de aquella joven era Audrey Kathleen Ruston. Su posterior nombre artístico : Audrey Hepburn.



El padre de Audrey  se llamaba Joseph Ruston, un apuesto y educado inglés que se dedicaba a eso, a ser un apuesto y educado inglés. Conoció a la baronesa holandesa Ella Van Heemstra en 1926 en Batavia, el evocador nombre con que se denominaba la colonia neerlandesa de la isla de Java.



Se enamoraron, se casaron y se tiraron los platos a la cabeza, en rápida sucesión. El nulo interés de él por ganarse el sustento era el motivo de las broncas. A través de los contactos de la familia de ella, Joseph consiguió un empleo en la sede bruselense de una compañía de seguros británica.



En la capital de Bélgica nació Audrey el 4 de mayo de 1929. La pequeña adoraba a Joseph, pero éste carecía de cualquier instinto paternal. Un mal día se marchó. Los biógrafos lo han tenido fácil para jugar a psicólogos y atribuirle a Audrey una perpetua búsqueda de la figura paterna en sus futuras relaciones románticas con hombre mucho más mayores.



Tras estudiar cuatro años en un internado en la campiña inglesa de Kent, el estallido de la Segunda Guerra Mundial la sorprendió instalada en la idílica y bucólica Arnhem, a 70 km al sur de Ámsterdam, el hogar de la familia aristocrática de su madre. Los nazis invadieron el país en mayo de 1940, y a los Van Heemstra les fueron confiscadas las joyas y las cuentas bancarias.



Audrey corría un grave peligro. Lucía un nombre y un apellido ingleses, y su pasaporte era británico, como el de su padre. Si a los alemanes se les antojaba, podían deportarla en cualquier momento. La baronesa matriculó a su hija en el colegio local bajo el nombre de Edda van Heemstra, que llevó hasta el final del conflicto, y la obligó a aprender rápidamente holandés.



Con 12 años, bajo la ocupación nazi y en medio de la peor guerra que conocería la humanidad, Audrey debutó  en el mundo del espectáculo. Su madre empezó a colaborar con la resistencia holandesa, y ella le fue a la zaga. Montaron espectáculos de danza en casas particulares con el fin de recaudar fondos para la resistencia. Audrey, que estudiaba ballet, era la coreógrafa. La baronesa se encargaba del vestuario.

Las llamaban "funciones negras", pues, para no alertar a las fuerzas de ocupación, se celebraban con las cortinas corridas y sin que los asistentes pudieran aplaudir. "El mejor público que he tenido no emitía el más leve sonido al final de mi actuación", recordaría.



Durante la guerra Audrey se convirtió en un esqueleto de 1,70m de altura y apenas 45 kg de peso.



Una desastrosa contraofensiva de los aliados - la Operación Market Garden- dejó Holanda como un destripado campo de batalla poblado por fantasmas muertos de hambre. Llegaba el infernal invierno de 1944 y Audrey y su madre se refugiaron en la casita de campo de Velp. Allí moribundas y famélicas, las encontraron las tropas de liberación británicas el mismo día en que la futura estrella cumplía 16 años.



Tras el conflicto recupero peso hasta 55 kg, un peso pluma que mantuvo toda su vida. Las penurias, sin embargo, le dejaron unos huesudos brazos y cuello y una cadera de 50 cm. Podría pensarse que aquella esbeltez sería idónea para su carrera de bailarina, pero ni Ella ni la joven , que se mudaron a Londres con sueños de tutús en el Covent Garden, contaban con un impedimento: Audrey era considerada demasiado alta para ser una prima ballerina. Colgó las zapatillas de puntas para siempre.

La posguerra en Londres fue durísima.La baronesa trabajó de portera, florista o niñera para respaldar los esfuerzos de su hija. Audrey debutó como corista en los espectáculos musicales a los 19 años, y redondeaba sus ganancias contrabajos de modelo para anuncios. Poco a poco, empezó a hacerse un nombre. Relata una de sus biografías: "Su físico era tan adorable que la gente contenía la respiración cuando sonreía y agitaba las pestañas". Era cuestión de tiempo que el cine llamara a su puerta.



Audrey -que ya había adoptado el apellido de su abuela paterna, Herburn- encadenó papeles de creciente importancia en una productora británica y se convirtió en una starlet digna de acudir a fiestas en los salones de los elegantes barrios de Mayfair y Belgravia.



En una de esas veladas conocería  a james Hanson. Alto rubio y guapo, amigo de Ava Gardner y Joan Collins, a sus 28 años, siete más que ella, el playboy era heredero de un imperio petrolero y naviero. El flechazo entre ambos fue de los que ponen ipso facto a los tortolitos a planear la boda. La baronesa an Heemstra estaba encantada...



Aceptó ser Holly Golightly, la prostituta protagonista de Desayuno con Diamantes (1961), aunque el filme de Blake Edwards escondió esa profesión bajo capas de eufemismos y endulzó el sombrío relato escrito por Truman Capote. El escritor siempre quiso a Marilyn Monroe en el papel, y consideró el filme "una empalagosa postal de Nueva York".



Desayuno con diamantes, que le cosechó una cuarta mención a los Oscars, es la cima de la sofisticación en el cine. ¿Quién podría imaginar que Audrey se dedicaba a tricotar con pasión durante los descansos? La actriz tenía muchos patucos y gorritos que tejer. Tres meses antes de empezar el rodaje -su cuerpo no se resintió lo más mínimo- había dado a luz a su primer hijo, Sean. A pesar de que el matrimonio hacía aguas por todas partes, Mel la había dado lo que más deseaba en el mundo, un hijo, algo que parecían no poder darla otros hombres.



Durante el rodaje de Historia de una monja había mantenido un serio romance con el guionista, Robert Anderson, doce años mayor, hasta que él la confesó que era estéril. Ser madre era un ansiado sueño para ella. El camino fue realmente tortuoso. Sus dos abortos anteriores llegaron a convertirla en un manojo de nervios que fumaba tres paquetes de cigarrillos diarios y pesaba 40 kilos.


Los períodos de descanso, además de su exigencia a la hora de seleccionar los papeles, explicaban su nada polífacetica carrera. La actriz sorprendió a sus más allegados al seguir trabajando tras dar a luz a Sean. Siempre había manifestado que su carrera quedaría en un segundo plano cuando formara una familia.



Pero, por un lado, necesitaba compensar de algún modo el vacío de su matrimonio. Y, por otro, debía ganar dinero. La carrera de Mel estaba en horas bajas, y Audrey, entre otros gastos, pasaba una paga a su madre y otra a su padre. A este último, con quien había perdido el contacto, lo localizó a finales de los cincuenta en Dublín. R.B.