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sábado, 20 de junio de 2026

Jacopo Carucci, Pontormo


Jacopo Carucci, Pontormo
 
Jacopo Carucci, conocido como Pontormo fue una de las figuras centrales del manierismo florentino. Formado en el entorno artístico de Florencia y discípulo de Andrea del Sarto, desarrolló muy pronto un lenguaje personal caracterizado por composiciones innovadoras, figuras estilizadas y una intensa expresividad emocional.
 
Durante la década de 1520 realizó algunas de sus obras más importantes, como los frescos de la Cartuja Galluzzo y la decoración de la Capilla Capponi en Santa Felicita, cuya Deposición es una de las creaciones más influyentes del arte del Renacimiento tardío. En sus últimos años trabajó para los Medici en proyectos ambiciosos, entre ellos la decoración del coro de San Lorenzo, hoy perdida.
 
La pintura de Pontormo ejerció una gran influencia en la pintura italiana de las décadas posteriores al romper con los principios del equilibrio clásico y abrir el camino a nuevas formas de expresión basadas en la tensión formal, el color y la ambigüedad espacial.
 

Jacopo Carucci. La visitación, h 1528. Iglesia parroquial de San Michele Arcangelode Carmignano (Prato), Diócesis de Pistoia.

La Visitación
 
Pintada hacia 1528-1530, es una sofisticada interpretación visual del encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel, narrado en el Evangelio de san Lucas (1, 39-56). A pesar de su relevancia dentro de la producción de Pontormo, Giorgio Vasari no la menciona en sus Vidas (1568), y apenas hay referencias a ella en la documentación de los siglos posteriores, lo que contribuyó a que pasara prácticamente desapercibida hasta comienzos del siglo XX.
 
Sigue siendo objeto de debate tanto el encargo de la obra -frecuentemente vinculado a la familia Pinadori, comerciantes florentinos de pigmentos- como su destino original. Todo apunta a que el retablo permaneció durante un tiempo en un ámbito privado antes de instalarse definitivamente en la iglesia de Carmignano, donde está documentado con certeza a partir del siglo XVIII.
 


 
Frescos de la Capilla Herrera de Roma, de Annibale Carracci 
 
El Museo Nacional del Prado presenta la "reconstrucción" de la Capilla Herrera que permite contemplar los frescos Carracci y su taller tal como fueron concebidos e instalados en altura. La capilla original, actualmente desaparecida, se encontraba en la iglesia de Santiago de los Españoles en Roma, símbolo del poder de la monarquía hispánica en aquella ciudad.
 
Estas obras, que narran episodios de la vida de san Diego de Alcántara, fueron restauradas hace tiempo. La instalación pone en valor un conjunto excepcional del barroco italiano, rescatado tras el desmantelamiento de la capilla en 1833 y conservado desde entonces entre Barcelona y Madrid. Los frescos, realizados entre 1602 y 1605, reflejan la maestría de Carracci y sus colaboradores, quienes trabajaron con un lenguaje pictórico unificado.
 
El Museo del Prado conserva siete fragmentos de los frescos que decoraban la Capilla Herrera, encargada por el banquero palentino Juan Enríquez de Herrera. Cuatro de ellos, de forma trapezoidal, decoraban la bóveda, mientras que los tres restantes, concebidos como óvalos, adornaban las pechinas. Esta instalación permanente los presenta en una disposición que evoca su ubicación original. 
 

La ejecución de los frescos comenzó en 1602 bajo la dirección de Annibale Carracci, uno de los máximos exponentes de la escuela boloñesa. Tras su enfermedad en 1605, Francesco Albani y otros colaboradores completaron el conjunto, manteniendo una coherencia estilística que dificulta distinguir las distintas manos. Las escenas representan momentos clave de la vida de san Diego de Alcalá, canonizado en 1588, cuya intercesión milagrosa fue atribuida por Herrera a la curación de su hijo.
 

Museo Nacional del Prado
Paseo del Prado s/n
 

 
Autor: Étienne de la Boétie
Título: Discurso de la servidumbre voluntaria 
Nº de páginas: 72
Editorial Libros del Zorro Rojo
ISBN: 9788412537185 

 

  
 
  

lunes, 16 de junio de 2025

Fusilamiento de Torrijos. Antonio Gilbert Pérez


Taller romano del siglo II d.C.
 
Fortuna  150-200 d.C. Mármol blanco
 
La diosa Fortuna lleva un cuerno de la abundancia y un timón sobre un globo. El modelo griego para la obra -todavía reconocible en la correa que cruza el busto- , fue una Ártemis de la escuela de Policleto (siglo IV a.C.). La cabeza y la mano izquierda son añadidos posteriores. El cristianismo apenas consiguió quebrantar la fe en Fortuna, que gozaba de gran popularidad en Roma.  
 
 

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga
 
1888. Óleo sobre lienzo, 392,5 X 602 X 602,5 cm
 
Antonio Gisbert Pérez Alcoy, 1834- París, 1902. De origen humilde, Gisbert se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y a continuación fue pensionado a Roma por tres años, entre 1855 y 1858, desde donde remitió sus trabajos de pensionado a la Academia. Su participación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.
  El militar José María Torrijos (1771 - 1831), que durante el Trienio Constitucional había sido capitán general de Valencia, mariscal de campo, e incluso llegaría a ser nombrado ministro de la Guerra, hizo varios intentos desde su exilio en Inglaterra de sublevarse contra Fernando VII tras su vuelta al trono. Fue víctima de una emboscada preparada por el gobernador Vicente González Moreno, quien le había asegurado el triunfo de la rebelión si embarcaba desde Gibraltar hacia Málaga acompañado de unos sesenta hombres de su máxima confianza, a los que se sumarían las tropas de la ciudad.
  En su proyecto, su embarcación fue abordada por Neptuno, viéndose obligados los rebeldes a desembarcar en Fuengirola en la madrugada del 30 de noviembre al 1 de diciembre de 1831. Fueron apresados y fusilados en las playas malagueñas el día 11 de diciembre por el delito de alta traición y conspiración contra los sagrados derechos de la soberanía de S. M., tras uno días de infructuosa resistencia, y sin celebrarse previamente juicio alguno.
  Pintado por Gisbert en su estudio de la calle Bruyére de París a los cincuenta y tres años, ya en plena madurez de su carrera. 
 

 
 



 
Autores: Guillermo Gallardo y Luis Miguez
Título: Filosofía para todos
Editorial Oberon
Nº de páginas: 223
ISBN: 978-84-4154154-2 
 

 Autores: Guillermo Gallardo y Luis Miguez
Título: Filósofas o barbarie
Editorial: Obron
Nº de páginas: 196
ISBN: 978-84-415-4464-2 
  

 

martes, 10 de junio de 2025

Paolo Veronese (1528 - 1588)

 
Museo Nacional del Prado
Paolo Veronese
27 de mayo - 21 de septiembre 
  

Tras Tiziano (2003), Tintoretto (2007) y Lorenzo Lotto. Retratos (12018), el Museo del Prado cierra con Paolo Veronese un irrepetible ciclo expositivo dedicado a la pintura veneciana del Renacimiento, piedra angular de su colección. 
 

Paolo Veronese (1528-1588) fue un pintor extraordinariamente reconocido, tanto en vida como en siglos posteriores; un artista con una idea totalizadora del arte, que abarcaba innumerables referencias estéticas y culturales que supo plasmar con gran libertad formal y conceptual. 
 Lo hizo en un momento crítico para Venecia, cuando afloraban las tensiones religiosas y se evidenciaban los primeros síntomas de una decadencia económica y política que sus pinceles camuflaron con maestría. Ningún artista contribuyó de forma más elocuente a recrear en imágenes.
 
La conversión de María Magdalena, h. 1548. Óleo sobre lienzo,117,5 x 163,5 cm.Londres The National Gallery

Veronese recibió su primera formación en su Verona natal junto al pintor local Antonio Badile (1518-1560), y posteriormente a Giovanni Caroto (1488-1563/66). La influencia de ambos maestros queda patente en sus obras iniciales como pintor independiente, realizadas hacia 1546, para patronos e instituciones.  
 
Disputa con los doctores en el templo, h. 1550-56. Óleo sobre lienzo, 223 x 434 cm Madrid Museo Nacional del Prado
 
Ilustra el último pasaje de la infancia de Cristo (Lucas 2, 41-50), cuando a los doce años fue llevado por sus padres a Jerusalén para celebrar la Pascua. María y José perdieron a su hijo, al que encontraron en el Templo discutiendo con los doctores. la superioridad teológica de Cristo se subraya mediante su ubicación en alto en el eje de la composición.
 Con sus manos hace un gesto, el llamado cómputo digital, de enumeración de los argumentos esgrimidos ante la mirada de los doctores. Del auditorio sobresale un anciano barbado que seguramente sea el comitente. Viste hábito de caballero del Santo Sepulcro y sostiene un bordón de peregrino, lo que permite suponer que acaso encargara la pintura para conmemorar una peregrinación a Tierra Santa.
 
 Adoración de los Reyes Magos, h. 1573-74. Óleo sobre lienzo, 375 x 288 cm. Vicenza, Musei Civici, iglesia de santa Corona, capilla de san Giuseppe.

Cena en casa de Simón, h. 1556-60. Óleo sobre lienzo, 315 x 451 cm. Turín Musei Reali di Torino, Galleria Sabauda

En el renacimiento la invención se concebía como el hallazgo de una solución original -formal y técnica- a un problema de representación. En la práctica consistía en saber relacionar elementos tomados de diferentes fuentes y combinarlos con expresiones personales para crear escenas inéditas, en emplear materiales nuevos o en usar de manera innovadora los tradicionales.
 

  

  

Retablo del arzobispo don Sancho de Rojas, 1415-1420. Temple sobre tabla de madera de pino, 532 x 618 cm. Obra de Juan Rodríguez de Toledo

Retablo gótico  de grandes dimensiones. la tabla central representa La Virgen con el Niño cuatro ángeles sosteniendo el paño de brocado y otros cuatro tocando instrumentos musicales. San Benito y san Bernardo, santos de la Orden Benedictina, de pie, protegen al arzobispo Sancho de Rojas (arzobispo de Toledo entre 1415-1422), a quien la virgen le está poniendo la mitra y al rey don Fernando I de Aragón, coronado por el Niño.
 
 Los pináculos superiores representan al Padre Eterno, a ambos lados El Arcángel y la Virgen María, con Isaías y David en los extremos.
 
 El segundo muestra diversas escenas: La Crucifixión en la calle central; a la izquierda La Presentación en el Templo, La Natividad y La Adoración de los Magos; y a la derecha La Piedad, el Santo Entierro y La bajada al Limbo, algunas de ellas con considerables pérdidas de pintura.
 
 En el primer cuerpo: el Ecce Homo, La Flagelación, y Jesús con la Cruz a cuestas, a la izquierda de la tabla central; junto a La Ascensión, Pentecostés, y La misa de san Gregorio, que se representan a la derecha. Las dieciocho cabezas de santos del banco y el escudo de Rojas entre los pináculos completan la decoración del retablo.
  
 

 
 
 

sábado, 7 de junio de 2025

El Greco. Santo Domingo el Antiguo.

 
 
La dispersión de las obras del Greco en santo Domingo el Antiguo.
  A excepción de tres pinturas que permanecen en la iglesia de santo Domingo el Antiguo (los dos santos Juanes y la Resurrección), el resto de las obras comenzaron a dispersarse a partir de 1830. En ese momento, la valoración del Greco se centraba en su etapa temprana, influenciada por Tiziano lo que hizo que las pinturas de esta iglesia fueran especialmente apreciadas.
 
 Las nueve pinturas realizadas por el Greco para el convento toledano de santo Domingo  el Antiguo su primer encargo en España, fueron la carta de presentación del pintor en Toledo.
 

Tiziano. Sísifo, 1548-1549 
 Su orgullo le hizo comparase con los dioses y estos le situaron en el infierno, obligándole a subir una gran roca a sus espaldas hasta la cúspide de la montaña y, una vez allí, hacerla rodar, para empezar el ascenso nuevamente, y así durante toda la eternidad. 
 
Tiziano. Ticio,h. 1565
 En las Metamorfosis de Ovidio se narra el sufrimiento del gigante Ticio, condenado por haber intentado seducir a la diosa Latona, a que su hígado, que se regeneraba una y otra vez, fuese eternamente devorado por dos buitres.
 
Galería Central

 La Asunción
 Esta es la obra central del retablo, seguramente la primera del Greco en realizarse en suelo español y, quizá por ello, la única de su producción en la que se incluye la fecha.
 Representa un asunto sin referencias evangélicas: la ascensión de María a los cielos auxiliada por un grupo de ángeles.
 La Virgen se sitúa sobre el creciente de luna, alzándose sobre la tumba abierta mientras es contemplada por los apóstoles, revestidos de quietud y con gestos mesurados. Algunas de estas figuras se perciben como retratos y otras parecen ser modelos aprendidos por el artista en su formación italiana.
 Todas ellas, incluidos los ángeles, están dotadas de monumentalidad, subrayada por el uso de un colorido saturado y límpido, y unas densas y corpóreas pinceladas. 
 La escena se completaba  con la pintura  colocada en el cuerpo superior del retablo la Trinidad, hacia donde la Virgen dirige su mirada al tiempo que eleva los brazos. Esta conexión entre dos telas principales evidencia el ingenioso modo que el Greco las concibió.
 
  

 

La Adoración de los pastores
 La Natividad es un tema que el Greco ya había representado con anterioridad, siguiendo siempre composiciones italianas. En este primer ejemplar en Toledo, pensando para emplazarse en uno de los retablos laterales, el del lado del Evangelio, el pintor evitó mostrar un espacio convencional y generó una composición original y propia entorno al Niño Jesús.
 Este se convierte en el foco de luz, la que ilumina a los personajes que le rodean en actitud de adoración y reconocimiento: además de María y san José, cinco pastores y dos figuras femeninas distanciadas de la escena y que han sido vistas como Zelomí y Salomé, las comadronas que certificaron la condición de inmaculada de María según uno de los evangelistas apócrifos.
 En la zona superior, un grupo de acrobáticos y refulgentes ángeles sostiene la filacteria con el versículo en griego de san Lucas: "Gloria a Dios en las alturas...".
 En primer término aparece san Jerónimo, una presencia que fue expresamente requerida por el deán Castilla.
 

 

San Juan Evangelista
  Esta pintura muestra una imagen poco frecuente en el arte cristiano occidental, donde la representación más habitual de san Juan es la de un hombre joven e imberbe que suele aparecer junto al águila que le distingue entre los evangelista, sosteniendo un cáliz del que emerge una serpiente o un libro, atributo propio igualmente de su condición de apóstol.
 El Greco incluyó el libro, un volumen cuya lectura explicaría el ensimismamiento del santo, un anciano de larga barba blanca y corpulenta complexión. Aparece de frente, en una actitud meditativa y concentrada que, según indican los dibujos preparatorios de la tela, no fue la concebida inicialmente por el pintor, que le había representado contemplando La Asunción.
 La monumentalidad de la figura se acrecienta gracias al horizonte bajo en el que se sitúa, una fórmula que, junto a la abstracción de los celajes del fondo, preludia otras composiciones del Greco.  
 

San Juan Bautista
 Siguiendo modelos básicamente bizantinos, el Greco representó al Bautista como un asceta demacrado, cubierto parcialmente por la piel de camello que llevaría en su retiro en el desierto, donde hacía penitencia y anunciaba la llegada del Mesías. La barba y los cabellos descuidados, así como la fina cruz de cañas completan la imagen del "Precursor", el que antecede a Jesús, a quien bautizó en el río Jordán. Con el índice de su mano derecha señala el tabernáculo, el lugar donde se renueva el sacrificio del Cordero de Dios.
 La alargada figura ocupa por completo un espacio estrecho, rematado en un arco de medio punto. la ausencia de elementos espaciales, más allá de unas manchas de color a modo de abstracto celaje, y la contrastada iluminación, convierten la imagen en una suerte de escultura colocada en una hornacina.
 

La Trinidad
 La tela coronaba el cuerpo del ático del retablo mayor , situada sobre La Asunción, con cuya escena conecta. Así maría asciende hacia esa zona celestial en la que el Padre Eterno, sentado sobre las nubes y flanqueado por ángeles mancebos, sostiene el cuerpo de Cristo muerto: una Compassio Patris o Piedad masculina. Dios Padre aparece revestido como un sacerdote del Antiguo Testamento, cubierto con una mitra bicorne, alba y manto. La paloma blanca que simboliza el Espíritu Santo sobrevuela las cabezas de padre e hijo.
 Es esta una representación que recoge iconografías medievales y para la que el pintor se valió de una estampa de Alberto Durero de 1511 para la composición, y de obras de Miguel Ángel para la figura de Cristo, con una poderosa anatomía y una inestable disposición que hace que se desborde del sostén paterno. 
 La pintura ingresó en el Prado en 1883, tras ser adquirida por Fernando VII. 
 

San Bernardo
 San Bernardo de Claraval (1090-1153) reformó la orden benedictina para crear la cisterciense, a la que se acogió la comunidad de santo Domingo el Antiguo en 1140. Fue además un devoto seguidor del culto a la Virgen, a la que ensalzó como misericordiosa mediadora ante Dios. 
 Al igual que ocurre con la representación de san Benito, el greco concibió la imagen del santo con rasgos tan concretos que parece que nos hallamos ante un retrato. lleva báculo abacial y muestra la  cubierta de un libro, posible referencia a su tratado De laudibus Virginis matris.
 La tela fue vendidas en 1830 al infante Sebastián Gabriel; pasó luego por varios propietarios y en 1943 fue confiscada como botín de guerra.
 
 
La santa Faz
 La vera effigies de Cristo fue una iconografía popular desde finales de la Edad media, originada en una historia apócrifa. Según esta, una mujer de nombre Verónica habría obtenido la imagen del  rostro de Jesús -también llamada Verónica, literalmente "verdadera imagen" (vera icon)- tras quedar este impreso en el paño que le ofreció para que se secara el sudor en la subida al Calvario. 
 
 
San Benito
 San benito de Nursia (h.480-547) fue el fundador de la orden benedictina, la que profesaron las monjas que ocuparon el monasterio toledano en el siglo XII. Ello explicaría la representación de este santo y la de san Bernardo, con el que hace pareja, en el retablo mayor. 
 El Greco concibió el personaje con rasgos precisos, lejos de cualquier idealización; sus facciones, que se perciben como un retrato, son las de un hombre maduro y de aspecto ascético que se dirige al espectador mientras señala con la mano derecha la zona inferior, donde se hallaban la tela principal (La Asunción) y el tabernáculo.
 La pintura tiene un sólido modelado, trabajado con abundante pasta cromática, semejante al empleado en los retratos de esa época. destacan las manos, de gran belleza y efectiva factura, y el fondo de atrevida resolución
  

  
Altar Mayor de Santo Domingo el Antiguo. Toledo 

Andrea di Lione. Elefantes en un circo, 1640


 
 Los retablos del Greco en Santo Domingo el Antiguo
 
Museo Nacional del Prado. Madrid
 
18/ 2/2025 - 15/6/2025 
 
 

 
   
 

sábado, 8 de febrero de 2025

La ermita de la Vera Cruz

Museo del Prado, Puerta de Goya




La ermita de la Vera Cruz de Maderuelo (Segovia) es una población de origen muy antiguo, repoblada por Fernán González en el siglo X, se sabe que llegó a tener hasta diez parroquias en el siglo XIII, cuando se constituyó como poderosa cabeza de la Comunidad de Villa y tierra.
  Este esplendor inicial dejó paso a una importante recesión demográfica a finales del siglo XIII y todo el XIV, como otras tantas tierras segovianas, con motivo del esfuerzo repoblador que ahora se centra en la Castilla del sur del Tajo y Andalucía, despoblándose los arrabales situados en los valles aledaños.
  De su espléndido recorrer histórico ha quedado una población amurallada, de estilo medieval, declarada Conjunto Histórico hace unos años además de las iglesias románicas de san Miguel y santa María -aunque muy alteradas y reconstruidas- un singular conjunto de viviendas románicas y por su puesto, la ermita de la Vera Cruz.
 

 Expulsión de los judíos de España (año 1492) 1889.Óleo sobre lienzo, 313 X 281 cm. 

Pintado en 1889 por Emilio Sala en su estudio de la calle de Rochechouart de París, ciudad a la que había marchado como pensionado tras permanecer varios años en Roma, este singular lienzo fue presentado por el artista a la Exposición Universal celebrada ese año en la capital francesa, donde el  género histórico resultaba ya trasnochado, sin que por otra parte la crítica parisina llegase a comprender el significado profundo de su argumento.
 
El título de la obra alude al momento decisivo en que se produce en el ánimo de los Reyes Católicos la toma de la trascendental decisión, plasmada en el Edicto de Expulsión publicado el 31 de marzo de 1492, por el cual los judíos residentes en España debían abandonar la península en el plazo de tres meses bajo pena de muerte, salvo los bautizados al cristianismo que renunciaran de hecho a su antigua fe.
 
Museo del Prado. Sala de Velázquez

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660)
 
Adoptó el apellido de su madre, según uso frecuente en Andalucía, firmando "Diego Velázquez" o "Diego de Silva Velázquez". Estudió y practicó el arte de la pintura en su ciudad natal hasta cumplir los veinticuatro años, cuando se trasladó con su familia a Madrid y entró a servir al rey desde entonces hasta su muerte en 1660. Gran parte de su obra iba destinada a las colecciones reales y pasó luego al Prado donde se conserva.
 
 

Año Nuevo Chino, Año de la Serpiente
 
 
 
Según los antiguos filósofos chinos, los cinco elementos fundamentales del Universo que se combinan con los doce animales e influyen en su personalidad son: el metal, la madera, el fuego y la tierra. Cada elemento reina dos años, uno bajo el signo del Yang y otro bajo el signo del Yin, estableciéndose así un equilibrio perfecto.