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miércoles, 18 de marzo de 2026

"Des-caradas" Mujeres históricas vistas con los ojos de hoy. C.S. Leyva


La idea de este proyecto surge de mi interés como mujer y como artista por reivindicar el extraordinario papel histórico de las mujeres, tantas veces silenciado o desfigurado en los relatos y leyendas de nuestro pasado histórico. Mi trabajo quiere ser un homenaje de nuestros días a los magníficos logros políticos, sociales e intelectuales de las mujeres durante unas épocas que estuvieron en apariencia domi-nadas por poderes enteramente masculinos. C.S. Leyva
 

Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
 Teresa de Ávila fue una mujer infatigable que en dos décadas llevó a cabo 19 fundaciones de conventos reformados, al mismo tiempo que escribía de forma prolija y brillante sobre los infinitos azares de su vida y su conciencia. Quizá se puede contar entre sus milagros el que casi todos sus manuscritos hallan sobrevivido cinco siglos en insólito estado de conservación. Esta circunstancia ha seducido ha innumerables intérpretes que pueden dividirse en dos categorías. unos, la mayoría, respetan y matizan la trama cronológica de Teresa, que solo se "convirtió" a los 39 años y murió a los 67. Los vaivenes de sus primeros 40 años -en casa o en conventos sin reformar donde (escribe ella) "miraba más el gusto de mi sensualidad y vanidad que lo bien que me estaba a mi alma"- son severamente juzgados por la conciencia reformada de los últimos 20, los años de la mística y de la estricta observancia "ahora veo cuán malo debía ser (lo que yo hacía)". Innumerables representaciones de santa Teresa, algunas de mano maestra (Bernini, Rivera, Gregorio Fernández, Alonso Cano...). 
 
En el retrato de Leyva este conflicto de predicamentos brilla por su ausencia. Teresa tiene quizá 16 años, y no es la santa formidable de los últimos 20 ni la presunta pecadora de los primeros 40. la serenidad y la salud del semblante, como los ojos despiertos que sonríen sin mirar al cielo, ignoran los éxtasis canónicos del retrato tradicional. Tampoco hay aquí rastro de los libros, plumas, flechas y rayos sagrados que constituían la parafernalia de aquellos retratos. 
 

Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Éboli (1540-1592)
 Ana de Mendoza, hija única de padres mal avenidos heredó una alcurnia solo comparable a la de la Duquesa de Alba, su rival ideológico y político. Su matrimonio con Ruy Gómez de Silva, íntimo y principal valido de Felipe II, la convirtió en princesa de Éboli y la introdujo en las más altas cámaras del poder. Tuvo en la época una reputación de díscola y autoritaria, intrigante y femme fatale. La literatura y el cine abundaron luego en esas desmesuras. En realidad, la Princesa solo fue una versión femenina (y por tanto inaceptable) de las maquiavélicas figuras masculinas que ejercían el poder. Su ambición y su derrota se cifran sobre todo en los dos enfrentamientos que definieron su vida pública tras la muerte de su marido en 1573: compitió primero con santa Teresa por el control del monasterio de las Descalzas que había fundado en Pastrana; compitió luego con Felipe II por la herencia del reino de Portugal. Perdió las dos batallas. El rey la declaró demente, la condenó a un definitivo arresto domiciliario y la atormentó con progresivas restricciones hasta su muerte, once años después.
 
Ana de Mendoza tuvo, sobre todo, una imagen inconfundible: la de una extraordinaria belleza, señalada -para bien o para mal- por un parche de pirata en el ojo derecho. En los retratos clásicos, la princesa de rostro exquisito parece mirar al espectador casi de soslayo, con una gravedad algo melancólica que marca distancias insalvables. En el retrato de Leyva, la mujer madura de intensa mirada frontal y algo que podría ser una media sonrisa de complicidad, se mete en el espectador y con el espectador. La Éboli de los clásicos subrayaba su casta con una gola enorme y un atavío espléndido. La de Leyva, con una diadema explosiva y un vestido negro sin marcas de notar. Pero la diferencia principal se encuentra en el parche y las joyas: Leyva ha insertado en su lugar los llamados "ojos de amante" que tuvieron su apogeo en el siglo ilustrado. La Princesa es ahora, literalmente, toda ojos. El parche, su mayor seña de identidad, ya no es la mancha negra que sugería un misterio, quizá una amenaza; es un brillante dispositivo que despeja los temores del espectador y lo invita a sonreír a su vez con desarmada pero inquietante complicidad.
 

 
"¿Quién eres tú, visitante, para mirarme como me miras? Yo te en-trego, si sabes descifrarlo, el enigma de lo que fui, lo que soy y lo que nunca he sido ni seré. ¿Y tú, espectador, tienes algo que ofre-cer? ¿puedes competir con una imagen tan inquietante, compleja y seductora como la que estás mirando? 
 


Un paseo por el Real Jardín Botánico en imágenes que celebra su 270 aniversario
    
 
 
 

 Las plantas ornamentales del real Jardín Botánico:color para todos los meses del año
 En estos primeros cuadros del jardín se exhiben las plantas ornamentales: narcisos, camelias, rododrendos, tulipanes o lirios. Esta gran diversidad de especies y variedades hace que se puedan observar flores desde febrero hasta diciembre. Aquí debajo se detalla el calendario de floración de alguna de ellas.
 


 El Real Jardín Botánico tiene una relación histórica con algunas plantas ornamentales. Esto se debe a que a finales del siglo XVIII, se trajeron nuevas especies para Europa desde las expediciones de América. Una de ellas fue la dalia. varias especies de ese género, Dalhia, fueron descritas aquí por José Antonio Cavanilles, director del jardín entre 1801 y 1804. Hoy esta flor es el símbolo de la Sociedad de Amigos del real Jardín Botánico.
 
 



 El término "ornamental" viene del latín ornantentum que significa "planta que adorna". Las plantas ornamentales son las protagonistas de jardines o zonas verdes, y apreciadas por la belleza de sus flores.
 
 
 
 
 A través de la Ruta de la Seda, los mercaderes trajeron hacia Europa algunas plantas ornamentales que comenzaron a ser muy admiradas. Pero el auge de las flores en Europa ocurrió a comienzos del siglo XVII y pronto se pusieron de moda entre la sociedad burguesa, con las que presumía de fortuna y ostentación.
 


 Pero esta moda, que en el caso del tulipán se llamó tulipornanía, fue la causante de la primera crisis económica de la historia. El negocio de esta planta, muy pujante en Holanda llevó a la especulación y la subida desorbitada de los precios, que terminó en el colapso del negocio en febrero de 1637. Pronto se recuperó y horticultores y floristas se interesaron en distintos grupos de flores, contribuyendo a su estudio y cultivo. Aunque el dominio del negocio era holandés, Francia e Inglaterra también fueron grandes cultivadores. En la actualidad, este negocio de flores, semillas y bulbos cultivados en varios países llegaron a alcanzar un valor global aproximado de 11.000 millones de euros.
 
 

 Colección de bulbos silvestres
 En botánica, el grupo de geófitosagrupa las especies con bulbos, tubérculos, rizomas, raíces o tallos tuberosos o cormos. Son plantas cuyo ciclo biológico está adaptado al clima mediterráneo. Su parte aérea desaparece en invierno con las bajadas de temperatura y crece de nuevo en primavera.
 
 En estas mesas se exhibe la mayor colección de geófitos de nuestra región. Algunas de ellas son endémicas, es decir, solo habitan en zonas concretas de la península ibérica o islas baleares. Están representadas un 75% del total de taxones de las familias Liliaceae, Amaryllidaceae e Iridaceae (127 de 168 especies).
 
 El pico de floración varia según la especie, pero la gran diversidad que alberga la colección, hace que casi todo el año alguna esté en flor. 
 
 

   
 
 
 
 

lunes, 2 de junio de 2025

Jeanne Baret

Real Jardín Botánico de Madrid

  En 1775, una mujer, acompañada de su esposo, un suboficial naval francés, llegó a Francia procedente de Port Louis, en Isla Mauricio. Como equipaje traían 30 cajas que contenían algo más de 5.000 especies de plantas, además de animales, conchas y minerales. 
   Cuarenta y nueve años y trece días antes de la toma de La Bastilla, el 27 de julio de 1740, en La Comelle, una comuna francesa situada en el departamento de Saona y Loira, en la región de Borgoña, nacía Jeanne Pochard, un matrimonio humilde, sin muchos recursos y una nula educación. A penas había cumplido un año de vida cuando su madre falleció, y siendo una adolescente, con quince años, también perdió a su padre, por lo que se quedó sola, huérfana y sin fortuna.
 

  Con este panorama surge la primera incógnita, uno de los varios misterios que rodearon su vida: ¿cómo obtuvo educación? Según sus biógrafos surgen al menos dos teorías. Una de sus biógrafas, Glynis Ridley, apunta a que su madre podría haber sido de origen hugonote, un grupo con una tradición de alfabetización más alta que la típica de las clases campesinas de la época. Otro biógrafo, John Dunmore, sugiere que la enseñó el párroco o un miembro de la nobleza local, que la tomó como un caso de caridad.
 

   Con veinte años es contratada por el médico, botánico y naturalista Philibert Commerson (1727-1773) para hacerse cargo de las tares de su hogar al enviudar. La relación entre ellos va más allá he incluso se habla de que Baret tuvo un hijo suyo que tuvo que dar en adopción. Por entonces, ella ya tiene un amplio conocimiento de botánica. Quizás, fue una y otra cosa lo que condujo a Commerson a no querer viajar solo en una expedición científica que partía de Francia en 1766 y fue así como Jeanne Baret, camuflado como un hombre porque una ordenanza real prohibía embarcar mujeres en los barcos de la Corona, se subió a bordo del Étoile, una de las dos naves expedicionarias bajo el mando del militar y explorador Louis Antoine de Bougainville.
 

    Hasta que fue descubierta su treta, dos años y medio después de iniciarse la aventura, Baret participó activamente junto a Commerson en la campaña científica de recogida de plantas en Río de Janeiro, en Montevideo, en la Patagonia o en el Estrecho de Magallanes. No solo cargaba con las plantas que se recolectaban como "una bestia de carga", según Commerson, que, afectado de una lesión en una pierna, no podía acarrear con las plantas, sino que también catalogaba y organizaba los especímenes colectados y las notas que de ellos se iban tomando.
 

  Fue en Tahiti, en abril de 1768, cuando Baret fue descubierta para una relativa sorpresa de la tripulación que, en parte ya, se había percatado durante la travesía del ardid. Una parada en en Isla Mauricio para abastecer de víveres y otras provisiones los navíos, donde Commerson conocía a un colega británico, Pierre Poivre, permitió a Bougainville deshacerse del problema que suponía volver a Francia con una mujer a bordo de una de sus embarcaciones.
  Desde allí,  Commerson continuó con sus planes de recolección de plantas que le llevaron a Madagascar y la isla de Borbón y es más que probable que ella le acompañara en esas campañas.
 

  En febrero de 1773 Commerson falleció en Mauricio, victima de sus numerosos achaques de salud, su colega Poivre se encontraba en París y, así, sola y sin recursos, Jeanne Baret empezó a trabajar en una taberna de Port Louis donde conoció a Jean Dubernat, suboficial de la marina francesa que regresaba a su casa.
  Meses más tarde, el 17 de mayo de 1774, se casaban en una boda que algunos estudiosos de Baret han catalogado de conveniencia para él, ya que Jeanne aportó al matrimonio una pequeña fortuna que había reunido, y también, y, sobre todo, para ella, porque de esa manera podía retornar a Francia aproximadamente un año más tarde.
 

  Con una intermediación de Bougainville, el Ministerio de Marina, y por decisión directa del rey Luis XVI (el mismo monarca que prohibía embarcar a mujeres en expediciones científicas), se le concedió una pensión de 200 libras por sus méritos como extraordinaria asistente del botánico Commerson, que empezó a cobrar el 1 de enero de 1785, diez años después de su regreso a Francia, y hasta el día de su muerte, el 5 de agosto de 1807 en Saint-Aulaye, a la edad de 67 años.
 

  Sin embargo, la historia se encargó de enterrar todos estos méritos dela primera mujer que dio la vuelta al mundo participando en una expedición científica y solo le fueron reconocidos siglos después, en 2010, gracias a la publicación del libro El descubrimiento de Jeanne Baret (2010), de la escritora Glynis Ridley.
  Dos años más tarde, en 2012, el biólogo Eric Tepe, adscrito a las universidades de Utah y Cincinnati, para honrar el legado científico de Jeanne Baret le dedicaba una nueva especie vegetal recién descubierta, Solanum baretiae, de la familia Solanaceae, reparando así otra.
 

  Paradójicamente, durante la expedición y en los años venideros, unas 70 especies fueron bautizadas con el nombre específico de "commersonnii" en homenaje al botánico Commerson. El jardín Botánico de Nueva York incluye un espécimen de planta, atribuido a Commerson pero que se cree que fue recolectado por Baret con él, en su herbario. Es cierto que, durante el viaje, Commerson le dedicó un arbusto de la familia Meliaceae, Baretia bonafide, pero, la planta cambiaría más tarde su nombre por el de Turraea heterophylla.
 

  El 26 de abril de 2018, en honor a Jeanne Baret, se da oficialmente el nombre de Monte Baret a una cordillera del planeta Plutón. Todo ello para reconocer tanto a una mujer valiente y audaz como una gran botánica y exploradora por derecho propio. Jesús García Rodrigo 
 
Jeanne Baret


  

 
  

jueves, 20 de junio de 2024

Premios Fundación Enaire de Fotografía

Real Jardín Botánico de Madrid
 

La fundación Enaire muestra en esta exposición colectiva las obras ganadoras y finalistas del Premio de Fotografía 2024, que se celebra anualmente con el objetivo de promover y reconocer  aquellos artistas que, año tras año, luchan por hacer de la fotografía su medio de vida. 
 


 Finalista: Tomás Justicia
Una ramita de grosellas sobre un pedestal de piedra después de Adriaen Coorte, 2024. Serie El nuevo carburante.
El nuevo carburante presenta una serie de fotografías realizadas a partir de maquetas que muestran una metáfora irónica que compara el carburante con la alimentación de hoy en día, exponiendo que el alimento transgénico hoy en día es una mercancía similar a un objeto de cualquier bazar.

Finalista: Andrés Gallego
Interior with young woman seen from the back, 2024.
Intersección entre la fotografía, la pintura y el espacio, creado de forma artesanal, en el que se genera un diálogo entre el pintor del siglo XIX Hammershai y el lector del siglo XXI.
 

Finalista: Paco Valverde
Alicante 0026, 2023. Series Antes del mundo
La fotografía nos ha enseñado que la realidad puede tener muchas aristas, márgenes entre los que transitar a caballo entre el registro y la autoría, hasta convertir el documento en obra de arte y viceversa. Adaptando una reflexión de John Schott, diría que algunas fotografías son meros documentos hechos sobre el mundo a través de esta técnica y otras en cambio nos revelan una práctica artística a través del mundo.

Finalista: Álvaro Deprit
La escalera, 2012. Serie SW
SW es el resultado de cuatro años de investigación viajando por Andalucia, utilizando la fotografía para crear, integrando el presente con la memoria. Es un juego lingüistico que se encuentra entre el descubrimiento de la memoria y la creación de una nueva.
 

 
Finalista: Carlos Folgoso Sueiro
Bestas, 2023
Esta obra se enmarca dentro de un proyecto sobre la sequía y como esta afecta al ecosistema. Animales como el caballo salvaje han visto reducida su población a la mitad en los últimos años, convirtiéndose así en especies en peligro de extinción.

Finalista: Lucía Gorostegui
Serie Ventana Mediata. Serie Sa Refinadora
Esta imagen forma parte de una serie de fotografías tomadas en la antigua refinadora en Mallorca, que cesó su actividad en 2008.
 

Finalista: Gloria Oyarzabal
La Blanche et la Noire I. 2022
Serie USUS FRUCTUS ABUSUS