martes, 24 de marzo de 2026

Ecos de la moda romántica

Museo Nacional del Romanticismo. C/ San Mateo,13. Madrid.Barrio de Justicia

Emplazado en un palacete madrileño e inaugurado en 1924, el museo nacional del Romanticismo recrea los ambientes, las estancias y el estilo de vida de la burguesía acomodada durante el siglo XIX.

Esta casa museo ofrece un atractivo acercamiento a este movimiento artístico y cultural, coincidente con el reinado de Isabel II (1833-1868), a través de una colección que destaca por su riqueza y heterogeneidad: pintura, dibujo, estampa, escultura, fotografía, mobiliario o artes decorativas componen un total de más de 18.000 fondos museográficos.
El museo cuenta con una Asociación de Amigos que tiene como fin apoyar a la institución.
 
 

Ecos de la moda romántica propone un diálogo a partir de la colección de moda de la Fundació Antoni de Montpalau y el Museo Nacional del Romanticismo. Un diálogo que se establece a lo largo de las diferentes estancias del palacio del marqués de Matallana y su excepcional colección de pintura, que refleja cómo vestía la burguesía y la aristocracia en las décadas de 1830 a 1870; un período en el que la moda evolucionó velozmente y tuvo una difusión asombrosa.
  

Este recorrido muestra la influencia que el siglo XIX ha ejercido en la moda femenina contemporánea, poniendo de manifiesto unas coincidencias claras y concisas entre la indumentaria de ambas épocas. Partiendo de los cuadros del museo, se crea una panorámica revisitando el presente desde el pasado.
 Sin embargo, esta mirada no es exhaustiva, ya que no se ha querido apartar en ningún momento de la conexión con la época del Romanticismo, pero no deja de ser una selección bastante representativa de la moda española desde 1940 hasta la actualidad.
 A través de diseños de Balenciaga, Pedro Rodríguez, Manuel Pertegaz, Elio Berhanyer o Jesús del Pozo podremos descubrir las raíces del Romanticismo en la moda contemporánea, unos ecos que resuenan hasta nuestros días.
 
 







sábado, 21 de marzo de 2026

El último encuentro. Sándor Márai

La búsqueda de la verdad como fuerza liberadora, como soporte ético imprescindible para sobrellevar el transcurso de una vida, está en el centro de esta novela magistral, que tras permanecer en el olvido durante más de cincuenta años fue rescatada por la prestigiosa editorial italiana Adelphi y se colocó rápidamente en el primer puesto de las listas de libros más vendidos de Italia.
La tremenda exactitud de su prosa, apenas atemperada con un barniz de refinada melancolía, unida a la vigencia de sus propuestas morales , sitúa a Sándor Márai entre los grandes escritores europeos.
  
Un pequeño castillo de caza en Hungría, al pie de los Cárpatos, donde alguna vez se celebraron elegantes veladas y cuyos salones decorados al estilo francés se llenaban de la música de Chopin, ha cambiado radicalmente de aspecto.
El esplendor de antaño ya no existe, todo anuncia el final de una época. Dos hombres mayores, que de jóvenes habían sido amigos inseparables, se citan a cenar tras cuarenta años sin verse. Uno ha pasado mucho tiempo en Extremo Oriente, el otro, en cambio, ha permanecido en su propiedad. pero ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se impone un secreto de una fuerza singular.
Todo converge en un duelo sin armas, aunque tal vez mucho más cruel, cuyo punto en común es el recuerdo imborrable de una mujer.
La tensión aumenta, línea tras línea, hasta que se hace casi insoportable, pero la prosa continúa, implacable, precisa, fiel reflejo del empeño de los protagonistas por hurgar hasta en lo más recóndito de sus almas, allí donde se encuentran esas verdades cuyo descubrimiento provoca, al mismo tiempo, un insoslayable dolor y un incontenible impulso vital.
 

 Autor: Sándor Márai
Título: El último encuentro
Traducción del húngaro: Judit Xantus
Nº de páginas: 188
Editorial Salamandra, S.A. 
ISBN:84-7888-601-X
 

Sándor Márai nació en en el año 1900 en Kassa, una pequeña ciudad húngara que hoy pertenece a Eslovaquia. Pasó un periodo de exilio voluntario en Alemania y Francia durante el régimen de Horthy en los años veinte, hasta que abandonó definitivamente su país en 1948 con la llegada del régimen comunista y emigró a los Estados Unidos.
La subsiguiente prohibición de su obra en Hungría hizo caer en el olvido a quien en ese momento estaba considerado uno de los escritores más importantes de la literatura centroeuropea. Así, habría que esperar varios decenios, hasta el ocaso del comunismo, para que este extraordinario escritor fuese redescubierto en su país y en el mundo entero. Sándor Márai se quitó la vida en 1889 en San Diego, California, pocos meses antes de la caída del muro de Berlín.
 




Imperdible

Botón
 
Gato jugando con un ovillo de lana

 
En 1849 se instaló en esta plaza la fuente dedicada al corregidor de Madrid D. Joaquín Vizcaíno, Marqués viudo de Pontejos. La Plaza lleva también su nombre.
 

La gran Vía de Madrid

 
 
 
 
  

miércoles, 18 de marzo de 2026

"Des-caradas" Mujeres históricas vistas con los ojos de hoy. C.S. Leyva


La idea de este proyecto surge de mi interés como mujer y como artista por reivindicar el extraordinario papel histórico de las mujeres, tantas veces silenciado o desfigurado en los relatos y leyendas de nuestro pasado histórico. Mi trabajo quiere ser un homenaje de nuestros días a los magníficos logros políticos, sociales e intelectuales de las mujeres durante unas épocas que estuvieron en apariencia domi-nadas por poderes enteramente masculinos. C.S. Leyva
 

Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
 Teresa de Ávila fue una mujer infatigable que en dos décadas llevó a cabo 19 fundaciones de conventos reformados, al mismo tiempo que escribía de forma prolija y brillante sobre los infinitos azares de su vida y su conciencia. Quizá se puede contar entre sus milagros el que casi todos sus manuscritos hallan sobrevivido cinco siglos en insólito estado de conservación. Esta circunstancia ha seducido ha innumerables intérpretes que pueden dividirse en dos categorías. unos, la mayoría, respetan y matizan la trama cronológica de Teresa, que solo se "convirtió" a los 39 años y murió a los 67. Los vaivenes de sus primeros 40 años -en casa o en conventos sin reformar donde (escribe ella) "miraba más el gusto de mi sensualidad y vanidad que lo bien que me estaba a mi alma"- son severamente juzgados por la conciencia reformada de los últimos 20, los años de la mística y de la estricta observancia "ahora veo cuán malo debía ser (lo que yo hacía)". Innumerables representaciones de santa Teresa, algunas de mano maestra (Bernini, Rivera, Gregorio Fernández, Alonso Cano...). 
 
En el retrato de Leyva este conflicto de predicamentos brilla por su ausencia. Teresa tiene quizá 16 años, y no es la santa formidable de los últimos 20 ni la presunta pecadora de los primeros 40. la serenidad y la salud del semblante, como los ojos despiertos que sonríen sin mirar al cielo, ignoran los éxtasis canónicos del retrato tradicional. Tampoco hay aquí rastro de los libros, plumas, flechas y rayos sagrados que constituían la parafernalia de aquellos retratos. 
 

Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Éboli (1540-1592)
 Ana de Mendoza, hija única de padres mal avenidos heredó una alcurnia solo comparable a la de la Duquesa de Alba, su rival ideológico y político. Su matrimonio con Ruy Gómez de Silva, íntimo y principal valido de Felipe II, la convirtió en princesa de Éboli y la introdujo en las más altas cámaras del poder. Tuvo en la época una reputación de díscola y autoritaria, intrigante y femme fatale. La literatura y el cine abundaron luego en esas desmesuras. En realidad, la Princesa solo fue una versión femenina (y por tanto inaceptable) de las maquiavélicas figuras masculinas que ejercían el poder. Su ambición y su derrota se cifran sobre todo en los dos enfrentamientos que definieron su vida pública tras la muerte de su marido en 1573: compitió primero con santa Teresa por el control del monasterio de las Descalzas que había fundado en Pastrana; compitió luego con Felipe II por la herencia del reino de Portugal. Perdió las dos batallas. El rey la declaró demente, la condenó a un definitivo arresto domiciliario y la atormentó con progresivas restricciones hasta su muerte, once años después.
 
Ana de Mendoza tuvo, sobre todo, una imagen inconfundible: la de una extraordinaria belleza, señalada -para bien o para mal- por un parche de pirata en el ojo derecho. En los retratos clásicos, la princesa de rostro exquisito parece mirar al espectador casi de soslayo, con una gravedad algo melancólica que marca distancias insalvables. En el retrato de Leyva, la mujer madura de intensa mirada frontal y algo que podría ser una media sonrisa de complicidad, se mete en el espectador y con el espectador. La Éboli de los clásicos subrayaba su casta con una gola enorme y un atavío espléndido. La de Leyva, con una diadema explosiva y un vestido negro sin marcas de notar. Pero la diferencia principal se encuentra en el parche y las joyas: Leyva ha insertado en su lugar los llamados "ojos de amante" que tuvieron su apogeo en el siglo ilustrado. La Princesa es ahora, literalmente, toda ojos. El parche, su mayor seña de identidad, ya no es la mancha negra que sugería un misterio, quizá una amenaza; es un brillante dispositivo que despeja los temores del espectador y lo invita a sonreír a su vez con desarmada pero inquietante complicidad.
 

 
"¿Quién eres tú, visitante, para mirarme como me miras? Yo te en-trego, si sabes descifrarlo, el enigma de lo que fui, lo que soy y lo que nunca he sido ni seré. ¿Y tú, espectador, tienes algo que ofre-cer? ¿puedes competir con una imagen tan inquietante, compleja y seductora como la que estás mirando? 
 


Un paseo por el Real Jardín Botánico en imágenes que celebra su 270 aniversario
    
 
 
 

 Las plantas ornamentales del real Jardín Botánico:color para todos los meses del año
 En estos primeros cuadros del jardín se exhiben las plantas ornamentales: narcisos, camelias, rododrendos, tulipanes o lirios. Esta gran diversidad de especies y variedades hace que se puedan observar flores desde febrero hasta diciembre. Aquí debajo se detalla el calendario de floración de alguna de ellas.
 


 El Real Jardín Botánico tiene una relación histórica con algunas plantas ornamentales. Esto se debe a que a finales del siglo XVIII, se trajeron nuevas especies para Europa desde las expediciones de América. Una de ellas fue la dalia. varias especies de ese género, Dalhia, fueron descritas aquí por José Antonio Cavanilles, director del jardín entre 1801 y 1804. Hoy esta flor es el símbolo de la Sociedad de Amigos del real Jardín Botánico.
 
 



 El término "ornamental" viene del latín ornantentum que significa "planta que adorna". Las plantas ornamentales son las protagonistas de jardines o zonas verdes, y apreciadas por la belleza de sus flores.
 
 
 
 
 A través de la Ruta de la Seda, los mercaderes trajeron hacia Europa algunas plantas ornamentales que comenzaron a ser muy admiradas. Pero el auge de las flores en Europa ocurrió a comienzos del siglo XVII y pronto se pusieron de moda entre la sociedad burguesa, con las que presumía de fortuna y ostentación.
 


 Pero esta moda, que en el caso del tulipán se llamó tulipornanía, fue la causante de la primera crisis económica de la historia. El negocio de esta planta, muy pujante en Holanda llevó a la especulación y la subida desorbitada de los precios, que terminó en el colapso del negocio en febrero de 1637. Pronto se recuperó y horticultores y floristas se interesaron en distintos grupos de flores, contribuyendo a su estudio y cultivo. Aunque el dominio del negocio era holandés, Francia e Inglaterra también fueron grandes cultivadores. En la actualidad, este negocio de flores, semillas y bulbos cultivados en varios países llegaron a alcanzar un valor global aproximado de 11.000 millones de euros.
 
 

 Colección de bulbos silvestres
 En botánica, el grupo de geófitosagrupa las especies con bulbos, tubérculos, rizomas, raíces o tallos tuberosos o cormos. Son plantas cuyo ciclo biológico está adaptado al clima mediterráneo. Su parte aérea desaparece en invierno con las bajadas de temperatura y crece de nuevo en primavera.
 
 En estas mesas se exhibe la mayor colección de geófitos de nuestra región. Algunas de ellas son endémicas, es decir, solo habitan en zonas concretas de la península ibérica o islas baleares. Están representadas un 75% del total de taxones de las familias Liliaceae, Amaryllidaceae e Iridaceae (127 de 168 especies).
 
 El pico de floración varia según la especie, pero la gran diversidad que alberga la colección, hace que casi todo el año alguna esté en flor.