De la pérdida de poder a la ciudad industrial
Con el enlace, en 1469, de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, Barcelona dejó de ser la sede del poder real y perdió su centralidad política. Los Reyes Católicos trajeron la Inquisición y provocaron la huida de Barcelona de los judíos conversos. Con la contrarreforma, se construyeron nuevos edificios religiosos.
A principios del siglo XVIII, la Guerra de Sucesión enfrentó a los partidarios de Carlos de Austria con los de Felipe de Borbón. Barcelona fue vencida por las tropas borbónicas en 1714, los Decretos de Nueva Planta abolieron la Generalitat, y el Consell de Cent, y el barrio de la Ribera fue arrasado para levantar la fortaleza de la Ciutadella, que tendría la doble función de defender la ciudad y de reprimirla.
Sin embargo, esto no impidió que se produjera una decisiva transformación económica, de la mano del nacimiento de las fábricas de indianas. Emergía la ciudad manufacturera, que se desarrolló todavía en el interior de las antiguas murallas. Así, en barrios como Sant Pere o el Raval, podíamos encontrar un tipo de estructura industrial llamada casa-fábrica. Estas fábricas de indianas acabarían dando paso a la Barcelona Industrial del siglo XIX, y esta constituye una de las señas de identidad fundamentales de la ciudad.
Barcelona, capital del modernismo
La emergencia de la gran Barcelona como una nueva metrópolis contemporánea vino acompañada de un movimiento de innovación artística llamado modernismo. A pesar de ser una propuesta que penetrará en todos los campos artísticos, cabe destacar la arquitectura con nombres propios entre los que destacan Josep Puig i Cadafalch, lluís Doménech i Montaner, Antoni Gaudí y su colaborador Josep María Jujol.
La arquitectura modernista barcelonesa dialoga con el Art Nouveau europeo, aunque su voluntad de permanecer fiel a la tradición y proyectarse a la vez en términos cosmopolita no permite establecer una continuidad lineal, lo que la dota de una gran singularidad.
Un hecho primordial de esa época fue la celebración de la Exposición Universal de 1888, con la que la nueva Barcelona se presentaba formalmente en el mundo. El lugar escogido sería el parque urbano de la Ciutadella, donde antes se encontraba la fortaleza borbónica, y donde se erigió el Arc de Triomf. Con esta misma voluntad de situarse internacionalmente a pesar de no ser capital de Estado, tras la Semana Trágica y la Mancomunidad de Cataluña, en 1929 se celebró la Exposición Internacional de Montjuïc, y se levantó el Pabellón Alemán de Mies van Rohe y Lilly Reich, símbolo de la arquitectura moderna.
Una joya del modernismo
El Palau del Baró de Quadras, un edificio situado en la Diagonal ofrece estéticas arquitectónicas diferentes en función de la fachada. La que da a la Diagonal es de estilo neoplateresco, con grandes ornamentos de personajes medievales; la fachada de la calle del Rosselló, en cambio, sigue el estilo modernista.
El Palau del Baró de Quadras es un edificio remodelado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch entre 1902 y 1906 por encargo de Manuel de Quadras i Feliu, primer barón de Cuadras. El edificio, ya existía, había sido construido en 1882, con 4 pisos de altura, por encargo del comerciante Bonaventura Babot Guillermo.
Templo de la Sagrada Familia
En 1872, el devoto librero barcelonés, Josep Maria Bocabella, regresó de un viaje a Italia convencido de que había que dedicar en la ciudad un templo expiatorio -financiado con las limosnas de los fieles- a la sagrada familia. Para este fin, adquirió un solar en el Eixample, el nuevo barrio trazado por el urbanista Ildefons Cerdá.
Se encargó el proyecto al arquitecto diocesano Francesc de Paula Villar, que diseñó una iglesia neogótica. Sin embargo, cuando apenas se habían edificado las columnas de la cripta, Villar dimitió a raíz de unas discrepancias con el asesor de Bocabella, Joan Martorell, a quien se ofreció el encargo. Martorell rehusó, pero propuso a Antoni Gaudí, un prometedor arquitecto que en aquella época iniciaba su primer proyecto de envergadura, la Casa Vicens, una villa de veraneo en Grácia.
Era el año 1883 y Gaudí, entonces con 31 años, tuvo que respetar la orientación de la basílica y el trabajo de la cripta iniciado por Villar, pero propuso un proyecto más ambicioso. El artista imaginó un templo con cinco naves, crucero, ábside, un deambulatorio exterior a modo de claustro, tres fachadas y 18 torres. En este inmenso ámbito constructivo, Gaudí pensó incluir todos los elementos simbólicos del cristianismo, a fin de convertir la Sagrada Familia en el templo perfecto, en un edificio completamente preparado para la celebración de ritos litúrgicos.
Gaudí dedicó al proyecto 43 años de su vida. A su muerte accidental, en 1926, con 73 años, solo había construido la cripta, el ábside y el claustro, la fachada del nacimiento y cuatro torres. En 1954, tras pasar casi tres décadas detenida, la obra se reanudó y hoy se considera ya una obra del arte universal.
La "escapadita" de tres días a Barcelona llega a su fin. Toca volver, Barcelona ha sido para nosotras una ciudad maravillosa y muy acogedora.























































































