El Barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid
La iglesia del Hospital de la Caridad constituye uno de los conjuntos cumbre del arte barroco gracias al impulso de don Miguel Mañara. En ella desarrolló a través de una serie única de obras maestras, uno de los más profundos mensajes del ideario barroco y cristiano.
Mañara había ingresado en la Hermandad de la Santa Caridad en 1662, llegando a ser hermano mayor al año siguiente y hasta su fallecimiento en 1679. La muerte de su esposa en 1661 le hace reconsiderar su vida y el futuro de su alma. Sus meditaciones sobre el sentido de la vida, la realidad de la muerte y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna, dan lugar a un mensaje que traslada como guía de vida a los hermanos de la institución.
Su ideario queda por escrito en la Regla de la Hermandad y, sobre todo, en la obra titulada Discurso de la Verdad. Esos pensamientos quedaron al mismo tiempo reflejado en un programa artístico que plasma visualmente en las obras de arte. Para ello, elige a los mejores artistas del momento, como eran los pintores Juan Valdés Leal y Bartolomé Esteban Murillo, el tracista de retablos Bernardo Simón de Pineda y el escultor Pedro Roldán, que ingresan en la Hermandad para así reducir los costes de tan ambiciosa tarea, a los que guiará en el proyecto.
El conjunto comienza con la consideración de la muerte a través de la impactante visión de las dos pinturas de las postrimerías de Valdés Leal. Señalan el momento de la muerte y el juicio particular.
Juan Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690).
Finis gloriae mundi, 1671-1672. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
Una débil luz vislumbra el interior de una cripta funeraria donde se acumulan los restos en el pudridero. En primer término, la cruda visión de dos cadáveres en descomposición, un obispo y un caballero de la Orden de Calatrava, como lo fuera Mañara, nos muestra la fragilidad de la vida y los implacables efectos de la muerte.
Arriba la mano llagada de Cristo sopesa las buenas obras frente a los vicios practicados por el hombre durante su vida. Estos son simbolizados en el plato izquierdo de la balanza por diversos animales, mientras que a la derecha, las buenas obras son representadas por instrumentos de penitencia y ayuno, libros de oraciones y un rosario, coronados por el amor de Cristo, simbolizado por el corazón con el anagrama JHS. Las inscripciones "Ni Más" y "Ni Menos" indican que en la vida del hombre debe predominar la virtud y el amor sobre los vicios.
Anónimo
Virgen de la Caridad, comienzos del siglo XVI
Madera tallada, dorada y policromada
Hermandad de la Santa Caridad
Considerada la escultura más primitiva de la Hermandad, su iconografía corresponde al tipo denominado "Mater Amabilis", pues manifiesta una tímida expresión de amable intimidad entre madre e hijo. Sus rasgos estilísticos la acercan a finales del siglo XV, de indudables resabios góticos del norte de Europa, que influenció a tantos ámbitos del arte sevillano. La indumentaria, la fisonomía, la proporción corporal y lo anguloso de los pliegues, señalan ese origen.
La Virgen se presenta completamente frontal lo que, junto a sus delgadas proporciones, hace pensar que fuera originalmente concebido como un relieve realizado en una sola pieza de madera. La talla fue completamente policromada en el siglo XVII, posiblemente cuando fue reubicada en su retablo lateral que realizó para ella Bernardo Simón de Pineda, con la colaboración de Pedro Roldán en la nueva peana y la de Juan Valdés Leal en la policromía.
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617- 1682)
Niño Jesús salvador, hacia 1671. Óleo sobre lienzo
San Juanito, hacia 1671. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
Ambas obras se sitúan en el ático de dos pequeños retablos laterales, enfrentados en la nave de la iglesia: san Juanito en el dedicado a san José, mientras que el Niño Jesús corona el dedicado a la Virgen de la Caridad.
El Niño Jesús es presentado como salvador del mundo, sosteniendo en su mano izquierda un orbe rematado por una cruz, mientras bendice con su mano derecha. El tema presagia la futura resurrección de Cristo y su triunfo sobre el pecado y la muerte. Lejos de una representación severa de este tema a través de un Jesucristo adulto, Murillo lo acerca emotivamente al fiel, al mostrarlo con inocente expresión de arrobo mirando hacia lo alto.
La figura de san Juan Bautista niño aparece en el desierto, como premonición de lo que será su vida adulta. Es representado con la habitual ternura de Murillo para retratar la infancia, con su túnica de lana atada al hombro y una cruz con la filacteria donde se lee: "Ecce Agnus D [el]", frase que pronunciará señalando a Jesús. "He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (juan 1;29) profetizando el sacrificio y la muerte de Jesús en la cruz para redención de la humanidad.
Pedro Roldán (Sevilla, 1624-1699)
San Jorge, 1673-1674 madera tallada, dorada y policromada
Hermandad de la Santa Caridad
El templo del hospital está dedicado a san Jorge como patrón de la Hermandad y su representación se incluye en el retablo mayor. Roldán lo muestra como un heroico guerrero, con un manto con el escudo de la Orden de Calatrava. Igualmente, lleva un casco, coraza, faldellín y espada.
La figura está dotada de particular movimiento al elevar el brazo que sostiene la lanza, haciendo caer el manto por el lado izquierdo y definiendo una curva sobre el pecho. La verticalidad de la composición queda rota por la posición del brazo, rasgo que queda acentuado con el contrapeso de la pierna que apoya sobre el dragón, cuya figura enroscada contribuye a este dinamismo. La rueda con cuchillas en la que apoya la mano es el instrumento con el que fue martirizado según la tradición. La carnación, más clara de lo habitual, es próxima al natural.
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682)
Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, hacia 1672. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
La célebre pintura muestra a la santa con sus ayudantes atendiendo a los enfermos que aparecen en primer plano. Su ubicación al inicio de la nave de la iglesia, tras las Postrimerías y frente a la de san Juan de Dios, revela el énfasis que Mañara pretendía dar al cuidado y servicio de los enfermos.
La reina santa, en un acto de humildad, se propone como ejemplo para los hermanos de la Caridad. Ocupa el centro de la composición, ataviada con ropas de luto, corona y una leve aureola.
Pedro Roldán (Sevilla, 1624-1699)
San Roque, 1673-74
Madera tallada dorada y policromada
Hermandad de la Santa Caridad
San Roque es patrón de los dolientes de los males corporales, al que se invoca en las enfermedades infecciosas como la peste que él mismo contrajo y que puede verse en la herida de su pierna. Se acompaña siempre de un perro, que le alimentó durante su enfermedad por lo que lleva una hogaza de pan en la boca.
La escultura está situada en el retablo mayor junto a la escena principal, dispuesto de forma simétrica e invertida a san Jorge, como se aprecia por el bastón de peregrino contrapuesto a la lanza de este. Sin embargo, la figura de san Roque es más expresiva y de composición más elaborada y dinámica. Los pliegues de los paños sobre la pierna lacerada del santo originan una diagonal hasta la figura del perro, que se cruza con la que marca la pértiga. destaca el realismo del rostro, el cabello realizado con largos y valientes golpes de gubia, o la actitud de caminar de la figura infantil.
Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682)
La multiplicación de los panes y los peces 1669-70. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
El milagro representado se muestra como alegoría de la obra de misericordia dar de comer al hambriento dentro del programa ideado por Mañara. Al mismo tiempo, por el tema descrito y su emplazamiento cercano al altar, muestra su implicación eucarística.
Mañara encargó a Murillo, que había ingresado en la Hermandad en 1665, una serie de cuadros sobre las obras de misericordia, que pintó entre 1666 y 1670 para que sirvieran de guía y ejemplo de conducta a los miembros de la hermandad para lograr la salvación de su alma.
El conjunto se disgregó en 1810 por la requisa de obras que llevó a cabo el mariscal Soult durante la invasión napoleónica. Afortunadamente cuatro de ellas todavía pueden contemplarse en los muros de la iglesia.
Bartolomé Esteban Murillo
La Encarnación, h.1670, Óleo sobre lienzo (Fragmento)
(del 15 de junio al 15 de septiembre)
Martes a sábado
de 10:00 a 14:00 y de 17:30 a 20:00
Domingos y festivos
De 10:30 a 13:30
Lunes cerrado
Raimundo de Madrazo y Garreta
Según obra del Greco. Óleo sobre lienzo
La Sagrada Familia 1908
Museo del Greco, Toledo (Inv.CEO1932)
Raimundo de Madrazo actuó como uno de los principales asesores de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, a la hora de reunir su colección de obras de arte español durante la primera década del siglo XX.
El pintor vendió al norteamericano importantes obras procedentes de la colección familiar, como La sagrada familia del Greco, que había pertenecido a su abuelo José. Antes de enviar a Nueva York el lienzo, por el cual sentía especial aprecio, Madrazo realizó para sí mismo esta copia, que su mujer conservaría consigo hasta su fallecimiento.
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