viernes, 7 de agosto de 2026

El derecho a la pereza. Paul Lafargue

 
 
Esta polémica obra, "una verdadera máquina de guerra contra la sociedad burguesa y capitalista de finales del siglo XIX", denuncia las "espantosas consecuencias" del trabajo asalariado y del trabajo en general, pero sobre todo del "amor" al trabajo que se ha apoderado de la mente de los propios trabajadores.
 


Su autor, Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, considera que este "dogma" del trabajo significa una pérdida de las perspectivas revolucionarias de la clase obrera y a la vez el obstáculo principal en la lucha por una sociedad distinta, postcapitalista, basada en la plasmación real e institucional del "derecho a la pereza" y en el enriquecimiento personal y social que el ocio, y el cultivo del cuerpo y de la mente que éste permite, procurará a la sociedad liberada del trabajo excesivo.
 


Para llegar a esa sociedad, el proletariado debe primero tomar conciencia de su fuerza, despreciar "los prejuicios de la moral cristiana, económica y librepensadora" y "retornar a sus instintos naturales", proclamando los "derechos de la pereza" en vez de los "derechos del trabajo" y los "derechos humanos".
 

Autor: Paul Lafergue
Título original: Le Droit á la paresse
Colección: Claves para comprender La Economía
Maia Ediciones 
Introducción. Diego Guerrero
Traducción: Javier Alvarado
Nº de páginas: 91
ISBN:978-84-92724-29-1
 
   

Ángela Enero Febrero
 
Tortuga marina atravesada por un cuerpo, en su lugar, piernas que sostienen un cuerpo mutante.
 
¿Es posible que sea la imagen anticipada de nuestro propio devenir?
 
Frente a los largos ritmos de su especie migratoria, aparece la velocidad de una transformación climática provocada por la actividad humana. Esto implica desplazamientos hacia zonas de anidación históricamente poco frecuentes en el Mediterráneo occidental.
 
Turismo - Captura accidental - Residuos plásticos - Limpieza y acondicionamiento de playas con maquinaria - Vertidos tóxicos y aguas residuales - Contaminación lumínica que desorienta a las crías en su camino hacia el mar - Altas temperaturas de la arena que influyen directamente en el sexo de las crías.
 
La misma presencia que irrumpe exige consciencia. Asumir responsabilidad, proteger, tomar acción.
 
Obra ganadora del concurso Life Intemares en el Refugio Climático organizado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el reto Demográfico, y la Escuela Sur del Círculo de Bellas Artes.
 


El Refugio Climático del Círculo de Bellas Artes, un lugar del que protegerse del calor. Adaptarse a las altas temperaturas es una necesidad urgente y, si bien existen numerosos espacios acondicionados contra el calor en nuestras ciudades, los refugios climáticos tienen la particularidad de que no están vinculados al consumo: espacios abiertos en los que descansar, charlar, trabajar, leer o, simplemente, estar.
 

Este año, el refugio del Círculo reivindica el juego como un forma de imaginar otros futuros posibles. Frente a la crisis ecosocial, jugar nos permite ensayar nuevas maneras de habitar, relacionarnos y construir comunidad. El Salón de Baile se transforma en una infraestructura abierta para recorrer, descansar, leer, conversar...
 
62 Descansillos. Guardería de plantas. Co-working. Lectura. Juegos / Ajedrez. Fuente. Huerto de chiles. Cuerpo en refugio de Ángela Enero Febrero. 
 
 


 
 

miércoles, 5 de agosto de 2026

Arte y Misericordia

Centro Cultural Conde Duque

Arte y Misericordia
El Barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid
 
La iglesia del Hospital de la Caridad constituye uno de los conjuntos cumbre del arte barroco gracias al impulso de don Miguel Mañara. En ella desarrolló a través de una serie única de obras maestras, uno de los más profundos mensajes del ideario barroco y cristiano.
 
Mañara había ingresado en la Hermandad de la Santa Caridad en 1662, llegando a ser hermano mayor al año siguiente y hasta su fallecimiento en 1679. La muerte de su esposa en 1661 le hace reconsiderar su vida y el futuro de su alma. Sus meditaciones sobre el sentido de la vida, la realidad de la muerte y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna, dan lugar a un mensaje que traslada como guía de vida a los hermanos de la institución.
 
Su ideario queda por escrito en la Regla de la Hermandad y, sobre todo, en la obra titulada Discurso de la Verdad. Esos pensamientos quedaron al mismo tiempo reflejado en un programa artístico que plasma visualmente en las obras de arte. Para ello, elige a los mejores artistas del momento, como eran los pintores Juan Valdés Leal y Bartolomé Esteban Murillo, el tracista de retablos Bernardo Simón de Pineda y el escultor Pedro Roldán, que ingresan en la Hermandad para así reducir los costes de tan ambiciosa tarea, a los que guiará en el proyecto.
 
El conjunto comienza con la consideración de la muerte a través de la impactante visión de las dos pinturas de las postrimerías de Valdés Leal. Señalan el momento de la muerte y el juicio particular. 
 

Juan Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690)
Finis gloriae mundi, 1671-1672. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad 
 

Una débil luz vislumbra el interior de una cripta funeraria donde se acumulan los restos en el pudridero. En primer término, la cruda visión de dos cadáveres en descomposición, un obispo y un caballero de la Orden de Calatrava, como lo fuera Mañara, nos muestra la fragilidad de la vida y los implacables efectos de la muerte. 
 
Arriba la mano llagada de Cristo sopesa las buenas obras frente a los vicios practicados por el hombre durante su vida. Estos son simbolizados en el plato izquierdo de la balanza por diversos animales, mientras que a la derecha, las buenas obras son representadas por instrumentos de penitencia y ayuno, libros de oraciones y un rosario, coronados por el amor de Cristo, simbolizado por el corazón con el anagrama JHSLas inscripciones "Ni Más" y  "Ni Menos" indican que en la vida del hombre debe predominar la virtud y el amor sobre los vicios. 
 

Anónimo
Virgen de la Caridad, comienzos del siglo XVI
Madera tallada, dorada y policromada
Hermandad de la Santa Caridad
 
Considerada la escultura más primitiva de la Hermandad, su iconografía corresponde al tipo denominado "Mater Amabilis", pues manifiesta una tímida expresión de amable intimidad entre madre e hijo. Sus rasgos estilísticos la acercan a finales del siglo XV, de indudables resabios góticos del norte de Europa, que influenció a tantos ámbitos del arte sevillano. La indumentaria, la fisonomía, la proporción corporal y lo anguloso de los pliegues, señalan ese origen.
 
La Virgen se presenta completamente frontal lo que, junto a sus delgadas proporciones, hace pensar que fuera originalmente concebido como un relieve realizado en una sola pieza de madera. La talla fue completamente policromada en el siglo XVII, posiblemente cuando fue reubicada en su retablo lateral que realizó para ella Bernardo Simón de Pineda, con la colaboración de Pedro Roldán en la nueva peana y la de Juan Valdés Leal en la policromía. 
 

 

 Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617- 1682)
Niño Jesús salvador, hacia 1671. Óleo sobre lienzo
San Juanito, hacia 1671. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
 
Ambas obras se sitúan en el ático de dos pequeños retablos laterales, enfrentados en la nave de la iglesia: san Juanito en el dedicado a san José, mientras que el Niño Jesús corona el dedicado a la Virgen de la Caridad.
 
El Niño Jesús es presentado como salvador del mundo, sosteniendo en su mano izquierda un orbe rematado por una cruz, mientras bendice con su mano derecha. El tema presagia la futura resurrección de Cristo y su triunfo sobre el pecado y la muerte. Lejos de una representación severa de este tema a través de un Jesucristo adulto, Murillo lo acerca emotivamente al fiel, al mostrarlo con inocente expresión de arrobo mirando hacia lo alto.
 
La figura de san Juan Bautista niño aparece en el desierto, como premonición de lo que será su vida adulta. Es representado con la habitual ternura de Murillo para retratar la infancia, con su túnica de lana atada al hombro y una cruz con la filacteria donde se lee: "Ecce Agnus D [el]", frase que pronunciará señalando a Jesús. "He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (juan 1;29) profetizando el sacrificio y la muerte de Jesús en la cruz para redención de la humanidad.
 

Pedro Roldán (Sevilla, 1624-1699)
San Jorge, 1673-1674 madera tallada, dorada y policromada
Hermandad de la Santa Caridad
 
El templo del hospital está dedicado a san Jorge como patrón de la Hermandad y su representación se incluye en el retablo mayor. Roldán lo muestra como un heroico guerrero, con un manto con el escudo de la Orden de Calatrava. Igualmente, lleva un casco, coraza, faldellín y espada.
 
La figura está dotada de particular movimiento al elevar el brazo que sostiene la lanza, haciendo caer el manto por el lado izquierdo y definiendo una curva sobre el pecho. La verticalidad de la composición queda rota por la posición del brazo, rasgo que queda acentuado con el contrapeso de la pierna que apoya sobre el dragón, cuya figura enroscada contribuye a este dinamismo. La rueda con cuchillas en la que apoya la mano es el instrumento con el que fue martirizado según la tradición. La carnación, más clara de lo habitual, es próxima al natural.
 

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682)
Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, hacia 1672. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
 
La célebre pintura muestra a la santa con sus ayudantes atendiendo a los enfermos que aparecen en primer plano. Su ubicación al inicio de la nave de la iglesia, tras las Postrimerías y frente a la de san Juan de Dios, revela el énfasis que Mañara pretendía dar al cuidado y servicio de los enfermos. 
La reina santa, en un acto de humildad, se propone como ejemplo para los hermanos de la Caridad. Ocupa el centro de la composición, ataviada con ropas de luto, corona y una leve aureola.  
 
 
 
Pedro Roldán (Sevilla, 1624-1699)
San Roque, 1673-74
Madera tallada dorada y policromada
Hermandad de la Santa Caridad
 
San Roque es patrón de los dolientes de los males corporales, al que se invoca en las enfermedades infecciosas como la peste que él mismo contrajo y que puede verse en la herida de su pierna. Se acompaña siempre de un perro, que le alimentó durante su enfermedad por lo que lleva una hogaza de pan en la boca.
 
La escultura está situada en el retablo mayor junto a la escena principal, dispuesto de forma simétrica e invertida a san Jorge, como se aprecia por el bastón de peregrino contrapuesto a la lanza de este. Sin embargo, la figura de san Roque es más expresiva y de composición más elaborada y dinámica. Los pliegues de los paños sobre la pierna lacerada del santo originan una diagonal hasta la figura del perro, que se cruza con la que marca la pértiga. destaca el realismo del rostro, el cabello realizado con largos y valientes golpes de gubia, o la actitud de caminar de la figura infantil.  
 
 
(Fragmentos)


Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682)
La multiplicación de los panes y los peces 1669-70. Óleo sobre lienzo
Hermandad de la Santa Caridad
 
El milagro representado se muestra como alegoría de la obra de misericordia dar de comer al hambriento dentro del programa ideado por Mañara. Al mismo tiempo, por el tema descrito y su emplazamiento cercano al altar, muestra su implicación eucarística. 
 
Mañara encargó a Murillo, que había ingresado en la Hermandad en 1665, una serie de cuadros sobre las obras de misericordia, que pintó entre 1666 y 1670 para que sirvieran de guía y ejemplo de conducta a los miembros de la hermandad para lograr la salvación de su alma.
 
El conjunto se disgregó en 1810 por la requisa de obras que llevó a cabo el mariscal Soult durante la invasión napoleónica. Afortunadamente cuatro de ellas todavía pueden contemplarse en los muros de la iglesia.
 
 
Bartolomé Esteban Murillo
La Encarnación, h.1670, Óleo sobre lienzo (Fragmento) 


 
Horario de verano
(del 15 de junio al 15 de septiembre)
 
Martes a sábado
de 10:00 a 14:00 y de 17:30 a 20:00
 
Domingos y festivos
De 10:30 a 13:30
 
Lunes cerrado
 

 
 

Raimundo de Madrazo y Garreta
Según obra del Greco. Óleo sobre lienzo
La Sagrada Familia 1908 
Museo del Greco, Toledo (Inv.CEO1932)
 
Raimundo de Madrazo actuó como uno de los principales asesores de Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society of America, a la hora de reunir su colección de obras de arte español durante la primera década del siglo XX.
El pintor vendió al norteamericano importantes obras procedentes de la colección familiar, como La sagrada familia del Greco, que había pertenecido a su abuelo José. Antes de enviar a Nueva York el lienzo, por el cual sentía especial aprecio, Madrazo realizó para sí mismo esta copia, que su mujer conservaría consigo hasta su fallecimiento.     

 

 

jueves, 30 de julio de 2026

Real Alcázar de Sevilla


 Escalera y tapiz
 La escalera que da acceso al Cuarto Real Alto es la principal de todo el conjunto palaciego. Fue construida durante el reinado de Felipe II en el siglo XVI.
 El zócalo de azulejos que la recorre, es una copia de los originales que se encuentran en el Convento de madre de Dios de Sevilla.
 La corona un bello artesonado de casetones poligonales con talla de flores en el centro. El tapiz de la pared frontal es del siglo XVII, realizado en Bruselas y representa una escena mitológica "Dido y Eneas", en la que Virgilio se inspiró para componer la Eneida.
 

 Cuarto Real Alto
  Sobrevivió a un terremoto y un incendio en la segunda mitad del siglo XVIII que dañaron sus partes más antiguas conservadas, y a mediados del siglo XIX se llevó a cabo en él una restauración, que serviría de preludio a la llevada a cabo entre 1855 y 1857. 
 
 Actualmente es la residencia oficial de los Reyes de España cuando visitan Sevilla. Su uso está atribuido a Patrimonio Nacional y comprende diversas salas entre las que destacan: el dormitorio del rey Don Pedro, una de las estancias del palacio mudéjar del siglo XIV que cuenta con increíble artesonado; el mirador de los Reyes Católicos, de influencia granadina y con una de las mejores vistas de todo el Alcázar; y el magnífico oratorio de los Reyes Católicos, joya del inicio del Renacimiento. 
   
 
Patio de las Muñecas
 Este pequeño patio estaba destinado a organizar las estancias de la zona privada del palacio. Debe su nombre a las cabezas que decoran los arranques del arco más próximo al vestíbulo.
 Las columnas y los capiteles son de acarreo, califales y romanos de gran belleza. Las dos plantas superiores son del siglo XIX. Las habitaciones domésticas entorno a este patio, fueron intensamente remodeladas en época de los Reyes Católicos.
 

La historia del Alcázar islámico no es la de la misma ciudad; una historia dinámica y creciente tanto en dimensión como en influencia política y riqueza arquitectónica.   Todavía en la actualidad gran parte de las murallas y palacios se conservan en pie si bien enmascarados o retocados por los distintos habitantes instalados en sus dependencias desde la conquista castellana.
Al período islámico pertenecen las murallas que rodean el Patio de Banderas, su portada original, así como el Palacio del Yeso y gran parte del Patio del Crucero. 
 


Los castellanos se adaptaron a partir del siglo XIII a la vida palatina del Alcázar transformando el sentido y el uso de sus diferentes espacios. Al principio se optó por superponer un edificio emblemático por su calidad y simbolismo sobre lo que había sido el principal de los palacios almohades. El Palacio Gótico escenificó la transición drástica del nuevo orden cristiano; pero en el resto de los edificios de la alcazaba islámica se siguió habitando cada inmueble sin apenas alterar su fisonomía durante el siglo posterior a la conquista.
 

 

El Jardín de la Galera
 Este jardín recibe su nombre de las galeras que, recortadas en el mito de los setos se bombardeaban unas a las otras con cañones de agua imitando una batalla naval. Hoy día nada queda de estas galeras. El jardín incluye cuatro parterres plantados por una rica variedad de flores y arbustos mediterráneos. Conecta con el Palacio del Rey Pedro I a través de una pérgola sobre pilares decorados con relieves renacentistas. En su centro se erige una columna de mármol en homenaje al Rey Al-Mutamid, gobernador y poeta de Sevilla. En un lado de la columna está escrito uno de sus poemas, en el que el rey expresa su largo deseo de regresar a los jardines de su "bendito palacio": "Dios permita que pueda yo morir en Sevilla, y que nuestras tumbas se abran allí el día de la resurrección".
 

 
 
 
 Jardín de Troya
 
  
 

 

Patio de Romero Murube
 Entre el Patio de los Levies y el Patio del Príncipe, debe su nombre al escritor que fuera conservador del Alcázar entre 1934 y 1969. El conjunto responde a las concepciones de la arquitectura doméstica sevillana del siglo XIX. También es conocido como Patio de los Poetas.  
 
 

 
Yo era aliado del rocío, amo de la largueza, amigo
de almas y espíritus.
La mano derecha fue generosa el día de los regalos,
Y un azote que mataba el día de combate.
 
 
La izquierda cogía las riendas de corceles para 
echarse al campo de las lanzas. 
 

Hoy soy rehén, cautivo de pobreza, enfermo, un
frágil pájaro de alas rotas.
 
 
 

 No puedo ni contestar a los que me gritan,
ni a los mendigos
suplicándome regalos el Día de la Generosidad.
 
 
 

La alegría que me conocías, se ha tornado desánimo;
las penas han desterrado el regocijo. 
                                                                                (Fragmento) 
                                                                                  Al-Mutamid, rey poeta