martes, 27 de octubre de 2026

Palau de la Música Catalana (1904-1908)

Carmela, Palau de la Música, Barcelona
Esta escultura de Jaume Plensa 
  

 
Lluis Millet i Pagés (1867-1941) Empezó los estudios musicales en el Liceu en 1880 y tres años después completó la formación con Felip Pedrell. Al mismo tiempo Millet también trabaja vendiendo partituras en la tienda Can Guárdia, donde comenzó a conocer a músicos como Isaac Albéniz, Francisco Alió y Amadeu Vives.
 
Luis Millet creó el Orfeó Catalá, el coro que sería el espejo de su pensamiento, y que le serviría de herramienta para reflejar la profunda espiritualidad y catalanidad que quería transmitir por medio de la música. 
 

Eusebi Arnau i Mascort (Barcelona 1864-barcelona 1933) escultor destacado en el Modernismo y como medallista. Comenzó sus estudios en la Escuela de bellas Artes  de La Llotja de Barcelona y más tarde en diferentes ciudades europeas como Florencia, roma, Bruselas y París. A su regreso a España se instaló en Madrid, pero pronto regresó a su ciudad natal donde organizó su taller, tuvo como discípulo a Pablo Gargallo y a Josep Dunyach entre otros.
 
Recibió influencia de los escultores franceses del momento, principalmente de Jules Dalou. Gran parte de su escultura está aplicada a la arquitectura, como la del Palau de la Música Catalana. 
 

 

Pau Gargallo (Maella, 1881-Reus, 1934), escultor catalán. Llegó con su familia a Barcelona en 1888. A principios del siglo XX, con el modernismo en auge en Cataluña, Gargallo asistió a Els Quatre gats y allí se impregnó de la corriente modernista. En 1903 abandonó la Ciudad Condal en dirección a París, donde se reencontró con Pablo Picasso y se interesó por la técnica escultórica de Rodin. Volvió a Cataluña en 1904.  
 
 
 

En 1905 Doménech y Montaner, recibe el encargo de construir la sede del Orfeó Catalá, con una sala de conciertos, espacios de ensayo y oficinas, que se convertiría en el Palau de la Música Catalana.
El Orfeó Catalá fue fundado en 1891 como una sociedad coral para la promoción de la música catalana. En 1904, compraron una parcela en la calle Sant Pere Més Alt, junto con lo que debería haber sido la Vía Laietana, para ubicar su sede. El 15 de febrero de 1908, se inauguró el edificio.
 

 

 

El edificio se encuentra en una parcela irregular con dos fachadas en la calle en esquina. Doménech utilizó una ingeniosa solución tipológica para proporcionar simetría en la gran sala de conciertos creando un patio de luces en la pared media del edificio que un tercero de fachada.
La cereza del espacio con una gran claraboya del techo, en forma de cúpula invertida, tamiza la entrada de luz natural y lámpara con luz artificial.
 

 

El edificio es una ingeniosa estructura metálica estabilizada por contrafuertes laterales, que se encuentra en los muros, de las columnas y de lo que era el espacio de centro cubierta.
Destacan las musas en el escenario esculpidas por Eusebi Arnau, con sus cuerpos sobresaliendo en unos planos ejecutados en quebradizo cer por Mario Maragliano y la bocadura del escenario, esculpidas por Pau Gargallo, presenta un espectacular encuentro escultórico. Claudia Sanmartí 
  
   

Lluis Doménech i Montaner nace en Barcelona el 30 de diciembre de 1849, en el seno de una familia ilustrada y acomodada. Es el cuarto de siete hermanos y pasa su infancia en Barcelona, aunque veranea en el pueblo de la familia materna, Canet de Mar.
 

 



 
Lluis Doménech nace en Barcelona el 30 de diciembre de 1849, en el número 40 de la calle Ferran, su padre, Pere Doménech i Saló, es un encuadernador de prestigio vecino de Sant Just Desvern, y su madre, María Montaner i Vila, hija de una casa solariega de Canet de Mar. Es el cuarto de siete hermanos y pasa su infancia en la Ciudad Condal.
 
Al terminar los estudios en la escuela de arquitectura de Madrid, fallece su padre, por lo que en 1874 regresa a Barcelona para ayudar a la familia en la empresa de encuadernación. Alterna los trabajos editoriales del mundo de la cultura literaria y artística con sus primeros encargos profesionales como arquitecto, así como su militancia política.
 

 

En 1875 se casa con María Roura en la iglesia de Sant Jaume de Barcelona, donde había sido bautizado. Tienen ocho hijos, tres chicas y cinco chicos. El primer varón, Lluis, muere a los dieciocho meses y el último, Ricard, a los veintitrés años en un accidente de tren. Su hijo Pere estudia arquitectura y trabaja con él en los proyectos más importantes, al igual que su yerno Francesc Guárdia, casado con su hija Dolors. Su hijo Félix, que es médico le ayuda en los estudios de heráldica que realiza en la última etapa de su vida.
 
En 1875 entra como profesor interno en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, a la que sigue vinculado 1920.
En los inicios de su carrera profesional se asocia con Josep Vilaseca i Casanovas, con quien había compartido estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Más tarde ejerce de forma individual, con el apoyo de un equipo de colaboradores habituales formado por arquitectos, artesanos e industriales de reconocido prestigio. 
 

Su dedicación a la arquitectura se prolonga cincuenta años, durante los cuales es responsable de obras de gran relevancia. Compagina esta actividad con su participación en la vida social y cultural y, al mismo tiempo, en política.
 
En los últimos años de su vida, enfermo de cáncer de estómago y desengañado de la política y de algunos compañeros de profesión, delega gran parte de su labor profesional en su hijo, Pere Doménech i Roura, y en su yerno Fransec Guárdia i Vial, y se centra más en sus estudios históricos y en especial de heráldica.  

 
Aunque su voluntad era ser enterrado en el panteón familiar de Canet de Mar las circunstancias políticas del momento ( la recientemente proclamada dictadura de Primo de Ribera) impidieron un entierro y un funeral que se hubiese convertido en una manifestación catalanista. Es enterrado en un nicho del cementerio de Sant Gervasi, en Barcelona, donde todavía permanecen sus restos.


 
 
 

lunes, 26 de octubre de 2026

Un paseo por Barcelona

 

"Hic sunt dracones". Encontraréis dragones. Esta advertencia, habitual en los mapas antiguos para referirse al mundo que aún no estaba cartografiado, se puede aplicar a Barcelona: según el libro "Drakcelona" (Arola, 2011) del fotógrafo Josep  Marínez, en esta ciudad hay hasta 400 dragones presentes en elementos artísticos y arquitectónicos. La simbología del dragón es totalmente opuesta según el continente: en Europa, el dragón es un símbolo maléfico, el oponente a vencer que nos espera en el inframundo.
En Oriente, es un poder solar y fértil, portador de vida y que conecta el cielo y la tierra. Ricard Martín.
 

En esta tienda se vendían sombrillas, paraguas y abanicos


 
Café, pan de cereales con tomate y jamón "pan tumaca" 


Gat, de Fernando Botero es una voluminosa escultura de bronce de siete metros de largo creada por el artista colombiano. De formas rotundas y redondeadas, fieles a su inconfundible estilo, este felino de gran tamaño invita tanto a la interacción como la contemplación. Desde su llegada a la ciudad en los años noventa, la obra aporta un aire lúdico y cercano al espacio público, gracias a su presencia amable y su apariencia entrañable. Es un símbolo del barrio del Rabal.
 

 

Salvador Seguí (22/09/1887 Lérida - 10/03/1923 Barcelona), el pasado 10 de marzo se cumplieron 100 años del asesinato en las calles de Barcelona de Salvador Seguí i Rubinat, más conocido por el ápodo del Noi del Sucre (el chico del azúcar) uno de los dirigentes más famosos del anarcosindicalismo Confederación Nacional del Trabajo (CNT). El 10 de marzo de 1923, en la esquina de la calle Cadena con Sant Rafael, en el barrio del Rabal de Barcelona, pistoleros del Sindicato Libre Carlista asesinaron de un tiro al líder sindical. 
 



Mercado de santa Caterina, imprescindible en nuestra ruta, tiene mi hija un encargo, comprar embutido de potro, y en este mercado hay un puesto dedicado a ello. Me ha gustado mucho este mercado es magnífico.
 




 

 

 



La Barcelona del siglo XIX, la de la Exposición Universal de 1888, era una ciudad en efervescencia en la que la arquitectura vivía un momento notable. Para colmar las expectativas y vanidades de sus clientes, los arquitectos utilizaron en su obra todo un repertorio de recursos: ornamentos florales, riqueza escultórica y trabajo del hierro forjado, formas onduladas, vidrieras policromadas, esgrafiados, detalles cerámicos, etc. A menudo las grandes ciudades pueden asociarse con edificios y monumentos que se convierten en sus emblemas universales.
 

La personalidad arquitectónica de Barcelona se caracteriza más por su paisaje urbano que por grandes singularidades. El Arc de Triomf, construido según el diseño de Josep Vilaseca en el comienzo del Paseo de Luis Campanys, que presidía la entrada del recinto de la Exposición Universal de 1888.
 

 

 



Parc de la Ciutadella (Paseo de Pujades, s/n, Paseo de Picasso, s/n). En este lugar se puede considerar que tuvo su primera expresión arquitectónica el movimiento modernista. Como su nombre indica, el espacio había estado ocupado por una ciudadela militar construida a principios del siglo XVIII después de la derrota de Barcelona en la Guerra de Sucesión. 
La ciudad fue duramente castigada tras caer después de un largo asedio, y la ciudadela (junto con las nuevas murallas y el castillo de Montjuic) fue el gran instrumento de la nueva dinastía borbónica para controlar militarmente la ciudad durante más de 150 años.


En sus inmediaciones encontramos un edificio, el Hivernacle, obra de Josep Amargós i Samaranch (1883-1887) que actualmente acoge  todo tipo de actos sociales. 
 

 

  
Al fondo el antiguo Mercat del Born, que alberga el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona