El origen remoto de lo que hoy es el término municipal de Arganda del Rey se remonta a a más de 3000 años, que es la fecha de datación de los restos paleolíticos depositados en el Valle del Jarama descubiertos a principios de la década de los 70 del siglo pasado. Dos yacimientos en los que se localizaron abundantes restos óseos de animales y útiles de caza fabricados por el hombre, aunque no restos humanos.
Los primeros moradores de los terrenos de este municipio fueron los celtiberos que ocuparon la región de Carpetania, y que llamaron a este territorio "Arkanta" cuyo significado es terreno de aguas.
Tierras que fueron ocupadas por los romanos, a partir del siglo III a.C. La huella romana quedará impregnada en el topónimo de Arganda que , proviene de "Área Canda" o superficie blanca, por la tonalidad que daba al terreno la abundancia de calizas.
Los primeros asentamientos de lo que hoy es Arganda datan del siglo XI, tras la reconquista de Castilla con la toma de Toledo en 1118 y la creación del señorío de Alcalá, a la que perteneció Arganda, Vilches y Valtierra.
Pocos años más tarde, el rey Alfonso VII concede el señorío al Arzobispo de Toledo. De esa época se mantiene en pie el monumento más antiguo de esta localidad, la ermita mudéjar de Valtierra, del siglo XIII, de la que solo se conserva la fachada norte, el muro sur y parte del muro oeste.
La peste asoló la comarca en la segunda mitad del siglo XIII, provocó que los habitantes de la época abandonaran los poblados de Vilches y Valtierra, para instalarse en los terrenos de Arganda del Rey, para dar lugar así al primer núcleo importante de población.
Iglesia de san Juan Bautista
Dedicada a san Juan Bautista, patrón de la ciudad, y construida entre 1690 y 1715, la iglesia se levanta sobre un primitivo templo renacentista de finales del siglo XV que fue ampliado en el siglo XVI bajo la dirección del arquitecto Pedro Gil de Sopeña. Del edificio renacentista se conserva una portada en el atrio, un muro con ventanas de tradición mudéjar en la calle San Juan, una arcada en la sacristía y los restos de una bóveda gótica con capiteles en la base de la torre.
Destaca la monumentalidad del conjunto en el que sobresale la torre de sillería de 57 metros de altura cubierta con chapitel de pizarra que fue sustituido en el año 1879 al incendiarse el original por la caída de un rayo.
Capilla de san José, es una de las capillas más bellas del templo parroquial. Desde 1609 ya empieza a haber constancia del culto a san José en la parroquia. En marzo del mismo año por falta de agua debido a una sequía, el clero y la villa hicieron voto a san José de guardar su día y dejar de trabajar en él como en domingo.
En los pies del templo parroquial se hallan dos capillas, una a oriente y otra a occidente. En la capilla oriental, de la Inmaculada, situada bajo una bóveda de arista, se encuentra un retablo barroco original, aunque no de la misma parroquia, en el que se pueden observar lienzos que representan, en el central la Inmaculada Concepción de la Virgen María, a izquierda y derecha la Anunciación y la Visitación, coronado en la parte superior por el apóstol san Marcos componiendo su evangelio.
En 1808, tras la invasión de los franceses y en plena Guerra de la Independencia, Arganda fue invadida por las tropas francesas lo que provocó la destrucción y saqueo de numerosos edificios, entre ellos la antigua ermita barroca de Nuestra Señora de la Soledad, patrona de la localidad, destruida en gran parte al igual que sus retablos.
En el siglo XIX Arganda conoce una época de esplendor y crecimiento económico como nudo de comunicaciones entre Madrid y la costa levantina, que se traduce en mejoras urbanas dentro del municipio, y la construcción de una línea de ferrocarril, en 1849, que unía Madrid con la localidad de Alocén en Guadalajara. Tren que prestaba servicio a los viajeros y a la empresa La Azucarera para el traslado a la capital de sus productos. Siglo en el que se construye también la Torre Telegráfica Óptica que formaba parte de la red de comunicaciones a distancia entre Madrid y Valencia.






























































