François Auguste René Rodin nació en París el 12 noviembre de 1840 en el seno de una familia de condición modesta. Tras una época en la que asistió a las clases de dibujo y modelado de la École des Beaux-Arts, el artista se formó por su cuenta y refinó su técnica trabajando como cantero para una serie de talleres de decoración. En 1871 el escultor se trasladó a Bruselas, donde tuvo una excelente acogida por parte del público con su mármol Hombre con la nariz partida, que expuso en el Salón de Bruselas de 1872.
Martín Johnson Heade, como otros artistas que viajaron a Sudamérica, Heade quedó fuertemente impresionado por la fecundidad de los trópicos. En 1863, pintó en Brasil sus primeros cuadros de colibríes. Más tarde, tras su visita a panamá, Colombia y Jamaica en 1870 ideó la combinación de aquellos con orquídeas.
La originalidad de los cuadros de orquídeas y colibríes pintados por Heade en su estudio reside en la mezcla de naturaleza muerta y paisaje, no exenta de dramatización. La confrontación de aves y flora era ya común en las ilustraciones ornitológicas. Sin embargo, en obras como Orquídea y colibrí cerca de una cascada, Heade recurre a una de las variedades más exuberantes de esta flor -la Cattleya labiata rosa- y la acerca tanto al primer plano que casi parece aplanar sus pétalos. El pequeño colibrí establece un diálogo con ella, tanto a través de la posición de su cabeza como del color amatista de su pechera. Al fondo se despliega un frondoso paisaje que acentúa el poder sensual y emotivo de la escena.
Cristo y la Magdalena es la única obra conocida de Rodín que desarrolla una temática abiertamente religiosa. Ahora bien, varios elementos sugieren que en realidad se trata de una representación del tema del genio ignorado, muy del gusto romántico. En primer lugar, el que el esbozo original en yeso date de mediados de los años noventa, coincidiendo con el rechazo de su monumento a Balzac. En segundo lugar, el hecho de que en alguna ocasión recibiese los títulos de El Genio y la Piedad, y de Prometeo y una Oceánida.
En cualquier caso, para su realización Rodin recurrió al ensamblaje de dos esculturas previas. La figura de Cristo crucificado está inspirada en diversas representaciones medievales, alguna de ellas propiedad del mismo Rodin. La Magdalena, por otra parte, retoma el prototipo de la Meditación, originalmente ideada por Rodin para la Puerta del Infierno. Ambas figuras entrelazan sus cuerpos a la vez que se destacan sobre el bloque de mármol sin pulir, a la manera miguelangelesca.
A su retorno a Amberes tras su estancia en Italia, Anton van Dyck pintó varias Crucifixiones destinadas a diversas iglesias de la ciudad. En relación con estos cuadros de altar pintó otros de tamaño menor en los que, prescindiendo de las figuras auxiliares, se presenta solo a Cristo en la cruz. Destinadas probablemente a la devoción privada, estas imágenes se concentran en la soledad del Redentor en el momento de su agonía, cuando se queja del abandono de su padre.
La versión que aquí se muestra fue publicada por primera vez en 1930, por G. Glück, quien la consideraba autógrafa.
En nacimiento de Venus (La Aurora) se compone del ensamblaje de tres yesos creados por Rodin en la década de 1880. La figura en cuclillas está tomada de La Esfinge. Venus, por su parte, es fruto de dos yesos previos. Desnudo femenino inclinado sin cabeza y Hombre de rodillas. En el caso de los dos primeros Rodin ha cambiado la estructura horizontal primitiva por la vertical que ahora contemplamos. Asimismo, no ha dudado en trastocar las facciones masculinas de Hombre de rodillas por las de Venus, imagen paradigmática de la belleza femenina.
En El nacimiento de Venus (La Aurora), Rodin enfatiza la idea miguelangelesca de la escultura como ente que emerge, que surge de la piedra, no solo mediante el contraste entre el acabado finito de las figuras y non finito de la peana, sino a través del movimiento intrínseco del conjunto y de la contraposición de horizontales y verticales.
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El sueño (El beso del ángel) 1905 |
Paralelamente a los encargos públicos de los años 1880-1890, sobre todo a partir del éxito de su gran retrospectiva de 1900, Rodin ensayó nuevos grupos escultóricos empleando una técnica sin precedentes en la historia de la escultura: el ensamblaje de viejos yesos de su taller de Meudon. El sueño (El beso del ángel) esta formado por el ensamblaje de dos yesos previos: El Dolor nº 1, en la parte inferior, y Mujer tendida sobre la espalda, ahora invertida, coronando el conjunto. En la maqueta original en yeso, ambas figuras se unen de manera artificial dejando entre ellas un amplio espacio vacío. El resultado final en mármol es mucho más unitario. Una nube de niebla une ahora ambas figuras y confiere al conjunto un acusado tono simbolista. Lo que era un problema técnico se convierte así, en manos de Rodin, en estimulo para la creación resuelto con gran sabiduría.
Las estampas es seguramente una de las obras más ambiciosas realizadas por Manguin en 1905. La complejidad de la composición no es aparente a primera vista. Dos mujeres sentadas en una banqueta o una cama estrecha, una vestida y otra desnuda, contemplan un libro de estampas de color en un interior suntuosamente tapizado; Manguin ha compuesto la escena sentándolas en posturas enfrentadas. Para que el libro sea un foco común de atención, las dos tienen que girar sus cuerpos y cabezas, la torsión es más pronunciada en la figura desnuda vista de espaldas y con la cara de perfil. Las dos figuras representan a la misma modelo: Jeanne, la mujer del artista.
Durante su estancia en Nuenen entre 1883 y 1885, Van Gogh se centró en el estudio de la vida campesina de la región de Barbante. También realizó algunos paisajes, en los que es patente el recuerdo de la pintura holandesa del siglo XVII y de la Escuela de Barbizon. Molino de agua en Gennep es uno de ellos. Su elaboración constituyó un verdadero reto para Van Gogh tanto por su tamaño, como por haber sido pintada enteramente al aire libre en el frío mes de noviembre de 1884. El protagonismo concedido al contraluz recuerda a la obra de Jules Dupré. Pero junto con Dupré, a quien Van Gogh parece querer emular es a Daubigny, quien en el Salón parisiense de 1864 había presentado un cuadro de 2 X 1 metros ejecutado también al aire libre. Sin embargo la distancia entre ambos pintores es notable. Frente a la pintura tonal de Daubigny, Van Gogh ensaya por primera vez toques puros de color que le acercan al impresionismo y anticipan su obra madura.
Entre el otoño de 1869 y el verano de 1872, Camille Pissarro pintó veintidós lienzos en los que estudiaba los efectos de la luz, las diferentes épocas del año y el movimiento en la carretera de Versalles, en Louveciennes. Él y su familia habían alquilado parte de una magnífica casa del siglo XVIII situada en esa calle. Parece ser que Claude Monet, amigo y colega suyo, que vivía en la cercana localidad de Bougival prácticamente por la misma época, pasó varios días con la familia Pissarro y pintó con él en la carretera de Versalles durante el crudo invierno de 1869-1870. En 1870 ambos se trasladarían de las afueras de París a los alrededores de Londres para ponerse a salvo de los rigores de la guerra franco-prusiana y de la Comuna francesa. Cuando Pissarro regresó a su casa, se encontró con que las tropas alemanas la habían arrasado durante el asedio de París.
Sin duda, el precioso paisaje invernal de la carretera de Versalles de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza fue pintado en el invierno de 1869-1870 y es, por lo tanto, una de las primeras obras de dicha serie de veintidós lienzos. Está directamente relacionado con un cuadro de tamaño más pequeño, ejecutado exactamente desde el mismo lugar de la carretera y que plasma una vista idéntica. Es probable que dicha obra (la carretera de Versalles (efecto nieve), PV 72) fuera un boceto para el lienzo de la colección Thyssen; lleva la fecha de su ejecución, 1870.
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Alfred Sisley, la inundación en Port-Marly, 1876 |
Afincado en Marly-le-Roi desde 1874 hasta 1877, Sisley dedicó a las inundaciones del Sena en marzo de 1876 un conjunto de siete obras. Las más conocidas de la serie representan el momento álgido de la crecida, con un sentido de serenidad y equilibrio más propio de una laguna que de las violentas aguas del Sena. En la obra de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza, el sol vuelve a brillar en el cielo y las agua retroceden a su cauce. Ello permite a Sisley situar el caballete en el centro de la calle y retomar la perspectiva central común a muchas de sus obras, y arraigada en la tradición clásica del paisaje francés. Pero, además, al situar el horizonte muy bajo, Sisley consigue dar al movimiento de las nubes un gran protagonismo. Como ocurre en la pintura de Constable, en Sisley el celaje se convierte en verdadero actor del paisaje, cuyo reflejo sobre el pavimento dinamiza al tiempo que unifica la composición.
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Pierre Bonnard, Claro de sol, 1923 |
Aunque su asimilación de las lecciones de Gauguin y su énfasis en la composición decorativa le distinguía de los impresionistas, con el tiempo Bonnard regresaría a ellos: en cierto sentido fue el último gran heredero del Impresionismo hasta bien entrado el siglo XX. La tendencia radical de Matisse y los fauves, primero, y el cubismo después, alejaron a Bonnard de las tendencias de vanguardia; su pintura se hizo más atmosférica y más naturalista. Se acentuaron sus afinidades con Monet y sobre todo con Renoir, con quien compartía el interés por el desnudo y la inclinación a disolver los bordes de las formas con una pincelada algodonosa. Desde la época de la Gran Guerra, Bonnard se convirtió para los aficionados y críticos de gusto moderado, en una suerte de antídoto de la acelerada experimentación de las vanguardias.
La constante dedicación de Bonnard al paisaje se acentuó en la década de 1920. Buena parte de ellos fueron pintados en Normandía, en la casa que el pintor tenía cerca de Vernon, a orillas del Sena. Incluso cuando se instaló en Le Cannet, próximo a Cannes, siguió visitando cada año Normandía, cuya luz amaba especialmente.
"En nuestra familia -ironizaba Toulouse-lautrec-, una vez que uno ha sido bautizado se le coloca enseguida sobre la silla de un caballo". El padre de Lautrec era, en efecto, un fanático -y algo maniático- jinete, cetrero, cazador y aficionado a las carreras de caballos que se propuso que su único hijo siguiera sus pasos. Sin embargo, la rotura de las dos piernas y la consiguiente atrofia de su crecimiento dieron al traste con las ambiciones del joven Lautrec de convertirse en jinete. A pesar de todo, la intensa curiosidad que el pintor sintió por todos los temas relacionados con la equitación se mantuvo cuando, entre los años 1878 y 1882, se convirtió en discípulo del conocido artista de temas deportivos René Princeteau (1844-1914), un buen amigo de su padre.
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Heinrich Campendonk, Joven pareja, 1915 |
Heinrich Campendonk pintó el cuadro Joven pareja en el año 1915. tenía entonces veinticinco años. Por la ciudad de la que procedía, Krefeld, el artista estaba vinculado al círculo de los "Expresionistas renanos" que se había formado en torno a August Macke y su primo Helmuth Macke. pero también, ya en 1911, Campendonk se había unido al grupo muniqués Der Blaue Reiter, creado por Frnaz marc y Wassily Kandinsky.
El parque de "The Battery" es uno de los primeros óleos de Marsh, pintado tras su etapa de tres años como ilustrador fijo en el periódico neoyorquino Daily News, donde publicaba a diario una columna con viñetas sobre teatro. Por aquella época Marsh se dedicaba a pintar telones para el teatro "The Greenwich Village Follies" y acababa de colaborar con el decorador Robert Edmun Jones en el diseño de telones y decorados para el grupo teatral de Provincetown. Todo ello viene a colación por el aspecto teatral que tiene el lienzo. Unas mujeres vestidas a la moda, entran en la composición, en primer término, por la derecha; cerca del poste que aparece en segundo plano, ala izquierda, conversan tranquilamente tres hombres. otros personajes , situados más allá contemplan el mar a lo lejos. El cielo azul, el mar y el tráfico marítimo del puerto conforman el último término. El primer plano, gris y vacío a excepción de las tres figuras anteriormente descritas, se parece mucho a un escenario en el que el mar y el cielo estuvieran pintados en el telón de fondo.
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Victor Vasarely, Feny, 1973 |
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