Corralejo es una población norteña de bonito nombre y extensas playas, de fondo verde azulado. En otro tiempo fue pueblo marinero, de entonces solo sobreviven las fiestas del Carmen, que como marca el calendario se disfrutan el 16 de julio.
Corralejo es también la puerta que, tras sobrepasar el estrecho de La Bocaina nos permite llegar a Lanzarote (que está a 10 o 15 km).
Declarado Parque natural en 1994, también fue declarado ZEPA por la Unión Europea; o sea, zona de especial protección para las aves. La zona protegida tiene una extensión de 2.668,7 has.
El Jable o las dunas (10 kilómetros cuadrados) y el malpaís (Parque Natural de Corralejo) forman uno de los espacios naturales más interesantes de Canarias (formaciones vegetales de gran valor, como la flor blanca). Entre la avifauna destaca la hubara.
El Parque Natural de Corralejo tiene uno de sus mayores atractivos en las dunas, su unidad geomorfológica representativa. Arenas de origen orgánico, formadas a partir de conchas marinas, de ahí su color blanco. Estos arenales cubren gran parte del malpaís que les sirve de sustrato y que aflora en determinadas zonas. El otro elemento representativo es la Montaña Roja, un cono volcánico que alcanza los 312 metros sobre el nivel del mar y que constituye la principal altura del Parque.
Por las características del territorio, abundan plantas adaptadas a condiciones de extrema sequedad y alta salinidad, como la uvilla, la brusquilla y el balancón. Entre las especies endémicas amenazadas destaca muy especialmente el cebollín de playa, protegido por normativa regional. No faltan tampoco especies invasoras como el tabaco moro, que ha encontrado un hábitat idóneo en las islas.
En cuanto a la fauna, la presencia más sobresaliente es la de la hubara canaria, una avutarda endémica de Fuerteventura y Lanzarote, que tiene aquí su mayor población. Convive con otras aves esteparias. Entre las aves marinas destacan correlimos, andarríos chicos y zarapitos. También es importante la presencia del endémico lagarto de Haría, los mamíferos son muy escasos, dada la extrema aridez del territorio. Al margen del conejo introducido por los humanos, cabe citar especies como el erizo y la musaraña canaria.
En 1405, Jean de Béthencourt, conquista la isla de Fuerteventura, era un noble normando al servicio de la Corona de Castilla. Este evento marcó un hito significativo en la expansión europea hacia el Atlántico. Béthencourt, quien había iniciado la conquista de las Islas Canarias en 1402, consolidó su dominio sobre Fuerteventura tras someter a los nativos mahos. La conquista fue facilitada por la superioridad militar y tecnológica de los europeos, así como por las divisiones internas entre los habitantes de la isla.
La incorporación de Fuerteventura al dominio castellano tuvo profundas consecuencias, incluyendo la introducción de nuevas prácticas agrícolas y la reestructuración social. Además, estableció un precedente para la posterior colonización de otras islas del archipiélago. Este hecho no solo amplió el control castellano en la región, sino que también sentó las bases para la expansión hacia el Nuevo Mundo.



















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