Primavera Suspendida. Cada primavera, Fundación Casa México en España se transforma en un gesto de celebración. Este año, el edificio se convierte en un gran telar urbano: una intervención concebida y realizada por el colectivo de artesanas Cielo Tejido de Etzatlán, Jalisco.
La obra despliega un tejido monumental de motivos florales que evoca la fuerza simbólica de la estación: renacimiento, color, abundancia y comunidad. Cada flor, cada lienzo y cada hebra forman parte de una creación colectiva elaborada por cientos de manos, cuya destreza dialoga con el paisaje arquitectónico de Madrid.
El cromatismo vibrante -inspirado en los ciclos de la naturaleza- no solo es una segunda piel, sino que la resignifica: la transforma en un territorio de encuentro en el cual el acto de tejer trasciende su dimensión material para convertirse en metáfora de vínculo y pertenencia. Las fibras entrelazadas conectan comunidades, territorios y memorias tejiendo puentes entre México y España.
"La amistad entre dos naciones se fortalece con el intercambio constante de conocimiento y experiencia. En México y España me he desarrollado como persona y como profesional, me enorgullece contribuir en la creación de puentes que unan estas grandes naciones. Bienvenidos a esta casa que busca ser referente en la difusión y divulgación de la excelencia de nuestro querido México, muchas gracias por visitarnos" Don Valentín Diez Morodo. Presidente vitalicio y mecenas Fundación casa México en España
Desde una certeza antigua y persistente que México no es una imagen, sino una respiración. Que su identidad no se enuncia, se transmite. Que vive en la materia, en el ritmo de los oficios, en la memoria que pasa de mano en mano sin pedir permiso al tiempo.
Desde ahí nace esta intervención. Desde el amor profundo por una patria que nos ha modelado enteros y que seguimos intentando comprender a través del espacio, de la palabra y del hacer. Desde la convicción de que las artes populares no son un vestigio ni una nostalgia, sino una de las formas más altas de inteligencia cultural que hemos sabido construir.
"Suave patria permite que se envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero..."
Esa música honda -vegetal, humana, insistente- es la que aquí se busca poner en diálogo con el mundo. El deseo de que el relámpago verde de los loros resuene estruendosamente más allá de nuestras fronteras y que, al mismo tiempo, se deslice con suavidad, como las garzas, llevando consigo una belleza que no necesita imponerse para ser verdadera.
"Patria: tu superficie es maíz..."
Y en este maíz reconozco el origen, el alimento, el tiempo compartido. La alacena y la pajarera. Aquello que sostiene sin alardes y que, por lo mismo, perdura.
Textiles, yute, semillas -maíz, frijol, cacao, café- no se disponen acontecen. Son materia que recuerda, formas que guardan un saber antiguo transmitido sin palabras. En su presencia se reconoce el origen, no como pasado clausurado, sino como tiempo que insiste.
Los espejos no duplican: interrogan. Abren la mirada, despliegan otras profundidades y devuelven al visitante su propia imagen, frágil y momentánea. Quien observa entra en la escena y se vuelve parte de ella. La cultura sucede ahí, en ese cruce silencioso donde el objeto deja de ser objeto, el espacio se vuelve conciencia y mirada, reconocimiento.
Aquí, lo popular no es pasado ni ornamento, sino continuidad viva. Una experiencia que no se impone, sino que acompaña. Un recorrido que no se agota en el transito, sino que deja una resonancia con la esperanza de que México, puesto en el mundo, siga siendo eso: una presencia viva, capaz de resonar con fuerza y con suavidad al mismo tiempo. Recordemos que el mayor regalo, el más grande logro del arte, es la comunidad; de hoy, más que en cualquier otro momento, sea el arte aquello que nos una en esta gran comunidad que es el mundo. Fernando Feres.Tejedora de nubes
C. Alberto Aguilera, 20. Madrid


















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