Maruja Mallo (Viveiro 1902-Madrid 1995) es una de las principales figuras de la Generación del 27, de la que formaron parte Salvador Dalí, Federico García Lorca o María Zambrano. Es también la más importante representante del grupo de artistas que, por primera vez, presentaron colectivamente una cosmovisión femenina desde una perspectiva inédita, la de la mujer moderna, activa, libre y profesional.
La personal y heterogénea producción artística de Maruja Mallo difuminó los límites entre lo popular y lo vanguardista, entre estética y política. Su primera exposición en 1928 recibió un aplauso unánime. Federico García Lorca dijo de sus trabajos que eran "los que había visto pintados con más gracia, sensualidad e imaginación". Mallo ofrecía en ellos una nueva visión de España opuesta a los negros del tremendismo y las estridencias de la españolada, es decir el imaginario trágico y violento de la Generación del 98 y la versión tópica y superficial de lo español difundida desde el cine y la prensa. Lo popular no era para ella nostalgia del pasado rural, sino anclaje en un presente marcado por la crisis social, los nuevos medios técnicos y la reivindicación de una República democrática. Era también un territorio libre en el que desplegar su fértil imaginación, domada por un rigor técnico y constructivo en el que el compás y sus rotaciones circulares predominan sobre la regla y la trama ortogonal privilegiadas por la vanguardia.
Maruja Mallo estudió entre 1922 y 1925 en la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando con un profesorado que integraba artistas academicistas o postimpresionistas, como Eduardo Chicharro o Julio Romero de Torres. Allí adquirió una sólida formación visible en el dibujo, los estudios de luces y sombras o los pliegues de los tejidos de sus primeras obras, entre las que destacan sus paisajes y retratos. Dos de ellos permiten reconocer una constante que aparece lo largo de toda su trayectoria: el protagonismo de las figuras femeninas, y su interés por expandir su ámbito de acción a otras razas y culturas.
Verbenas (1927-1928) Las primeras series de la artista se sitúan en el ámbito de la figuración de los años veinte, que propone una "vuelta al orden" que corrija la deshumanización de la vanguardia mediante su aproximación al arte popular. Un término utilizado en los años treinta para rehuir los de folklore o etnología, más ligados a identidades locales o raciales, que estaban siendo utilizadas políticamente en el momento de alza de los estados totalitarios. El arte popular se consideraba en los años previos a la República una propuesta no solo estética sino también política.
Las verbenas muestran "la irreverencia y la gracia. El sarcasmo de una sociedad que asciende y se enfrenta a la sociedad dominante convirtiéndola y representándola en un mundo de fantasmas y muñecos". Son escenas de carnaval en las que el pueblo es el protagonista, mientras que los tópicos ligados a lo castizo -toros, guardias civiles, manolas o la superstición- son ridiculizados. Pero la verbena es también ocasión de tregua en la que conviven razas y paisajes de todo el mundo -incluyendo ángeles negros- y la ciencia y la magia se dan de la mano.
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| El mago / Pim Pam Pum, 1926. Óleo sobre tabla |
Este cuadro muestra dos espectáculos de feria yuxtapuestos. Al fondo, el Pimpampum, unos muñecos de cartón piedra caracterizados como marroquíes armados que aparecían con frecuencia en la prensa de la época, cuando la larga Guerra del Riff estaba llegando a su fin. En primer plano vemos al mago: es el feriante, el mago astrónomo que aparece también en las verbenas y, por último, es un trasunto de artista, representado aquí con los rasgos del escritor Valle-Inclán, reconocible por sus gafas y barba, y por la ausencia de su brazo izquierdo. Como escritor y dramaturgo, Mallo utiliza los elementos teatrales de sus Verbenas para realizar una crítica social.
"...la fascinación de las llamadas verbenas, creaciones mágicas de
medidas exactas, manifestaciones que giran con el año, revelación
pagana que expresa las discordias con el orden existente."
La artista se incluye en la fiesta, autorretratándose tras dos mujeres de rasgos racializados que corren alegres en primer plano, representando el acceso de la mujer al espacio público y el abrazo entre clases. Una de ellas lleva zapatos burgueses de salón y la otra alpargatas, el calzado del pueblo, al que Mallo homenajea subrayando su dinamismo a través de la construcción geométrica del cuadro, que recuerda a obras como "El día de los muertos" de Diego Rivera (1924).
Estampas (1927-28)
Las estampas, que ella más tarde llamó símbologramas por la combinación de imágenes y acrósticos que contienen, incluyen varias series: las estampas populares, deportivas y las cinemáticas, con escaparates y maniquíes.




















































































