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Cartuja de Miraflores |
Miraflores es una cartuja de fundación tardía, si tenemos en cuenta que la llegada de esta orden a la Península había comenzado en 1149 con su establecimiento en Escaladel. En este lugar cercano a la ciudad de Buergos, había un palacete que había hecho levantar Enrique III (1390-1406). Su hijo, Juan II de Castilla (1406-1454), cumpliendo solo en parte el deseo de su padre de fundar un monasterio franciscano, lo dio a los cartujos, pero poniéndolo bajo la advocación de san Francisco, cosa nada habitual en esta orden.

En 1441, Juan II obtuvo el correspondiente consentimiento de los cartujos, tanto del prior de la Grande Chartreuse (Isére) como de los establecimientos de Escaladel y El Paular (Rascafría, Madrid). En 1452, aquel palacio reconvertido en cartuja se perdió completamente a cusa de un incendio, tuvo que reconstruirse de arriba a bajo, momento en que se aprovechó para cambiar la advocación inicial por la de la Virgen, pasando a denominarse Santa María de Miraflores. La construcción del conjunto monástico se prolongó en el tiempo debido a diversos obstáculos, y se acabó bajo el patrocinio de Isabel I de Castilla, que finalizó la construcción iniciada en 1453, en época de Juan II.
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Retablos del trascoro |
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Facistol, obra de Martín Sánchez (s.XV) |
La Orden Monástica de la Cartuja, fundada por san Bruno en el siglo XI, es una de las formas de monacato más singulares que pervive en la actualidad.
Los cartujos una comunidad de monjes pertenecientes a la Orden Monástica de la Cartuja. Su fundador san Bruno, nació en Colonia (Alemania) hacia el 1030, que buscando una vida de total consagración a Dios se retiró, junto con seis compañeros, a un lugar agreste y solitario de las montañas alpinas del Delfinado llamado Chartreuse ( a 30 kilómetros de Grenoble, Francia) fundando un eremitorio el año 1084. A pesar del transcurso del tiempo, el carisma de su fundador sigue tan vivo y actual como en 1084.
El arquitecto encargado de aquella obra fue Juan de Colonia, especialmente conocido por su actuación en la catedral de Burgos, quién planeó un monasterio de estructura cartujana, con su iglesia reservada para la comunidad, algunas dependencias comunes y las celdas distribuidas entorno a un gran claustro. La vida cartujana se vio interrumpida varias veces en el siglo XIX, en diferentes exclaustraciones, entre 1808-14, 1820-23 durante el Trienio Liberal y entre 1835 y 1880.
Este último período los cartujos se refugiaron en Francia mientras que el lugar pasaba a estar custodiado por el obispado de Burgos que mantuvo allí una pequeña comunidad que permitió garantizar su conservación hasta que en el año 1880 regresaron los cartujos para restaurar la vida monástica en el centro, que todavía se mantiene activa.
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Detalle del altar mayor |
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Detalles del altar mayor |
El conjunto monástico está formado por varias dependencias, pero la propia naturaleza de la orden cartuja hace que la visita sea bastante limitada. La reconstrucción fue comenzada por el arquitecto Juan de Colonia y continuada por Garci Fernández de Matienzo y Simón de Colonia. El mobiliario es muy rico, en medio del presbiterio se conserva el sepulcro de los fundadores: Juan II e Isabel de Portugal, de Gil de Siloé (1489-93), el retablo mayor (1496-99) es también obra de Siloé, y Diego de la Cruz.
Sacristía, es la capilla donde el sacerdote se reviste de los ornamentos sagrados y se recoge en oración antes de celebrar la misa comunitaria de los monjes. Estas amplias y solidas cajoneras de nogal macizo, alarde de ebanistería, fueron instaladas en el siglo XVII para guardar los ornamentos y paños litúrgicos.
Después del saqueo de las tropas de Napoleón en el siglo XIX, se reconstruyó el retablo como armario de reliquias.
La pintura central sobre tabla y de autor desconocido, representa a san Hugo, obispo de Grenoble bienhechor y protector de los primeros cartujos. Según el mismo contaba, tuvo un sueño en que vio siete estrellas sobre un remoto valle alpino conocido como "Cartuja" El día siguiente se presentaron ante él san Bruno y sus seis compañeros expresando el deseo de establecerse en un sitio solitario para dedicarse a la vida monástica.
La figura pintada en la tabla de la izquierda es de otro san Hugo (1135-1200), monje cartujo nombrado prior de una cartuja en Inglaterra y luego elegido obispo de Lincoln, cargo que el Papa le obligó a aceptar. Como es habitual se le representa alzando el cáliz a la vez que mira extasiado a una visión del niño Jesús.
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Al fondo el altar mayor |
El esplendor cartujo de lo bello a lo divino
El Monasterio de la Cartuja de santa María de Miraflores estuvo vinculado desde sus orígenes a la rama castellana de los Trastámara. Esta cartuja contó también con el beneplácito de los Austrías y Borbones. De esta forma, la iglesia sirvió de capilla fúnebre para los restos de Felipe el Hermoso hasta que su esposa, Juana I de Castilla, decidió trasladarlos a Granada. Otros monarcas también visitaron la Cartuja. Las crónicas de la época cuentan la profunda impresión de Felipe II ante la belleza de los sepulcros reales.
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Pedro Berruguete (c. 1450-1503) |
Hallazgo de la Vera Cruz (Escuela castellana, h, 1530. Óleo sobre tabla)
La leyenda Dorada del obispo Jacobo de Vorágine (s.XIII) recoge la vida de santa Elena, madre del emperador romano Constantino el Grande, y su viaje a Jerusalén en búsqueda de la Vera Cruz en 326. Dos siglos antes el emperador Adriano había profanado el monte Gólgota, edificando sobre él un templo pagano a la diosa Venus. santa Elena lo hizo derribar y al excavar descubrió tres cruces: la de Jesús, y la de los dos ladrones crucificados con él.
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Elevación de la cruz. Joaquín Sorolla |