sábado, 13 de mayo de 2017

Raíz salvaje. El cántaro fresco. Juana de Ibarbourou (1892 - 1979)


Henri Matisse. Los peces rojos, 1911.

¡Si estoy harta de esta vida civilizada!
¡Si tengo ansias sin nombre de ser libre y feliz!
¡Si aunque florezca en rosas, nadie podrá cambiarme la raíz salvaje!




"Su misterio es el peor de todos: el de lo luminoso y no el de lo sombrío, y burlaría al propio doctor Fausto. La simplicidad, el instinto radioso, el candor y la pureza de las potencias, son más dificultosos de entender que la oscuridad, el pecado y la degradación de las facultades." Con estas palabras, una gran poeta americana -Gabriela Mistral- aludió al inapresable misterio de sencillez y belleza transparente que emana de la obra de otra gran poeta americana: Juana de Ibarbourou. El cántaro fresco y Raíz salvaje, publicados en los años inmediatamente siguientes a Las lenguas de diamante, cimentaron la fama continental que la autora ganó con este primer volumen de poesía.
 Son, en su conjunto, la cifra del primer momento en la evolución creadora de su personalidad, que ya antes de recibir oficialmente el apelativo de "Juana de América" era considerada digna representante de la gran tradición hispanoamericana de la lírica, inaugurada por Juana Inés de la Cruz. Un gran escritor uruguayo, Carlos Reyles, dijo de este aspecto de la obra de Juana de Ibarbourou: "Es la expresión poética de una sensibilidad primitiva, exquisita al mismo tiempo, dionisiaca y mística a la vez, simple y arcana, regocijada y saturnina por igual, y por todo ello enigmática."
 


 Autora: Juana de Ibarbourou
Título: Raíz salvaje. El cántaro fresco.

Editorial Losada, S.A.
Edición 1963.
Nº de páginas: 114.




Raíz salvaje

Melancolía

Soy tal como una brizna en las manos del viento.
El viento está enojado y me tira el cabello.
Y la lluvia me dice: -Amiga, ¿quieres cuentas?
Y pródiga me cubre de gotas cristalinas.

Me paseo despacio con fruicción de golosa.
A través de los vidrios me contempla la gente
Y asombrada murmura: ¿Está loca? ¡pasearse
Sin paragüas, lo mismo que una rana, a la lluvia!

Y mis ojos cubistas ven la gente cuadrada
A fuerza de sensata, y con pena murmuro:
-¡Quién pudiera ser niño y sentarse en la calle
Sin angustias ni trabas, a jugar con el lodo!
                                                              J. de Ibarbourou
 


Una voz

Yo no sé qué alma sola
Va cantando ese tango por la calle.

Debe ser algún alma
Así como la mía,
Loca y reconcentrada,
Ardorosa y huraña.

He hundido la cabeza entre las manos.

El cantor invisible
Se alejó por la calle
Blanda de  pastos viejos.
Y dentro de las cuatro paredes de mi cuarto
Me he quedado soñando.
..............

Por un montón de noches
Ya tengo compañero.
                                                J. de Ibarbourou


   
  




Cuando en 1925 apareció en Inglaterra la primera versión occidental de La historia de Genji, los críticos quedaron admirados ante su magnitud literaria y el insospechado mundo que revelaba, de una sensibilidad y desarrollo narrativo sorprendentes. La novela no sólo era una de las más antiguas del mundo, comparable en calidad con los grandes clásicos occidentales, sino que además tenía la particularidad de haber sido escrita hace mil años por una mujer japonesa. Sin saberlo, Murasaki Shikibu había escrito la primera novela psicológica del mundo. La primera gran obra literaria de carácter universal capaz de hacer un retrato minucioso de toda una sociedad; en este caso, de una de las más refinadas de la Edad Media.
 Debido a su gran extensión y a la sociedad que retrata, se ha comparado La historia de Genji con la obra inmortal de Proust, entre otras cosas, porque su tema central es también la meditación sobre el tiempo. Aunque no se debe olvidar que todo el trasfondo de esta novela descansa sobre una visión esencialmente budista; y que para la dama Murasaki todo el brillante mundo amoroso, tan pleno de intrigas cortesanas, que describe con tanta precisión, no es otra cosa que una bella y triste sucesión de escenas cuyo fugaz esplendor tiene, en realidad, la misma consistencia de los sueños.
 
 
Librería Liang You. Calle Leganitos, 22. Madrid
 









 













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