jueves, 2 de marzo de 2017

Stratis Myrivilis (1892 - 1969) La vida en la tumba.



"Conocer a los demas es sabiduría y conocerse a sí mismo, iluminación."
                                                                                        Tao Te Ching


 
Autor: Stratis Myrivilis.
Título: La vida en la tumba. El libro de la guerra.

Introducción, traducción y notas: M. Ramírez-Montesinos.
Ilustraciones: Kostas Grammatopoulos.

Colección Romiosyne nº 5.
Editorial Point  de Lunettes.
Nº de páginas: 292


(...) Así como Homero al cantar la Iíada glorifica la paz y no la guerra, S. Myrivilis denuncia la barbarie de la guerra, entonando un canto de paz, a la vida y al amor, que es lo único capaz de dar un sentido a la existencia humana. La obra expresa la angustia del hombre, que en primera línea de combate, espera día tras día la muerte pese a su ardiente deseo de vivir. Todos los sentimientos humanos, el amor los recuerdos de su vida anterior, la nostalgia, la belleza de la naturaleza y la amistad cercan cercan al guerrero para intensificar el dolor ante la presencia de la muerte y señalar lo absurdo y demencial de la guerra. Es el diario que durante la Primera Guerra Mundial, un sargento voluntario griego dedica a su amada desde la trinchera, en condiciones infrahumanas, frente a la montaña de Pisteri, en Macedonia, donde acecha el ejército enemigo formado por búlgaros y alemanes. M. Ramírez-Montesinos.


 Había también un grueso paquete de papel de estraza, atado en cruz por un cordel, del que ya me había olvidado. Al cortar los nudos, se desparramaron en fúnebre susurro un montón de cuadernos y un tocho de papeles escritos con letra clara y muy prieta. Y me vino a la memoria la antigua anotación, ya medio borrada, que había escrito a lápiz azul en el grueso cartón: "manuscrito del sargento Andonis Costulas". Tras sacar las cuartillas, dejé caer la tapa de la larga y estrecha caja. Era, realmente, un auténtico féretro  este pequeño baúl, y, en efecto, pertenecían aun pobre muerto estos papeles amarillentos y viejos, marcados por el cordel en sus cuatro extremos. Un muerto que intentaba hablar...(Pág.13)


 Un sargento voluntario de la tercera sección de la séptima compañía. Entonces, ¡qué viva y nítidamente se me vino a la memoria aquel estudiante alto, moreno, de rostro alargado y pelo crespo! Era un auténtico hombre, sensato y tímido como una muchacha. Fue presa de las llamas por error, cuando se depuraban las trincheras búlgaras, conquistadas por un cabo francés al servicio de la brigada de "fuego líquido", asignado a nuestro regimiento aquel día excepcional, ya que nosotros los griegos, técnicamente retrasados, no habíamos adquirido aún tales especialidades. El francés había recibido una puñalada en el vientre, asestada por un búlgaro oculto y, hasta su muerte, convulsionándose como un pez, seguía rociando, allá donde terciara, fuego liquido con la bobina de su dispositivo. En aquel momento, casualmente sató en la misma trinchera Andonis Costulas y fue devorado por las llamas...(Pág. 14)


 La hora temprana de la mañana rosada en que bajabas con tu paso corto al colegio y te esperaban las pequeñas alumnas con los ramilletes recién cortados de violetas. la blanca y luminosa hora del mediodía, cuando terminabas el trabajo con la sombrilla-guinda habierta como una flor-duende que difundía una luz roja alrededor de tu rostro. Te esperaba y cómo sonreían tus ojos castaños. La hora del atardecer, dorada y azul, cuando el sol caía y yo me impacientaba para ir a la roca marina de Fikiotrypa, par allegar a tiempo a la puesta de sol...  



Tú alma habla con tu silencio.

Mi monólogo llena tu ausencia.




Estoy en contra de las camarillas. Promocionan a los suyos, a los demás los entierran. Los que no están de su parte, son decapitados. Dominan los pelotas y los payasos. No tengo ninguna duda de que el futuro  pertenece a los mierdas.
 



Estoy en contra de los pedantes: todo lo cuestionan, excepto a sí mismos. Destrozan el mundo con sus críticas, tachan a todos de tarados y corruptos, y nada más obtienen su título, los veo enseguida contratados en los ministerios, y su idealismo se les desinfla en la comodidad del sistema establecido.

Estoy en contra de cualquier ideología, sean cuales sean los matices  con los que intenten vendérnosla. Cuanto más atractivas e innovadoras son las ideas, tantos más hombrecillos miserables pueden ocultarse tras ellas. Cuanto más bellas sus palabras, tanto más sospechosas son sus obras. Cuanto más elevados sus objetivos, tanto más insípidos sus versos. 

Dinos Cristianópulos (pseudónimo de Konstantinos Dimitriadis) nació en 1931 en Salónica. 



  





 

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