lunes, 7 de noviembre de 2016

Cisneros de presidiario a rey. Cruz Martínez Esteruelas




Gonxalo Ximénez de Cisneros (1436 - 1517)

De Torrelaguna a Sigüenza:
el prisionero de Santorcaz 

 (...) Por lo tanto, inequívocamente, la infancia de Cisneros transcurrió entre guerras civiles castellanas y, a nuestro juicio, aquella amarga experiencia que costó la vida a alguno de sus familiares, fue la que tuvo presente cuando décadas después tuvo que mantener la unidad del reino como regente. Es decir, que su obsesión por la unidad vendría fomentada por recuerdos muy antiguos y dolorosos de los frutos de la discordia...(Pág. 19-20)


 Cuando llegó el momento en que el talento de Gonzalo pedía mayores estudios, se le envió a Alcalá, donde los franciscanos tenían un colegio que hoy llamaríamos de grado medio, puerta muy conveniente para ingresar, después, en la universidad. Éste fue consecuentemente, el primer contacto de Gonzalo Ximénez de Cisneros con la villa de Alcalá de Henares, que sería, con el tiempo, sede de la Universidad fundada por el cardenal.
 Después viene Salamanca, donde Gonzalo cursó estudios jurídicos buscando la graduación en ambos Derechos: el Canónico y el Civil...(Pág. 23)


Parroquia de la Santa Cruz. Calle Atocha. Madrid
 
  (...) Una vez en Roma, Cisneros, consciente de que esta ciudad y París concentraban por privilegio lo mejor de las catedras teológicas, aprovechó para el estudio de esta ciencia al mismo tiempo que iniciaba una suerte de pasantía en lo que era su verdadera especialidad: el Derecho Canónico...(Pág. 25)

  Pero Santorcaz no fue solamente prisión de Cisneros. También, con Carlos V, lo fue del rey francés vencido Francisco I. Y, en tiempos de Felipe II, de la princesa de Éboli, caída en desgracia y traída a buen seguro de sus dominios de Pastrana...

 Difieren los autores acerca del tiempo que Cisneros pasó en prisiones. Biógrafos contemporáneos suyos dicen que fueron diez años entre las dos cárceles, la de Uceda y la de Santorcaz. De ser así, una de las etapas más importantes de la vida de todo hombre, la comprendida entre los treinta y los cuarenta años, fue para Cisneros tiempo de tormento y decepción...(Pág. 31)


  

El problema de las órdenes religiosas en la Edad Media. El auge de las mismas comienza con los movimientos monacales y singularmente el de  san Benito de Nursia. De él proceden los benedictinos propiamente dichos, incluida la reforma de Cluny, y los cistercienses que, después de su fundación, habían de encontrar un genial propagador en la figura de san Bernardo de Claraval. En el siglo XIII, nuevos movimientos espirituales van a ocupar la primera fila en la historia de la Iglesia: son las órdenes mendicantes. Se entienden por tales las que tienen como regla de su institución vivir de la limosna ajena y, por extensión, aquellas otras a las que se extienden los privilegios de las primeras por decisión pontifícia.
 Como ejemplos importantes de este sector, nacen los dominicos (fundadas por santo Domingo de Guzmán como orden de predicadores), los mercedarios (creados por san Pedro Nolasco para la redención de cautivos, obra en la que les había precedido brillante y eficazmente el abad benedictino santo Domingo de Silos) y, antes que ninguna otra, la ordo fratrum minorum, obra de san Francisco de Asís. Tanto dominicos como franciscanos se distinguieron por una clara vocación intelectual, pero el rigor, de raíz ascética, se hace notar sobremanera en la orden franciscana...(pág. 34-35)







 Su nombramiento como confesor de la reina Isabel, vacante dicha misión espiritual que había detentado fray Hernando de Talavera -el antiguo confesor de Salamanca-, la reina pidió consejo a Mendoza que no vaciló y propuso a fray Francisco Ximénez de Cisneros (pues el ingreso en la orden le dio pie para cambiar su nombre de origen por el del fundador) como nuevo confesor de la reina. (Pág. 45)

 El tiempo eclesial de Cisneros es el de una Iglesia universal comprendida entre dos grandes crisis: la primera, el Cisma de Occidente, y la segunda, la Reforma protestante. La primera de ellas se desarrolló en torno a dos ciudades: Aviñón y Roma. 
 Aviñón había sido ya importante en la historia de la Iglesia, cuando el Papa Clemente V, de nacionalidad francesa, se estableció en ella a principios del siglo XIV, como consecuencia de la desastrosa situación civil existente en Roma. Es la época de la llamada nueva cautividad de Babilonia, de la que la corona francesa saca el máximo partido, sobre todo al conseguir la condena de la Orden del Temple. Fueron casi setenta años, con siete Papas, y dicha situación terminó, gracias al cardenal español Gil de Albornoz, fundador del Colegio de Bolonia, que consiguió el retorno del Papa a Roma. Mas la segunda vez que surge el nombre de Aviñón en la historia de la Iglesia es con motivo del Cisma de Occidente. Elegido Papa Urbano VI, los cardenales anularon la elección y nombraron a otro, un francés con el nombre de Clemente VII. De esta manera se produjo la división de la Iglesia...(Pág. 50)
  



Autor: Cruz Martínez Esteruelas
Título: Cisneros, de presidiario a rey

Colección Memoria de la Historia
Editorial Planeta

Edición 1992
Nº de Páginas: 186
 


Cisneros es un personaje apasionante de la historia española, tanto por la complejidad de su biografía -franciscano, cardenal y regente- como por la grandeza de su ánimo, demostrada en todas sus empresas: la Universidad de Alcalá, la Biblia políglota complutense, Orán y, sobre todo, el sostenimiento de la paz en la Corona de Castilla, acosada por un sinfín de circunstancias adversas.
 






¡Pobre necio! ¿serás tan ingenuo como para creer que te mostramos abiertamente el más grande y el más importante de los secretos? Te aseguro que quien pretenda explicar, conforme al sentido ordinario y literal de las palabras, lo que esciben los Filósofos Herméticos, quedará atrapado enseguida en los meandros de un laberinto del que no podrá escapar, y no habrá hilo de Ariadna que lo guíe hasta la salida. (Artefio)









Llamo teatro [al lugar en que] todos los actos de palabra y de pensamiento, y los detalles de un discurso y de [unas] argumentaciones se exponen como en un teatro público, donde se representan tragedias y comedias. (Robert Fludd, Utriusque Cosmi Historia )

  

  

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