domingo, 4 de septiembre de 2016

Casa Museo Lope de Vega (1562 - 1635)







 "Mi casita, mi quietud, mi güertecillo y estudio". Así define su casa Félix Lope de Vega en una carta dirigida a un amigo. Visitarla es una ruta literaria y emocional, a viajar al Madrid de otra época a través del Arte, la Literatura y la Historia del Siglo de Oro.

 La casa Museo de Lope de Vega se ubica en el edificio donde el escritor vivió los últimos 25 años de su vida. A finales del siglo XIX el cronista de Madrid Mesonero Romanos documentó la historia de la vivienda. En 1929 se inicia la historia del Museo, en el inmueble que durante tres siglos había mantenido su uso como vivienda. La Real Academia Española se encargó de la restauración de la casa. En 1935, coincidiendo con el tercer centenario del escritor, se declaró Monumento Histórico Artístico como Casa Museo.

 La calle -hoy Cervantes- llamábase entonces Francos - por la colonia de franceses que la habitó en principio-  y en la primera manzana de esta calle compra Lope su casa con dinero de su segunda mujer legítima, doña Juana de Guardo, hija de un comerciante en carne y pescado -con mostrador en la calle de la Concepción Gerónima- y que le había costado 22.382 reales de plata doble.
 En un nomenclator de aquel tiempo se dice al anotar la vivienda de Lope: "una casa de Lope de Vega Carpio que fué del capitán Villega, tasada en 36 ducados."
 
 

 Las aclaraciones dirán después que en 1610 se la compró a Juan Ambrosio de Leiva, mercader de lanas en nueve mil reales y que lindaba con las casas de Juan Sánchez, alguacil de corte, las de Juan Prado y por detrás con San Antonio, convento de jesuitas, construido por el Duque de Lerma, y  adonde fueron trasladados los restos de San Francisco de Borja.
 La casa de dos pisos, bajo y alto, cuenta con tres buhardillas y al fondo tiene un jardinillo "más breve que cometa". Manda esculpir sobre la piedra de entrada una inscripción que revela la felicidad de su modestia:

Parva propia, Magna.
Magna aliena, parva.

que quiere decir, según la traducción de Calderón de la Barca:

Propio albergue es mucho aún siendo poco,
y mucho albergue es poco, siendo ajeno. 

 

Según él de lo que hay que ocuparse es de la casa -"casilla" que es el nombre ideal que él la dió siempre- y del amor en la casilla y de la contemplación o la inspiración desde los adentros de la habitación confidencial.
 A Lope le salía en verso y en dialogación ese estar saturado de la felicidad sencilla de la mesa y el sillón en las horas largas de después de amar y de tomar algo para sostenerse. 
 Resumamos en un día su vivir y su morir para obtener la gran instantánea de su aparición. Lope comienza su vigilia con el primer rayo de luz en que se posan las calandrias.
 Está en su breve jardín, solaz de su regadera, como jardín de ermita en que el ermitaño tiene sobrado tiempo para cuidarlo. Su encanto es estar en solitario huerto y a espaldas del mundo, mirando la prima mañana es el espejo de sus cuatro plantas. Su favorito es el arbolillo de las mil rosas -la mosqueta-, miniaturas de rosas, abiertas como botones precoces, rosas inquietas que nacen y mueren infantiles y minúsculas. Al florecer la mosqueta con sus miles de pequeñas rosas blancas, le florecían sus versos, cada rosa mosqueteril un hemistiquio. Ya no tenía más que copiar lo blanco en lo blanco, agrupar ramilletes de sonetos y mayores ramos de poemas. 


Entre jardín y despacho pasaba la mañana y se sentía emperador cuando llegaba el mediodía. En este mediodía de Lope está toda su consagración al amor, a la inspiración, al sosiego lejano a toda intriga. Lope se siente feliz y como poeta decribe su felicidad en verso:

Venturoso rincón, amigos mudos,
libros queridos, pobre y corto lecho,
viejas paredes donde el tosco techo
muestra apenas sus árboles desnudos.
Pintura humilde de pinceles rudos,
roto escritorio de haya frágil hecho,
donde a la traza de mi abierto pecho
de apariencia no más guardáis escudos.
Vidrios exemplo de ambición subida
que de los vientos vive con recato;
dichoso yo que sin tener asida
el alma al oro, a la esperanza el plato,
paso en vosotros descansada vida
lejos de idolatrar en dueño ingrato.

El Fenix tiene cuarenta y ocho años cuando entra en su casa propia, lleva siete años de casado con Doña Juana, tiene dos hijos Carlos y Feliciana y está dispuesto a olvidar sus aventuras y a hacer vida de familia. Lope iba decorando su casa con cosillas que iba mercando en las prenderías, cuadros un poco betuminosos; búcaros y siempre libros como para llegar a tener más de 1.500 en estanterías al aire porque él dijo:
no hacen bien
habiendo puertas y llaves
el prender autores graves 

Solo le molesta la vecindad que le vigila:

Si no hubiera vecindad 
Mejor los hombres vivieran,
Sin saber unos de otros
Las ocasiones secretas;
Que hay vecinos atalayas
Que eternamente pasean
La costa de sus vecinos
por ver quien sale o quien entra.

Esos temidos vecinos a veces atentaban contra él al verle con casa propia. Así adeptos a Góngora escribieron con almagre bajo la ventana de Lope. "Viva Don Luis de Góngora". El mismo Lope con el seudónimo de "El Maestro Colindres" contestó:

"Lope por haceros treta,
dicen que en vuestra ventana
amaneció una mañana
rotulando un gran poeta.
Bien se que no os inquieta
ver que en almagre componen
y digo, aunque me perdonen
vuestras musas y sus quejas
que hacen horca vuestras rejas,
pues pesas falsas os ponen"   

 

Ya en la dedicatoria  que escribe para su hijo Lope, cuando sólo tien el niño 13 años, le dice después de aconsejarle que no haga versos ni se los aprenda de memoria.
 "No busqueis, Lope, ejemplo más que el mío, pues aunque vivais muchos años, no llegareis a hacer a los señores de vuestra patria servicios como yo, para pedir premio; y tengo, como sabeis, pobre casa, igual cama y mesa, y un huertecillo cuyas flores me divierten cuidados y me dan conceptos. Yo he escrito novecientas comedias, doce libros de diversos sujetos, prosa y verso, y tantos papeles sueltos de varios sujetos que no llegará jamás lo impreso a lo que está por imprimir, y he adquirido enemigos, censores, acechanzas, envidias, notas, reprensiones y cuidados, perdido el tiempo preciosísimo y llegada la "non intellecta senectus", que dijo Ausonio, sin dejaros más que estos inútiles consejos. Esta comedia, llamada "El verdadero amante" quise dedicaros, por haberla escrito a los años que vos teneis".

 

A su alrededor vivía el barrio bohemio y querido, el barrio de las Musas o de las Letras. Estaba rodeado de ilustres vecinos en un radio de cien metros a la redonda: Miguel de Cervantes, en la calle del León -llamada así porque se exhibía en ella un león a maravedis la entrada-, Don Francisco de Quevedo en la calle del Niño y -durante una temporada y en esa misma casa Góngora-, Don Leandro Fernández de Moratín más en la trasera del barrio y Quiñones de Benavente, Agustín de Rojas...
 


 Lope de Vega estudió en la Compañía de Jesús y en la Universidad de Alcalá de Henares. En 1587, y debido a un desengaño amoroso, escribió unos poemas insultantes hacia Elena Osorio, que le valieron ocho años de destierro: Valencia, Toledo y Alba de Tormes. En 1610 se trasladó definitivamente a Madrid y compró esta casa en la que habitó hasta su muerte.
 


 A veces daba cobijo a algún ser extraordinario, así al capitán Alonso de Contreras que dice en sus memorias: "Lope de Vega, sin haberle hablado en mi vida, me llevó a su casa, diciendo: "Señor Capitán, con hombres con V.M. se ha de partir la capa" y me tuvo en su camarada más de ocho meses, dándome de comer y aún vestido me dió. ¡Dios se lo pague!  y no se contentó con esto sino que me dedicó su comedia, en la veinte parte, de "El Rey sin reino"Ramón Gómez de la Serna. Lope viviente

 


Sentado en el ancho bufete escribe mirando al balcón que da al mediodía o mirando al techo cruzado de vigas oscuras.. Sobre su mesa el belón de Lucena de seis mechas, tintero de Talavera, plumas de ave, navaja para afinarlas y salvadera para que no se corra la tinta y enterrar borrones.






 Cultivó casi todos los géneros literarios vigentes en su tiempo. Lírica, prosa, pero sin duda, lo más abundante de su producción son las piezas teatrales. El declaró haber escrito 1.500 y se conservan cerca de 500, aunque sólo 314  están plenamente confirmadas como obras suyas.
 







La enorme versatilidad temática, formal y estilística de los clásicos teatrales del Sigo de Oro español ha permitido que sean sometidos a una continua revisión de acuerdo a los intereses de las diferentes estéticas que se han ido sucediendo en el tiempo.

La exposición "Clásicos teatrales en tiempos de guerra y revolución" pretende hacer un repaso -a partir de un hilo narrativo de soporte textual, fotográfico y audiovisual- por algunas de estas reelaboraciones escénicas.
 































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