miércoles, 24 de agosto de 2016

Terror en el laboratorio



Los tres pecados

Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos. Fernando Pessoa
 


La novia de Frankenstein, 1935

De Frankenstein al doctor Moreau

Han pasado doscientos años desde el lúgubre verano que Lord Byron, John Polidori, Percy y Mary Shelley compartieron en Villa Diodati, decidieron compartir historias terroríficas al calor del fuego. Ninguna ha dejado la huella de Frankenstein o el moderno Prometeo, un mito a orillas del lago Lemán.


 
¿Te pedí, por ventura, creador,
que transformaras en hombre
este barro del que vengo?

¿Te imploré alguna vez que
me sacaras de la oscuridad?

John Milton. El Paraiso Perdido 


La traslación al cine de los monstruos míticos del siglo XIX tuvo un impacto sin precedentes en el imaginario colectivo. Probablemente, debemos buscar su cénit en la criatura icónica de Frankenstein de las películas de la Universal. Una de las manifestaciones más creativas de este amor por los monstruos ha sido el coleccionismo de figuras, que conoció una explosión en los años sesenta con la aparición de las fabricadas por la marca Aurora.



No es extraño que la obra de E.T.A. Hoffmann terminara convirtiéndose en una ópera, pues estaba muy influida por el mundo musical que tan bien conocía. LosCuentos de Hoffmann (1881) fue la obra póstuma de Jacques Offenbach, y enlazaba varios relatos del autor alemán protagonizados por él mismo. Así, en el primer acto Olympia es el propio Hoffmann quien se enamora de la autómata.










 













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