viernes, 1 de julio de 2016

De Caravaggio a Bernini














Obras Maestras del Seicento italiano
en las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional

Esta exposición presenta un extraordinario conjunto de pinturas y esculturas hechas en Italia a lo largo del siglo XVII -denominado Seicento en su país de origen- seleccionadas por su sobresaliente valor artístico e histórico que han recuperado todo su esplendor gracias a una amplia campaña de restauración. Prácticamente la mitad de ellas se muestran al público por vez primera, incluyendo inéditos y nuevas atribuciones de artistas tan importantes como Guido Reni, Francesco Albani o Charles Le Brun. 
Su reunión en las salas del Palacio Real de Madrid es una ocasión única para descubrir la riqueza de las Colecciones Realesde Patrimonio Nacional, que atesora entre sus fondos obras maestras de los principales artistas que trabajaron en Italia en este período: Caravaggio, Gian Lorenzo Bernini, Diego Velázquez, José de Ribera o Guercino.


Guido Reni. Conversión de Saulo,h. 1621

El título define el contenido y el mensaje de la exposición, tomando como polos centralizadores a dos de las máximas figuras del arte del siglo XVII en Italia, Caravaggio y Bernini. El primero, de breve y tubulenta vida, renovó la pintura y se convirtió en modelo a seguir por una pléyade de pintores italianos y foráneos y, el segundo, por el contrario, tuvo una larga y apacible existencia, con reconocimiento por parte del papado y de las monarquías europeas, salvo Inocencio X, que lo relegó frente a Borromini y Algardi. Fue además Bernini un artista, al modo de los genios del Renacimiento, polifacético y practicó las tres llamadas artes mayores, , aunque descolló en arquitectura y escultura, marcando su impronta en otros muchos artistas.


Giovanni Francesco Romanelli. Descendimiento, 1661-62.

La figura de Caravaggio es sin duda una de las más atractivas de toda la historia del arte, tanto por su aspecto artístico como por su trayectoria vital. Su final, el 18 de julio de 1610, fue tan trágico como toda su existencia, al morir en Porto Ercole cuando intentaba regresar a Roma esperanzado en un prometido indulto tras su peregrinar apartándose de la justicia que le pedía cuentas por un asesinato y otros actos. En aquel puerto, y a causa de un arresto erróneo, perdió el navío que lo acercaría a la Ciudad Eterna, lo que le provocó tal desánimo que le hizo vagar por la playa hasta enfermar y fallecer.
Por esa constante huida y su carácter pendenciero, no llegó a formar un taller, lo que contrasta con la gran cantidad de seguidores que tuvo.
 

Caravaggio. Salomé con la cabeza del Bautista

Este lienzo de Caravaggio, conservado en el Palacio Real de Madrid y pintado hacia 1606 - 1607, es una excelente muestra de la actividad del artista en Nápoles tras su huida de Roma. Fue en aquella ciudad donde lo adquirió el virrey, segundo conde de Castrillo, quien lo habría traído a España y se lo habría regalado a felipe IV.
En la obra se aprecia un fuerte claroscuro que se corresponde con el tenebrismo más exaltado que caracterizó el arte del pintor tras la etapa romana y que aquí se presta al asunto trágico de la decapitación de san Juan Bautista. La composición está reducida a tan solo cuatro figuras, que junto con el tenebrismo, acentúan el dramatismo de la escena: la cabeza del Bautista en una bandeja, Salomé que la porta, el verdugo y otra figura femenina de más edad que ha de interpretarse como el aya de Salomé. También resulta interesante la colocación de las figuras en el espacio y su fuerte iluminación lateral, lo que constribuye a modelarlas y a dar profundidad a la composición. J.C.M.
 


Velázquez. La túnica de José.

Este cuadro de Diego Velázquez, pintado en 1630, es una excelente muestra del estilo desarrollado por el sevillano durante su primer viaje a Italia (1629 -1630), en el que superó el tenebrismo al aclarar la paleta y comenzó a emplear la perspectiva aérea, al tiempo que dotaba a las figuras de una fuerte expresividad y mayor ligereza que en la etapa precedente.
La escena deja de manifiesto la expresiva gesticulación de la pintura barroca al escoger un momento de fuerte tensión, como es aquel en el que Jacob recibe la túnica de su hijo josé ensangrentada, haciéndole creer el resto de sus hijos que había sido deborado por unafiera. con ello vemos la reacción de sorpresa y dolor de Jacob, la ficción de los hijos que le muestran la túnica fingiendo dolor, mientras que aquellos a losque no ve el padre, sonríen burlonamente.
Compositivamente Velázquez, Velázquez logra dar profundidad a través del enlosado y, sobre todo, con el inicio del uso de la perspectiva aérea facilitada por la forma en que emplea la luz y por definir con mayor minuciosidad las figuras del primer término frente a las más retrasadas que están en penumbra y algo desenfocadas. En la obra también es reseñable el realismo con que plasma los desnudos de algunas figuras. J.C.M.

 









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