martes, 7 de junio de 2016

V centenario del Bosco. Museo del Prado








Niño Jesús jugando con un molinete y un andador

Holanda, El Escorial y Madrid nos recuerdan que, para un gran talento, 500 años no son nada.

 Las muestas española y holandesa son diferentes y complementarias. Dada la imposibilidad de establecer una cronología ni siquiera aproximada de la producción bosquiana, ambas han tenido el acierto de presentar las obras agrupadas por temas.
 Si la estrella de la exposición holandesa es El carro de heno, aunque se incluye la más reciente atribución, el San Antonio del Nelson-Atkins Museum de Kansas, al parecer fragmento de una composición más extensa y liberado por fin de repintes y retoques, en el Prado el centro de atención es El Jardín de las Delicias, cuya interpretación sigue ocupando a los investigadores.


Tríptico El carro de heno. El Bosco

Tabla central de El carro de heno, el Bosco, h. 1515.

 Las lecciones bosquianas no son siempre fáciles de comprender. Hay acuerdo general en el mensaje moralizante de El carro de heno, basado en la imagen bíblica de la hierba o el heno como símbolo de la fugacidad de los bienes materiales, como se expresa en el libro de Isaías y refuerza el proverbio neerlandés según el cual el mundo es como un carro de heno y cada cual agarra lo que puede.

 Antes de volver a los deleites sulfúreos de sus infiernos y de su variada fauna de quimeras, sabandijas y demoñuelos, conviene situarlo en el contexto adecuado, no exento de contradicciones que afloran en la producción más radicalmente personal y anticonvencional del Bosco, pues no hay que olvidar que también ejecutó obras religiosas -seguramente muchas más que las que han llegado hasta nosotros- sin duda de encargo y ciñéndose a las normas imperantes. No obstante, aun en este terreno no dejó de buscar ocasiones para dejar su peculiar sello enigmático, como el misterioso personaje que atisba desde el segundo plano a los protagonistas de La Adoración de los Reyes del Museo del Prado, interpretado como el Anticristo, Herodes o el "cuarto rey".


Las tentaciones de san Antonio Abad, el Bosco,h. 1490
  
La Adoración de los Magos, el Bosco,h.1470.


Las tentaciones de san Antonio, taller del Bosco,h. 1500-10

 
 El Bosco es un hombre de su tiempo, y su tiempo es la Baja Edad Media en la Europa septentrional, una época de transición donde conviven rasgos góticos y vislumbres de la Edad Moderna. Los expertos han visto su sistema de valores como una mezcla de pensamiento bajomedieval, humanismo temprano e influencia de la Devotio moderna, que aspira a una religiosidad más basada en la meditación y en la vida interior.

 El Bosco manifiesta en sus creaciones fantásticas una estrecha relación y dependencia de su actitud: la de un moralista cristiano que se propone fustigar el vicio y la locura, entendida como necesidad; disuadir del pecado y advertir de sus consecuencias y las penas eternas en el infierno; divertir y enseñar. Si en la Alta Edad Media la sabiduría era resultado de la virtud, en esta época la relación es la inversa: uno es virtuoso en la medida en es sabio; el fundamento de la sabiduría es ya, no tanto moral como intelectual.
 

Mesa de los siete pecados capitales, el Bosco, 1990-1510
  



 El Jardín de las Delicias ha dividido las opiniones en cuanto si la tabla central muestra una visión positiva o negativa de la vida.Puesto que este tríptico deja ver en las alas sendas representaciones de la Creación y el Infierno, como sucede con los trípticos del Juicio Final, y enestos se impone la lectura de izquierda a derecha, es decir, desde los comienzos de la humanidad en el paraíso terrenal hasta la caída de los réprobos al infierno -como innovación respecto del uso general en los juicios de colocar a los elegidos a la izquierda y a los condenados a la derecha (siempre del espectador: los lados "oficiales" son los contrarios)-, hay que inferir que la lectura de todos estos trípticos debe ser diacrónica: representa el destino de la humanidad, que marcha fatalmente al infierno a causa de los pecados cuya comisión se describe en la tabla central. Por lo tanto, se puede postular una interpretación del Jardín según la cual las fresas, cerezas, moras y otras bayas que todas tratan de atrapar son el equivalente del heno e imagen simbólica de la concupiscencia.


El Jardín de las Delicias. (detalle)
El jardín de las Delias. (detalle)

El pesimismo es evidente en sus Juicios Finales, donde son ocos los salvados y muchos los condenados, quienes a la derecha del Jardín, devienen alimento y excremento del Gran Cabrón, entronizado y con cabeza de pájaro. Por si esto fuera poco, en los Juicios de Viena y Brujas la tabla de la vida terrenal se diferencia poco de la del infierno.María Cóndor


El Jardín de las Delicias. (Detalle)

El Jardín de las Delicias. (Detalle)



La Adoración de los Magos. El Bosco

Restauración de la Adoración de los Reyes Magos

 Los trabajos de conservación y restauración del tríptico La Adoración de los Reyes Magos del Bosco se iniciaron en septiembre de 2014, a partir del estudio de los materiales pictóricos, de la técnica de ejecución y del estado de conservación del mismo.
 Debido a que la restauración actúa directamente sobre la materia original e irrepetible de la pintura, hay una relación inseparable entre restauración y obra de arte, siendo esta última la que determina el tratamiento.
 La pintura del Bosco se reveló durante los procesos de restauración como una pintura delicada y compleja. La tecnica no es la tradicional al temple de huevo, sino una mixta que utiliza como aglutinante de los pigmentos no solo el huevo, sino también el aceite -especialmente el de linaza-, técnica precursorade la pintura al óleo.
 La pintura se encuentra exquisitamente constituida por veladuras y numerosos matices que el autor consigue mediante la superposición de capas de color translúcido, de extremada belleza y finura, por lo que el acabado final sorprende por su sutil delicadeza. La utilización del pincel, con toques precisos y finos, es magistral.

La Adoración de los Magos. (Detalle)


La Adoración de los Magos. (Detalle)


  El soporte está cuidadosamente realizado en madera de roble, tanto los paneles como el marco de ranura. Sobre esta estructura se encuentra la preparación blanca, formada de creta y cola orgánica, y, sobre ella, el dibujo y la capa pictórica.
 Durante esta intervención también se eliminaron los repintes antiguos, ya alterados, que cubrían la pintura original más allá de las faltas de color.El proceso de restauración concluyó con la reintegración de dichas faltas, apenas significativas en la composición central del tríptico, pero algo más abundantes en las puertas, principalmente en la zona superior.
 El criterio de restauración, dirigido a conservar y restablecer el valor estético original, tambien ha tenido en cuenta el natural envejecimiento de los materiales que  la constituyen.
 En el proceso se ha contado con la colaboración del departamento técnico y del laboratorio, así como con la contribución de Pilar Silva, comisaria de la exposición del V Centenario del Bosco.Herlinda Cabrero / Restauradora de Pintura del Museo del Prado


  
    
La Adoración de los Magos (cerrado, reversos laterales, misa de san Gregorio) por el Bosco, h. 1495, óleo (grisalla) sobre tabla de roble, 147,2 X 170 cm. Madrid Museo del Prado









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