sábado, 7 de mayo de 2016

Santuarios de silencio. Agustín López Bedoya



"El eremita se retira deliberadamente de la sociedad
adentrándose en la soledad del yermo"
                                                 Luis A. Monreal Jimeno



"Aquel día arrojará el hombre sus ídolos...
y se meterá en las cuevas de las rocas
y en las endiduras de las peñas..."
                                           Isaías 2, 20-21
 


"Señor, mi peña, mi alcazar, mi libertador,
Dios mío, roca mía, refugio mío..."
                          Antiguo Testamento, Salmo XVIII, 1-3




Ermita rupestre de San Vicente. Cervera de Pisuerga. Palencia.

Oasis en el desierto
La figura de los eremitas, aquellos primeros cristianos que, a partir del siglo IV de nuestra era, optaron por retirarse a vivir en soledad y oración al desierto (la palabra eremita, del griego eremos, significa "habitante de un desierto"), ha sido con frecuencia motivo de inspiración dentro de la literatura (Flaubert) y de las artes plásticas (el Bosco, Veronés, Tintoretto, Cézanne, Dalí o Diego Rivera). Este mismo viaje artístico a la geografía espiritual e introspectiva de los eremitas es el que, cargado de otros acentos plásticos, nos propone también Agustín López Bedoya con su proyecto Santuarios de silencio. En estas obras, el protagonismo no recae sobre el propio ermitaño, sino precisamente sobre su espacio vital y geográfico -en directa conexión con la huella de la geografía humana de aquellos que la habitaron-, toda una serie de eremitarios situados a lo largo del Alto Valle del Ebro y erigidos seguramente entre los siglos IX y X.
 





A diferencia de otros enfoques más documentales, sus fotografías reflejan una temperatura emocional y un diálogo de presencia-ausencia con el espacio, con el tiempo y con la historia. El tiempo -ese gran escultor como sabiamente lo definió Marguerite Yourcenar- marca con su tic-tac de siglos buena parte del ritmo de estas obras. Tiempo doblemente detenido: por el arte de magia de la magia del arte, y por esas mismas construcciones y eremitarios que han quedado como suspendidos en el curso, finito pero casi incontable, de los minutos, las horas y los días...Del mismo modo, estos santuarios nos llevan igualmente a escuchar y a sentir el silencio. Un silencio preñado de energías, de dudas, de soledades, de éxtasis, de gozos, de sombras, de reflexiones, de miedos, de revelaciones, de historias únicas e irrepetibles.
 

 

Ermita rupestre de San Aciscio y Santa Victoria. Arroyuelos. Cantabria.






"Dichoso el que se sienta y reposa a solas,
apartándose del tráfago y bullicio del mundo,
porque éste tal se levantará sobre sí mismo"
                                                             Jeremias          



"Nunca se alcanza la verdad total,
ni nunca se está totalmente alejado de ella"
                                               Aristóteles



"En la soledad vivía,
y en la soledad ha puesto ya su nido,
y en la soledad la guía,
a solas su querido,
también en soledad de amor herido"
                                San Juan de la Cruz. Canción 34.



Métete en las peñas, escóndete en el polvo,
ante el Señor terrible, ante su majestad sublime..."
(La cueva como refugio del hombre ante el juicio de Dios)
                                                                     Profeta Isaias (2, 19)                






  

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