sábado, 14 de mayo de 2016

Alfanhuí. Rafael Sánchez Ferlosio



"Sembré avena loca ribera de Henares".
 Sembradas están para ti las locuras que andaban en mi cabeza y que en Castilla tenían tan buen asiento.
Escrita para ti esta historia castellana y llena de mentiras verdaderas.
 


 "La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo
es limpio, todo tu cuerpo será luminoso."
                                                                 (Mateo,6,22)



Prologo
(...) En aquel momento, no hay duda, había reparado en una serie de temas que le singularizaban respeto al corpus de su generación: las escaleras de las pensiones, los almacenes de los taxidermistas, los hocicos de los bueyes y las libras de chocolate. Y aun cuando a comienzos de la década del cincuenta empezaba a despertar el afán de denuncia, el nuevo hombre de letras comprendió que no podría alistarse en una ventura de raíz ideológica sin antes saldar el compromiso con aquel joven poco locuaz pero exigente que, estando a punto de desaparecer, reclamaba de él una suerte menos cruel que la habitual en los casos de vocación.
 
(...) Por fortuna para Alfanhuí, todavía estaban abiertas las consultas de Ramón, de Federico y de Antoine, los profesionales del muñeco de madera, del gallo parlante, la culebra de plata y los árboles multicolores. Reunidos los tres en tribunal -tras una mesa repleta de fábulas orientales y apólogos chinos-, dictaron la famosa sentencia, tan repetida entonces en los cenáculos y tertulias y que ahora ni siquiera se recuerda. Algo reconfortado, pero igualmente inquieto, Ferlosio publicó el libro -tan pródigo en diminutivos-, creo que a sus expensas, y lo repartió entre sus amigos, que le dieron una opinión favorable...Y ahí quedó la cosa, a satisfacción de todos, excepto de Ferlosio, el cual una vez cumplido el prematuro sacríficio, cambió de rumbo y se dijo: "No más serpientes de plata, no más castaños de colores ni sillas con mal de hastío, no más servir a señor imaginario." ¿Pues qué? Entonces a El Jarama.

(...) Como su título indica, mucho más que su composición, Alfanhuí consta de dos libros, claramente diferentes: las Industrias y las Andanzas. La Industrias ocupan toda la primera parte (hata la muerte del maestro en tierras de Guadalajara), que se halla dominada por el rigor del cuento fantástico -no seolovidará el gusto de Ferlosio por un alfabeto propio, por suscitar la envidia con su tinta de color sepia, subproducto de la destilación de lagartos-, sin la menor concesión ni consideración a las condiciones domésticas del caso. Bien es verdad que en una gran medida esa primera parte se consume con una inventiva muy del gusto oriental -las cosas que había en el jardín de la luna, las visiones que tuvo Alfanhuí el día del viento, el castaño y los pájaros de colores-, cuya mejor aspiración es, al parecer, la descripción de una naturaleza genérica y morfológicamente diferenciada de la del hombre y cuyo más alto exponente, es esa admirable flauta en la que "en lugar de ser, , como en las otras, el silencio fondo y el sonido tonada, en ésta el ruido hacia de fondo y el silencio daba la melodia". 
Con la muerte del maestro, el paisaje y el tono cambian... Juan Benet Goitia
  


(...) Fue cuando había geranios en los balcones, puestos de pipas en la Moncloa, rebaños de ovejas churras en los solares de la Guindalera. Arrastraban sus lanas, comían la hierba entre los escombros, balaban a la vecindad. se colaban a veces en los patios, se comían el perejil; un ramillete verde de perejil, en el verano, en la sombra regada de los patios, en las frescas ventanas de los sótanos a la altura del pie. O pisaban las sábanas tendidas, las camisetas o la combinación de color rosa, pegada al suelo como la alegre sombra de una chica guapa. Entonces, entonces fue la historia de don Zana "El Marioneta". (Pág. 79)


Autor: Rafael Sánchez Ferlosio
Título: Alfanhuí

Prólogo: Juan Benet Goitia
Salvat Editores, S.A.
Nº de Páginas: 162


(...) Comenzó a abrirse el nublado. La llovizna se teñía de sol y de irisaba. Aún volaron un poco los alcaravanes bajo el aguasol. Cuando cesó la lluvia se fueron tras de la niebla. Se fueron poco a poco, posándose y levantándose, dando vueltas cada vez más largas. El cielo abría cada vez más. Alfanhuí vio perderse a los alcaravanes y su nombre también se perdía y se quedaba, silencioso, en el aire. Las nubes se rajaron y por la brecha salió el sol.
Alfanhuí vio, sobre su cabeza, pintarse el gran arco de colores. Madrid, 13 diciembre 1950
  










 

No hay comentarios:

Publicar un comentario