domingo, 24 de abril de 2016

Miguel de Cervantes, IV Centenario.



Primera parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha

Capítulo I

Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha

 En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que desde caso escriben; aunque por conjetutas verosímiles se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad...












 ...tener presente aquel consejo que Don Quijote daba á Sancho: "al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones." Miguel Villanueva. Diario de Sesiones, 2 de enero de 1885.












¡Ah, señores! ¿Qué circular, qué decreto puede compararse á la circular que expidió Don Quijote cuando encargó á Sancho del gobierno de una ínsula? "No comerás ajos ni cebollas, que es cosa villanesca." Hoy, señores, no come nadie ni esto. Eduardo Vincenti. Diario de Sesiones, 29 de octubre de 1904.








Palacio de los Duques de Santoña. Calle Príncipe, 28


"Es sorprendente la contradicción de este hombre: Lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto". Ortega y Gasset. Diario de Sesiones, 1 de febrero 1933.






Iglesia de San Ignacio de Loyola, agregada a San Juan de Letrán

En este lugar estuvo la iglesia de San Jorge Colegio de los ingleses, dirigido por jesuitas donde estudiaron jóvenes católicos de Inglaterra desde 1665 a 1767



 Creo recordar que Don Quijote dice que para ser gobernador hace falta saber, por lo menos, gramática. Manuel Azaña. Diario de Sesiones, 16 de marzo 1932.









Yo señores, soy partidario de que la Representación nacional, de que los Cuerpos Colegisladores sigan aquella máxima de cervantes que dice: "Soy enemigo de andar buscando autores que digan lo que yo me sé decir, sin ellos." Francisco Silvela. Diario de Sesiones, 5 de junio 1877.





Capítulo LXXIV

de cómo Don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y su muerte

Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio; a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva; que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo, tan agusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia llegaron, así en esos como en los estraños reinos.Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale.



  
 

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