domingo, 24 de enero de 2016

Ingres (1780-1867).


Museo del Prado

Jean-Auguste-Dominique Ingres, nació en Montauban el 29 de agosto de 1780 y falleció en París 1867, es uno de los maestros esenciales de la historia del arte. Llevado por el impulso romántico de búsqueda de la belleza ideal, que en él fue resultado de su atracción por la grandeza del pasado clásico y su fascinación por el arte de Rafael, el pintor francés engrandeció los géneros del retrato, del desnudo y de la pintura de historia.
 
Tienda del museo

 Sus extraordinarias dotes como dibujante le sitúan además en la cúspide de esa disciplina y revelan su insaciable sed de perfección.
Entre los críticos de su época su obra fue recibida con controversia. Erróneamente identificado como un reaccionario opuesto a la libertad romántica que abanderó Eugéne Delacroix, fue sin embargo un colorista de talento singular y un vehemente defensor de su indómito criterio.


Musa griega

 No obstante, en tiempos de exaltación del subjetivismo como fuerza inspiradora, dedicó sus mayores esfuerzos a reformar los principios que regían las instituciones artísticas -pese a que siempre mantuvo una beligerante independencia de ellas-, y su nombre se convirtió en metáfora del amor por la norma artística. Así, la dificultad de encontrar calificativos para definir el arte de Ingres ha hecho que los más prestigiosos historiadores no hayan logrado concederle una clasificación justa en el seno de la disciplina: la potencia de su pintura y de su dibujo ha resultado siempre más poderosa que las palabras o que los movimientos estéticos a los que se le ha tratado de constreñir.


La Gran Odalisca 1814. Ingres. París. Musée du Louvre
Para llegar a la forma bella, no hay que proceder mediante un modelado cuadrado o anguloso. Hay que modelar en curva sin detalles aparentes. Ingres


Ingres traspuso el tema del desnudo mitológico, cuya larga tradición volvió al Renacimiento, a un Oriente imaginario. Este trabajo, su obra más famosa desnuda, fue encargado por Caroline Murat, la hermana de Napoleón y la reina de Nápoles. Aquí Ingres pintó un desnudo con largas líneas sinuosas que llevan poca semejanza con la realidad anatómica, pero rindió los detalles y la textura de las telas con aguda precisión. Este trabajo fue criticado ferozmente cuando se exhibió en el Salón de 1819.
Discretamente seductora esta mujer tendida en un diván se está ofreciendo a sí misma porque está desnuda y vuelve su rostro hacia nosotros. El título de la pintura, que significa "mujer de un harén", y los accesorios a su alrededor evocar lo sensual de Oriente. Pero la mujer también es discreta porque ella sólo muestra su espalda y parse de uno de sus senos. El desnudo era un tema importante en el arte occidental, ya las figuras renacentistas retratadas de esta manera habían sido sacadas de la mitología; aquí Ingres adoptó el tema a una tierra lejana. El tema de la odalisca fascinó a Boucher en el siglo XVIII y más tarde fue elegido como tema por Théodore Chassériau (1819 a 1856) uno de los díscipulos de Ingres. A lo largo de su carrera, muchas de las obras de Ingres son de tema orientalista, como El baño turco, que pintó hacia el final de su vida. Las escenas de desnudo femenino, históricos, y el retrato fueron los géneros favoritos de Ingres. (Autor: Vergnette François)
 

Odalisca de grisalla, 1824-34. Ingres

Esta pintura es una repetición sin terminar, de tamaño reducido y muy simplificado, de la célebre Gran Odalisca de 1814 (Museo del Louvre, París), una obra que fue central en la concepción de Ingres de la belleza ideal. Pinturas en tonos de gris en grisalla, fueron hechos a menudo para establecer variaciones en el tono como una guía para grabadores e impresiones de reproducción en blanco y negro.  
 

El baño, 1862. Ingres. París. Musée du Louvre

Para su célebre Baño turco, Ingres se inspiró en los fragmentos de un relato dieciochesco -redactado por la esposa de un embajador inglés, Lady Montagu, tras su visita a un baño turco-, en los que se describe cómo unas mujeres se acicalan para la boda de una de ellas. Ingres creó así la cálida y acuosa sensualidad de una escena vetada al ojo masculino. Concluido cuando contaba ochenta ochenta y dos años, su ejecución debió desvelarle durante mucho tiempo, pues se conoce que trabajó en él durante años, dibujando y estudiando el argumento para acomodarlo a su propia estética. Primero lo llevó a un soporte cuadrangular, pero, persuadido por la carga erótica del cuadro, decidió convertirlo en un tondo. Ese nuevo formato, cuya circularidad no hacía sino subrayar la sinuosidad musical de las opulentas curvas sirvió para ofrecer también una contemplación más reservada.


Considerad el arte como vuestra religión. Ni penseis que se produce algo bueno sin la elevación del alma. Ingres


Madame Moitessier, 1844-1856. Ingres. The National Gallery

(Detalle)

Prueba del carácter irreductible de su arte  es el eco que ha encontrado entre artistas de diverso signo desde el final de su carrera hasta nuestros días. No solo la vanguardia lo convirtió en un referente -sin duda está en la base que inspiró el genio de Picasso-; su icónico arte ha sido objeto de cuestionamiento por artistas y activistas contemporáneos que, enarbolando la lucha por los derechos civiles, han revisado en pleno siglo XX las obras más emblemáticas de Ingres -esas que forman ya parte del imaginario popular- para identificar y reivindicar aspectos controvertidos de cada contexto de convivencia, señalando con ello los absurdos vacíos de todo lenguaje autoritario.


Madame Jacques-Louise Leblnac, 1823. Ingres

El Museo del Prado propone un excepcional recorrido por la trayectoria artistica de Ingres en su totalidad. La dedicación del artista al género del retrato dejó tras de sí uno de los más bellos episodios de toda la pintura del siglo XIX.

El Arte vive de los pensamientos elevados y de las pasiones nobles. ¡Del carácter del color! Nunca muere de calor, sino de frío. Ingres


Madame Moitessier, 1851. Ingres. Washington. National Gallery of Art

La familia Forrestier, 1806. Ingres
Grafito sobre papel, 233 X 309 mm. París, Musée du Lovre


El sueño de Ossian, boceto, 1813. Ingres
Tinta parda,, pluma y aguada de colores, cuadriculado a lápiz, 227 X 236 mm. Colección Particular


"Ya era hábil en el manejo del pincel cuando David se hizo cargo de la tarea de enseñarle", señalaba uno de los más fieles discípulos de Ingres. Aunque se ha repetido que este fue, únicamente, un discípulo de David, la realidad es más compleja. Su padre, pintor de fama provinciana pero con grandes aspiraciones, ya se ocupó de iniciarle en los secretos del oficio -a los diez años Ingres pintaba y dibujaba como un auténtico profesional-, y planeó sus siguientes pasos. Así, acompañó a su hijo a Tolouse, donde la Academia local pulió, en pleno periodo revolucionario, ese talento cultivado desde niño. Allí, Ingres adquirió una sólida formación, interesada en la Antigüedad, y mostró ya una sensibilidad exquisita que encumbraba el arte de Rafael.
Graduado en 1797, su llegada a París ese mismo año revelaba su ambición. Inscrito como discípulo de David y como alumno de la École des Beaux-Arts, estudió "con más continuidad y perseverancia que la mayoría de sus discípulos" para esquivar "todas las locuras turbulentas que ocurrían a su alrededor".


La condesa de Haussonville. Ingres. New York. Frick Collection 1927
 
(Detalle)

Desde el comienzo de su trayectoria Ingres fue un devoto del universo de lo femenino. Espectador indiscreto del espectáculo erótico de mujeres ideales, también fue el creador de la imagen más sofisticada de señoras con la mejor reputación. Atento como poco a los vaivenes de la naciente industria de la moda, Ingres discutió y decidió con sus clientas hasta los más mínimos detalles para sus retratos. Pero su privilegiada posición le permitió en realidad llegar mucho más lejos, pues como revelase Baudelaire: "El señor Ingres elige sus modelos, y elige, hay que reconocerlo, con un tacto maravilloso, las modelos más idóneas para hacer valer más su tipo de talento. Las bellas mujeres, las naturalezas suculentas, la salud reposada y floreciente, ¡he ahí su triunfo y su alegría!".



 Joséphine-Éléonore-Marie-Pauline de Galard de Brassac (1825-1860), princesa de Broglie
Jean Auguste Dominique Ingres. Fecha:1851-53. Técnica: óleo sobre lienzo


Madame Riviére, 1806. Ingres. Musée du Louvre

 





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