domingo, 15 de noviembre de 2015

Zuloaga y Falla. Historia de una amistad



La relación de compañerismo, colaboración y respeto mutuo entre Ignacio Zuloaga (1870-1945) y Manuel de Falla (1876-1946) es un claro ejemplo de la coincidencia temporal y espacial que desemboca en el concepto de "Generación" según Ortega y Gasset, tanto por su contemporaneidad como por la inmersión en el medio del pensamiento colectivo en el que se desarrolla. Éste es un ideario generalizado entre la intelectualidad española de la época, necesitada de sobreponerse al pesimismo noventayochista en pos de una doctrina regeneracionista que buscaba, en los invariables castizos de los pueblos españoles, su verdadera esencia.
 



El paso por esta exposición no es un trazado paralelo de las vidas de los dos artistas, sino un paseo convergente-divergente construido su rico epistolario, más de doscientas cartas entre 1913 y 1939, en las que se traslucen los éxitos, los fracasos, las inquietudes sociales y políticas, las ilusiones, los problemas familiares...y, sobre todo, su forma de ver la cultura española y el arte.

...Quiero decirle una vez más el recuerdo imborrable que guardamos de los gratísimos ratos que hemos reunidos en ésta [Granada], sintiendo únicamente que la estancia de Vds. haya sido tan corta.
...No ceso de pensar en los proyectos de que hablamos, soñando con su realización. Creo que -de estar yo acertado en mi parte de trabajo- podrá resultar algo verdaderamente extraordinario. Falla a Zuloaga en carta de 23701/1921.
 
Ignacio Zuloaga. Desnudo del clavel rojo, 1915.


 El 11 de marzo de 1913 nace la comunicación epistolar entre Manuel de Falla e Ignacio Zuloaga.Ésta surge al aceptar el ofrecimiento de ayuda que el pintor le ha realizado para la puesta en escena de La vida breve que, por fin, vería la luz el 1 de abril de 1913 en la Ópera de Niza y, posteriormente, en la Ópera Cómica de París.

Falla le pide fotografiar el vestuario y algunos de los cuadros de gigantes que posee el pintor en París y éste, no solamente accede, sino que le envía un paquete con las vestimentas que podrían servir de inspiración al figurinista del teatro para realizar los trajes de los cantantes y la puesta en escena. Esto es: dos pañuelos, dos trajes completos, un traje de bata completo, chaqueta, chaleco y zajones.


I. Zuloaga. Majas a la orilla del mar, 1899-1900.(Fragmento)



En estas primeras comunicaciones ya se trasluce el grado de amistad que se había producido entre ambos, que se conocieron en París unos años antes, en frases como la siguiente:

...Ayer vi a Mademoiselle Breval; me dijo que es posible que esté aquí para presenciar el estreno, lo que me ha alegrado grandemente. ¡Y cómo sería completa esta alegría si Vd. también estuviera aquí! Lástima que estemos tan lejos...
En fin, ya le tendré al corriente de todo. Manuel de Falla a Ignacio Zuloaga. 18-III-1913 



Ignacio Zuloaga. Bailarina, 1912.


(Detalle)


Ignacio Zuloaga tenía una clara referencia artística en artistas del pasado como el Greco y, especialmente, en Francisco de Goya. Esa pasión por el genio aragonés le hizo perseguir su obra, sus reliquias e incluso adquirir, junto a otros artistas, su casa natal en el pueblo de Fuendetodos en 1915. Su proyecto era salvar del derrumbe ese espacio, crear un museo que recordara al gran pintor y un monumento escultórico que señalara al pueblo entre los primeros de la cultura española. Todo ello lo completó con la creación de unas escuelas, que él mismo financió, y la edición de una cartilla sobre la vida y obra de Goya, para que los niños de Fuendetodos supieran quien era su paisano.

Las escuelas se inauguraron el 8 de octubre de 1917 y, para ello, Zuloaga organizó desde Zaragoza una caravana de coches cargados de artistas. Entre ellos figuraban, en lugar preeminente, Manuel de Falla y la soprano rusa Aga Lahowska, ambos de gira por España y, tan íntimos amigos del pintor eibarrés, que no podían faltar a la inauguración, llegando a tocar el armonio de la iglesia y a cantar durante la misa inaugural.
 
Eugenio Lucas Velázquez. Majas en el balcón, 1860



Lucia, hija de Ignacio Zuloaga, acompañó a su padre en todas las visitas que hicieron a casa de Manuel de Falla en Granada, convirtiéndose en un testigo excepcional de la relación de los dos artistas. Mientras, surgía una cariñosa relación fraternal entre ella y María del Carmen de Falla, hermana del compositor.

Litografías para El sombrero de tres picos de Manuel de Falla

 En la versión de los Ballet Russes, 1920. Pablo Picaso.




Durante este periodo de trabajo en La gloria de don Ramiro Falla obtuvo uno de sus mayores éxitos con esta obra estrenada en el Teatro Alhambra de Londres y posteriormente en París. (Archivo Manuel de Falla)


El 13 de enero de 1922 Manuel de Falla le escribe a su gran amigo Ignacio Zuloaga en los siguientes términos:

Se trata de que con varios (pocos) amigos míos de ésta, proyecto celebrar en Granada, durante las fiestas del Corpus un gran concurso de "cante jondo" con un jurado compuesto por los mejores por los mejores cantaores que aún quedan, empezando por la Niña de los Peines.

Falla le pide a Zuloaga su apoyo como artista de importancia internacional para que el proyecto triunfe en el Ayuntamiento de Granada y éste dote presupuestariamente el evento, por supuesto la firma del pintor iría acompañada de las de Federico García Lorca, Fernando de los Ríos, Falla, Miguel Cerón y otros intelectuales locales y nacionales; a los que se sumarían las voces de Gómez de la Serna, Santiago Rusiñol, Menéndez Pidal...

A ello Zuloaga responde con el siguiente telegrama del 17 de enero de 1922:

Siempre fino entusiasta del cante y toque jondo, chanelo y endiquelo bastante en ello y me creo de los pocos cabales que quedan. Daré un premio de mil pesetas a la mejor siguiriya gitana que se cante. Cuenten incondicionalmente conmigo. Abrazos  

Ignacio Zuloaga. Desnudo rojo, 1922

(Detalle)

Ignacio Zuloaga. Quijote, Quijote moderno, el ventero, Sancho, 1927


El retablo de maese Pedro. 1928 es un año intenso en la vida de Manuel de Falla. El 14 de marzo recibe la condecoración de la Legión de Honor por la República francesa y unos días antes, en la Ópera Cómica de París, se organiza un festival monográfico sobre su obra, en el que se interpretan La vida breve, El amor brujo y una nueva versión escenográfica de El retablo de maese Pedro que corre a cargo de su amigo Ignacio Zuloaga.

Por fin, el proyecto conjunto se formaliza en la escena. Zuloaga trabaja con la colaboración de su cuñado Maxime Dethomas, pintor, ilustrador y escenográfo y, entre los dos, dan vida a esta nueva visión escénica en la que la Posada de Vizcaínos  de Segovia y los tipos populares castellanos encarnarán a los personajes de la obra maestra de Falla.

Finalmente, los gigantes no pudieron ser realizados, pero la puesta en escena levantó el entusiasmo del director de la Ópera Cómica de París y se realizó la obra con las marionetas y personajes que aquí se exponen, por primera vez de forma conjuntas desde 1928.

 Retrato de Manuel de Falla en negro, 1932



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