domingo, 22 de noviembre de 2015

Orígenes.




Hace entre 7 millones y un millón de años

Hace más de seis millones de años comienza en África nuestra historia evolutiva. Hoy somos los únicos representantes vivos del grupo de primates bípedos, los hominidos. No siempre fue así. En el pasado, diferentes géneros y especies de nuestro ancestros compartieron regiones geográficas y se solaparon en el tiempo.



 
¿Qué nos define y diferencia como humanos? La frontera se establece convencionalmente en el aumento del cerebro, la postura bípeda, el empleo de tecnología o el desarrollo de estrategias sociales basadas en la solidaridad y el altruismo. Tal vez las grandes preguntas sean dónde y cómo se originaron estos procesos y, más aún, qué han aportado a nuestro actual bagaje biológico y cultural los diferentes linajes humanos extintos.
 


0H 5 (Zinj, Querido muchacho, Cascanueces)
Paranthropus boisei. Cráneo masculino adulto. 1,8 millones de años
Olduval (Tanzania) Réplica

Los parántropos son un ejemplo de hominidos altamente especializados. Vivieron en el sur y este de África hace entre 2,5 y 1 millón de años, compartiendo espacios geográficos con las primeras formas de Homo durante un prolongado espacio de tiempo.
La anatomía de sus cráneos, como en el caso de Cascanueces, con sus enormes molares y potentes músculos masticadores insertos en la cresta sagital, les permitió procesar vegetales duros típicos de ambientes áridos. Fue probablemente esta hiperespecialización la que provocó su extinción.


Nuestros ancestros más antiguos aparecen en África hace entre 7 y 6 millones de años. De estos primeros hominidos surgen los australopítecos, grupo compuesto por diferentes especies que se extienden por el este, sur e interior del continente africano hace entre 4 y 2 millones de años. Ocupan distintos ecosistemas: selvas húmedas, bosques estacionales y sabanas arboladas. 
Hace 2,5 millones de años estas regiones se ven sometidas a cambios climáticos. Las llanuras herbáceas se expanden en detrimento de otros ecosistemas, circunstancia que coincide con la aparición de nuevos hominidos. de entre los australopitecos emerge el grupo de los parántropos, especializados en la explotación de los nuevos ambientes. Es en este contexto de cambio medioambiental en el que debe explicarse también la aparición del género Homo.
 

 
Australopithecus afaranensis
Cronología: 4,1-2,9 millones de años.   Región: África Oriental.   Tamaño: Machos 138 cm / Hembras 115 cm.   Peso: Machos 45 kg / Hembras 30 kg.   Capacidad craneal: 380-430 cm cúbicos.   Hábitat: Arbolado y húmedo.   Alimentación: Omnívora, raíces, frutos duros, tubérculos.


Los primeros yacimientos arqueológicos
Aparecen en África Oriental hace 2,6 millones de años vinculados a las evidencias más antiguas del uso de la tecnología lítica. Estas industrias se atribuyen a los primeros Homo, aunque en su elaboración pueden estar implicados los diferentes hominidos que viven en África hasta hace un millón de años.
La talla de instrumentos líticos pudo originarse como una adaptación a la extensión de los espacios abiertos, más pobres en especies vegetales. La adopción de una dieta omnívora con consumo habitual de carne habría necesitado de instrumentos líticos para su procesamiento. Cuestión discutida es su modo de obtención mediante caza o carroñeo.
Existen evidencias de uso repetido de determinados enclaves, a los que se transportaron partes de animales para su consumo, presumiblemente en grupo. Estas actividades se produjeron en lugares que ofrecían protección frente al calor u otros depredadores.
 

Homo georgicus
 

Los primeros europeos
Entre 1,5 y un millón de años, la expansión y asentamiento de Homo en el continente asiático se consolida alcanzando su extremo oriental. Las poblaciones humanas implicadas en estas migraciones pertenecen a la línea evolutiva de Homo erectus.
La primera aparición humana en Europa se sitúa en fechas cercanas a 1,3 millones de años. Los yacimientos con cronologías tan antiguas son pocos, parecen limitarse al sur del continente y se localizan en su mayoría en la Península Ibérica. Carecemos de un conocimiento detallado de estas poblaciones: rutas de llegada, movimientos, tecnología e identidad. Las industrias líticas recuperadas son escasas. Consisten en núcleos, cantos y lascas, algunas de ellas modificadas con retoques, en cuya elaboración se emplean rocas locales.






Estelas en el paisaje
Tradicionalmente se ha asumido el significado funerario de estos monumentos, que debieron funcionar como marcadores de tumbas, habiendo servido los objetos figurados en ellas como sustitutos del ajuar real del difunto. Sin embargo, las pruebas de su relación con enterramientos son endebles, aunque eso no afecta necesariamente a su carácter de representación de personajes difuntos heroizados.
Una característica esencial de estos monumentos es su aparición diseminados por el territorio, sin relación específica con núcleos de población coetáneos, pero sí son puntos nodales de las vías de comunicación. Todo ello induce a explicarlas como referencias simbólicas en un paisaje en proceso sedentarización, en tanto que marcas de un territorio que aún no se controla de forma efectiva. 
 
Estela de Hernán Pérez VI. Granito

Estela de Guerrero. Pizarra. Bronce final.




Museo Arqueológico Nacional




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