martes, 10 de noviembre de 2015

Ojos de Agua. Charo López es Celestina


Charo López


La Celestina o la Comedia o Tragicomedia de Calisto y Melibea, obra de Fernando de Rojas aparece en el año 1499, dentro de ese período de transición del siglo XV al XVI, que es el reinado de los Reyes Católicos, en el que España realizó hechos de gran trascendencia y en el que se inicia una etapa brillante en la historia y cultura españolas.


Charo López, Álvaro Tato y Yayo Cáceres

La Celestina revive hoy en la piel de la actriz Charo López, junto a dos de los miembros  de la compañía Ron Lalá: Yayo Cáceres (dirección) y Álvaro tato (dramaturgo).




Ojos de agua reescribe el pasado y el futuro de un mito inmortal y evoca los más inolvidables pasajes de la obra. La Celestina supone la entrada en un mundo de ficción de una belleza pocas veces igualada. El autor Fernando de Rojas, con un empleo magistral del lenguaje, ha dado vida a personajes complejos, ha recreado ambientes, ha plasmado una visión amarga y pesimista de la vida, de la que se desprende, en muchos momentos un hondo lirismo. Un reto para este monólogo sobre el tiempo gozado y perdido, el sexo como placer y arma, la belleza como regalo y condena, la alegría de vivir a pesar de todo.



La Celestina lleva en sus ojos el precio de la belleza perdida, la independencia a dentelladas, la inteligencia oculta. Celestina es el poder femenino en la sombra, y también la victima de su propia astucia.


"Libro a mi entender divino, si encubriera más lo humano" Con estas palabras Cervantes se refería a La Celestina.



Celestina nos hace reír, llorar, pensar, soñar...y nos lleva en la corriente de sus ojos de agua.
Ella sí que no encubre lo humano y confiesa con grandeza esa dura pelea que lucha en su interior que ha florecido con nuevos impulsos al enfrentarse en el escenario con el personaje de Rojas. "La vejez es posada del pensamiento, amiga de rencillas, vecina de la muerte, congoja continua..."



Celestina es presente porque es libre.



Gota a gota, lágrimas de risa y emoción en los Ojos de agua de Charo López, que da voz a uno de los más contradictorios, frescos, hondos y vitales personajes de la literatura universal.



Es por eso que, a sus 71 años el parlamento de la vejez de La Celestina -. "El más hermoso que he hecho en teatro"- le encoge el alma y gravita sobre ella. "El personaje de Celestina ha dado un nuevo impulso a ese sentimiento de la frontera que está ahí y contra el que me peleo porque es muy dañino y más en una persona como yo que me considero de una vitalidad enfermiza", comenta la actriz salmantina. El monólogo ha formado parte de la trayectoria de esta actriz que ha recorrido cine, televisión y teatro desde 1967, año en el que debutó con un papel protagonista en el filme Ditirambo, de Gonzalo Suárez, y dos años más tarde -había subido a las tablas ya antes como miembro del Teatro Español Universitario en los años oscuros del franquismo -lo hizo en teatro de la mano de Miguel Narros con La Paz.



"Me seduce el monólogo. Si la historia es buena generas tu propia dinamo, ya sea vitalidad o tristeza. Es todo excesivo. Lo peor es que todo depende de uno." "Me duele todo. A medida que se acerca el momento se convierte en una fantasía enorme que te devora". Estrenar ahora no es igual, es mucho más difícil porque ahora es un examen más peligroso. Con la edad y la experiencia no se me pasa. Piensas que te vas a caer nada más pisar el escenario y no te caes nunca. Temes que no vas a recordar el texto y es falso. Es horrible, pero como todo en la vida que se balancea cuando estrenas y ha salido bien, la autosatisfacción es tan grande que vives en un solo día estados tan extremos que es fácil volverse loca."

Músico. Antonio Trapote. Celestina: Charo López. Espíritu de Pármeno: Fran García.


Y mientras bucea en su vida pasada al mismo tiempo al mismo tiempo que rastrea en la de La Celestina. (Entrevista a Charo López realizada por el periodista Samuel Sánchez)





Sobre Charo López

   De pronto el rostro de esa mujer comenzó a revelarse en el fluido del inconsciente colectivo, una belleza castellana, que parecía griega, una voz oscura, una risa descarada.
   Charo López es el símbolo de la luz al final del túnel. Antes de llegar a encarnar el personaje de Clara Aldán, de la versión televisiva de Los gozos y las sombras, de Torrente Ballester, que la consagró, este rostro ya había despertado todos los deseos para dar paso a la libertad de los años ochenta. Charo López también fue un amor argentino, un símbolo para aquellos intelectuales y artistas  del Cono Sur huidos de los milicos que poblaban las noches de Madrid. Ella había aportado una risa salvaje, el perfil de moneda griega, la voz quemada y la voluntad de acabar con todos los armarios roperos y que el sexo le diera el aire limpio en la cara. Manuel Vicent, El país, 18/07/2014
  








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