viernes, 20 de noviembre de 2015

Obras de Gustavo Adolfo Bécquer (1836 - 1870)



La Creación
Poema Indio
VII

 De un golpe creó los cuatro elementos, y creó también a sus guardianes: Agni, que es el espíritu de las llamas; Vaya, que aúlla montado en el huracán; Varuna, que se revuelve en los abismos del Océano; y Prithivi, que conoce todas las cavernas subterráneas de los mundos, y vive en el seno de la creación.
 Después encerró en redomas transparentes y de una materia nunca vista, gérmenes de cosas inmateriales e intangibles, pasiones, deseos, facultades, virtudes, principios de dolor y de gozo, de muerte y de vida, de bien y de mal...(Pág.55)



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Cindy Grundsten

 Los ojos verdes

Tú no conoces aquél sitio . Mira, la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae resbalándose gota a gota por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes, y susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno de las flores, se alejan por entre las arenas, y forman un cauce, y luchan con (...) (Pág.94)


Cindy Grundsten
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Herbert James.

El caudillo de las manos rojas

III

Los genios que cruzan en numerosas caravanas sobre dromedarios de zafiro y entre nubes de ópalo, los schivas de ojos verdes como las olas del mar, cabllos de ébano  cinturas esbeltas como los juncos de los lagos; los cantares de los espíritus invisibles que refrescan con sus alas los cansados párpados de los justos, no pasan como una tromba de luz y de colores en el sueño del criminal.
Gigantes cataratas de sangre negra y espumosa que se estrellan bramando sobre las oscuras peñas de un precipicio terrible (...) (Pág.121) 
 

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El rayo de la luna

II

Sobre el Duero,  que pasaba lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.
En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas, pero aún quedaban en pie los restos de los anchos torreones de sus muros, aún se veían, como en parte se ven hoy, cubiertos de hiedra y campanillas blancas, los macizos arcos del claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas...(Pág. 174-75)


Cindy Grundsten



Autor: Gustavo Adolfo Bécquer
Título: Obras de Gustavo Adolfo Bécquer

Librería Fernando Fé
Puerta del Sol, 15. Madrid
8ª Edición 1915

Nº de Tomos III 



Tomo I

Leyendas

La Creación poema indio
Maese Pérez el Organista
Los ojos verdes
La ajorca de oro
El caudillo de las manos rojas, tradición india
El rayo de luna
La Cruz del Diablo
Tres flechas
El Cristo de la Calavera
La Corza blanca
La rosa de pasión

 


Anne Yvonne Gilber

La promesa

IV

Muerta la llevan al soto,
la han enterrado en la umbría;
por más tierra que la echaban,
la mano no se cubría:
la mano donde un anillo
que le dio el conde tenía.
De noche sobre la tumba
diz que el viento repetía:
¡Mal haya quien en promesas
de hombre fía!
                                 (Pág. 38)

(...) Después que éste, arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó en la suya la mano de Margarita, y un sacerdote autorizado por el Papa bendijo la lúgubre unión, es fama que cesó el prodigio, y la mano muerta se hundió para siempre.
Al pie de unos árboles añosos y corpulentos hay un pedacito de prado, que al llegar la primavera se cubre espontáneamente de flores.
La gente del país dice que allí está enterrada Margarita.

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Cindy Grundsten
 
 El Monte de las Ánimas 

I

-Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí a la margen del río. Los templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a los nobles de Castilla, que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo...(Pág. 64-65)

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 Las hojas secas

El sol se había puesto: las nubes, que cruzaban hechas jirones sobre mi cabeza, iban amontonarse unas sobre otras en el horizonte lejano. El viento frío de las tardes de otoño arremolinaba las hojas secas a mis pies.
Yo estaba sentado al borde de un camino, por donde siempre vuelven menos de los que van.
No se en qué pensaba, si en efecto pensaba entonces en alguna cosa. Mi alma temblaba a punto de lanzarse al espacio, como el pájaro tiembla y agita ligeramente las alas antes de levantar el vuelo...(pág. 155)

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Cindy Grundsten



 Tomo II

Leyendas

Creed en Dios, cantiga provenzal
La promesa 
El beso
El Monte de las Ánimas
La Cueva de la Mora
El Gnomo
El Miserere
La arquitectura árabe de Toledo
¡Es raro!
Las hojas secas
La mujer de piedra (fragmento)

Desde mi celda.- Cartas literarias


   



 

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