jueves, 5 de noviembre de 2015

Edvard Munch.



Edvard Munch
                                             Arquetipos

6 octubre 2015 / 17 enero 2016
  


Edvard Munch, el pintor de las emociones

Plasmó en sus obras los miedos, las obsesiones y la soledad de una Humanidad enfrentada al abismo de su existencia. Amó su profesión, reflexionó sobre ella y experimentó con texturas y técnicas en busca de imposibles certezas.

Escudriñó la relación del individuo con la naturaleza. Vampirizó a la nueva mujer e inmortalizó el aullido más aterrador jamás proferido dentro (y hacia fuera) de un cuadro. V. Bozal

Edvard Munch. Adán y Eva

"Yo pintaba las líneas y los colores que afectaban ami ojo interno. Pintaba de memoria sin añadir nada, sin los detalles que ya no estaban ante mí. Éste es el motivo de la simplicidad de los cuadros, de su obvia vacuidad. Pintaba las impresiones de mi infancia, los colores apagados de un día olvidado."  Edvard Munch


Edvard Munch. Autorretrato

El arte de Edvard Munch, hoy considerado como uno de los padres de la modernidad junto a Cézanne, Van Gogh y Gauguin, germinó a través de una peculiar mezcla de tradición y experiementación. Desde el umbral de su carrera, el artista noruego creó una particular mitología para los tiempos modernos en estrecha síntonia con el arte, la literatura y el pensamiento de sus contemporáneos. Su personal lenguaje artístico, que evolucionó desde el simbolismo al expresionismo, utilizó diferentes estrategias para construir un relato plástico sobre los temas más universales relativos a la vida, el amor y la muerte. Así, las formas planas y sinuosas, el uso simbólico del color, la deformación expresiva del cuerpo o la utilización de texturas y técnicas experimentales de grabado fueron elementos básicos de su vocabulario artístico.

Edvard Munch. Atardecer, 1888. Museo Thyssen-Bornemisza.

Edvard Munch. Madre e hija 1897
Melancolia

Munch rompió precozmente con las convenciones artísticas y sociales de su época. Muy pronto abandonó la representación de la realidad visible y objetiva propia del naturalismo plenairista y abordó la naturaleza como espejo de las emociones más profundas.

 
   Edvard Munch. Muerte en la habitación, 1895

Edvard Munch. Niña enferma, 1907 ( Detalle)
Niña enferma de Munch, cuadro que el pintor retocaría en los años noventa. Como sucede con otras obras importantes, existen varias versiones del cuadro. Munch pintó los mismos motivos a lo largo de su vida, una y otra vez. No solo gracias a las distintas versiones pictóricas -una de las más famosas es la de la Galería de Dresde, que data de 1907 y que en 1939 llegó vía Oslo a poder de la Tate Gallery de Londres- sino también debido a las numerosas variantes en forma de grabado, alcanzó mucha popularidad. La niña enferma, Betzy Nielson, a quien también retrataría le sirvió de modelo.

Muerte

Tanto en La niña enferma, una imagen de la que realizó seis versiones pictóricas entre 1886 y 1927 y varios grabados, como en todas las escenas dedicadas al tema de la muerte, la textura juega un papel fundamental para plasmar una reflexión sobre el miedo aterrador del ser humano a la muerte. Los gruesos empastes atraen nuestra atención hacia la superficie pictórica, como si a través de la materialidad de la pintura Munch quisiera simbolizar la materialidad de la carne deteriorada de los muertos.

Edvard Munch. Atardecer en el Paseo Karl Johann, 1892
Munch trata del miedo y la soledad del individuo dentro de la masa de la gran ciudad.

  
"Recuerdo todavía como a los siete años, tumbado en el suelo, dibujé unos ciegos con un carboncillo...Cuadros de formato enorme. Recuerdo cuánto placer me causaba ese trabajo y como sentía que mi mano era mucho más activa que cuando dibujaba en el reverso de las recetas de mi padre." Edvard Munch

Edvard Munch. La tormenta, 1893
Pánico

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el nuevo ambiente de las ciudades, abarrotadas por las masas, transformó el modo en que el hombre moderno percibía su relación con el mundo. Las patologías emocionales de la gran ciudad -la angustia, la ansiedad y la incertidumbre- que sustituyeron súbitamente a los viejos ideales y convicciones, se vieron reflejadas en imágenes como Ansiedad, El grito o Pánico, en las que el entorno urbano aparece como un lugar de estrés y agitación, donde el hombre se ve sometido a una experiencia traumática.

Edvard Munch. El grito, 1893
El más famoso de los motivos de Much, El grito -además de la importante de 1893 de la National Gallery, existen alrededor de cincuenta copias-, nos confronta con el miedo y la soledad del ser humano en una naturaleza que no consuela, sino que recoge el grito y lo arrastra por la amplia ensenada hasta el cielo teñido de rojo sangre. La ensenada con los veleros apenas insinuados, así como el puente cuya baranda corta el cuadro por la diagonal, hacen alusión a Nordstrand. En unas notas de 1892 escritas durante su convalecencia en Niza, Munch recuerda la situación que daría origen al cuadro: "Iba caminando con dos amigos por el paseo -el sol se ponía- el cielo se volvió de pronto rojo - yo me paré - cansado me apoyé en una baranda -sobre la ciudad y el fiordo azul oscuro no veía sino sangre y lenguas de fuego- mis amigos continuaban su marcha y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo -y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza."


Edvard Munch. Madonna 1894-1895

Edvard Munch. La danza de la vida, 1900

Edvard Munch

"Lo que está atribuido al arte moderno es el comercio, el exigir que los cuadros se vean bien una vez que se los cuelga en la pared...No se pinta por el deseo de pintar...o con la intención de contar una historia. Yo que fui hace siete años a París lleno de curiosidad por ver el Salón y que estaba dispuesto a dejarme llevar por el entusiasmo- lo que sentí fue sólo repugnancia." Edvard Munch

Edvard Munch. Noche de verano, 1899

Edvard Munch. Chicas en el puente, 1901

Edvard Munch

Edvard Munch. La mujer vampiro

Edvard Munch. Retrato de Inger Munch, 1892

Edvard Munch. Primavera en el  Elm Forest III, 1923




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