martes, 24 de noviembre de 2015

Dama, Dama.


Toros de Costitx. Bronce. Cultura postalayótica. Siglos V-III a.C.
Toros de Costitx. Santuario de Predio de Son Corró (Costitx, Mallorca). Realizados en función a la cera perdida y huecos en el interior, los detalles se trazaron en frío. Orejas y cuernos se fundieron por separado y se unieron a la cabeza mediante remaches. Los ojos, en algunos casos, estaban rellenos de pasta vítrea. Se interpretan como la representación de una divinidad más que como elementos de culto al toro.


La cultura Talayólica (900-123 a.C.)

Las islas baleares muestran desarrollos culturales diferentes a lo largo de la prehistoria y Protohistoria. Mientras en Mallorca y Menorca se desarrolló la cultura talayólica (I milenio a.C.), Ibiza y Formentera fueron áreas relevantes de colonización fenicia y cartaginesa.
La Edad del Bronce (1700-900 a.C.) se caracterizó por el desarrollo de la arquitectura megalítica, con las navetas como tipo de vivienda.
La cultura talayólica tuvo una primera etapa (Talayólico I, 900-500 a.C.) caracterizada por la construcción de monumentos en forma de torre y de defensas en algunos poblados, además de santuarios que perduraron hasta época romana. En los rituales funerarios se practicó tanto la cremación como la inhumación. Son frecuentes los objetos de hierro y marfil, y los collares de fayenza, procedentes del comercio fenicio.
La segunda fases (Talayótico II, 500-123 a.C.) está marcada por la aparición de la cerámica a torno y la consolidación de la arquitectura religiosa (santuarios y taulas). La presencia púnica se reafirma con la fundación en el siglo IV a.C., de factorías como Na Guardis por gentes ebusitanas.
La conquista romana (123 a.C.), no supuso una ruptura del periodo talayótico, que continuó hasta el cambio de Era.

 

Divinidades púnicas

A partir del siglo VI a.C., en Cartago adquieren importancia los dioses Baal Hammon y Tanit, y su influencia se dejara sentir en la Ibiza púnica, donde hay constancia del culto a Tanit y evidencias de sacrificios en la cueva de Es Culleram desde el siglo IV hasta el II a.C. La ceremonia se completaba depositando exvotos de terracota, exclusivos de este santuario, de la divinidad allí venerada. Otras terracotas aparecen formando parte de los ajuares de enterramiento en la necrópolis de Puig des Molins.
 


Los ajuares de Puig des Molins (Ibiza)

Los ajuares se componen de objetos de uso personal: escarabeos, joyas, cuentas de collar o amuletos profilácticos, que se depositaban cerca del muerto. Junto a las manos suelen aparecer vasos de aceites: lécitos y ungüentarios cerámicos, recipientes de pasta vítrea para perfumes, espejos que se asocian a enterramientos femeninos y navajas de afeitar, que también acompañan a niños y mujeres.
Los huevos de avestruz siempre se disponían cerca de la cabecera del difunto. Las lucernas aparecen normalmente a la altura de la pelvis y, en ocasiones, entre las piernas a la altura de las rodillas. Los jarros suelen colocarse a los pies o en la cabeza. Otros se distribuyen en el recinto y las terracotas por lo general al fondo de la cámara. También aparecen cuchillos o útiles que aluden al oficio del difunto: moldes de alfarero o panadero, o útiles para reparar redes.
 
Dama de Ibiza. Arcilla. Siglos IV-III a.C.
Figura femenina que adelanta los brazos con las manos cerradas en actitud de oración. Profusamente decorada con motivos vegetales, tanto en la cabeza como en la túnica, destaca la efigie de Gorgona en esta última. realizada a molde, en su parte posterior presenta un hueco que permitiría sujetarla en posición vertical.
Se ha planteado si este tipo de figuras son simples ofrendas o representan a la divinidad. En concreto, la que aquí se muestra se ha identificado con la púnica Tanit, diosa de la fecundidad y del renacimiento, que recoge a los difuntos en la otra vida, aunque también se ha planteado que pudiese ser la propia difunta transformada en la divinidad.





Representaciones zoomorfas

Las estilizaciones de caballos, ciervos, jabalíes, aves, serpientes, peces u otros animales, a veces en perspectiva cenital, se identifican con los poderes que encarnan o se asocian a las divinidades.
Según el contexto se interpretan como símbolos funerarios, de regeneración o fecundidad, cuya finalidad es proteger a vivos y difuntos. Otras veces los animales representados son las víctimas de los sacrificios propiciatorios.

Collar de la "Sacerdotisa del Sol"
"Notabilísima singularidad de un collar que encontré en una sepultura y dentro de una urna cineraria: collar que armé denominándolo sideral por inducirme a la hipótesis de haber pertenecido a una sacerdotisa del culto del Sol, por los objetos que constituyen este único y admirable collar: pues lo componen cuatro ruedas que en la Antigüedad siempre representaron también al Sol, como los cuatro cuernos de la luna, la diosa Eaco de los celtíberos en sus cuatro fases y los cuatro cisnes del viaje nocturno del Sol en la barca que, tirada por un cisne que surcaba el Océano para aparecer todos los días por oriente.
Y los cuatro cisnes son de cuatro tamaños representados por ser más grandes y fuertes según la duración del viaje lo exigía, así el mayor condujera al Sol en el solsticio de invierno con sus noches más largas: el cisne que le sigue en tamaño al equinoccio de otoño, el cisne tercero al de primavera y el cisne más pequeño al solsticio de verano con sus noches más cortas, y por consiguiente de más breve navegación." Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII Marqués de Cerralbo,1911.
 
Gran Dama Oferente
Dama Oferente. Piedra caliza. Cultura ibérica. Siglo III a.C. Santuario del Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete).  Escultura femenina labrada en bulto redondo, a tamaño casi natural, en actitud oferente. Va ataviada con una superposición de tres túnicas, la superior cerrada en el cuello con una fíbula tipo tipo La Téne y sobre ellas un pesado manto.
Ricamente enjoyada, símbolo de su estatus, lleva peinado de tirabuzones y un elevado postizo, rematado por rodetes que enmarcan el rostro.
Por su vestimenta y ornamentación se ha identificado con una mujer joven en su presentación a la divinidad, como parte de un rito de paso de edad.
 
Damas sedentes. Piedra caliza. Cultura ibérica. Siglo III a.C.
Damas sedentes. Santuario del Cerro de los Santos (Montealegre del Castillo, Albacete). Por su postura sentada se pueden identificar con mujeres de edad madura y rango social elevado. También con divinidades, a semejanza de las diosas orientales entronizadas.
 
Toro. Piedra caliza. Cultura ibérica. Finales del siglo V a.C. Osuna (Sevilla)
Sillar de esquina adosado a un monumento funerarío. Los toros tenían la función de proteger la tumba y también se vinculaban al sacrificio.
 


Los bajorrelieves  del primer cuerpo representan una historia mítica relacionada con el personaje enterrado. Una divinidad alada situada en el lado oeste inicia el registro, que continuará por los lados norte, este y sur, ofreciendo una lectura perimetral. Veinticinco de los sillares procedentes de Pozo Moro son donación de Carlos Daudén.



Cara oeste, imagen femenina frontal con el peinado típico de la diosa egipcia Hathor. Está sentada en un taburete plegable o diphros y sostiene en su mano el tallo de una flor de loto, alusiva a la regeneración y la vida tras la muerte. Por detrás de su brazo se aprecia un ala triple sobre la que se encuentra posada un ave de larga cola. Es la diosa de la fecundidad y de la vida que da la bienvenida al visitante, protegiéndolo con sus alas.



Cara norte, el héroe protegido con grebas (espinilleras) y casco, transporta un árbol con ramas terminadas en capullos de loto, sobre las que descansan pájaros. Por debajo, tres seres pinchan las ramas con bieldos. La escena está flanqueada por felinos cuyo rugido se expresa mediante rayos.




Osa de Porcuna
Osa de Porcuna. Piedra caliza. Cultura ibérica tardía. Siglo I a.C. - Siglo I d.C. Calle del Sepulcro (Porcuna, jaén). Escultura que une un elemento constructivo clásico de origen itálico, la herma (pilar con una cabeza retrato), con iconografía ibérica, el animal de carácter funerario que apoya la garra izquierda sobre la cabeza humana.


  
Las poblaciones ibéricas. Santuarios



Dama de Elche















Interpretaciones de la Dama de Elche

Su singularidad la ha convertido en icono de la arqueología ibérica. La existencia de un orificio posterior y su posible función ha planteado numerosas hipótesis: elemento de inserción de un machón para sujetar el busto a la pared, contenedor de reliquias y, la más comúnmente aceptada, posible recipiente funerario.
Para su forma se admiten tres hipótesis: busto, con paralelos en otras esculturas ibéricas (Baza, Elche); escultura de cuerpo entero, a imagen de la Gran Dama oferente del Cerro de los Santos; y sedente, de gran tradición en la estatuaria ibérica.
Su identidad es un misterio, pero se le atribuye un carácter tanto humano como divino. Actualmente se interpreta como el retrato de una dama de la aristocracia ibera, cuyos descendientes la habrían divinizado. 


Dama de Baza










Las poblaciones ibéricas. Las necrópolis y su integración en el paisaje.

Escultura y ajuar de la sepultura 155 de Baza

La dama se interpreta como la representación de una mujer de la aristocracia de la ciudad de Basti (Baza, Granada), heroizada mediante un destacado ritual funerario.
Su singularidad radica en su función como urna cineraria y en los elementos de carácter simbólico que la acompañan: el sillón alado, símbolo de la divinidad, y el pichón que lleva en la mano, interpretado como nexo entre la mujer mortal y la diosa que actúa de protectora tanto del ave como de los huesos de la difunta.
La tipología y decoración de las piezas cerámicas del ajuar remiten al mundo orientalizante, incidiendo en la antigüedad del linaje de la difunta. El ajuar metálico, compuesto por cuatro panoplias de guerrero depositadas a los pies a modo de ofrenda, se interpreta como reflejo de las honras fúnebres celebradas con luchas de guerreros.



Bicha de Balazote. Piedra caliza. Cultura ibérica. Finales del siglo VI - principios del V a.C. Balazote (Albacete)
Escultura híbrida que representa un toro androcéfalo de influencia griega. Cuerpo de toro y cabeza humana con rasgos animales.
Parte posterior sin labrar para adosarla a un monumento funerario. Tenía función apotropaica como protector de la tumba.

Cabeza de caballo. Piedra caliza. Cultura ibérica. siglo IV a.C. Fuente de Higuera, Valencia.

Formaría parte de una escultura ecuestre de ornamentación o coronamiento de un monumento funerario. Lleva un atalaje con piezas discoidales y una romboidal sobre la frente.  


  

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