viernes, 2 de octubre de 2015

Las canciones de Bilitis. Pierre Louÿs (1870 - 1925)


Gustav Klimt


El árbol

Me quité la ropa para subir a un
árbol: mis muslos desnudos abrazaron
la corteza húmeda y lisa; mis pies
pisaron sus ramas.

Ya en lo alto, entre las hojas y 
defendida por su sombra del calor,
me puse a caballo sobre una rama
horquillada balanceando los pies en el aire.

Había llovido. las gotas que caían de las hojas
escurrían por mi piel. Mis manos
estaban manchadas de musgo y mis pies
 al aplastar las flores se habían teñido de rojo.

Cuando el viento pasaba a través de la copa
empapada aún, el árbol se removía todo;
yo entonces apretaba más las piernas y juntaba
 mis labios entreabiertos con las húmedas ramas.
                                                                                 Pierre Louÿs
 
Gustav Klimt

 Los pies desnudos

Tengo los cabellos negros que me caen
 por la espalda y una caperuza redonda.
Mi camisa es de lana blanca; el sol
ha tostado mis apretadas piernas.

Si habitase la ciudad tendría joyas de oro,
doradas túnicas y sandalias de plata...
Ahora miro mis pies desnudos
sin otro calzado que el polvo.

Sofis, pobrecita, ven aquí. Llévame hasta
la acequia, lava mis pies con tus manos y
  exprime olivas y violetas para perfumármelos
después, sobre la hierba.

Hoy serás mi esclava, me seguirás y
me obedecerás, y cuando acabe el día
te daré de la huerta de mi madre
brevas y cerezas para la tuya.
                                                      Pierre Louÿs
 
Gustav Klimt

El viejo y las ninfas

 Un viejo ciego habita en la montaña.
hace mucho tiempo que sus ojos
murieron por haber mirado a las ninfas.
Desde entonces su dicha consiste 
en aquél lejano recuerdo.

"Sí, las ví, me dijo: eran Heropsicria y
 Limnantis; estaban de pie cerca  de
 la orilla en las aguas verdes del
estanque de Fisos."

"Sus nucas se inclinaban bajo sus largos
 cabellos. Sus uñas eran transparentes
como alas de cigarra. Los rosados botones
de sus pechos eran suaves y  delicados
 como cálices de jacintos."

"Paseaban sus largos dedos sobre el
agua sacando de entre el limo invisible,
los nenúfares de elegante tallo. Alrededor
de sus muslos abiertos, el agua se
ensanchaba en círculos, lentamente."
                                                              Pierre Louÿs 

Frederick C. Frieseke (1874-1939)

Frederick C. Frieseke

Fita Méliai

Cuando el sol no abrase tanto, iremos
a jugar a la orilla del río. Y lucharemos
por una frágil florecilla de azafrán o por
un jacinto mojado.

Jugaremos al corro y nos perseguiremos
por entre los árboles, luego correremos
cogidas de las manos o agarradas por
los bordes de las túnicas.

¡Fita Meiai! danos miel. ¡Náyade Fita!
ven a bañarte con nosotras. ¡Fita Meliai!,
ven a servir de dulce sombra a nuestros
cuerpos sudorosos.

Venid ninfas bienechoras y os ofreceremos,
no vino grosero, sino aceite, leche y 
chivitos de cuernos afilados.
                                              Pierre Louÿs

Gregory Frank Harris
  
Los cuentos

Soy amada de los niños. Apenas me ven
corren a mí, se agarran a mi túnica y
rodean mis piernas con sus bracitos.

Si han cogido flores me las dan todas; si
 tienen un pajarillo, le ponen en mi mano;
si no tienen nada me acarician y siempre,
me hacen sentar delante de ellos.

Después me besan, reclinan sus cabecitas
en mi pecho y me miran con sus ojos
suplicantes. Yo sé muy bien lo que aquellas
miradas quieren decir.

Quieren decir: "Bilitis querida, vuelve
a contarnos, anda que somos buenos,
la historia de Perséo el héroe, o la
muerte de la pequeña Helea."
                                                           Pierre Louÿs


La partida de taba

Como las dos le amábamos nos le jugamos
 a la taba. Fué una partida célebre, varias
 muchachas estaban presentes.

Ella sacó en la primera tirada el Kliklopes 
y yo el Solón. Enseguida ella el Kliklopes,
yo, viéndome perdida, supliqué a la diosa.

Jugué, tuve el Epihenon; ella sacó el
terrible Khios, yo el Antitéukos; ella el
Trikias, y yo, finalmente, el golpe de
Afrodita que me valió el amante disputado.

Pero, viéndola palidecer, la atraje
hacia mi pecho y la dije muy bajo
(para que sólo ella me oyese): "No
llores, bonita le dejaremos que escoja
entre las dos."
                                      Pierre Louÿs

Frantisek Dvorak

Rosas en la noche

En cuanto la noche escala los cielos,
el mundo es nuestro y de los dioses.
Vamos de los campos al manantial,
de las umbrías del bosque a los claros;
a todas partes donde nos llevan nuestros
pies desnudos.

Las estrellas brillan demasiado aún
para lo poco que nosotros somos en
la tranquila inmensidad de la noche.
Algunas veces, bajo las ramas bajas
encontramos ciervas dormidas.

Pero más encantador que todo, en la noche,
es cierto lugar conocido de nosotros solos,
 lugar que nos atrae entre los demás del bosque:
un zarzal de rosas maravillosas.
                                                              Pierre Louÿs   
 
James Tissot

Bilitis

Una mujer se envuelve en blancas lanas.
Otra se viste de seda y oro. Otra se cubre
de flores, de hojas y de racimos.

Yo, yo no sabría vivir sino desnuda.
Amor mío tómame como soy: sin túnica,
joyas ni sandalias, he aquí a Bilitis tal
como es.
 

Mis cabellos son negros porque lo son y
mis labios rojos porque son rojos. Mis
bucles ondulan a mi alrededor libres y
rizados como han nacido.

Tómame tal cual mi madre me hizo
en una noche lejana de amor; y si te
gusto así, no dejes de decírmelo.
                                                   Pierre Louÿs

John William Godward
  
Pierre Louÿs por Henry Bataille, 1901


Autor: Pierre Louÿs
Título: Las canciones de Bilitis
Traducción al español: Juan B. Bergua



Nº de Páginas: 299






No hay comentarios:

Publicar un comentario