lunes, 26 de octubre de 2015

El olor de la guayaba. Gabriel García Márquez (1927-2014)



Autor: Gabriel García Márquez
Título: El olor de la guayaba
Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza

Editorial Bruguera, S.A.
diseño de cubierta: Soulé-Spagnuolo
Nº de páginas: 187



El oficio

-¿Y ahora?
-Ahora no fumo, y trabajo sólo de día.
 -Por la mañana.
-De nueve a tres de la tarde, en un cuarto sin ruidos y con buena calefacción. Las voces y el    frío me perturban.
-¿Te angustia, como a otros escritores, la hoja en blanco?
-Si, es la cosa más angustiosa que conozco después de la claustrofobia. Pero esa angustia acabó para mí en cuanto leí un consejo de Hemingway, en el sentido de que se debe interrumpir el trabajo sólo cuando uno sabe cómo continuar al día siguiente.
-Una imagen visual. en otros escritores, creo, un libro nace de una idea, de un concepto. Yo siempre parto de una imagen (...) (pág. 34-35)




-¿Y cuál fue la imagen visual que sirvió de punto de partida para Cien años de soledad?
-Un viejo que lleva a un niño a conocer el hielo exhibido como curiosidad de circo.
-¿Era tu abuelo, el coronel Márquez?
-Sí.
-¿El hecho está tomado de la realidad?
-No directamente, pero si está inspirado en ella. Recuerdo que, siendo muy niño, en Aracataca, donde vivíamos, mi abuelo me llevó a conocer un dromedario en el circo. Otro día, cuando dije que no había visto el hielo, me llevó al campamento de la compañía bananera, ordeno abrir una caja de pargos congelados y me hizo meter la mano. De esta imagen parte todo Cien años de soledad.
-Asociaste, pues, dos recuerdos en la primera frase del libro. ¿Cómo dice exactamente?
-"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevo a conocer el hielo"... (pág. 36)



 
 -¿Cuál es , para ti, el sitio ideal para escribir?
 -Lo he dicho varias veces: una isla desierta por la mañana y la gran ciudad por la noche. Por la mañana, necesito silencio. Por la noche, un poco de alcohol y buenos amigos para conversar. Siempre tengo la necesidad de estar en contacto con la gente de la calle y bien enterado de la actualidad. Todo esto corresponde a lo que quiso decir William Faulkner cuando declaró que la casa perfecta para un escritor era un burdel, pues en las horas de la mañana hay mucha calma y en cambio en las noches hay fiesta. 
-Hablemos de todo el lado artesanal del oficio de escribir. En este largo aprendizaje que ha sido el tuyo, ¿podrías decirme quiénes te han sido útiles?
_En primer término, mi abuela. me contaba las cosas más atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acabara de ver. Descubrí que esa manera imperturbable y esa riqueza de imágenes era lo que más contribuía a la verosimilitud de sus historias. Usando el mismo método de mi abuela, escribí Cien años de soledad.
-¿Fue ella la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?
-No, fue Kafka que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los diecisiete años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: "Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa." (...) (pág.41)
 


-Después de Kafka, ¿que otros escritores te han sido útiles desde el punto de vista del oficio y de sus trucos?
-Hemingway.
-A quien no consideras un gran novelista.
-A quien no considero un gran novelista, pero sí un excelente cuentista. O el consejo aquel de que un cuento, como el iceberg, debe estar sustentado en la parte que no se ve: en el estudio, la reflexión, el material reunido y no utilizado directamente en la historia. si, Hemingway le enseña a uno muchas cosas, inclusive a saber cómo un gato dobla una esquina.
-Greene te enseñó también algunas cosas. Lo hemos hablado alguna vez.
-Sí, Graham Greene me enseñó nada menos que a descifrar el trópico....(pág.43)



Gabriel garcía Márquez nos descubre en sus conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza -amigo desde la juventud- lo que piensa de la literatura, la fama, la política, el poder, las mujeres... nos habla de su amistad con Fidel Castro, Torrijos y Mitterrand, y de su compromiso en la defensa de los Derechos Humanos.



En bancos de arena que se abrían en mitad del río, se veía de pronto algún caimán aletargado por el calor. Cuando rompía la mañana o cuando se acababa el día con resplandores de incendio, micos y loros chillaban en las remotas riberas. parecido a los vapores en época de Mark Twain surcaban el Mississippi, el viejo barco de rueda...(pág.53)



Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de  piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos...(Cien años de soledad)

A las nueve de la mañana, mientras desayunábamos en la terraza del Habana Riviera, un tremendo golpe de mar a pleno sol levantó en vilo varios automóviles que pasaban por la avenida del malecón, o que estaban estacionados en la acera, y uno quedó incrustrado en un flanco del hotel. Fue como una explosión de dinamita...(Me alquilo para soñar, Doce cuentos peregrinos)






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