martes, 6 de octubre de 2015

Egipto, Nubia y Oriente Próximo.



 El MAN tras 6 años de profunda reforma arquitectónica y museográfica. Su remodelación le sitúa ahora como uno de los más importantes museos arqueológicos y de historia europeos.

El museo durante la reforma

 Como hito urbano, el MAN completa la denominada Milla de Oro o Paseo del Arte de los museos de Madrid.
 Los criterios que han guiado esta ambiciosa reforma han sido los de calidad, innovación y accesibilidad. Tanto los plazos de ejecución del proyecto como las cifras que arroja la actuación integral avalan la complejidad de este proyecto de Estado para el museo de arqueología más importante de España y uno de los más destacados del panorama internacional por la conjunción de la excepcional calidad de su colección, la envergadura de la intervención en el edificio histórico y su planteamiento museográfico hacia los distintos públicos.


 Conocimiento del edificio en profundidad y un análisis histórico del mismo, que el edificio potencie las colecciones y las colecciones potencien al edificio, ha sido plenamente conseguido por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade.


Claraboya


Cubrición de los patios. Los patios que se recuperan para la exposición constituyen un nuevo espacio de referencia. Se plantean como centros de atención y atracción visual con gran luminosidad debido a la nueva montera de vidrio climático. son espacios destinados, debido a sus dimensiones y múltiples puntos de lectura, a la presentación de piezas de gran formato que puedan visualizarse desde diversos ángulos.




Fotografía: Sonia Aguilera

 Juan Manuel Ballester Premio Nacional de Fotografía 2010, es el autor de las fotografías instaladas en grandes paneles a lo largo de algunos espacios.



Área Temática 3 (Salas 31-40)

 Egipto, Nubia y Oriente Próximo

Comprende piezas predinásticas , así como colecciones funerarias con máscaras, momias (como la de Nespamedu) y sarcófagos decorados (Deir el Bahari o Amenemhat); ajuares relacionados con la vida cotidiana, esculturas en bronce de dioses (Osiris, Isis, Ptah, Amón, etc.), y de piedra (Nectanebo y Harsomtusemhat). La colección de  oriente Próximo ilustra desde el período de Samarra pasando por El Obeid, la época de Gudea con la cabeza del rey, fase de Uruk, hasta las cerámicas de época islámica.



El Nilo y sus culturas:
Egipto y Nubia

El río Nilo es el más largo de África. Sus aguas proceden del Nilo Azul, que nace en Etiopía, y del Nilo Blanco, cuyo origen está en el Lago Victoria, en África Central, uniéndose en Jartum, capital de Sudán, y fluyendo hasta desembocar en el Mediterráneo convertido en delta. Gran parte de su recorrido está flanqueado por el desierto, durante siglos las crecidas anuales fertilizaron las tierras del cauce al cubrirlas de limo.
 Las aguas del Nilo fueron fuente de vida, vía de comunicación entre el sur nubio y el norte egipcio, vínculo entre el mundo Mediterráneo y el África subsahariana. Nubios y egipcios estuvieron siempre interconectados por este cauce fluvial: de Jartum a Asuán, el Nilo atraviesa el territorio en el que surgió la civilización nubia o kushita; de Asuán al Mediterráneo, el del estado faraónico.
 


Máscaras

 En caso de imposibilidad de adquirir un sarcófago, los egipcios cubrían el rostro del difunto con una máscara de madera y tapaban el resto del cuerpo con materiales perecederos como el adobe o elementos vegetales que no se han conservado.
 Durante la Baja Época y el período grecorromano, las cabezas se introducían en una máscara hecha de distintas capas de lino muy prensadas y estuco, que se cubría con pan de oro. Otro material usado en la elaboración de las mascarillas fue el yeso, incrustándose los ojos en piedra blanca y negra imitando el globo ocular y el iris. En la máscara se dibujaban los rasgos convencionales del difunto.

Momia de Nespamedu, sacerdote de Imhotep (Período ptolemaico)





Sarcófagos y Ataúdes

Tan indispensable como la momificación era la posesión de un receptáculo para proteger el cuerpo. Los tipos -rectangulares y antropomorfos- y la decoración de los sarcófagos y ataúdes variaron de una época a otra; se realizaron en piedra, y en madera policromada, con mayor o menor profusión en su decoración, pero en todos ellos predominaron las imágenes religiosas y las advocaciones a las divinidades funerarias. Las modas y los estilos variaron con el tiempo y diferentes talleres realizaron en serie auténticas obras maestras entre las que se podía elegir, en ocasiones, el espacio reservado al nombre y los títulos del difunto se dejaban en blanco para inscribirlos una vez que la persona eligiera un determinado sarcófago.
 
Ataúd anónimo

(Detalle)

Las figurillas funerarias: Shabtis, Ushebtis

 Desde el Reino Medio aparecen en las tumbas figurillas funerarias denominadas Shabtis o, a partir de la Dinastía XXI, Ushebtis, la traducción de este término es "los que responden", quienes actuaban como sustitutos de los difuntos cuando se les convocaba para trabajar en los campos del dios contestando: "Soy yo, aquí estoy", según relata el capítulo VI del Libro de los Muertos inscrito en su cuerpo.
 Las figurillas que sujetan la azada, la hachuela o la piqueta y en la espalda el saquito de semillas son "obreros", cuyo número podía ser de 365 en cada sepultura, de modo que cada figurilla trabajaría un día al año. Junto a ellas se encuentran los capataces, encargados de vigilar a una cuadrilla de diez ushebtis-obreros, por lo que el número total podía alcanzar los 401.




 

 El Nilo, Egipto y Nubia. El mundo funerario en Egipto
  Rituales funerarios

 Los rituales funerarios eran realizados por sacerdotes que celebraban el culto en las necrópolis.
 El fallecido necesitaba nutrirse en el Más Allá para no perecer de inanición. Por ello, en la pared de la tumba se representaba la escena de la comida funeraria con el difunto sentado ante una mesa repleta de ofrendas. Delante se escribía el "menú" con los nombres de las viandas traídas por los porteadores. Los sacerdotes realizaban las ceremonias apropiadas: apertura de la boca para que el difunto recuperase sus funciones vitales, libaciones, quema de incienso y lectura de textos que se repetían incansablemente: "invocación de ofrendas consistente en mil en panes, mil en cerveza, mil en bueyes, mil en ocas..."Al recitarlas, el difunto recibía los alimentos nombrados.

Momia de cocodrilo
 Las creencias en Egipto
 Los animales como manifestación de lo divino

 Algunas divinidades egipcias se mostraron bajo el aspecto externo de un animal, adoptando sus atributos y trasmitiendo su carácter misterioso e insondable. Estas apariencias divinas, que tanto extrañaron a los griegos, fueron muy naturales para el sacerdote o el teólogo egipcio, que cría que el dios se manifestaba en un ejemplar único; pero si los dioses lo deseaban, se encarnaban no sólo en un animal, sino en todos los ejemplares de una misma especie, siendo embalsamados y depositados por centenares en cementerios o en tumbas reutilizadas. En ellas han sido hallados pájaros ibis, cocodrilos, gatos, halcones, muchos en sus propios sarcófagos, o sus vísceras depositadas en los vasos canopos, como es el caso de los bueyes Apis o Mnevis.


Una intensa relación entre las colecciones y el visitante

 La balanza como símbolo de la Justicia tiene su origen en el antiguo Egipto. En las representaciones del Juicio de Osiris se juzga al difunto colocando su corazón en el platillo de una balanza y en el otro, una pluma. Del fiel de la balanza dependía que viviera para siempre.

 El tema perdura en el mundo grecolatino y es Hermes quien maneja la balanza y decide la suerte de los mortales. En la Edad Media, el arcángel san Miguel es el encargado del pesaje de las almas.

 En todas estas imágenes, la balanza garantiza el juicio equilibrado y equitativo, cualidades propias de la Justicia y razón por la que la balanza, sola o portada por una mujer la simboliza. 



La Devoradora de Corazones, con cabeza de cocodrilo, espera ante Osiris e Isis el resultado del pesaje del corazón.


La cámara sepulcral

Esta estancia, generalmente subterránea o excavada en la montaña, estaba aislada del mundo de los vivos; era la última morada del difunto, su lugar de descanso, donde se depositaba el cuerpo en su ataúd, rodeado de los vasos canopos, los ushebtis -colocados en el interior de una caja destinada a guardarlos -y su ajuar, consistente en objetos de uso personal y  cotidiano. Todo ello iba a permitir al finado llevar en el Más Allá una vida semejante a la que había tenido en la tierra.
 Las paredes de las cámaras podían estar cubiertas de inscripciones, de iconografía relacionada con la momificación y los funerales o de representaciones basadas en los textos funerarios.

Fragmento de pared de la tumba Satbahetep y Neferkhau
La sociedad egipcia

La sociedad egipcia estuvo fuertemente estratíficada. En la cima se situaba el faraón, quien encarnaba la omnipotencia del estado apoyado por sus delegados inmediatos; jefes de la administración, del ejército y del clero. Los funcionarios, entre ellos escribas, sacerdotes y artistas, pertenecían a un rango inferior. menos ventajosa fue la situación de los campesinos, siervos y cautivos de guerra.
 En Nubia, la familia real jugó un papel relevante. Los soberanos kushitas -qore-, imitaron modelos egipcios tanto en la iconografía como en la vestimenta, y celebraron su coronación en Djebel Barkal, principal santuario de Amón en la Alta Nubia. A partir del siglo II a.C., las reinas denominadas candace  actuaron como soberanas únicas. 
 Excelentes arqueros, guerreros, sacerdotes y pastores recorrieron las tierras de aquellos lejanos territorios nubios.
 
Los conos funerarios, hechos de arcilla e inscritos en la base, muestran el nombre, los títulos y, en ocasiones, la filiación del difunto. Se empotraban en hileras, en la fachada exterior de la tumba, de modo que sólo se veía la inscripción, convirtiéndose en una marca de propiedad de las tumbas de la Dinastía XVIII de la región de Tebas.

Estatua de Nectanebo I. Granito. Dinastía XXX. 380-362 a.C





Fauna y flora en el Valle del Nilo

El Valle del Nilo y los desiertos circundantes configuraron un entorno natural que fue intensamente explotado por los pobladores de estas regiones, como se refleja en las imágenes y los restos que nos han llegado.
 Son abundantes las plantas que se asocian inevitablemente a la civilización egipcia: papiro, loto, palmera, mandrágora, sicomoro, vid, trigo y persea, junto a otras importadas, como el incienso y la mirra.
 Igualmente son numerosos los animales representados: ranas, peces, aves, insectos, perros, gatos, asnos o bóvidos, que forman parte de la existencia cotidiana; y también otros como órices, antílopes y chacales, que deambularon libremente por el desierto.
 Leones, monos, hipopótamos, cocodrilos, avestruces, jirafas y elefantes, animales que actualmente sólo se encuentran en el corazón del continente africano, poblaron Egipto y Nubia en la Antigüedad. 
 










El Nilo y sus recursos

El agua del Nilo, el sol y las fértiles tierras del valle fueron esenciales en el desarrollo de las civilizaciones egipcia y nubia; la población se concentro mayoritariamente en esta zona, taxativamente separada del desierto.
 Las crecidas anuales del Nilo, que inundaban el valle entre junio y septiembre y depositaban fértiles limos en las tierras, beneficiaron a la agricultura. para medir el nivel del agua y prever los desbordamientos, se construyeron nilómetros.
 El río y sus riberas, poblados por numerosos animales, proporcionaron pesca y, a través de canales, abundante agua para regar o beber, así como para uso doméstico y ganadero. Tradicionalmente, el agua se eleva desde el río o los canales con el shaduf o cigoñal y, desde el período helenístico con la noria.



La domesticación de plantas y animales

La domesticación de plantas y animales ha supuesto uno de los grandes avances en la historia de la humanidad. En Egipto y Nubia la economía doméstica se basó en la agricultura y en la ganadería; las granjas, los trabajos en el campo y la cría de ganado vacuno, cabras y aves fueron las principales actividades. Los rebaños eran conducidos por pastores y se utilizaron tanto para la alimentación (leche, carne y grasa) como para las labores agrícolas. El cerdo también formaba parte de la dieta de estos pueblos.
 Perros y gatos eran animales habituales en el entorno familiar. los caballos se aclimataron fácilmente en Egipto, y los de guerra pasaron a formar parte del ejercito nubio a comienzos del I milenio a.C.; los dromedarios eran idóneos para los desplazamientos por el desierto.



Estatua de Harsomtusemhat. Basalto. Dinastía XXVI. 640-610 a.C,.
Esta estatua de un hombre llamado Harsomtusemhat representa a un anciano cuyos rasgos realistas y expresivos reflejan la moda escultórica de la época tardía. El personaje está sentado, con las piernas encogidas, sujetando un sistro (scheseshet) formado por el mango y el rostro de la diosa Hathor. El papel del instrumento era apaciguar la cólera de los dioses y ponerlos en disposición de escuchar las plegarias. Harsomtusemhat fue sacerdote de Horus, de Neith, de Hathor y de Metyer, además de noble, príncipe y escriba de los documentos reales, lo que indica su elevada posición social en los estamentos civil y religioso.


Oriente Próximo y Antiguo

La historia de Oriente Próximo y Antiguo es el relato de la vida de los pueblos que habitaron desde el Egeo al Valle del Indo, y desde Asia Central y el Cáucaso hasta la Península Arábiga. Hará unos doce mil años, en la región conocida como Creciente Fértil nacieron la agricultura, la ganadería y las primeras aldeas, que pronto se expandieron. En torno a 3500 a.C., se desarrolló en Mesopotamia la primera cultura urbana y el Estado. Surgieron entonces la realeza y las ciudades-estado con los sumerios, extendiéndose el proceso de urbanización por todo Oriente Próximo. En 2350 a.C., el rey Sargón de Acad fundo el primer gran estado territorial, y la ciudad de Ur y su III Dinastía se declararon en 2100 a.C., herederas de las tradiciones sumerias y acadias.
 La Babilonia de Hammurabi (1792-1750 a.C.) y de sus sucesores se convirtió en un centro neurálgico del poder político hasta que surgieron grandes potencias como Mitanni o Hatti. Y durante el I milenio, antes y después de Cristo, hasta la llegada del Islam en 636 se vivió el pujante y sucesivo desarrollo de los grandes imperios asirio, babilonio, aqueménida, parto y sasánida, y la integración de partes de Oriente en el mundo helenístico y romano-bizantino. Hoy sabemos que todos esos pueblos y otros, como cananeos y hebreos, arameos y fenicios, urarteos, frigios y lidios, árabes, bactrianos y sogdianos participaron en esa misma historia, porque todo Oriente fue un mismo mundo.


Fragmento oval con decoración geométrica y orla de hojas de parra. Lana y lino. Época copta. Siglos IV-VI. Akhmim.

Tejidos Coptos

 Los tejidos de la indumentaria copta, es decir, de los cristianos egipcios, constituyen un legado excepcional. trabajados generalmente con técnica de tapiz, los materiales empleados fueron lino, de tradición faraónica; lana, fácil de teñir; hilo, seda, introducida en época ptolemaica; algodón, usado a partir del período romano; e incluso, cáñamo. se decoraban con vivos colores y una temática muy variada de motivos geométricos y vegetales, así como de figuras zoomorfas y antropomorfas.  


Cerámica iraní

  El legado de Irán

  La meseta iraní formó parte del antiguo Imperio Persa, aunque sus fértiles vegas estuvieron ya habitadas desde el IV milenio a.C. Los pueblos sedentarios que habitaron este territorio llegaron a dominar la agricultura de regadío mediante canales subterráneos y consiguieron la recuperación de manantiales naturales. La ganadería fue también un medio de subsistencia cotidiana y la extracción de alabastro, diorita, turquesa, lapislázuli, ámbar e incluso oro alimentó el intercambio comercial a través de rutas establecidas.
 A finales del II milenio a.C., este territorio fue destino de las inmigraciones medas y persas. Sometido inicialmente a la hegemonía meda, Ciro II creó el Imperio Persa Aqueménida en el 550a.C., con capital en Susa, y posteriormente los sasánidas se hicieron dueños del territorio.
 El viejo mundo oriental tampoco conoció nada del fanatismo religioso de posteriores religiones. Su tolerancia permitía la erupción de nuevas representaciones que añadían vivacidad y riqueza a su fe.



Oriente Próximo Antiguo
El legado de Mesopotamia

 Mesopotamia formó parte del Creciente Fértil y ocupó lo que hoy es Iraq, entre los ríos Tigris y Éufrates. Los pueblos mesopotámicos realizaron progresos y avances espectaculares en el dominio de las ciencias, las matemáticas, la astronomía, la medicina, las técnicas de irrigación e instalaciones hidráulicas, la metalurgia y la ingeniería. Inventaron la rueda, cultivaron la cebada, el trigo, la palmera datilera, la higuera o el olivo, y domesticaron animales para obtener leche y pieles.
Sumerios, acadios, asirios, hurritas, caldeos, amorritas y arameos, todos ellos habitantes del "país entre ríos", aportaron su legado a la posteridad. Esta compleja sociedad dispuso, desde el II milenio a.C., del primer compendio de leyes, el Código de Hammurabi.  
 


El legado de mesopotamia
La escritura
  
"Con la escritura arrancaron a la humanidad del olvido eterno"
"Todo está escrito para que no sea pasto del olvido"
"La escritura la luz de la historia"

Fuentes escritas. La glíptica

La escritura cuneiforme, realizada mediante la impresión de un cálamo triangular sobre arcilla, sirvió para transcribir muchas lenguas y dialectos de Oriente Próximo: sumerio, acadio, babilonio, asirio, hitita, persa y ugarítico.
 Los escribas utilizaban tablillas de arcilla, conservadas por millares en archivos y bibliotecas, para anotar dominios, establecer contratos, entablar correspondencia y realizar cálculos y transacciones.
 Esta diversidad de lenguas se explica simbólicamente en la Biblia (Génesis 11, 1-9): en Babel, los hombres decidieron construir una torre cuya cima penetraría en el cielo, y Yahvé los castigó confundiendo la lengua de todos los habitantes de la Tierra.
 En el siglo XVII, el español García de Silva interpretó por primera vez estos signos cuneiformes como una escritura antigua.
 La glíptica constituye una fuente complementaria para el conocimiento de las culturas que se desarrollaron en Oriente Próximo.
 

El legado de Mesopotamia
La realeza

 La realeza fue la principal institución política de Mesopotamia, el hilo conductor de su historia. En las primeras ciudades-estado sumerias, el monarca era el representante terrestre del dios protector de la ciudad, el rey-sacerdote, denominado ensi (señor), lugal (gran hombre) y sarru (rey) en época de Sargón de Acad.
Posteriormente, la vocación de los grandes reyes babilonios y asirios de crear un imperio universal que se extendiese hasta los confines visibles fortaleció su poder: mayor intervención en la administración, en los trabajos públicos, en la legislación y en la vida religiosa, ya que su legitimidad se basaba en su doble naturaleza humana y divina. 

José Pellicer Fené (1842-1901). Óleo sobre lienzo, 1977

Una civilización urbana

La colonización de la llanura mesopotámica iniciada entorno al V milenio a.C., llevaría a un proceso de urbanización del sur del territorio. En los poblados más antiguos, las condiciones de supervivencia impusieron una colaboración de pastores y agricultores con comerciantes, artesanos o soldados dirigidos por una élite bajo una única autoridad en una sociedad jerarquizada.
 Mesopotamia tuvo una vasta red de aglomeraciones urbanas, a destacar Mari en los bordes del Éufrates, con sus calles en forma de tela de araña, Nínive, capital del Imperio Asirio, o la grandiosa Uruk. gracias a las caravanas, el "país entre ríos" se convirtió en lugar de intercambios humanos y comerciales.






Alfileres de Luristán

Conjunto de alfileres de bronce utilizados para sujetar mantos y vestidos e incluso para adornar el cabello. Muestran una gran variedad ornamental, como se aprecia en la decoración de los remates, con motivos que incluyen desde animales reales y fantásticos hasta temas florales y geométricos. Las varillas están jalonadas con estrías, galones y molduras. Se fechan en la Edad del Hierro, entre 1000-600 a.C.

 
Fragmento de sillar con inscripción. Piedra. Siglos I a.C-Id.C. Yemen



 

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