martes, 11 de agosto de 2015

Yo, Aníbal. Juan Eslava Galán


Francois Girardon, "Anibal", 1907.

Yo, Aníbal , estoy prisionero en esta ruinosa torre de adobe, en medio del desierto. Delante de la torre hay una palmera enferma y casi seca. de vez en cuando subo a la terraza y oteo el camino de Heraclea buscando la nube de polvo que anunciará la llegada de los romanos...(Pág. 17)

Yo, Aníbal, cuyo nombre púnico significa "don de Baal", me encomiendo a mi protector y a Tanit y al resto de los familiares dioses inmortales, al comenzar de mi propia mano este relato cuando ha mediado el año sesenta y cuatro de mi vida. No sé por qué escribo en griego. Quizá porque sospecho que el púnico no sobrevivirá a la inevitable aniquilación de Cartago. Tampoco sé si escribo para que alguien lea estas notas algún día o simplemente por emprender algo que mitigue la impaciencia de la espera.
Mi primera infancia, en Cartago, es un...(Pág. 18)

(...) Los Barca somos descendientes directos de la reina Dido, la fundadora de Cartago, cuya firmeza de carácter se supone que hemos heredado (junto con la recta y aristocrática nariz, la tez blanca y los tobillos finos). Por oscuras razones Dido escapó de la ciudad fenicia de Tiro y arribó a las costas de África. La propia Tanit se le apareció en un sueño y le ordenó que fundara allí mismo una nueva ciudad. Pero aquella tierra pertenecía la rey de los belicosos númidas. Dido parlamentó con él y le ofreció sus tesoros a cambio del territorio necesario. El bárbaro, que no deseaba extraños vecinos en su reino, respondió a la oferta de Dido con una característica fanfarronería númida: "Por esa suma solo puedo cederte el trozo de tierra que puedas abarcar con la piel de un buey". Para sorpresa de su interlocutor, Dido cerro el trato. Tomó la piel de un buey grande y la cortó en finísimas tiras que luego extendió desde el promontorio de Sissa hasta el cerro que hoy ocupa la ciudadela de Megara. De este modo burló al rey de los númidas y pudo procurarse la tierra de Cartago sin faltar al sagrado acuerdo. (Pág. 19)


Joshua Burbank

(...) El retorno de Amílcar  no fue feliz. Le habían confiado el mando de las tropas que combatían en Sicilia cuando ya los romanos habían conquistado casi toda la isla, después de catorce años de lucha. Empero, Amílcar cambió el signo de la guerra. Tomó juiciosas medidas y consiguió algunas victorias. Entonces regresó brevemente a Cartago para rendir cuentas ante la Balanza y exigirle los nuevos alistamientos necesarios para proseguir la guerra. Como es sabido, estas levas le fueron denegadas. Los mezquinos mercaderes y terratenientes de la oligarquía senatorial fueron incapaces de comprender que la pérdida de Sicilia acarrearía la ruina de Cartago.
Me he referido a la Balanza. Quizá deba advertir que en Cartago llamamos así al Senado porque en el dintel de entrada de la casa donde se celebran sus sesiones hay una balanza esculpida. Es el emblema de los Tagos, los antiguos propietarios del inmueble.(Pág.21)



Joshua Burbank


 (...) Quizá sea éste el momento de hablar de Hispania. En aquella tierra transcurrió mi juventud, me formé, hice mis primeras armas, encontré esposa y tuve a mi único hijo. Verdaderamente me siento más hispano que púnico. Otro de los descubrimiento de mi vejez.
La tierra de Hispania es agreste y hermosa. Se extiende desde los montes pirenaicos hasta el mar de Cádiz. En los tiempos de Dido unos mercaderes fenicios, a los que una tempestad había extraviado, descubrieron sus costas por casualidad. La llamaron Hispania, que quiere decir "conejera", por la gran abundancia de roedores que observaron en ella. Toda esta tierra es muy montañosa y está poblada de potentes encinares y espesuras en las que, además del conejo, abundan el oso, el ciervo, el lobo y el jabalí. Pero también tiene despoblados desiertos donde no encontraréis más que zarzas, guijarros y sequedad. Muchos y muy diversos pueblos habitan su territorio. La parte del sur es la más rica. La pueblan turdetanos, mastienos y oretanos. Éstos son los más civilizados, debido al trato frecuente que han mantenido con nuestras colonias. Su gente es próspera, pues en las costas abunda la pesca; en los llamados fluviales, el cereal y la vid, en las montañas, el minio y la plata. Más al norte, pasadas las grises sierras de Cástulo, comienzan las sierras altas, pobres y frías, donde viven los fieros celtíberos. las más importantes tribus son: arevacos, pelendones, lusones, bellos, titos, berones, carpetanos, lusitanos, vacceos, vetones, várdulos, austrigones y caristios. es posible que olvide alguna. Más lejos aún están los olcades y más allá los montaraces galaicos y los astures. Todos estos pueblos se dedican a la ganadería y la agricultura...(Pág. 29) 


Anibal Barca en las Guerras Púnicas


La figura de Aníbal, uno de los personajes más fascinantes de todos los tiempos, pertenece a esa rara estirpe de héroes trágicos, que, después de dos mil años, continúa ejerciendo misteriosa seducción a través de un recuerdo histórico magnificado por la literatura.

Esta "autobiografía" de Aníbal constituye la exhaustiva y documentada reconstrucción de una época decisiva en la que el futuro de la humanidad dependió del resultado de una ambiciosa empresa individual: la invasión de la península itálica por el heterogéneo conglomerado de mercenarios ibéricos y norteafricanos. Sobre este fondo, rigurosamente histórico, el relato nos traslada al ritmo trepidante de una aventura pródiga en singulares episodios.

Al paso de los Alpes, con un ejército de elefantes, a las sangrientas batallas contra las legiones romanas que jalonaban la existencia del protagonista, la reconstrucción colorista de la España de hace dos mil años, con toda la rica complejidad y curiosas costumbres de sus pueblos y tribus; las lascivas danzas de las bailarinas gaditanas, las culpables delicias de Capua y los sofisticados usos de enriquecidos mercaderes y especuladores púnicos, en vivo contraste con el primitivismo y la ferocidad de los guerreros celtíberos de la meseta.

Sobre este fondo destaca la figura de Aníbal Barca, que haciendo honor a un juramento emitido en su infancia, se ha propuesto sojuzgar a Roma y restituir a Cartago el dominio del Mediterráneo, un drama (cuyos últimos alcances aún nos afectan) que no significó solamente el enfrentamiento de dos superpotencias coloniales, sino el de dos culturas y formas de entender la vida diametralmente opuestas.


Joshua Burbank


Autor: Juan Eslava Galán
Título: Yo, Aníbal

Editorial Planeta, S.A.
Colección Memoria de la Historia

Nº de Páginas: 247
Edición: Octubre 1988
 















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