martes, 14 de julio de 2015

Una vida presente Memorias 2 (1951-1975) Julián Marías


Andrea Kowch

Empecé a escribir estas Memorias el 14 de julio de 1988, tenía graves dudas de poder llevarlas a cabo, porque anticipaba un cúmulo de dificultades.  Sin embargo, escribí el volumen I con inusitada rapidez : lo terminé el 26 de agosto. Tuve la impresión de que el libro me arrastraba, me llevaba consigo, sin dejarme descansar. Comprendía desde el comienzo de mi vida hasta que en 1951 me trasladé a Estados Unidos con mi familia, para pasar allí un año; me pareció que ahí debía situarse el final de una época y el comienzo de otra, en un escenario bien distinto...

(...) Este segundo tomo de Una vida presente se extiende desde mi primera estancia en América, en el otoño de 1951, hasta el mes de noviembre de 1975, es decir desde mis treinta y siete años hasta los sesenta y uno. Es, por tanto, un libro de madurez, cuando la vida personal y la intelectual se han ido complicando y haciendo más densas y con más dimensiones. Van apareciendo diversas trayectorias, cuyo entrelazamiento, es una cuestión delicada, para vivirlas por lo pronto, para interpretarlas y mostrarlas después. (...) [Pág.9-10]


Andrea Kowch

(Detalle)

(...) Creo que Salinas padeció innecesariamente por no atreverse a volver nunca a España; no se tiene idea del grado de coacción moral que unos emigrados ejercían sobre otros. Jorge Guillén, por ejemplo, vino a España muchas veces, sin problemas y conservando su independencia. Salinas, ni una vez, a pesar de que lo necesitaba tanto como el que más. Nunca había sido político, no había ni siquiera pasado la guerra en España, su desvío del régimen no era mayor que el de muchos que vivíamos en España.
Fueron muy tristes los últimos meses de Salinas; tenía fuertes dolores, gran melancolía, mezclada con irritación. Se agravó, tuvo que ser trasladado al hospital de Boston; me avisaron una noche de que estaba muy mal; a la mañana siguiente fui a verlo, a verlo morir el 4 de diciembre. Este mismo día envié a ABC un artículo: "Pedro Salinas, en la frontera".
A su funeral acudió Jorge Guillén, con quien tuve una larga conversación; me dedicó la última edición de Cántico, que había llevado conmigo. Conocí también a Amado Alonso , que había de morir pocos meses después. Salinas había dispuesto que lo enterrasen en el cementerio de San Juan de Puerto Rico, junto al mar que había cantado en su famoso poema El contemplado; años después pude visitar su tumba (...) [pág.23]


Andrea Kowch

Cuando salí de los Estados Unidos, al cabo de casi un año, no era lo mismo que había sido al llegar. Un año es mucho tiempo de vida, sobre todo cuando no se lo vive de una manera inerte, sino que cada día tiene una significación, un argumento, se espera algo de él y se termina con un balance de realización o fracaso.
Mi vida en los Estados Unidos había tenido las condiciones óptimas para ser fecunda: todo era nuevo, pero lo había vivido cotidianamente, con esa ilusión de eternidad queda el hacer las cosas cada día, con la impresión de que se van a hacer todos los días, o sea, siempre. 
Había vivido con lo más importante de lo que me quedaba, con amor y profundos cariños; pero no en una isla de indiferencia; siempre me han horrorizado las personas que viven en un país distinto del suyo y no tienen verdaderos amigos, han pasado sin querer a nadie allí. (...) [Pág.31]


Andrea Kowch

Andrea Kowch

El argumento de la vida intelectual

Si me preguntaran hoy cuál es la dolencia más grave de la vida intelectual en nuestro tiempo, después de pensarlo mucho diría que el haber ido dejando de ser vida. Me explicaré.
Cada vez se entiende más como trabajo. No se puede imaginar el daño que ha hecho a la humanidad el concentrar su atención casi exclusivamente sobre el trabajo. Marx es sin duda el principal responsable, como todos los grandes inventores o descubridores -sobre todo si no son últimamente inteligentes, si les falta esa holgura que es condición radical de la verdadera inteligencia-, exageró lo que había visto, centró todo en el trabajo, visto además de manera parcial, en su vertiente económica, que en modo alguno es la única. El mundo actual -incluyendo en él a los antimarxistas- comparte esta visión de la realidad humana.Claro que el trabajo es algo extraordinariamente importante, condición de casi todo, y la vida intelectual requiere una buena cantidad de él, pero no consiste en él. (...) [Pág.78]


Andrea Kowch

Este tomo segundo de Una vida presente empieza con la primera residencia de Julián Marías en América, que con tanto relieve aparece en el libro, y concluye cuando termina el larguísimo régimen nacido de la guerra civil y se establece la monarquia.
De sus treinta y siete años a los sesenta y uno se extiende la etapa de madurez, dilación y consolidación de una obra. Y ello con infrecuente amplitud: los Estados Unidos, la América española y portuguesa, Europa occidental entera, la India, Israel, han sido intensamente vividos e interpretados. Marías habla de fidelidad al futuro: fidelidad a los proyectos y empresas, a las metas; "Soy fiel a lo que quería hacer y ser, y lo sigo queriendo porque no lo he conseguido". Salvar la continuidad de una espléndida cultura española, amenazada, lo que no puede hacerse más que creando una parcela de ella, que responda a "la hondura del tiempo". Ayudar al reconocimiento de la libertad en España, que "empezó a germinar y brotar, como brota la hierba en los tejados y en las junturas de las losas de piedra". Todo ello paralelamente a la formación de una filosofía en relación viviente con la de Ortega, cuya obra estudia y desarrolla después de su muerte, y desde una vida privada e íntima cuyo dramatismo se hace transparente en este libro.
 

 
Autor: Julián Marías
Título: Una vida presente Memorias 2

Alianza Editorial S.A.
Nº de Páginas: 440








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