sábado, 25 de julio de 2015

Pintura Flamenca.



Pintura Española 1100-1910

Obedeciendo a un criterio cronológico, el Prado expone, desde los murales románicos del siglo XII hasta la producción de Goya, que ya se adentra en el siglo XIX.


Álvarez Cubero. Isabel de Braganza

Álvarez Cubero. Diana cazadora


José Álvarez Cubero (Priego, Cordoba,1768 - Madrid 1827). Escultor de estilo neoclásico.


Francisco de Goya. "El cacharrero"

Francisco de Goya, cartones para tapices.

Francisco de Goya. La era.



Pintura Flamenca del siglo XVI


Adriaen van Cronenburch. Lady with a yellow flower



Adriaen van Cronenburch (1520/25-h. 1602)

El retrato muestra a una dama vestida de negro y a una niña con un traje gris enriquecido con un lujoso cinturón sobre un fondo de arquitectura manierista de carácter palacial. La inscripción bajo la línea de imposta dice: "Nascendo Morimur" (naciendo moriremos).

La pertenencia de los Países Bajos a la monarquía española explica la riqueza de pintura de la escuela flamenca en el Prado, (1430-1700). Las colecciones de primitivos -Weyden, Boust, Memling, El Bosco- y de otros artistas del siglo XVI se pueden ver en la planta baja. En la principal se despliega el importantísimo conjunto de pintura flamenca del siglo XVII con las obras de Rubens, Van Dyck y Brueghel entre otros.


Adriaen Thomasz Key. Retrato de familia, 1583. Óleo sobre tabla.

Adriaen Thomasz Key (h.1544-1590). En Retrato de familia las figuras llenan la superficie y están ordenadas con una estricta simetría  que acentúa su estática frontalidad. El torso escorzado del padre y del niño, así como los rostros divergentes de los hombres y convergentes de las mujeres, introducen cierto dinamismo. El padre apoya su mano sobre una calavera, en alusión a la muerte de su mujer, lo que explicaría su expresión triste y la cariñosa mirada de la niña. Según las edades inscritas, los cuatro jóvenes serían los hijos de (30 y 23 años) y sus cónyuges (de 30 y 23 años), y los dos niños (de 14 y 12) los nietos.

Antonio Moro (h.1519-1576) Retrato de mujer sentada,1560-65.


 El cuerpo dirigido hacía la izquierda y la presencia del perrito -símbolo de la fidelidad conyugal- hacen pensar en un retrato de esponsales que haría pareja con el de su esposo, hoy desaparecido. Su vestido denota su origen flamenco y su condición burguesa de que esté sentada, ilustra el uso que hacían los burgueses de un tipo de retrato propio de la nobleza.

Antonio Moro. Dama del joyel,1552. Óleo sobre tabla.


Marinus van Reymerswaele. El cambista y su mujer, 1539

El hombre pesa las monedas y la mujer se asegura de que el resultado coincida con lo registrado en el libro contable. Figuras y objetos llenan la totalidad del espacio para que centremos nuestra atención en el quehacer de la pareja. La vela apagada, alegoría de la vanidad, permite interpretar la escena en base moralizante, como una crítica a la usura que se suponía iba implícita en la actividad de los cambistas.

San Jerónimo aparece sentado junto a una mesa en un rincón de su estudio, abierto al exterior a través de una ventana y una puerta, pero no escribe, sino que mira al espectador al tiempo que señala hacía la ilustración del Juicio Final en la Biblia abierta y apoya un dedo sobre la calavera. Es decir, nos recuerda nuestro ineludible destino, al que alude también la vela apagada.
 









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