miércoles, 8 de julio de 2015

El despacho de Ramón Gómez de la Serna.






¡Qué curioso! Continúo siendo caprichoso: a veces me enamoro de 
alguna cosa absurda y la compro a pesar de mis aprietos (económicos).
Aquí tengo un piso lleno de cosas fantasmales y divertidas. (...) Me 
precio de tener vista. A veces paso con mi señora delante de una
vidriera y le digo: "Este objeto tiene valor". Al día siguiente, volvemos
a pasar: el objeto ha desaparecido".


Interior del Conde Duque
Conde Duque

El edificio que Felipe V encargó en 1717 al arquitecto Pedro de Ribera para Real Cuartel de Guardias de Corps, con su magnífica portada de piedra, es considerado hoy día uno de los máximos exponentes del barroco madrileño. desde 1983 el Ayuntamiento ha destinado el complejo a fines culturales, comenzando una nueva etapa tras la rehabilitación culminada en 2011.












"Mientras, mi despacho se va llenando de cosas, no solo las que he traído de París sino nuevas adquisiciones a través de mis bajadas al Rastro...Bargueños, velones, cornucopías, Vírgenes de la Soledad, Cristos, espadas, peces espadas, alfanjes, pistolas...En mi repliegue de lo teatral tengo, ahorcado en un rincón, en escala que sube al techo, un gran racimo de polichinelas que señalo a los que llegan diciendo: "el pueblo"...Tengo la codorniz de reclamo, con la que engaño a los cazadores tempraneros que ponen pasos de botas de caza en las mañanas veraniegas: "Pal-pa-lá...Pal-pa-lá...Pal-pa-lá...Pal-pa-lá...Pal-pa-lá...Pal-pa-lá...Pal-pa-lá...Pal-pa-lá..."









"Lo que en realidad maravilla al hombre es ver las cosas superpuestas.
La superposición que consigue en construcciones, ideas, en fantasías,
es lo que cree que le hace trascendente"                                                



"En medio de aquellos días tuve tiempo para pintar el retrato trifronte de Luisita, amarrando su parecido, pues yo creo que solo por amor se debe hacer pintor el que quiere a su mujer para que así ningún pintor profesional le esté mirando horas y horas".






El sueño del violinista

Siempre había sido el sueño del gran violinista tocar debajo del agua para que se oyese arriba, creando los nenúfares musicales.
En el jardín abandonado y silente y sobre las aguas verdes, como una sombra en el agua, se oyeron unos compases de algo muy melancólico que se podía haber llamado "La alegría de morir", y después de un último "glu-glu" salió flotante el violín como un barco de los niños que comenzó a bogar desorientado. ["Caprichos". R gómez de la Serna]




  






Carlos Saura
La vinicola del barrio, 1961 (El Rastro)



Carlos Saura
El charlatán II (El Rastro) 





Cuartel del Conde Duque, fachada principal.


Calle de la Palma


Nada en suma. Absolutamente nada. Que se salga del carril cotidiano. La vida fluye incesable y uniforme: duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, torno a casa, leo de pensado, escribo bien o mal -seguramente mal-, con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en el diván y contemplo el cielo, añil o ceniza. ¿Y por qué habrá de saltar de improviso el evento impensado? Trabajemos día tras día. Trabaja tú, pintor, y trabaja tú, poeta. Lo que caiga fuera de nuestro trabajo serán efímeros episodios. Episodios placenteros o dolorosos. Pluma en mano, pluma en las cuartillas, paliemos el dolor. ¿Dónde está nuestro Leteo? En el afán diario. O acaso, a través de la obra, hacemos ese dolor más delicado. [Azorín. "El escritor"]




"La vida es como un largo viaje con muchas estaciones. A veces tienes que detenerte para descargar o cargar algo para la próxima estación". [Chen Yifei]

(...) Así nosotros. Habiendo negado una España, nos encontramos en el paso honroso de hallar otra. Esta empresa de honor no nos deja vivir. Por eso, si se penetrara hasta las más íntimas y personales meditaciones nuestras, se nos sorprendería haciendo con los más humildes rayicos de nuestra alma, experimentos de nueva España. [ J. Ortega y Gasset. "Meditaciones del Quijote"]






"Vivir únicamente el momento presente entregarse completamente a la contemplación de la luna, la nieve, la flor del cerezo y, la hoja del arce (...), no dejarse abatir por la pobreza y permitir que se trasluzca en el rostro, sino flotar a la deriva como una calabaza en el río: eso es lo que denominamos mundo flotante". [ Asai Ryoi ]





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