domingo, 14 de junio de 2015

Rogier van der Weyden.


Museo del Prado. Madrid


Rogier van der Weyden



Nacido en Tournai hacia 1399, Rogier murió en Bruselas en 1464. pintor oficial de esta última ciudad, trabajó también  para el duque de Borgoña. según su amigo el cardenal Jouffroy, sus cuadros "engalanaron las cortes de todos los reyes".
En 1445 Juan II de Castilla donó a la cartuja de Miraflores un tríptico pintado por él. Otros grandes cuadros de su mano, como el Descendimiento, la Madonna Durán y el Calvario, se exportaron a España, con lo que se libraron de las consecuencias de guerras y movimientos iconoclastas.
 
Como su coetáneo Jan van Eyck (m. 1441), Van der Weyden debió de descubrir siendo todavía joven que, aunque era capaz de pintar el mundo natural con toda fidelidad, podía hacer algo más que imitar la realidad inmediata. Tenía tanta sensibilidad para el tratamiento de las formas y las líneas que sus composiciones, basadas en armonías geométricas, llamaban la atención de inmediato y se grababan en la memoria. sabía también como manejar el color y las formas abstractas para intensificar la reacción emocional del espectador. Podía representar cualquier cosa con gran realismo, pero cuando le convenía ignoraba la lógica del espacio y la escala, o desdibujaba la diferencia entre realidad y escultura.

La Magdalena

Existen evidencias documentales que establecen que el Tríptico de Miraflores, el Descendimiento y el Calvario son obras de Rogier van der Weyden. Esta exposición es la primera e irrepetible ocasión en que las tres sean exhibidas a un tiempo. Nadie, ni siquiera el propio pintor, las ha contemplado juntas jamás. Estas obras establecen el estándar sobre el que debe ser juzgada cualquier otra pintura tenida por obra de Rogier y junto a la Virgen Durán, están entre las primeras pinturas suyas que llegaron a la península. La muestra presenta además otros importantes originales del artista, caso del finísimo Tríptico de los Siete Sacramentos, y un gran número de obras de discípulos, colaboradores y seguidores que trabajaron a la sombra de su influencia en la Península Ibérica o cuyas obras se encuentran actualmente en ella.

Retrato de una dama (h. 1460)

Se trata de tapices, dibujos, tallas en madera o esculturas en alabastro con el denominador común de tener al artista como último punto de inspiración, ya sea como copia directa, traducción de sus diseños o plasmación de sus ideales estéticos.

(detalle)


Rogier van der Weyden
El Descendimiento (antes de 1443). Óleo sobre tabla.


(Detalle)


Este cuadro es la sección central de un tríptico pintado por Rogier van der Weyden por encargo del gremio de ballesteros de Lovaina, para la capilla de Nuestra Señora de Extramuros. En honor a dicho gremio, el artista incluyó diminutas ballestas en los ángulos de la composición.

El Tríptico de Miraflores

 El tríptico estuvo en la cartuja de Miraflores (Burgos) hasta que en 1809-10 se lo llevó el general francés Jean Darmagnac. tras pasar sucesivamente por Francia, Inglaterra y Holanda, en 1850 fue adquirido para los museos de Berlín, que con su préstamo hacen posible que se vuelva a ver brevemente en España. Aunque se presenta con una magistral claridad, el tema del tríptico es muy complejo; hay inscripciones explicativas en las filacterias que llevan los ángeles y en los mantos de la virgen, así como escenas secundarias en los arcos, los capiteles y el paisaje.


El tríptico de los Siete Sacramentos

Nunca estuvo en España, aunque probablemente se pintó para Poligny, en el franco Condado, entonces una provincia de Borgoña y que después lo sería de España. En un planteamiento muy original, Van der Weyden imagina que todos los Sacramentos se celebran simultáneamente en una misma iglesia. Las figuras responden a varias escalas distintas, y sobre todas ellas se alza un enorme Cristo crucificado cuya cruz llega a rozar la bóveda de la nave central del templo.

El calvario

El Calvario ha sido relegado a causa de las reiteradas opiniones sobre su aparente mal estado de conservación. Años de trabajo de restauración han revelado que está menos dañado de lo que se pensaba y han confirmado su condición de obra maestra. Van der Weyden lo pintó en los últimos años de su vida para donarlo a la cartuja de Scheut, que acababa de fundarse a las afueras de Bruselas. Liberado de las exigencias de un cliente concreto y planteado como una obra de gran formato, en ella llevó a la perfección unas ideas que venía elaborando desde hacia muchos años.



Museo Nacional del Prado

Edificio Jerónimos Salas C y D, Planta 1

24 marzo - 28 junio, 2015


Equipo Crónica 
La salita, 1970 
 



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