sábado, 13 de junio de 2015

Mrs. Caldwell habla con su hijo. Camilo José Cela


Hotel Wellington, Madrid

(...) Mrs. Caldwell, y llegamos a mi quinta y por ahora última novela, me enfrenta con un mundo cuya manera de tratarlo , de tratarlo por mí y en este caso, va a encontrar el lector, si quiere hacerlo, poco más adelante. Sería mala idea -la mala idea del espectador de películas policíacas que dice en voz alta quién es el criminal, si el doctor, el marido o el criado- meterme ahora en el berenjenal donde pueda estar escondida la clave de mi libro, si es que mi libro, cosa que no creo, tiene clave alguna.
Pero de todo lo dicho, el sufrido lector aun no habrá podido colegir sino que, en mis cinco novelas, hubo, sí, cinco temas, e incluso cinco decorados diferentes, pero no, en modo alguno, cinco preocupaciones dispares o, como decí antes y vuelvo a pedir perdón, cinco técnicas de novelar. (...)  Camilo José Cela


Hotel Wellington de Madrid

Cap. 24. La trucha

Cuando íbamos a pescar truchas al río Rápido y nos pasábamos las horas muertas, en silencio considerando varias y homogéneas cosas, por ejemplo, lo listas que son las truchas, lo voraces, lo veloces, o bien, seguramente nos han visto ya, o bien incluso, el día es realmente hermoso, ¿qué importa que en el cesto no haya ni una sola trucha?, ¡qué bien lo pasábamos!, ¿te acuerdas?
Tú llevabas una visera verde para el sol y un botellín de plata, con tus iniciales, lleno de coñac. Yo solía llevar un delantal de cretona, de los varios que tengo, y unas gafas oscuras.
Comíamos debajo de cualquier arbolito y bebíamos agua recién nacida, agua de una fuente que brotaba quizá demasiado fresca, demasiado pura. Lo que más nos gustaba era ver, desde lejos, los gruesos, por lustrosos toros de Sussex, cuya carne era tan apreciada, ¿te acuerdas? ¡Qué bien lo pasábamos!
A la ciudad volvíamos mustios y cariacontecidos, ¿te acuerdas?, con el alma pálida y la cabeza debajo del ala. (Pag. 41)


Huerto urbano, Hotel Wellington.
 
Cartas desde el Real Hospital de Lunáticos

Cap. 209. El aire

Tengo la habitación llena de aire, amor mío, de un extrañísimo aire de color morado que me anima a no pensar, que me induce a pasarme todo el día tumbada encima de la cama, esperándote.
La noche me la pasé de claro en claro, amor mío, sin pegar ojo. este sitio es limpio, raro y frío, no frío de temperatura sino frío de color.
(Mis mejores amigas, amor mío, no han venido a verme. Quizá no hayan podido hacerlo; a lo mejor se les ha muerto el marido, de repente, a todas.)
Tengo la habitación llena de aire, amor mío. A mí me parece que en esta habitación hay demasiado aire, amor mío, aire a presión, como en los neumáticos, aire para poder respirar durante toda una larga vida. (Pag. 219)


Calle San Onofre, Madrid



 Autor: Camilo José Cela 
Título: Mrs. Caldwell habla con su hijo

Ediciones: Destino (cuarta edición , nov. 1977)
Nº de Páginas: 223



  Hay una mezcla de poesía, ternura e ironía que forman un precioso conjunto.



Autor: C.M. Bowra
Título original: Periclean Athens
Traducción: Alicia Yllera
Alianza Editorial, S.A.
Nº de páginas: 233.


En el siglo V antes de Cristo la ciudad griega de Atenas experimentó uno de esos extraordinarios florecimientos alos que cabe calificar de "edad de oro"; en verdad, ninguna otra página de la Historia de la Humanidad ha igualado la amplitud y calidad de sus realizaciones, que coocemos gracias a su legado literario (Esquilo, Sófocles, Aristófanes, Euripides), al testimonio de Herodoto y Tucidides, a las inscripciones grabadas en piedra, y a los vestigios de su arte escultórico y arquitectónico.


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