miércoles, 1 de abril de 2015

Raoul Dufy (1877-1953)


Museo Thyssen- Bornemisza
Paseo del Prado, 8. Madrid

Raoul Dufy (1877 - 1953)
 
Del 17 de febrero al 27 de mayo de 2015

Sala de exposiciones temporales planta baja
 

 
Raoul Dufy
Plataforma marítima del Casino Marie- Christine, Sainte-Adresse, c. 1906



 
La obra de Raoul Dufy posee una complejidad que ha menudo ha sido pasada por alto. Sus populares escenas de regatas y carreras de caballos proporcionaron que ha finales de la década de 1920 críticos e historiadores se refiriesen a su pintura como "nacida bajo el signo del placer" y que destacasen su predilección por las escenas de ocio mundano. Ahora bien, el conjunto de su producción artística es mucho más polifacético de lo que tal lectura sugiere.
La presente exposición, en consecuencia, se distancia de la tradicional interpretación de Dufy como el pintor de los placeres burgueses y de la facilidad de trazo. Sin pretender obviar el innegable carácter hedonista de su obra, se propone mostrar la lenta gestación de su estilo personal y su búsqueda constante de nuevas soluciones plásticas. Asimismo, desea enfatizar la faceta más  introspectiva y reflexiva de su obra.
 

Raoul Dufy
"Landscape near Vence in Provence". 1920-1921
 

Raoul Dufy
La pequeña palmera, c. 1907


Raoul Dufy
El mercado de pescado, Marsella,c. 1903


Del impresionismo al fauvismo
Formado en la estela del impresionismo, Dufy trató de ir más allá de las impresiones visuales momentáneas y de alcanzar una síntesis decorativa que otorgase a su pintura un carácter más permanente y universal. 
Al comienzo de su carrera, compartió con artistas como Eugéne Boudin, Claude Monet, o Camille Pissarro la atracción por el palpitar de la vida moderna y por el espectáculo de la luz en la naturaleza. Teatro, Martigues (1903) muestra todavía una acusada tendencia por lo anecdótico de la que Dufy se fue apartando progresivamente. En El mercado de pescado, Marsella (c. 1903), sin embargo, el interés del pintor normando por los mercados populares se conjuga ya con el afán por captar la luz ambiental.
Dufy no tardó en ser consciente de las limitaciones de una pintura exclusivamente visual. Su aproximación a los presupuestos del fauvismo a través de Albert Marquet le llevó a seleccionar entre sus impresiones aquellas que más le convenían y a dotar a sus lienzos de un equilibrio decorativo interno de líneas y colores independientes de la realidad.
El año 1906 marca el paso a una pintura más sintética. Así lo evidencian las distintas versiones expuestas de la plataforma de la playa de Sainte-Adresse, así como del puerto y de las calles de El Havre engalanadas con banderas con ocasión de la fiesta del 14 de julio. En ellas se observa cómo Dufy abandona poco a poco la vibración de la pincelada para fijar la luz en amplias áreas de color brillante y arbitrario.
 

  Raoul Dufy
El campo de trigo, 1929


Raoul Dufy
 Barcos y barcas, Martigues, 1907 - 1908


Raoul Dufy
Naturaleza muerta con violín. Homenaje a Bach, 1952


Periodo constructivo
Como muchos artistas de su tiempo, Dufy  se sintió profundamente impactado al contemplar las retrospectivas dedicadas a Paul Cézanne en otoño de 1907. la impronta del maestro de Aix se aprecia tempranamente en las líneas octogonales y las formas simplificadas  de Barcos y barcas, Martigues. Algo más tardíos, los lienzos que pintó en el verano de 1908 en L'Estaque, junto a Georges Braque, muestran una acusada geometrización de las formas, un cromatismo restringido y el empleo de la pincelada constructiva cézanniana. 
Ahora bien, Dufy no continuó por la senda del cubismo -como hizo Braque-, sino que ensayó su propio lenguaje personal. Si durante el llamado periodo constructivo (1908-1915) conservó algunas de las características antes citadas, pronto recuperó parte de la vivacidad cromática de su obra fauve. Además, estudió las posibilidades de otras tradiciones artísticas.
Su atención se orienta entonces hacia el arte medieval y popular. Así se aprecia por ejemplo, en La gran bañista (1914), en la que además del eco de las bañistas de Cézanne destaca la utilización de un patrón compositivo derivado de las vidrieras góticas y de las images d'Ếpinal de François Georgin.
Por otro lado, sus investigaciones plásticas le conducen al campo del grabado en madera, en el que alcanza una gran maestría con obras como La caza, La pesca, La danza y El amor (1910) y, sobre todo, con sus ilustraciones para el Bestiario o Cortejo de Orfeo de Guillaume Apollinaire (1910-1911). En ellas, la propia tosquedad de la técnica xilográfica es aprovechada por Dufy para ensayar una distribución ornamental de luces y sombras independiente de la luz solar y de gran repercusión en su obra posterior.  


Raoul Dufy
Estatua con dos jarrones, 1908
 

Raoul Dufy
La reja, 1930
 

Raoul Dufy
La playa de Sainte-Adresse, 1906


Decoraciones
Dufy fue uno de los artistas de comienzos del siglo XX que más hizo por conjugar artes "mayores" y "menores". Como hiciera Paul Gauguin antes que él, situó la decoración en el centro de sus preocupaciones artísticas y, gracias al apoyo del modista Paul Poiret primero, y al contrario con la firma de textiles Bianchini-Férier entre 1912 y 1928 después, consiguió dar libre expresión a su imaginación decorativa.
El pintor de El Havre halló en el diseño de tejidos una prolongación de sus experiencias en el grabado así como un campo abierto para la experimentación con el color. Telas como Los segadores (c.1912) están todavía inspiradas en sus xilografías. Sin embargo Dufy abandona pronto este lenguaje de inspiración cézanniana -caracterizado por un dibujo severo y una calculada distribución de zonas de luz y sombra- y ensaya diseños más libres y coloristas. En sus composiciones florales, de animales y de motivos de la vida moderna, se libera del rigor formal de su pintura constructiva en pro de una fantasía ornamental más afín a su temperamento.
Desde 1924 Dufy se interesó también por la cerámica. En colaboración con Josep Llorens Artigas, decora jarrones y azulejos con sinuosas formas de bañistas, animales y conchas que armonizan o contrastan con las de la propia cerámica. En sus Jardines de salón (1927) -ideados junto a Artigas y al arquitecto catalán Nicolau Mª Rubió -realidad y ficción se conjugan en originales jardineras para bonsáis que evocan diversas tipologías de jardines occidentales tradicionales.


   Raoul Dufy
Sainte-Adresse, el carguero negro, 1951 


Raoul Dufy
El pavo real, ilustración del Bestiario o Cortejo de Orfeo de Guillaume Apollinaire


Raorl Dufy
Los barcos de Martigues, 1907


Raoul Dufy
Naturaleza muerta con torre blanca, 1913 



La luz de los colores
Dufy alcanzó su madurez artística  a comienzos de la década de 1920. Al contacto con el severo paisaje de Vence, en la Provenza, otorga a sus cuadros la luminosidad abstracta, basada en los propios colores y su relación entre sí; es lo que denominará el "color-luz". Por otra parte, siguiendo el ejemplo de sus investigaciones en la decoración de tejidos, independiza el color de figuras y objetos respecto de su contorno, tal como se aprecia en El campo de trigo. Ello le permite llevar los colores a su máxima saturación y, al mismo tiempo, dotar a sus trazos de una nueva libertad ornamental.
Lejos de conformarse con la reproducción literal de la realidad observada, Dufy construye una visión interiorizada de la misma. A tal visión responde, como sucede en Fiesta en el mar, El Havre (1925) la estructuración de sus cuadros en varias franjas de color que sugieren espacialidad y donde los diversos motivos solo adquieren independencia en función de su relación cromática con el tono dominante. Asimismo, fruto de esta personal concepción artística predominan en sus obras de madurez las vistas elevadas a vuelo de pájaro -como ocurre en Regatas y gaviotas (c.1930) -y la fusión de presente y pasado ideal -evidente en Puerto con velero. Homenaje a Claudio de Lorena.
Exterior e interior se erigen también a menudo en los polos entre los que bascula su obra. Esta dualidad está presente, sobre todo, en sus vistas a través de ventanas y balcones como Ventana abierta, Niza (1928), Ventana sobre la Promenade des Anglais, Niza (1938) y El estudio del Impasse Guelma (1935-1952). En ellas, siguiendo el ejemplo de Henri Matisse, Dufy establece un complejo equilibrio entre el cuadro concebido como cristal transparente o como superficie opaca, entre naturaleza y cultura. 
A partir de 1937, el agravamiento de su poliartritis le obligó a permanecer la mayor parte del tiempo recluido en su estudio. Su pintura se torna por entonces más intimista. Así se aprecia en sus composiciones dedicadas a la música, en las que recurre a la monocromía y a un trazo rítmico para expresar la sonoridad de instrumentos como el violín. Por otro lado, el negro alcanza un mayor protagonismo en sus cuadros tardíos de corridas de toros y, sobre todo, en su serie El carguero negro que, si bien representa el fenómeno óptico del deslumbramiento por el sol, puede entenderse como una premonición de la propia muerte del artista. 


   Raoul Dufy
Puerto con velero. Homenaje a Claudio de Lorena, 1935


Raoul Dufy
Autorretrato, 1898 


Raoul Dufy
The Thoroughbred, 1940





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