miércoles, 8 de abril de 2015

Luisa Casati (1881 - 1957)


La marquesa Casati
Augustus Edwin John, 1919
galería de Arte de Ontario, Toronto.
 




En la encrucijada del mundo finisecular con las vanguardias, la marquesa Casati encarnó una insólita "obra de arte viviente" que avanzó prácticas cercanas a la Performance o el Body-Art.
El dandismo es un fenómeno fundador de la modernidad artística al que no siempre se presta la atención que merece. La banalización del término por uso coloquial y el paso del tiempo conspiran para ello; también la propia capacidad de seducción extravagante y epidérmica del dandi, en torno al que menudean las anécdotas pintorescas y los episodios de ingenio, desde la figura fundacional de George (Beau) Brummell hasta las finiseculares de Barbey  d'Aurevilly y Oscar Wilde.
El dandi es un personaje que, a lo largo del siglo XIX y principios del XX, consagra todo su esfuerzo a su apariencia exterior. Un árbitro de la elegancia, desde luego, pero no solo eso. Félix de Azúa lo define cabalmente como alguien que imparte doctrina sobre valores de comportamiento no a través de su discurso ni de sus obras, sino de su propio cuerpo. El dandismo entonces no se limita al territorio trivial de la pose -postureo, diríamos hoy-, es la actitud de quienes hacen de sí mismos "escaparates del comportamiento moral del cuerpo".


 Museo Fortuny, y vista de la exposición.
Al fondo Luisa Casati de Adolf Meyer





Sea como fuere, aquellos de quienes se predica la condición de dandi siempre fueron hombres. El ápice histórico del fenómeno se relaciona con los años del cambio de siglo en torno a 1900, en un momento dominado por la cultura artística del simbolismo, el modernismo y el decadentismo del art for art's sake, aunque a veces se haya apuntado su relación con figuras de la vanguardia histórica como Dalí.
¿Hubo alguna vez mujeres dandi? Estamos en condiciones de afirmar que hubo al menos una: la marquesa Casati, personaje fundamental de la escena artística y el gran mundo de los primeros treinta años del siglo XX, un arco temporal que la sitúa en el gozne del fin de siécle y el nacimiento de las vanguardias, de los que participó de forma activa y entregada. A Luisa Casati la identificamos inmediatamente como protagonista de una célebre fotografía de  Man Ray de 1922 en la que su rostro hipnótico interpela al espectador a través de los tres pares de  ojos que resultan de lo que el fotógrafo presenta en sus memorias como fruto del azar surrealista, aunque quizá lo fuera de una deliberada doble exposición.
 

 Man Ray
Marquesa Casati, 1922



 Giovanni Boldini
Luisa Casati, 1881
 


Retrato de la marquesa Casati, por Ignacio Zuloaga


Una fascinante muestra en el Museo Fortuny de Venecia, la ha sacado definitivamente de la socorrida condición segundona de aristócrata extravagante, amiga, amante y mecenas de artistas modernos, para otorgarle el estatus que merece: el de purasangre dandi y gran artista ella misma, como siempre proclamó Alberto Martini -su amigo y más asiduo retratista entre los muchos que la representaron-, por más que nunca realizara otra obra que no fuera su propia vida. 
 

 Kees van Dongen, 1921
Luisa Casati
 


Romaine Brooks
Luisa Casati 


La marquesa Casati, nacida Luisa Amman en 1881 en Milán, era hija de una familia de la alta burguesía industrial ennoblecida por su temprano matrimonio, con apenas 19 años, con el marqués Camilo Casati Stampa di Soncino, del que se divorció en 1914. Huérfana de padre y madre a los quince años, , heredó una fortuna fabulosa que empeñó integra en el único objetivo de su existencia: "Quiero ser una obra de arte viviente". Para ello se sirvió de dos estrategias complementarias. Por otra parte, realizó su obra a través de la mano de otros, reuniendo una colección de pinturas y esculturas que planeó cuidadosamente como fragmentarias epifanías de si misma. Sus retratos vienen firmados por Giovanni Boldini, Alberto Martini, Giacomo Balla, Fortunato Depero, Luigi Russolo, Kees van Dongen, Erté, Ignacio Zuloaga, Augustos John, Paolo Troubetzkoy, Man Ray o Cecil Beaton, por mencionar solo una pequeña y selecta muestra, pero la verdadera autora no es otra que Luisa misma, porque solo ella estaba en el secreto que les da coherencia como conjunto abierto y variado pero pleno de sentido. 
La marquesa Casati asombró al mundo de su tiempo con sus fiestas de disfraces en Venecia y París, en las que, más que como anfitriona, actuaba como protagonista, foco dramático, guionista, directora de escena y ejecutante a un tiempo.
 

 Luisa Casati en una de sus fiestas de disfraces, 1913. Venecia


Dandi al fin, Luisa Casati fue también un faro de la moda de su tiempo y del nuestro. En 1909 adquirió, por la nada despreciable suma de 300 francos -el dinero nunca fue un obstáculo para ella, así nadara en la opulencia o rayara la indigencia-, uno de los primero Delfos que Mariano Fortuny Madrazo había empezado a producir ese mismo año en Venecia. Su contribución fue decisiva para convertir esa revolucionaria túnica plisada en infinitos pliegues de seda o raso que ceñía con libertad el cuerpo femenino en un must del gran mundo parisino. todavía a finales de los años noventa, John Galiano, Karl Lagerfeld o Georgina Chapman encontraban explicita inspiración en la marquesa para sus colecciones.
Dotada de una anatomía  alejada del canon de belleza femenina de su tiempo, ella se encargó de exacerbar la singularidad de su inusual complexión huesuda, su altura imponente (según su pasaporte 174 centímetros que debían ser más que llamativos en la Italia de principios del siglo XX, y que prolongaba  con vertiginosos stiletti de madreperla), su rostro alargado de rotunda quijada y sus ojos magnéticos y saltones de los que hizo casi un logotipo. Fue después de 1910, en torno a sus 30 años, cuando su imagen corporal cuajó en sus rasgos básicos. Una fotografía de Adolf de Meyer de 1911 la muestra ya con el pelo cortado a lo garçon, con guedejas estudiadamente anárquicas. Empezó a teñirse el cabello de rojo con henna y a pintarse los labios de color cinabrio.
 


 
La historia de la marquesa Casati se desarrolla sobre todo en dos lugares llenos de resonancias. En 1923 compró el Palais Rose en Vesinet , guarida de su amigo Robert de Montesquiou, otro imprescindible en la historia del dandismo. En 1910 había tomado en alquiler el Palacio Vernier dei  Leoni en Venecia, un edifico inacabado del que solo se construyó la planta baja y que se asoma al Gran Canal como un insólito muñón arquitectónico. Peggy Guggenheim, otra dama singular y decisiva en la historia del arte moderno, se establecería allí en 1948 y hoy es la sede de la fundación que alberga la colección.
En el Palacio Venier celebra tres legendarios bailes en 1913.
 



A finales de los años treinta se mudó a Londres totalmente arruinada. Allí vivió hasta su muerte en 1957 en una sola habitación con poco más que las cinco libras semanales que le pasaba su amigo y examante Augustus John. Si reunía más se lo gastaba en médiums profesionales para sus tenidas espiritistas. Sin embargo, las fotografías que le tomó Carl Reitlinger en 1942 -y aún las que le robó ignominiosamente Cecil Beaton en 1954 y que le costaron su amistad y una maldición de su puño y letra -son tan obra suya como las demás. Nada desdicen de los dos versos referidos a Cleopatra que Shakespeare pone en boca de Antonio y que la nieta de Luisa hizo grabar en su lápida como epitafio: 

"La edad no pudo marchitarla ni la costumbre agotar su infinita variedad" 

Bien pudo añadir  los dos que le siguen:

"Otras mujeres sacian el hambre que alimentan
ella despierta más apetito cuanto más sacia".
José Mª  Faerna
"Descubrir el Arte,nº 193" 


Jealousy, por Alberto Martini, 1919-20
 


Luisa Casati / Dior
 


 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

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